El Dow Jones sube 306 puntos pese al riesgo iraní
El Dow Jones avanzó 306,33 puntos, un 0,59%, hasta los 52.182,44 enteros, en una sesión marcada por una paradoja incómoda: los inversores compraron Bolsa al mismo tiempo que el petróleo repuntaba por el riesgo de una nueva escalada entre Irán y Estados Unidos. El mercado celebró el intento de aplicar un acuerdo interino de paz, pero los ataques cruzados del fin de semana recordaron que la estabilidad sigue siendo frágil.
Lo más relevante no fue solo la subida de Wall Street. Fue el mensaje de fondo: la tecnología vuelve a tirar de los índices, el crudo recupera tensión y el dólar mantiene la presión sobre divisas y metales preciosos.
La Bolsa estadounidense lideró las subidas globales después de las ventas de la semana anterior, provocadas por las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial. El S&P 500 ganó un 1,17%, hasta los 7.440,38 puntos, mientras el Nasdaq Composite repuntó un 2,07%, hasta los 25.820,14 enteros.
El Dow Jones, más industrial y menos expuesto al gran rally tecnológico, también acompañó el movimiento con una subida de 306,33 puntos. Este dato revela que el apetito por el riesgo no se limitó a las grandes tecnológicas: se extendió al conjunto del mercado pese a que el contexto geopolítico seguía siendo incierto.
El petróleo vuelve a tensarse
El otro foco estuvo en la energía. El crudo estadounidense WTI subió un 2,2%, hasta los 70,75 dólares por barril, mientras el Brent avanzó 1,61%, hasta los 73,15 dólares. El repunte no compensa las caídas acumuladas en el mes, pero sí muestra que el mercado no da por cerrada la crisis.
El Estrecho de Ormuz vuelve a aparecer como el gran punto vulnerable. Por ahí circula una parte esencial del comercio energético mundial y cualquier interrupción real o percibida altera precios, inflación y expectativas de tipos. La consecuencia es clara: aunque haya acuerdo diplomático, el riesgo logístico sigue teniendo precio.
Irán condiciona el tablero
Los equipos técnicos de Irán y Estados Unidos prevén reunirse en Doha para avanzar en la implementación de un acuerdo interino. Sin embargo, los ataques recientes amenazaron con descarrilar un pacto que los mercados necesitan para sostener la calma.
La reacción bursátil sugiere que los inversores confían en una desescalada controlada. Pero el diagnóstico es inequívoco: la paz que descuenta Wall Street aún no está garantizada sobre el terreno. Cualquier incidente en rutas marítimas, instalaciones energéticas o infraestructuras críticas puede devolver la volatilidad en cuestión de horas.
El dólar mantiene la presión
El índice dólar cedió un 0,27%, hasta los 101,09 puntos, aunque se mantuvo cerca del máximo de 13 meses alcanzado la semana anterior. La divisa estadounidense sigue apoyada por un cambio profundo en las expectativas de tipos: el mercado ya descuenta al menos una subida de la Reserva Federal este año.
El giro es notable. Antes de la guerra con Irán, los inversores esperaban dos recortes. Ahora, tres meses consecutivos de empleo más fuerte de lo previsto han reforzado el tono duro de la Fed. Este hecho revela que el banco central vuelve a mirar más a la inflación y al mercado laboral que al alivio financiero.
El yen toca mínimos históricos
La presión del dólar golpeó con especial dureza al yen japonés, que cayó hasta 161,97 unidades por dólar, su nivel más débil desde 1986. Ni siquiera la subida de tipos del Banco de Japón hasta el 1% ha bastado para frenar la depreciación.
El contraste con Estados Unidos resulta demoledor. Mientras la Fed mantiene un mensaje restrictivo, Japón sigue atrapado en una normalización lenta. La brecha de rentabilidad favorece al dólar y penaliza al yen. Para Tokio, el problema ya no es solo financiero: una divisa tan débil encarece importaciones, energía y alimentos.
El oro pierde atractivo
El oro cayó un 1,8%, hasta los 4.014,59 dólares la onza, y se encamina a una bajada trimestral del 14%, la mayor desde 2013. El movimiento sorprende en un entorno geopolítico tenso, pero tiene lógica financiera: un dólar fuerte y tipos más altos reducen el atractivo del metal.
La lectura es incómoda para los inversores defensivos. El oro funciona como refugio cuando domina el miedo, pero pierde brillo cuando el mercado cree que la Fed seguirá endureciendo condiciones. En esta sesión, Wall Street apostó por riesgo, tecnología y dólar antes que por protección clásica.
La clave está en el empleo
El dato decisivo llegará con el informe de empleo de junio en Estados Unidos. Si vuelve a sorprender al alza, reforzará la expectativa de tipos altos durante más tiempo. Si se enfría, puede abrir la puerta a una lectura más moderada por parte de la Fed.
Mientras tanto, el mercado se mueve sobre una línea estrecha: celebra el rebote bursátil, pero convive con petróleo caro, divisas tensionadas y una geopolítica inflamable. El Dow Jones sube, pero no lo hace en un escenario limpio. Lo hace en un tablero donde cada barril, cada dato laboral y cada gesto diplomático puede alterar el rumbo de la semana.