Aldeas Infantiles SOS apoyó a 47.505 menores y 13.567 familias en 2025
El dato impresiona por sí solo: 47.505 niños, niñas y jóvenes atendidos en un año.
Y detrás, otra cifra que explica el alcance real: 13.567 familias acompañadas. Aldeas Infantiles SOS consolida un despliegue integral que va de la prevención al cuidado alternativo. Con un patrón claro: más protección, más estabilidad y más oportunidades para construir futuro.
Una respuesta integral en un año especialmente exigente
2025 no fue un ejercicio fácil para las entidades sociales: desigualdad, coste de la vida, vivienda y salud mental marcaron el terreno. En ese contexto, la Memoria 2025 de Aldeas Infantiles SOS ofrece una fotografía nítida de capacidad operativa y foco estratégico. En España, la organización trabajó con 20.900 niños, niñas y jóvenes y 4.763 familias, articulando programas que anticipan el riesgo antes de que se convierta en ruptura. En paralelo, su acción internacional alcanzó a 26.605 menores y 8.804 familias en siete países de Latinoamérica, combinando cooperación y respuesta humanitaria. La consecuencia es clara: cuando los problemas se multiplican, la red se refuerza y se hace más precisa. El diagnóstico, aquí, es inequívoco: escala, especialización y continuidad.
Prevención: evitar la separación antes de que ocurra
El primer éxito suele ser invisible: que la separación no llegue. Aldeas sostiene buena parte de su intervención sobre esa lógica preventiva, trabajando con infancia y familias en vulnerabilidad para fortalecer capacidades y reducir factores de riesgo. En 2025, sus Programas de Prevención atendieron a 18.329 niños, niñas y adolescentes y a 3.639 familias mediante una red que incluye 30 Centros de Día, nueve Programas de Familias y cinco Centros de Educación Infantil. A esa base se suman proyectos escolares y comunitarios, además de iniciativas de educación en valores y ambiental. Lo más relevante es el enfoque: intervención temprana, proximidad territorial y acompañamiento continuo. Traducido a resultados, significa menos urgencias, más estabilidad y decisiones más informadas cuando el sistema debe actuar.
Cuidado alternativo de calidad cuando ya no hay opción
Cuando el cuidado parental se pierde —o no puede garantizarse— el reto cambia: asegurar entornos protectores, con derechos, rutina y vínculos seguros. En 2025, Aldeas acogió en España a 1.430 niños, niñas y adolescentes y apoyó a 1.124 familias en sus Programas de Protección. La arquitectura del sistema combina diferentes recursos: ocho Aldeas Infantiles SOS, cinco Residencias de Jóvenes, diez Programas de Acogimiento Familiar y un dispositivo de Primera Acogida y Valoración. “Ofrece protección, estabilidad y vínculos afectivos seguros”, resume la memoria, y no es un matiz menor: la evidencia internacional apunta a que la estabilidad residencial y emocional reduce discontinuidades educativas, mejora salud mental y disminuye cronificación de la exclusión. Aquí, el cuidado no es solo techo: es proyecto vital.
Jóvenes y autonomía: el salto a la vida adulta sin caída libre
La transición a la vida adulta concentra uno de los mayores riesgos del sistema de protección: cumplir 18 y quedar fuera. Aldeas ha convertido ese punto crítico en una prioridad operativa. En 2025, acompañó a 1.141 chicos y chicas mediante programas que combinan vivienda, formación, empleo y apoyo psicológico cuando fue necesario. La red incluye ocho Proyectos de Autonomía, ocho de Emancipación, ocho Servicios de Empleo, además del Proyecto Ágora para competencias personales y laborales, programas profesionales y un servicio de postacogimiento. El contraste con modelos más discontinuos resulta demoledor: donde otros recursos se apagan al final del expediente, aquí se prolonga el acompañamiento. La consecuencia es directa: más inserción laboral, menos itinerarios erráticos y mayor probabilidad de independencia real.
Latinoamérica: escala, cooperación y continuidad en siete países
La acción internacional no aparece como un apéndice, sino como una segunda columna de intervención. En 2025, Aldeas financió programas en Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Perú y Venezuela, con una cobertura de 26.605 niños, niñas y jóvenes y 8.804 familias. La estructura es amplia: 13 Programas de Cuidado Alternativo, 15 de Jóvenes, 35 de Fortalecimiento Familiar y Comunitario y 26 de Educación y Capacitación. Lo diferencial no es solo la cantidad, sino la continuidad: sostener programas de fortalecimiento familiar reduce la necesidad de respuestas más costosas a posteriori. Y en escenarios de alta fragilidad institucional, la permanencia es valor añadido. Este hecho revela algo más: la cooperación eficaz no se mide por impactos puntuales, sino por redes que quedan cuando la emergencia se va.
Transparencia, solvencia y apoyo social: el “cómo” también importa
El respaldo social se explica también por la rendición de cuentas. Aldeas ingresó 59.886.000 euros en 2025 y cerró con resultado positivo. El 72,1% procedió de socios, donantes, padrinos y empresas; el 27,9%, de subvenciones públicas. En destino de fondos, el 80% se dedicó a programas sociales y cooperación; el 14,2%, a captación y gestión; y el 5,8%, a administración. A esto se suma una batería de garantías: Sello EFQM 400+, certificación de Transparencia y Buen Gobierno y estándares de protección infantil. Con más de 300.000 socios y donantes y más de 400 entidades colaboradoras, el modelo refuerza una idea sencilla: impacto medible + gestión verificable. En el tercer sector, esa combinación es la que permite crecer sin perder eficacia.