Google acoge con satisfacción la oportunidad de resolver sus diferencias con la CMA

El Reino Unido obliga a Apple y Google a introducir cambios en el funcionamiento de sus tiendas de aplicaciones, con mayor transparencia, neutralidad en el posicionamiento y apertura parcial de iOS. Sin embargo, el regulador británico evita intervenir en el núcleo del modelo de negocio, las comisiones de hasta el 30%, y opta por compromisos voluntarios frente a las obligaciones duras impuestas por la Unión Europea. El movimiento abre un pulso regulatorio con implicaciones directas para desarrolladores, inversores y el equilibrio global de poder sobre las plataformas móviles.
EPA/FILIP SINGER
EPA/FILIP SINGER

Londres fuerza cambios en las app stores de Apple y Google, pero evita tocar las comisiones

El regulador británico apuesta por compromisos voluntarios, deja intacta la tasa del 30% y marca distancia con la vía dura de Bruselas

La autoridad de competencia del Reino Unido ha lanzado un mensaje inequívoco a Apple y Google: su dominio sobre el acceso al ecosistema móvil ya no es intocable. La Competition and Markets Authority (CMA) ha puesto en consulta un paquete de compromisos voluntarios que obliga a ambas compañías a introducir cambios relevantes en el funcionamiento de sus tiendas de aplicaciones, aunque sin atacar —por ahora— el corazón de su rentabilidad.

El regulador exige mayor transparencia en la revisión y posicionamiento de aplicaciones, límites al uso de datos de desarrolladores y, en el caso de Apple, una apertura parcial del sistema iOS a terceros. A cambio, Londres evita imponer medidas estructurales como la prohibición de las comisiones de hasta el 30% o la obligación de permitir tiendas alternativas, optando por una vía más gradual que la seguida por Bruselas.

La consecuencia es clara: el Reino Unido gana margen político y regulatorio, pero deja abierta la batalla económica que realmente preocupa a los desarrolladores y a los mercados.


Un duopolio bajo escrutinio estructural

El movimiento de la CMA no es coyuntural. En enero de 2025, el regulador designó a Apple y Google como empresas con estatus de mercado estratégico en plataformas móviles, un reconocimiento explícito de que controlan infraestructuras críticas para la economía digital británica.

Según los propios datos del organismo, entre el 90% y el 100% de los servicios móviles del país dependen de los ecosistemas iOS y Android. Esto convierte cualquier ajuste en sus reglas internas en un asunto sistémico que afecta no solo a desarrolladores de juegos o música, sino también a banca digital, servicios públicos, comercio electrónico y ‘fintech’.

Londres ha decidido construir un marco propio, separado del de la Unión Europea pero claramente influido por él. Frente a la regulación ex ante del Digital Markets Act, la CMA opta por un modelo híbrido: negociación rápida, compromisos específicos y amenaza creíble de sanción futura si las plataformas incumplen.


Transparencia, datos y neutralidad como moneda de cambio

Los compromisos propuestos se articulan alrededor de tres ejes. Primero, Apple y Google deberán garantizar que la revisión de aplicaciones se realiza bajo criterios claros, previsibles y verificables, con plazos definidos y datos agregados periódicos sobre aprobaciones y rechazos.

Segundo, la CMA exige neutralidad en los algoritmos de posicionamiento y recomendación, un punto clave para evitar que las plataformas favorezcan de forma sistemática sus propios servicios frente a competidores directos. Este aspecto es especialmente sensible para sectores como música en ‘streaming’, vídeo, navegadores o pagos.

Tercero, se refuerza la protección de los datos de los desarrolladores. Apple y Google se comprometen a no utilizar información comercial o de rendimiento obtenida de apps de terceros para lanzar productos rivales con ventaja competitiva inmediata.

Google ha defendido que sus prácticas ya cumplen estos principios, pero acepta el marco negociado para cerrar el frente británico antes de que derive en obligaciones más duras.


Apple abre iOS, pero mantiene el control

El mayor impacto del acuerdo recae sobre Apple. La compañía se compromete a permitir que desarrolladores soliciten acceso interoperable a funciones clave de iOS, incluidas carteras digitales, autenticación y determinadas capacidades de comunicación.

La CMA considera que esta apertura puede dinamizar la competencia en pagos móviles e identidad digital, ámbitos donde el control del hardware y del software ha permitido a Apple blindar su ecosistema. Sin embargo, el acceso será caso a caso y bajo supervisión de la propia compañía, que mantiene un amplio margen para invocar razones de seguridad o privacidad.

El mensaje es claro: Londres ha decidido abrir grietas en el jardín amurallado de iOS, pero sin derribarlo.


La gran ausente: la comisión del 30%

Pese a los avances formales, el elemento más polémico del modelo de negocio permanece intacto. Las comisiones de hasta el 30% sobre compras y suscripciones dentro de las apps no se tocan en esta fase.

La CMA reconoce que se trata de un “problema clave pendiente”, pero lo deja para una etapa posterior. A diferencia de la Unión Europea, el Reino Unido no obliga por ahora a permitir sistemas de pago alternativos ni tiendas de aplicaciones competidoras.

Para los desarrolladores, el mensaje es ambiguo: habrá más transparencia sobre cómo se aplican las reglas, pero no sobre cuánto cuesta operar dentro del ecosistema.


Un modelo intermedio entre Bruselas y Washington

Desde el punto de vista regulatorio, el enfoque británico se sitúa entre la dureza europea y la lentitud estadounidense. Mientras Bruselas impone obligaciones automáticas a los grandes ‘gatekeepers’, y Estados Unidos sigue atrapado en procesos judiciales largos e inciertos, Londres apuesta por una vía pragmática y flexible.

La incógnita es si este equilibrio resistirá el paso del tiempo. Si las métricas que la CMA ha exigido no muestran mejoras reales, el propio diseño del sistema empujará al regulador a endurecer su postura, con sanciones que podrían alcanzar hasta el 10% del volumen de negocio global.


Qué se juega España en esta batalla

Aunque el pulso se libra en Londres, las implicaciones para el ecosistema tecnológico español son directas. Muchas ‘startups’ y empresas digitales españolas operan en el mercado británico y dependen de las reglas de iOS y Android para escalar.

Además, cualquier apertura técnica que Apple implemente en Reino Unido tiende a extenderse a otras jurisdicciones para evitar fragmentación del desarrollo. Si la interoperabilidad empieza a consolidarse, el impacto acabará llegando a España, incluso sin cambios regulatorios inmediatos.

Para los inversores y reguladores europeos, el caso británico refuerza una lección ya conocida: las grandes plataformas reaccionan más rápido ante la amenaza de reglas duras que ante años de diálogo voluntario. Londres ha comprado tiempo. La cuestión es cuánto durará antes de que el mercado exija ir más allá.

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