98 terremotos en siete días, Los Ángeles vigila sus fallas

El USGS contabilizó 98 seísmos de magnitud 4,5 o superior entre el 7 y el 14 de agosto. La actividad de baja magnitud registrada alrededor de Los Ángeles vuelve a poner el foco sobre California, aunque los científicos descartan que pueda interpretarse como una predicción de un gran terremoto.
98 terremotos en siete días, Los Ángeles vigila sus fallas
98 terremotos en siete días, Los Ángeles vigila sus fallas

El mapa sísmico mundial ha dejado una semana difícil de ignorar. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró 98 terremotos de magnitud 4,5 o superior entre el 7 y el 14 de agosto, con el devastador seísmo de magnitud 7,4 en Colombia como episodio más grave. La sacudida se produjo a unos 110 kilómetros de profundidad y alrededor de 10,5 millones de personas estuvieron expuestas a movimientos fuertes o muy fuertes.

Mientras tanto, California también ha encadenado numerosos movimientos menores. Ninguno permite anunciar un gran terremoto, pero la sucesión vuelve a dirigir todas las miradas hacia una de las regiones sísmicamente más vigiladas del planeta: Los Ángeles.

98 terremotos en una semana

El dato global refleja una actividad intensa: 98 eventos de magnitud 4,5 o superior en apenas siete días, según el balance semanal difundido por el USGS. Colombia concentró el episodio más destructivo, pero también se registraron terremotos relevantes en Alaska y otros puntos del cinturón sísmico del Pacífico.

La fotografía, sin embargo, necesita contexto. La Tierra registra terremotos continuamente y un incremento semanal no implica necesariamente que se esté formando una cadena de grandes seísmos conectados.

La proximidad temporal no equivale a una relación tectónica. Un terremoto en Sudamérica no significa, por sí mismo, que la presión esté trasladándose hacia California.

Los Ángeles vuelve al radar

La inquietud en el sur de California tiene otra explicación: durante los últimos días se han registrado numerosos terremotos pequeños en el área ampliada de Los Ángeles.

El catálogo de la Southern California Seismic Network recoge, entre otros, un movimiento de magnitud 3,0 cerca de Corona el 11 de agosto, otro de 2,5 al oeste de Malibu el día 13 y varios microsismos alrededor de Wrightwood, Moreno Valley y otras localidades.

El terremoto de Malibu se produjo a unos 14,4 kilómetros de profundidad y alcanzó una intensidad comunitaria III, suficiente para que algunas personas pudieran percibirlo, pero muy lejos de niveles destructivos.

Malibu concentra las miradas

Que un terremoto de magnitud 2,5 apenas represente peligro inmediato no significa que pase inadvertido. Malibu forma parte del complejo entramado tectónico del sur de California, donde múltiples fallas atraviesan una de las mayores concentraciones urbanas y económicas de Estados Unidos.

Ese es el verdadero motivo de preocupación.

El riesgo de Los Ángeles no nace de los pequeños terremotos de esta semana, sino de su exposición permanente a fallas activas. Millones de habitantes, autopistas, puertos, redes eléctricas, conducciones de agua y centros tecnológicos dependen de infraestructuras que tendrían que seguir operativas después de un gran movimiento.

Un terremoto de 3,0 cerca de Corona

Otro de los eventos destacados se produjo el 11 de agosto, cuando la red californiana detectó un terremoto de magnitud 3,0 a unos 10 kilómetros al oeste-suroeste de Corona. Después aparecieron movimientos menores en la misma zona.

La existencia de agrupaciones de pequeños terremotos despierta inevitablemente preguntas sobre posibles enjambres sísmicos o eventos precursores.

Aquí la ciencia introduce una advertencia importante: la mayoría de estas secuencias no terminan en un terremoto de gran magnitud. El problema es que tampoco existe actualmente una herramienta capaz de determinar con certeza qué pequeño movimiento podría acabar siendo precursor de otro mayor.

El USGS corta las especulaciones

El organismo estadounidense es especialmente contundente sobre este punto. Los terremotos no pueden predecirse actualmente con una fecha, localización y magnitud determinadas. Ni el USGS ni otros equipos científicos han conseguido desarrollar un método fiable para hacerlo.

Los enjambres de microsismos, variaciones en la actividad sísmica o terremotos moderados suelen alimentar predicciones en redes sociales. Sin embargo, el USGS recuerda que esos supuestos precursores aparecen frecuentemente sin que después ocurra ningún gran terremoto.

Por tanto, afirmar que la actividad actual anuncia un gran seísmo en Los Ángeles iría más allá de lo que permiten los datos.

Colombia recuerda el verdadero riesgo

Lo ocurrido en Colombia muestra, en cambio, qué sucede cuando un terremoto poderoso alcanza una región poblada. El seísmo de magnitud 7,4 del 10 de agosto rompió dentro de la placa de Nazca subducida bajo Sudamérica. El USGS estimó una alta probabilidad de daños extensos y víctimas.

La comparación resulta especialmente relevante para California: el gran peligro no es detectar decenas de pequeños terremotos, sino estar preparado para aquel que no puede anticiparse con precisión.

Los Ángeles dispone de redes de monitorización extremadamente desarrolladas, pero la geología impone un límite incómodo. Se puede conocer dónde existe peligro, reforzar edificios y estimar probabilidades. Lo que todavía no puede conocerse es el día exacto en que una gran falla volverá a romper.

La semana deja una advertencia

Los 98 terremotos superiores a magnitud 4,5 no constituyen una cuenta atrás hacia un gran seísmo californiano. Tampoco los movimientos de Malibu, Corona o Wrightwood ofrecen una señal científica suficiente para lanzar una predicción.

Pero sí cumplen otra función: recordar la exposición permanente de California.

Los Ángeles no necesita que un enjambre anuncie “el gran terremoto” para estar en alerta. Vive sobre un sistema tectónico donde ese riesgo ya existe. Y después de una semana marcada por Colombia y por decenas de sacudidas en todo el planeta, la pregunta verdaderamente relevante no es cuándo ocurrirá el próximo gran seísmo, sino si las ciudades estarán preparadas cuando llegue.

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