Dinamarca rechaza que la OTAN negocie en su nombre sobre Groenlandia

La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, dejó claro este jueves que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no tiene mandato alguno para negociar sobre el futuro de Groenlandia, subrayando que cualquier decisión relacionada con la isla ártica compete exclusivamente a su población y al Estado danés. Sus declaraciones llegan en un contexto de creciente presión geopolítica tras las reiteradas afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la importancia estratégica del territorio.

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EPA/LISELOTTE SABROE

En declaraciones a la prensa, Frederiksen fue tajante al afirmar que las “líneas rojas” de Dinamarca no han cambiado ni lo harán: la soberanía no está en negociación. “No renunciamos a nuestra soberanía. El futuro de Groenlandia debe ser definido por Groenlandia, y Groenlandia forma parte de Dinamarca”, insistió la jefa del Ejecutivo.

Con estas palabras, la primera ministra respondió indirectamente a las especulaciones surgidas en las últimas semanas sobre un posible papel mediador de la OTAN en el debate sobre la seguridad y el estatus de la isla, situada en una región cada vez más estratégica por el deshielo del Ártico y el interés de grandes potencias.

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Frederiksen: "El futuro de Groenlandia debe ser definido por Groenlandia, y Groenlandia forma parte de Dinamarca"

Rutte, sin autoridad para negociar

Frederiksen fue explícita al señalar que Mark Rutte no cuenta con ningún mandato para hablar en nombre de Dinamarca o de Groenlandia. Según el Gobierno danés, la OTAN es una alianza militar defensiva y no un actor con competencias políticas o territoriales para negociar soberanía.

Este mensaje busca cerrar la puerta a interpretaciones que situaban a la Alianza Atlántica como un canal informal para rebajar tensiones entre Estados Unidos y Europa en torno al futuro del enclave ártico.

Groenlandia, en el centro del tablero geopolítico

Groenlandia se ha convertido en uno de los principales focos de fricción internacional en los últimos meses. Donald Trump ha defendido en repetidas ocasiones que Estados Unidos es el único país capaz de garantizar la seguridad de la isla, llegando incluso a insinuar la necesidad de que pase a estar bajo control estadounidense.

Estas declaraciones han provocado una respuesta firme y coordinada de Dinamarca y de otros socios europeos, que consideran inaceptable cualquier cuestionamiento de la soberanía danesa o del derecho de autodeterminación del pueblo groenlandés.

Un escenario “serio y complejo”

Pese a la contundencia de sus palabras, Frederiksen reconoció que la situación sigue siendo “seria y difícil”, reflejando la magnitud del desafío diplomático al que se enfrenta su país. No obstante, también señaló que se han producido algunos avances, especialmente en el tono del diálogo con los aliados.

La primera ministra apuntó que, una vez reafirmados los límites políticos, las conversaciones pueden orientarse hacia un terreno menos conflictivo: la seguridad del Ártico.

Seguridad ártica como nuevo eje de diálogo

Según Frederiksen, el debate debería centrarse ahora en cómo garantizar la estabilidad y la seguridad en el Ártico, una región clave para las rutas comerciales, la defensa y el equilibrio estratégico global. Dinamarca considera legítimo discutir la cooperación militar y la vigilancia en la zona, siempre que se respete plenamente la soberanía territorial.

Este enfoque permitiría, según Copenhague, reconducir la tensión hacia un marco de colaboración multilateral, en lugar de disputas sobre control o propiedad del territorio.

El papel de Groenlandia

Un elemento central del mensaje de Frederiksen fue la insistencia en que Groenlandia debe tener la última palabra sobre su futuro. Aunque forma parte del Reino de Dinamarca, la isla cuenta con amplias competencias de autogobierno y una identidad política propia.

El Ejecutivo danés subraya que cualquier discusión internacional que afecte al territorio debe contar con la participación directa de las autoridades groenlandesas, un principio que considera innegociable.

Repercusiones dentro de la OTAN

Las declaraciones de Frederiksen también reflejan un malestar creciente dentro de la Alianza Atlántica, donde varios países europeos temen que el debate sobre Groenlandia fracture la cohesión interna. Aunque Dinamarca insiste en su compromiso con la OTAN, deja claro que ese compromiso no implica ceder competencias soberanas.

Analistas apuntan a que este episodio podría marcar un precedente sobre los límites del papel político de la OTAN en asuntos que van más allá de la defensa colectiva.

Un mensaje directo a Washington

Sin mencionar explícitamente a Estados Unidos, el mensaje de Copenhague está dirigido de forma clara a Washington: no habrá negociación sobre soberanía, ni directa ni indirectamente. Dinamarca se muestra abierta al diálogo en materia de seguridad, pero no a presiones políticas o económicas.

En un contexto de crecientes tensiones transatlánticas, la postura danesa refuerza la idea de que Europa está dispuesta a defender sus principios fundamentales, incluso frente a su principal aliado.

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