EEUU e India pactan un hachazo arancelario histórico
La nueva arquitectura comercial entre Estados Unidos e India ya tiene cimientos: un marco interino que rebaja de forma drástica los aranceles y compromete a Nueva Delhi a comprar 500.000 millones de dólares en bienes estadounidenses en cinco años. El acuerdo llega con la inflación aún por encima de los objetivos en las economías avanzadas y con las cadenas de suministro globales en plena reconfiguración tras la pandemia y la guerra de Ucrania.
Un marco interino con efectos inmediatos
El anuncio de un “interim trade framework” no es un mero gesto diplomático, sino la pieza central de una estrategia bilateral que aspira a culminar en un gran acuerdo comercial de aquí a 2026. El texto pactado fija tres ejes: reducción de aranceles, desbloqueo de barreras regulatorias y relocalización de cadenas de suministro consideradas estratégicas.
En la práctica, Washington recorta los tipos aduaneros que llegaron a superar el 50% sobre buena parte de las exportaciones indias durante la etapa de Donald Trump, hasta dejarlos en un 18% uniforme sobre textiles, calzado, componentes industriales, plásticos o bienes de consumo. A cambio, India elimina o reduce aranceles sobre todos los bienes industriales estadounidenses y sobre una amplia canasta de productos agroalimentarios, desde granos para pienso hasta frutos secos, aceites vegetales, vino y espirituosos.
El acuerdo incorpora además un capítulo de barreras no arancelarias: India se compromete a alinear estándares técnicos y sanitarios con los de EE UU o con normas internacionales y a suavizar las licencias de importación para bienes tecnológicos y equipos médicos, un viejo motivo de fricción con la industria estadounidense.
Con un comercio bilateral de bienes y servicios que ya alcanza los 212.300 millones de dólares al año, el objetivo de ambos gobiernos es escalar hacia los 500.000 millones de intercambio total antes de 2030, consolidando a cada país como socio estratégico del otro.
Los grandes ganadores en India: textil, joyería y fármacos
En el lado indio, las palmas se las llevan tres sectores: textil-confección, gemas y joyería, y farmacia genérica. Textiles y ropa fueron algunos de los más castigados por los aranceles punitivos de EE UU: el mercado estadounidense absorbe aproximadamente un tercio de las exportaciones indias del sector, lo que convierte cada punto de tarifa en un golpe directo a la competitividad. Pasar de tipos cercanos al 50% a un 18% implica una mejora de margen de más de 25 puntos porcentuales para muchas empresas.
Algo similar sucede con el segmento de gemas, diamantes y joyería, un nicho de alto valor añadido donde India es líder mundial en tallado y reexportación. El recorte arancelario abarata la entrada a un mercado estadounidense de lujo valorado en cerca de 80.000 millones de dólares anuales, donde la competencia de Hong Kong o Tailandia era feroz.
Pero la joya de la corona es la farmacia genérica. El mercado estadounidense representa entre el 35% y el 40% de las exportaciones farmacéuticas de India, unos 10.000-11.000 millones de dólares al año. Aunque muchos medicamentos quedaron exentos de las tarifas más duras, la normalización regulatoria y arancelaria añade visibilidad y favorece nuevas inversiones en plantas de producción destinadas específicamente al mercado norteamericano.
La reacción de los mercados indios ha sido inmediata: los índices sectoriales de farmacia y tecnología han registrado subidas de entre el 5% y el 8% en los días posteriores al anuncio, anticipando una mejora de márgenes y de volumen exportador.
La industria estadounidense busca músculo en energía y agro
El acuerdo no es un regalo unilateral. Para la industria de EE UU, India es el gran mercado emergente de la década, con un crecimiento del PIB superior al 6% anual y una población de más de 1.400 millones de habitantes. Las cifras ya son relevantes: las exportaciones estadounidenses de bienes a India superan los 41.500 millones de dólares, con un protagonismo creciente de crudo, carbón, bienes de capital y aeronáutica.
El marco interino consolida a India como uno de los principales destinos para el petróleo y el gas estadounidenses, en un contexto en el que Nueva Delhi se ha comprometido a cesar la compra de crudo ruso a cambio de la rebaja arancelaria. La energía se convierte así en la palanca para reducir el abultado déficit comercial que mantiene EE UU con India, que ronda los 45.800 millones de dólares en bienes.
También se abren oportunidades para el agro estadounidense: cereales para pienso, soja, frutos secos, vino o productos procesados ganan acceso preferente a un mercado donde la clase media urbana crece a ritmos de dos dígitos. No obstante, Nueva Delhi ha tratado de blindar los segmentos más sensibles —arroz, trigo, lácteos— ante el temor de su influyente lobby agrario a una competencia imposible de igualar.
Como resumen, una frase circula en Washington: “India es ya el México de Asia para nuestras cadenas de suministro industriales”. Lo que está en juego no es solo vender más, sino reubicar plantas, proveedores y centros logísticos en un país percibido como políticamente aliado y demográficamente dinámico.
Tecnología y servicios: la batalla silenciosa por los datos
Más allá de bienes físicos, el marco interino incorpora un capítulo cada vez más central: reglas para el comercio digital y los servicios de alto valor añadido. Aquí se cruzan los intereses de las grandes tecnológicas estadounidenses y de los gigantes indios de servicios TI, desde Bangalore hasta Hyderabad.
El texto apunta a coordinar posiciones en materia de flujos transfronterizos de datos, ciberseguridad, revisión de inversiones y controles a la exportación de tecnologías sensibles. En el trasfondo está la creciente rivalidad con China y el deseo de evitar que India desarrolle un marco digital demasiado cerrado que obstaculice el negocio de la nube, el comercio electrónico o los servicios financieros.
Para los exportadores indios de servicios TI, el acuerdo aporta sobre todo previsibilidad: EE UU ya importa de India más de 40.000 millones de dólares en servicios al año, básicamente consultoría, programación y externalización de procesos de negocio. Si el marco digital reduce litigios y evita nuevas trabas a las transferencias de datos, las grandes empresas tecnológicas podrán seguir ampliando centros de desarrollo y hubs de soporte en India.
Del lado estadounidense, las big tech buscan garantías para el almacenamiento y tratamiento de datos, así como un terreno favorable para vender infraestructura cloud, equipamiento de redes 5G/6G y servicios de inteligencia artificial. El acuerdo, aunque interino, envía una señal clara: India se alinea, al menos por ahora, con el estándar regulatorio occidental.
Por qué el pacto llega ahora: inflación y pulso con China
La pregunta clave no es qué se ha firmado, sino por qué se firma ahora. El diagnóstico es doble. En lo interno, tanto Washington como Nueva Delhi buscan aliviar presiones inflacionistas sin recurrir a políticas impopulares. En lo externo, la prioridad es consolidar un bloque económico alternativo a China en las cadenas de suministro de bienes industriales y tecnológicos.
En EE UU, la batería de aranceles elevados aplicada en los últimos años a múltiples socios —incluida India— se ha traducido en mayores costes para importadores y consumidores justo cuando la subida de tipos golpeaba al crédito y a la vivienda. Economistas del propio Tesoro estiman que la rebaja de tarifas sobre bienes intensivos en consumo podría recortar entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales la inflación acumulada de 2026, aunque el efecto llegará de forma gradual y desigual.
En India, el Gobierno de Narendra Modi persigue otro objetivo: evitar quedar atrapado entre la dependencia energética de Rusia y la presión de sanciones y tarifas por parte de Washington. Renunciar al petróleo ruso a cambio de acceso preferente al mayor mercado del mundo es, para Nueva Delhi, un trueque asumible, sobre todo cuando su economía ya busca diversificar proveedores energéticos y atraer inversión occidental.
Lo más significativo, en cualquier caso, es el mensaje geopolítico: India se consolida como socio estratégico de primer nivel para EE UU, algo que no puede ignorarse en Pekín ni en Bruselas.
Efecto en la inflación y en el bolsillo del consumidor
¿Verán los hogares estadounidenses e indios una bajada tangible de precios en 2026? La respuesta corta es: parcial y por fases. Buena parte de los recortes arancelarios se concentra en bienes con cadenas de distribución largas —textil, calzado, bienes de consumo, agro procesado—, donde el impuesto de frontera representa solo un tramo del precio final.
En EE UU, si las empresas trasladan a precios siquiera la mitad de la rebaja arancelaria en productos de consumo masivo, el impacto podría notarse en segmentos como ropa, calzado, menaje o determinados alimentos importados. Para un hogar medio, el ahorro anual se movería en el entorno de 150-250 dólares, según estimaciones manejadas por analistas de mercado. La consecuencia macro es un ligero alivio de la inflación subyacente, pero no un cambio de régimen.
En India, el efecto es más complejo. La entrada de alimentos y productos agroindustriales estadounidenses a menor coste puede reducir la presión sobre los precios urbanos, pero también generar tensiones políticas en el campo, donde ya se multiplican las protestas contra la liberalización comercial. En bienes de equipo y maquinaria, la caída de aranceles sí puede abaratar la inversión empresarial, con impacto indirecto sobre la productividad y, a medio plazo, sobre el crecimiento potencial.
La experiencia de otros acuerdos sugiere un patrón claro: los efectos sobre precios son modestos pero persistentes, mientras que los cambios de localización industrial pueden ser profundos y duraderos.
El ‘nuevo mapa’ del comercio en 2026
Más que una foto puntual, el pacto EE UU-India es una pieza en el rediseño del mapa comercial global. En la última década, la participación de China en las importaciones estadounidenses ha retrocedido, mientras ganan peso socios como México, Vietnam… y la propia India.
El compromiso de que India compre 500.000 millones en bienes estadounidenses en un quinquenio implicará cambios reales en las rutas de comercio de energía, aeronáutica, bienes industriales y tecnología. Para 2030, los escenarios más agresivos plantean que el comercio bilateral podría más que duplicarse, acercándose al umbral de los 500.000 millones anuales si se suma el capítulo de servicios.
El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras las negociaciones en la Unión Europea avanzan con lentitud y fuerte contestación interna, India ha firmado en apenas dos años acuerdos con el bloque europeo, con la EFTA y ahora con EE UU, reforzando su imagen de “hub” alternativo para la inversión industrial.
En términos de cadenas de suministro, la consecuencia es clara: desde 2026 veremos nuevos corredores logísticos que conectan puertos indios con la costa oeste y el Golfo de México, así como un aumento de la integración de India en las cadenas de valor de automoción, electrónica de consumo y farmacéutica.
