Explosiones de madrugada en Caracas agravan la crisis entre Venezuela y EEUU
Una cadena de al menos siete detonaciones, apagones y sirenas antiaéreas lleva a Maduro a decretar la emergencia nacional en plena escalada de tensión con Washington
La madrugada del 3 de enero de 2026, Caracas y varias zonas del centro-norte de Venezuela se despertaron con múltiples explosiones, sirenas antiaéreas y sobrevuelos a baja altura. Los primeros testimonios apuntan a varias detonaciones casi simultáneas en torno a las 2:00 de la mañana, con columnas de humo visibles cerca de instalaciones militares y del litoral central.
El Gobierno de Nicolás Maduro ha calificado lo ocurrido como un acto de “agresión militar” y ha anunciado la declaración de emergencia nacional, mientras se recopilan informes sobre apagones en barrios del sur de la capital y restricciones al tráfico aéreo. La autoría y el alcance exacto de los ataques siguen bajo evaluación, en un contexto de máxima tensión entre Caracas y Washington tras semanas de fricciones militares y diplomáticas en el Caribe.
El episodio abre una nueva fase de incertidumbre en Venezuela y sitúa a la región ante el riesgo de una escalada con implicaciones políticas, de seguridad y energéticas.
Sirenas, apagones y explosiones en la capital
Según los relatos de residentes, varias explosiones de gran intensidad sacudieron Caracas de madrugada, acompañadas de sirenas antiaéreas y del paso de aeronaves a baja altura. En sectores como el 23 de Enero y zonas cercanas a la base aérea de La Carlota se reportaron vibraciones en ventanas, caída de objetos y cortes intermitentes de electricidad.
También llegaron informes de detonaciones en áreas próximas a La Guaira e Higuerote, donde se habrían producido explosiones en el entorno del aeropuerto y de instalaciones militares. Imágenes difundidas en redes sociales muestran destellos en el cielo nocturno y columnas de humo, aunque muchas de ellas no han podido ser verificadas de manera independiente.
En paralelo, se han registrado apagones parciales en distintos puntos del área metropolitana y del litoral central. Hasta el momento no existe un balance oficial consolidado de víctimas o daños materiales, más allá de referencias a afectaciones en infraestructura militar y cortes de energía en barrios residenciales.
Maduro habla de “agresión militar” y decreta la emergencia
En una intervención posterior a los hechos, Nicolás Maduro anunció la emergencia nacional, ordenó la movilización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y acusó a Estados Unidos de haber ejecutado ataques contra instalaciones civiles y militares en varios estados, incluidos Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira.
El Ejecutivo enmarca las detonaciones en una supuesta campaña de presión externa orientada a forzar un cambio político y a reforzar el control sobre los recursos energéticos y minerales del país. El discurso oficial vincula lo sucedido con el incremento reciente de la presencia militar estadounidense en el Caribe y con las operaciones contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en aguas próximas a Venezuela.
Al mismo tiempo, Caracas ha reclamado la intervención de organismos internacionales, pidiendo pronunciamientos de la ONU y de instancias regionales. Diversos gobiernos de la región han expresado preocupación por el riesgo de una deriva militar del conflicto político entre ambos países.
Reacción y silencio parcial desde Estados Unidos
En el otro lado, la reacción oficial estadounidense ha sido, por ahora, limitada. Portavoces de la Administración han señalado que están analizando la información disponible, sin ofrecer una confirmación detallada sobre posibles operaciones en territorio venezolano.
Algunos medios han citado fuentes anónimas que apuntan a autorizaciones previas para realizar ataques selectivos contra objetivos vinculados a redes de narcotráfico o estructuras militares concretas, en el marco de una estrategia de presión ampliada sobre el Gobierno de Maduro. Sin embargo, estas versiones no han sido corroboradas públicamente con todo detalle.
En paralelo, las autoridades aeronáuticas estadounidenses han actualizado las restricciones sobre el uso del espacio aéreo venezolano por parte de compañías y aeronaves bajo su jurisdicción, una medida que suele aplicarse en escenarios de alto riesgo de seguridad aérea. Esto tiene implicaciones directas para aerolíneas comerciales, vuelos de carga y rutas que cruzan el Caribe.
Un episodio en una escalada que venía de lejos
Las detonaciones en Caracas se producen tras meses de tensión creciente entre Venezuela y Estados Unidos. En fechas recientes se han desarrollado:
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Operaciones navales en el Caribe bajo el paraguas de la lucha contra el narcotráfico, con interceptaciones de embarcaciones y acciones armadas en las que se han registrado fallecidos.
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Un refuerzo de la presencia militar estadounidense en el sur del Caribe, con despliegues de buques y aeronaves en áreas cercanas a la fachada marítima venezolana.
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Declaraciones cruzadas sobre supuestas violaciones del espacio aéreo y sobre el papel del Gobierno de Maduro en el tráfico ilícito de drogas y otras actividades ilegales.
Este contexto alimenta la hipótesis de que el episodio de Caracas podría formar parte de una estrategia más amplia de presión mediante acciones puntuales sobre infraestructura militar o logística. No obstante, la información disponible es aún incompleta, y tanto la autoría concreta de cada ataque como el alcance operativo deberán aclararse en los próximos días.
Posibles efectos sobre el petróleo y la economía venezolana
Además de la dimensión de seguridad, la situación tiene un componente económico relevante. Venezuela, pese al fuerte descenso de su producción en la última década, sigue disponiendo de una de las mayores reservas de petróleo del mundo y depende en gran medida de sus exportaciones de crudo para obtener divisas.
Una escalada que afecte a instalaciones petroleras, oleoductos, refinerías o terminales de exportación podría añadir incertidumbre a los mercados energéticos internacionales, en un momento en que el crudo ya está condicionado por otros focos de riesgo geopolítico. Para la economía venezolana, cualquier interrupción de su limitada capacidad actual de exportación supondría un golpe adicional sobre unas cuentas públicas ya deterioradas.
El episodio también puede complicar eventuales negociaciones sobre sanciones, en las que distintos actores habían planteado fórmulas de alivio condicionado a cambios políticos internos. Un clima de confrontación militar tiende a reducir el margen para este tipo de acuerdos.
Reacciones regionales y papel de los organismos multilaterales
En América Latina, varios gobiernos han expresado inquietud por el riesgo de que la tensión entre Caracas y Washington derive en un conflicto de mayor alcance. Voces favorables a la mediación han llamado a canalizar la crisis a través de la diplomacia multilateral, impulsando reuniones de urgencia en foros regionales y globales.
Los países con vínculos más estrechos con Venezuela, así como aquellos que han defendido soluciones negociadas en el pasado, se enfrentan ahora al reto de equilibrar la defensa de la soberanía venezolana con la preocupación por una posible militarización del conflicto. Las consultas bilaterales y reuniones de cancilleres en las próximas horas serán indicativas del grado de alineamiento o de matices entre las distintas capitales.
Para los organismos multilaterales, la prioridad inmediata será recabar información fiable, evaluar el impacto humanitario y de seguridad y valorar opciones que vayan desde llamamientos a la contención hasta eventuales misiones de observación o propuestas de mediación.
