Feijóo se adelanta a la bronca y pone el foco en las víctimas

La visita del líder del PP y de Juanma Moreno a Adamuz se convierte en un gesto de responsabilidad institucional y respaldo a los equipos de emergencia

Alberto Núñez Feijóo y Juanma Moreno durante su visita al puesto de mando avanzado en Adamuz tras el accidente ferroviario en Córdoba.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Feijóo se adelanta a la bronca y pone el foco en las víctimas

En medio del caos y la conmoción por el accidente ferroviario de Adamuz, Alberto Núñez Feijóo decidió no esperar a los informes ni a los titulares. Menos de 24 horas después del siniestro, el líder del PP se desplazó a la zona cero junto al presidente andaluz Juanma Moreno, para recorrer el puesto de mando avanzado y escuchar de primera mano a los equipos que aún batallaban entre hierros retorcidos. No fue una visita cómoda ni protocolaria: el rescate seguía activo, el balance de víctimas crecía y la incertidumbre era total. Precisamente ahí, en ese momento incómodo, el gesto adquirió un significado distinto.

Feijóo eligió el registro de la proximidad y la contención, evitando la bronca y subrayando la necesidad de verdad, rigor y respeto a los tiempos técnicos. Su presencia, lejos de convertir el desastre en un plató político inmediato, proyectó la imagen de una oposición que no se limita a tuitear desde Madrid, sino que se hace presente donde el Estado sufre y responde. En una escena dominada por la tragedia, el liderazgo se mide en metros recorridos sobre el barro, no en decibelios.

Una reacción poco habitual y a contrarreloj

Lo habitual, en grandes catástrofes, es que los líderes de la oposición esperen unos días antes de acercarse al lugar del siniestro, cuando el foco mediático se ha desplazado hacia la política y el riesgo de “estorbar” a los operativos es menor. Feijóo rompió ese patrón: se desplazó a Adamuz con los equipos aún trabajando, con el número de fallecidos todavía en revisión y con las preguntas técnicas intactas.

Ese adelanto comportaba riesgos evidentes: el de ser acusado de oportunismo, de buscar la foto, de interferir en las labores de rescate. Sin embargo, el tono elegido evitó esa trampa. Sin reproches, sin alusión directa al Gobierno central y sin especulaciones sobre causas, la visita se centró en conocer el dispositivo, interesarse por las víctimas y escuchar a quienes estaban en primera línea.

En términos de percepción pública, la diferencia es importante. El líder del PP entra en escena cuando aún solo hay dolor y trabajo técnico, no cuando la agenda se ha llenado ya de reproches cruzados. Ese orden de aparición facilita que el gesto se lea, ante todo, como voluntad de acompañar y no como maniobra partidista.

Mirar el desastre a los ojos: la política donde duele

Una parte esencial de la visita fue la exposición directa al escenario del accidente: los trenes siniestrados, los vagones deformados, los restos repartidos a lo largo de varios cientos de metros de vía. No es una postal que un político busque con gusto, pero sí una imagen que separa a quienes prefieren la comodidad del despacho de quienes asumen la dureza de la realidad.

Feijóo y Moreno se acercaron a los puntos de atención a familiares, escucharon testimonios de primeros intervinientes y se interesaron por la situación de los heridos trasladados a hospitales de Córdoba y otras provincias. En términos de comunicación, el mensaje es nítido: antes de hablar de causas, hay que mirar el daño real.

“Lo primero son las familias, los heridos y quienes están jugándose el tipo en la vía. A partir de ahí, habrá tiempo de exigir explicaciones”, fue, en esencia, el tono de la oposición. En un país donde la memoria del accidente de Angrois sigue abierta, esa prioridad verbalizada —personas antes que política— no es un matiz, sino un cambio de orden.

Moreno como anfitrión: coordinación y cercanía andaluza

La presencia de Juanma Moreno a la cabeza del dispositivo autonómico introdujo un elemento de estabilidad. Como presidente de la Junta, le corresponde gestionar la emergencia sanitaria, la atención psicológica, la coordinación con 112, Protección Civil, bomberos y Guardia Civil, así como trasladar al territorio los mensajes de calma y duelo oficial.

Que el líder nacional de la oposición se sitúe a su lado, y no por delante, en el relato del día, apunta a una voluntad de coordinación leal. Moreno ejerce de anfitrión y de intérprete de las necesidades del terreno; Feijóo, de respaldo y amplificador. La escena envía un mensaje de cooperación interadministrativa poco frecuente en la política española reciente: Estado, comunidad autónoma y oposición compartiendo espacio físico y diagnóstico básico.

Esa imagen resulta especialmente relevante en Andalucía, donde el Gobierno de Moreno gestiona una red de alta velocidad que atraviesa varias provincias y que mueve cada año a millones de pasajeros. Mostrar un frente sólido en las primeras horas de una tragedia de este calibre refuerza la idea de que la prioridad compartida es la seguridad y la atención a las víctimas, más allá de las siglas.

Evaluar sobre el terreno la respuesta institucional

La visita tuvo también una dimensión técnica. En el puesto de mando avanzado, Feijóo y Moreno pudieron escuchar a los responsables del operativo describir la secuencia de activación de recursos, el número de efectivos movilizados —más de 200 profesionales entre sanitarios, bomberos, Guardia Civil, Policía y voluntarios de Protección Civil—, los tiempos de llegada de las primeras ambulancias y la logística de evacuación de heridos a distintos hospitales.

Esta información, que en muchas ocasiones se ofrece a la oposición solo en forma de informes o notas oficiales, fue recibida en directo, sobre mapas y pantallas de seguimiento, con los mandos explicando qué se ha hecho bien, qué se podría haber hecho mejor y qué se está revisando. Feijóo obtiene así una base empírica para las posiciones que el PP adopte en las próximas semanas en el Congreso y en el Senado.

Lejos de alimentar una crítica inmediata, este enfoque le permite construir, si lo desea, una posición más sólida: reconocer los aciertos del dispositivo, identificar carencias y plantear mejoras con datos, no solo con intuiciones. Es una forma distinta —y más madura— de ejercer la oposición en contextos de alta sensibilidad.

Empatía sin estridencias: el registro elegido por Feijóo

En un escenario tan cargado emocionalmente, el tono importa tanto como el contenido. Feijóo optó por la sobriedad: ausencia de slogans, renuncia explícita a polemizar en caliente, mensajes centrados en las familias y en el respeto a la investigación. No hubo referencias a recortes, ni a decisiones pasadas, ni a comparaciones con otros accidentes. Ese silencio voluntario es, en sí mismo, un mensaje.

“Hoy no toca hacer reproches; hoy toca acompañar, escuchar y garantizar que habrá transparencia total cuando se conozcan las causas”, es el tipo de frase que encaja con la línea que proyectó el líder del PP. La empatía, en este caso, se construye más sobre los gestos —estrechar manos, escuchar sin cámaras, visitar discretamente los puntos de atención— que sobre grandes declaraciones.

El resultado es una foto de liderazgo contenido, que huye de la teatralidad y se apoya en la idea de que la política también consiste en estar físicamente donde la sociedad sufre, sin apropiarse del dolor ni convertirlo en eslogan.

La presencia temprana en Adamuz eleva, inevitablemente, el listón para la propia oposición. Tras mirar el desastre a los ojos, ya no basta con declaraciones genéricas. La expectativa es que Feijóo traduzca lo visto y oído en el terreno en una agenda concreta:

  • Impulsar en el Congreso una comisión de seguimiento de la seguridad ferroviaria, centrada en tramos críticos y vías recién renovadas.

  • Reclamar auditorías independientes sobre el mantenimiento de las líneas de alta velocidad y los protocolos de detección temprana de incidencias.

  • Proponer mejoras en los protocolos de coordinación entre Estado y comunidades autónomas para grandes emergencias.

  • Exigir, cuando llegue el momento, responsabilidades claras si la investigación detecta fallos evitable.

Si el liderazgo de la oposición convierte la emoción de Adamuz en propuestas técnicas y exigencias razonadas, la visita pasará a ser la primera pieza de un relato distinto: el de una oposición que no solo denuncia, sino que se implica y propone. Si se queda en una foto aislada, el valor del gesto se diluirá con el paso de los días.

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