Rusia desafía la promesa de alto el fuego y lanza más de 500 proyectiles
La guerra aérea entre Rusia y Ucrania ha alcanzado un nuevo punto crítico. En la noche más fría del invierno, con temperaturas de hasta -20 ºC, Moscú lanzó más de 500 proyectiles entre misiles y drones contra territorio ucraniano, pese a la supuesta tregua energética anunciada días antes por Donald Trump. Mientras Rusia presume de derribar drones enemigos en su territorio, Kiev denuncia un ataque “sin precedentes” que deja ciudades sin calefacción y confirma que la escalada no se ha detenido.
La noche en que la tregua se rompió
A las 00:24 de la madrugada, las sirenas antiaéreas sonaron en Kiev disipando cualquier duda sobre la validez de la tregua energética que el presidente estadounidense Donald Trump aseguró haber pactado con Vladímir Putin. Media hora después comenzaron las explosiones. Se prolongaron durante horas, en lo que las autoridades ucranianas describen como el ataque más intenso del invierno y uno de los más duros desde el inicio de la guerra.
Según datos oficiales, Rusia lanzó 521 proyectiles aéreos, incluidos 450 drones de ataque y 71 misiles balísticos, de crucero e hipersónicos. El bombardeo coincidió con el momento más crudo del invierno y afectó no solo a Kiev, sino también a Járkov, Sumi, Odesa, Dnipró, Vínnitsa y otras regiones. El presidente Volodímir Zelenski confirmó al menos nueve heridos y graves daños en infraestructuras críticas.
“Aprovechar los días más fríos del invierno para aterrorizar a la gente es más importante para Rusia que la diplomacia”, denunció el mandatario ucraniano.
El mayor ataque aéreo en meses
La Fuerza Aérea de Ucrania detalló el arsenal utilizado por Moscú: 32 misiles balísticos Iskander-M y S-300, cuatro misiles hipersónicos Zircon, 35 misiles de crucero y centenares de drones Shahed, Gerbera e Italmas, lanzados desde múltiples bases rusas. Aunque las defensas lograron interceptar 450 proyectiles, 27 misiles y 31 drones impactaron en 27 localizaciones distintas.
El volumen del ataque confirma una estrategia clara de saturación de defensas aéreas, diseñada no solo para causar daños directos, sino para agotar los sistemas de interceptación ucranianos, mucho más caros y limitados. Cada oleada obliga a Kiev a consumir misiles antiaéreos occidentales que cuestan millones de dólares frente a drones rusos de bajo coste.
Infraestructuras energéticas bajo asedio
El impacto más grave se produjo en el sistema energético. DTEK, la mayor compañía eléctrica de Ucrania, confirmó daños en centrales térmicas, en lo que supone el noveno ataque masivo contra estas instalaciones desde octubre de 2025. Desde el inicio de la invasión, las infraestructuras energéticas han sufrido más de 220 ataques.
En Kiev, 1.170 edificios residenciales quedaron sin calefacción, mientras que en Járkov otros 820 complejos se vieron afectados. Se activaron cortes de luz de emergencia en varios distritos y miles de personas buscaron refugio en estaciones de metro para protegerse del frío y de los bombardeos.
El ministro de Exteriores, Andrii Sibiga, fue tajante: “Putin esperó a que bajasen las temperaturas y acumuló misiles y drones para continuar sus ataques contra la población civil”.
La tregua prometida por Trump
El ataque deja en evidencia la fragilidad —o inexistencia— del compromiso anunciado por Donald Trump. El presidente estadounidense aseguró que Putin había aceptado no atacar infraestructuras energéticas durante una semana debido al frío extremo. Moscú reconoció la conversación, pero fijó el límite en el domingo 1 de febrero, es decir, cuatro días, no siete.
Los días más duros del vórtice polar comenzaron precisamente ese domingo. Para muchos en Kiev, la supuesta tregua fue simplemente una pausa táctica para preparar un ataque mayor. Ucrania, por su parte, se había comprometido a no golpear infraestructuras energéticas rusas durante ese periodo.
Las dudas quedaron disipadas definitivamente cuando Rusia lanzó este ataque récord, apenas horas antes de una nueva ronda de conversaciones trilaterales con Estados Unidos y Rusia en Abu Dabi.
Moscú también bajo presión aérea
Mientras Ucrania denunciaba el ataque masivo, el Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado 10 drones ucranianos durante la misma noche en Bélgorod, Oryol, Kaluga, Kursk y Rostov. Aunque Moscú minimiza el impacto de estos ataques, su frecuencia demuestra que Ucrania ha ampliado su capacidad para golpear territorio ruso, obligando al Kremlin a reforzar su retaguardia.
El intercambio aéreo constante refleja una guerra cada vez más tecnológica y menos contenida, donde el cielo se ha convertido en el principal frente.
El bombardeo se produjo también horas antes de la llegada a Kiev del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y en un momento en el que Ucrania insiste en la necesidad urgente de más defensas antiaéreas. Para Kiev, la ofensiva rusa no solo busca dañar infraestructuras, sino enviar un mensaje político claro: Moscú no tiene intención de bajar la intensidad del conflicto.
Con el cuarto aniversario de la guerra a la vuelta de la esquina, las instalaciones energéticas ucranianas están al límite y la población afronta el invierno con cortes prolongados de agua, luz y calefacción. La falsa tregua ha dejado una conclusión amarga: ni el frío extremo ni la presión diplomática han logrado frenar la escalada.
