Tiroteo en Salt Lake City deja al menos dos muertos y seis heridos

Un tiroteo en Salt Lake City ha causado la muerte de dos personas y heridas a seis más durante un servicio conmemorativo. La policía mantiene la búsqueda activa de los sospechosos y pide colaboración ciudadana para esclarecer los hechos.

Imagen del lugar del tiroteo en Salt Lake City, con presencia policial y la zona acordonada mientras avanza la investigación.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Tiroteo en Salt Lake City deja al menos dos muertos y seis heridos

alt Lake City intenta recomponerse tras un violento tiroteo que ha dejado dos muertos y seis heridos, tres de ellos en estado crítico. Lo que debía ser un momento de recogimiento se convirtió en una escena de pánico frente a una capilla de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Las autoridades han acordonado varias manzanas y mantienen cerrada la Redwood Road entre 500 y 700 Norte, mientras piden a los vecinos que eviten la zona. Los presuntos agresores siguen en fuga, pero la Policía asegura haber recabado “pistas sólidas” que podrían conducir a una detención inminente.
La ciudad, acostumbrada a proyectar una imagen de orden y tranquilidad, se despierta ahora con preguntas incómodas: ¿cómo pudo llegar la violencia a un espacio de culto en plena tarde de jueves? ¿Y qué se está haciendo, de verdad, para que no vuelva a ocurrir?

Un servicio conmemorativo convertido en escena del crimen

El tiroteo se produjo a las puertas de una capilla mormona mientras se celebraba un servicio conmemorativo. Decenas de asistentes se encontraban en el interior cuando, según los testigos, se escucharon entre ocho y diez disparos en cuestión de segundos. El aparcamiento, lleno de vehículos y familiares, se transformó en un improvisado refugio mientras unos se tiraban al suelo y otros corrían para alejarse de la zona.

El Salt Lake City Police Department confirmó poco después el saldo inicial: dos víctimas mortales y seis heridos, tres de ellos en estado crítico trasladados de urgencia a hospitales de la ciudad. Varias de las personas alcanzadas por los disparos se encontraban en el exterior de la capilla, conversando tras la ceremonia.

«Escuchamos los tiros y al principio pensamos que eran fuegos artificiales; luego vimos a la gente caer», relató un feligrés visiblemente conmocionado. La imagen de una iglesia rodeada de cintas policiales y vehículos de emergencia ilustra, una vez más, cómo la violencia armada ha cruzado todas las fronteras simbólicas, también las religiosas.

Una investigación a contrarreloj

Con los sospechosos todavía en paradero desconocido, la investigación se desarrolla a contrarreloj. La Policía ha desplegado unidades de homicidios, equipos forenses y agentes especializados en delitos violentos, mientras revisa las grabaciones de cámaras de seguridad de negocios y viviendas cercanos a la capilla.

Las autoridades han pedido a los residentes que revisen sistemas de videovigilancia particulares y cámaras de timbre en un radio de varios bloques. Cualquier imagen de vehículos saliendo a gran velocidad de la zona en torno al momento del ataque podría ser clave. En paralelo, se analizan casquillos y restos balísticos recuperados en el lugar para identificar el calibre y posible origen de las armas utilizadas.

El mensaje oficial intenta equilibrar calma y urgencia. «No tenemos indicios de un tirador activo en estos momentos, pero sí de individuos armados y peligrosos que deben ser localizados cuanto antes», subrayó un portavoz policial. La prioridad inmediata es evitar represalias o nuevos incidentes y reconstruir minuto a minuto qué ocurrió exactamente delante de la capilla.

La respuesta de las autoridades y de la comunidad religiosa

El cierre de la Redwood Road entre 500 y 700 Norte y el despliegue policial han alterado por completo la vida en el barrio. Las autoridades han pedido a los vecinos evitar desplazamientos innecesarios, desviar rutas escolares y respetar las barreras levantadas en torno al escenario del tiroteo. Cualquier intento de acercarse para “ver qué pasa” puede entorpecer las pesquisas y poner en riesgo a curiosos y agentes.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, profundamente arraigada en la ciudad, ha emitido un comunicado llamando a la calma y a la cooperación. «Rogamos a quienes hayan visto algo que contacten con las autoridades; cada detalle puede ayudar a evitar que una tragedia como esta se repita», subrayó la nota. La comunidad ha empezado a organizar servicios de apoyo psicológico y espacios de oración para las familias afectadas.

Al mismo tiempo, la alcaldía estudia reforzar la presencia policial en actos religiosos y conmemorativos de las próximas semanas. El objetivo es enviar una señal de protección sin convertir los templos en fortalezas permanentemente vigiladas, un equilibrio cada vez más difícil de sostener.

Un patrón que se repite en espacios de culto

El ataque en Salt Lake City no es un caso aislado. En la última década, Estados Unidos ha registrado decenas de tiroteos en iglesias, sinagogas, templos y otros lugares de culto, con un saldo de más de un centenar de fallecidos. Cada vez que ocurre, se repite el mismo guion: shock, condolencias oficiales, promesas de revisión de protocolos… y vuelta a la rutina hasta el siguiente episodio.

Espacios que tradicionalmente se percibían como refugios de paz —iglesias, escuelas, centros comunitarios— se han convertido en objetivos recurrentes para individuos dispuestos a convertir el arma de fuego en altavoz de su frustración o su odio. La elección de una ceremonia conmemorativa en Salt Lake City encaja en ese patrón: máxima concentración de personas, mínima expectativa de peligro.

Lo más grave es que las comunidades religiosas, muchas veces, carecen de recursos para implementar medidas de seguridad similares a las de otros entornos sensibles. Detectores de metales, personal especializado, cámaras de alta definición… todo ello tiene un coste que no siempre pueden asumir parroquias o congregaciones de barrio. El resultado es una vulnerabilidad estructural que tragedias como la de este jueves vuelven a exponer.

Los datos que nadie quiere mirar

Detrás del horror de Salt Lake City se esconden cifras que el debate público evita mirar de frente. En Estados Unidos, la violencia armada se cobra cada año decenas de miles de vidas entre homicidios, suicidios y accidentes. En torno a un 35% de las víctimas de tiroteos múltiples se registran en lugares considerados “seguros” —escuelas, centros de trabajo, templos—, según estimaciones de organizaciones especializadas.

Salt Lake City, pese a su reputación de ciudad tranquila, no es inmune. En los últimos cinco años, la policía local ha respondido a cientos de incidentes relacionados con armas de fuego, desde disparos al aire hasta agresiones graves. La combinación de alta disponibilidad de armas, conflictos personales y problemas de salud mental mal atendidos crea un caldo de cultivo que ninguna urbe puede ignorar.

Este hecho revela una contradicción difícil de sostener: mientras el país discute sobre el derecho a portar armas, familias enteras aprenden protocolos de confinamiento, rutas de escape y técnicas de primeros auxilios para el caso de un tiroteo. Lo extraordinario empieza a convertirse en parte de la normalidad.

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