Trump abre vía con Delcy, Rubio avisa a Cuba y miramos mercados en Wall Street como Dow Jones
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez ha asumido la jefatura del Estado tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar que la Casa Blanca califica de “éxito total” y que abre la puerta a que el exmandatario “sea juzgado” en territorio estadounidense.
Washington sostiene que Rodríguez se ha mostrado “dispuesta a hacer lo necesario” para reconstruir el país y que ya ha hablado con el secretario de Estado Marco Rubio para trasladarle su voluntad de trabajar con Estados Unidos. En paralelo, la Administración lanza un mensaje directo a Cuba, cuyo Gobierno, en palabras de Rubio, “debería estar preocupado” por el nuevo escenario en Caracas.
La noticia llega en un momento de alta sensibilidad a los riesgos geopolíticos. Las apuestas en la plataforma Kalshi asignaban apenas un 13% de probabilidad a la salida de Maduro antes de febrero, y ahora los inversores se preparan para medir el impacto de la operación en el petróleo, los tipos de interés y los grandes índices como el S&P 500, que cae un 1% en la última semana pero aún suma un 15% en los últimos 12 meses, y el Dow Jones, muy expuesto al componente energético e industrial.
El primer movimiento se espera en el crudo, donde algunos analistas hablan de un descenso inicial de alrededor del 4% en precios, antes de que el impacto se extienda a activos como el oro, los bonos del Tesoro y unas criptomonedas que apenas se inmutaron durante la operación militar.
De la captura de Maduro a la “disposición” de Delcy Rodríguez
La secuencia política arranca con la operación nocturna en territorio venezolano que culmina, según la versión de Washington, con la detención y traslado fuera del país de Nicolás Maduro. Trump presenta el resultado como una acción “rápida y focalizada” sobre objetivos concretos, con un desenlace que permite activar la cláusula sucesoria interna.
En ese contexto, la Casa Blanca sostiene que Delcy Rodríguez ha sido ya juramentada como presidenta, paso que, siempre según esta versión, le otorga la legitimidad formal para encabezar una fase de transición. La propia Rodríguez habría trasladado a Marco Rubio que está preparada para “trabajar con Washington” y emprender las reformas que Estados Unidos considera necesarias para “hacer grande Venezuela de nuevo”.
Este movimiento reordena de forma abrupta el mapa de poder en Caracas: una dirigente identificada durante años con el núcleo duro del chavismo pasa a ser presentada como interlocutora válida por la principal potencia que venía promoviendo sanciones y aislamiento contra el régimen. El grado de apoyo interno con que cuente —en el PSUV, en las Fuerzas Armadas y en la oposición— será determinante para la viabilidad política de este giro.
Aviso de Rubio: “el Gobierno de Cuba debería estar preocupado”
El nuevo rol de Rodríguez se acompaña de un mensaje explícito hacia La Habana. En una comparecencia conjunta con Trump, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que el Gobierno de Cuba “debería estar preocupado”, en alusión al impacto que un cambio de régimen en Caracas puede tener sobre su principal aliado regional.
Rubio, de origen cubano, describió la situación económica de la isla como “muy mala” y el país como “dominado por incompetentes”, en uno de los discursos más duros de la actual administración hacia Cuba. Trump añadió que “quizá en algún momento habrá que hablar de Cuba”, frase que muchos interpretan como una señal de que el nuevo equilibrio en Venezuela podría ser el preludio de mayor presión política y económica sobre La Habana.
Para Cuba, altamente dependiente de acuerdos energéticos, comerciales y financieros con Venezuela, una transición en Caracas orientada hacia Estados Unidos supone un riesgo directo: desde el suministro de crudo hasta el peso político en foros regionales. El eje Caracas–La Habana, central en la geopolítica latinoamericana de las dos últimas décadas, entra así en una fase de revisión.
Un ataque relámpago con eco en los mercados
Desde la óptica de los mercados, la operación militar tiene una lectura inmediata: cambio potencial en el régimen de uno de los países con mayores reservas de petróleo del mundo.
La novedad no es la tensión entre Washington y Caracas —las sanciones y las acusaciones de narcoterrorismo llevan años sobre la mesa—, sino que se haya materializado una acción con desenlace tan contundente. La rapidez de la operación y la ausencia, por ahora, de un conflicto prolongado reducen el clásico movimiento de huida masiva hacia oro y dólar que suele acompañar a guerras de larga duración.
Aun así, el episodio introduce un factor de incertidumbre estructural:
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Quién controlará la producción de petróleo de Venezuela.
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Bajo qué condiciones contractuales operarán las compañías.
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Con qué calendario de inversiones se reconstruirá la capacidad productiva.
Son tres vectores que los inversores tratarán de incorporar a precios en las próximas sesiones, con especial atención a futuros de crudo, deuda soberana emergente e índices que concentran compañías de energía e industria, como el Dow Jones o los sectores energéticos del S&P 500. Incluso indicadores informales como el apodado “Pentagon Pizza Index” —el gasto de pedidos de comida en noches de operaciones militares— se han disparado, ilustrando el clima de actividad y tensión en Washington.
El petróleo, primer termómetro de la captura
El foco inmediato se sitúa en el mercado de crudo. Los contratos de referencia, WTI (CL00) y Brent (BRN00), llegan a este episodio tras perder en torno a un 22% en los últimos 12 meses, en un contexto de dudas sobre el crecimiento global y oferta holgada en varios productores.
Un cambio de régimen en Venezuela se interpreta, de entrada, como antesala de mayor oferta futura. Un análisis de Wood Mackenzie estimaba que, con mejoras de seguridad jurídica e inversiones relevantes en infraestructura, la producción venezolana podría elevarse hasta 2 millones de barriles diarios en uno o dos años. A partir de ahí, haría falta casi una década y varios miles de millones de dólares adicionales para sumar otros 500.000 barriles diarios.
En el muy corto plazo, el analista Ed Finley-Richardson, especializado en tráfico de petroleros, calcula que el anuncio podría provocar una caída inicial de alrededor del 4% en los precios cuando reabra el mercado. La lógica es sencilla: el horizonte de un suministro más estable y previsible desde Venezuela reduce la prima de riesgo geopolítico, sobre todo en el segmento de crudos pesados que demandan algunas refinerías estadounidenses.
El efecto, no obstante, será desigual:
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Para refinerías de EE UU adaptadas al crudo pesado venezolano, un futuro con menos restricciones es potencialmente positivo.
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Para productores de petróleo pesado en Canadá, la competencia adicional podría suponer presión sobre márgenes.
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Para el conjunto del mercado, el impacto dependerá de si las expectativas de aumento de producción se consideran realistas, vista la situación actual de las infraestructuras venezolanas.
Producción venezolana: expectativas frente a realidad
Más allá del impulso inicial, el mercado tendrá que ponderar cuánto y cuándo puede aportar Venezuela a la oferta global. El país arrastra años de caída de producción, falta de mantenimiento, fuga de talento y sanciones financieras que han limitado tanto el acceso a tecnología como la capacidad de inversión.
Las proyecciones de hasta 2 millones de barriles diarios en uno o dos años presuponen:
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Un mínimo de estabilidad política, que permita operar a empresas internacionales y a la propia petrolera estatal bajo nuevas reglas.
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Un alivio gradual de sanciones, ligado a cambios visibles en la arquitectura institucional.
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Entrada de capital privado y mixto en proyectos clave, con garantías jurídicas suficientes.
El riesgo para el mercado es sobreestimar la velocidad de la recuperación. La experiencia de otros productores con conflictos internos muestra que reconstruir capacidad no se consigue de la noche a la mañana, incluso con voluntad política. Si las expectativas de aumento rápido se moderan, parte del primer movimiento bajista en precios podría revertirse.
En el escenario contrario —hoja de ruta clara, respaldo internacional e inversiones sostenidas—, los operadores comenzarían a descontar una oferta adicional más estructural, con impacto a la baja sobre precios a medio plazo y efectos directos en las decisiones de producción de la OPEP+.
Oro, bonos y refugios en un contexto distinto
En otros episodios de tensión militar, el oro (GC00) actúa como activo refugio, con subidas rápidas. En este caso, el punto de partida es distinto: el metal precioso ya ha repuntado alrededor de un 63% en el último año, impulsado por tipos reales bajos, incertidumbre geopolítica y compras de bancos centrales.
Con esa subida acumulada, el margen para un nuevo salto únicamente asociado a la operación en Venezuela es limitado. El carácter rápido y acotado del ataque reduce, además, el miedo a una guerra extensa.
Una caída del precio del petróleo derivada de expectativas de mayor oferta venezolana tiende a actuar en sentido contrario sobre algunos refugios:
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Menos presión inflacionista resta argumentos a quienes ven el oro como protección frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas.
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En el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, un crudo más barato puede reforzar la idea de inflación controlada, influyendo en las previsiones de recortes de tipos.
La semana previa a la captura, el rendimiento del Treasury a 10 años subió en torno a 5 puntos básicos, en un ajuste al alza de las expectativas de tipos. Si el mercado interpreta que el descenso del petróleo aliviará las tensiones de precios, podría darse un movimiento en sentido inverso —bajada de rendimientos y subida de precios—, aunque la reacción final dependerá del conjunto de datos macroeconómicos de las próximas semanas.
Dow Jones, S&P 500 y riesgo geopolítico controlado
En renta variable, el S&P 500 (SPX) llega a esta noticia con un perfil mixto: –1% en la última semana, pero +15% en los últimos 12 meses. El Dow Jones Industrial Average, más expuesto a compañías industriales y energéticas, también ha mostrado solidez en el último año, aunque con episodios de volatilidad ligados a tipos de interés y beneficios empresariales.
El hecho de que la operación militar se haya producido en fin de semana ofrece a los mercados tiempo para procesar la información, lo que tiende a amortiguar reacciones puramente emocionales en la apertura del lunes. Los canales de impacto más probables son:
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Energía: las petroleras integradas y las firmas de exploración y producción podrían ver presión si se consolida un escenario de precios de crudo más bajos.
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Servicios petroleros e ingeniería: las perspectivas de reconstrucción de la infraestructura venezolana abren un nuevo campo de contratos para grandes compañías del sector.
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Refinadoras estadounidenses con capacidad para procesar crudo pesado podrían verse como beneficiarias de un flujo más estable.
En conjunto, los grandes índices —incluidos Dow Jones y Nasdaq— suelen reaccionar de forma menos extrema que los activos directamente vinculados al petróleo, salvo que el episodio derive en una crisis regional de mayor escala, algo que el diseño actual de la operación no anticipa. La estabilidad relativa del bitcoin (BTCUSD) durante la noche del ataque, sin grandes movimientos, refuerza la idea de que los mercados no perciben, por ahora, un cambio radical en el perfil global de riesgo.
Próximos pasos entre Caracas, La Habana y Washington
En el plano político, el desarrollo de los acontecimientos dependerá de:
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Cómo se consolida —o no— la autoridad de Delcy Rodríguez dentro de Venezuela.
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Qué compromisos concretos plantea con respecto a reformas políticas, calendario electoral y respeto a derechos humanos.
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Cómo se articulan los cambios en el régimen de sanciones y la hoja de ruta de reconstrucción económica.
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Qué margen de reacción tiene Cuba, tanto en su relación con Caracas como en su vínculo con Estados Unidos.
Para los mercados, la combinación de transición política en un gran productor de petróleo, mensajes de cooperación entre Washington y la nueva cúpula venezolana y advertencias explícitas hacia La Habana configura un escenario complejo, en el que los movimientos de los próximos días serán decisivos para fijar el tono del año en materias tan distintas como energía, deuda emergente y bolsas globales.
