Trump despide a Graham que dominó Washington durante 23 años
Donald Trump convirtió el funeral de Lindsey Graham en una reivindicación política y personal de uno de sus aliados más influyentes.
El senador republicano falleció inesperadamente el 11 de julio, a los 71 años, después de más de tres décadas en el Congreso.
Ante dirigentes estadounidenses y líderes internacionales, Trump recordó una relación que comenzó con insultos durante las primarias de 2016 y terminó consolidándose en los campos de golf, el Senado y la política exterior.
Su desaparición no solo deja un vacío emocional: altera los equilibrios republicanos y priva a Washington de uno de sus grandes defensores del intervencionismo militar.
Una despedida de Estado
El féretro de Graham fue recibido el 28 de julio en el Capitolio antes del funeral celebrado en la Catedral Nacional de Washington. Al acto asistieron Donald Trump, el vicepresidente JD Vance, numerosos congresistas y dirigentes extranjeros como Volodímir Zelenski y Benjamin Netanyahu.
La presencia de ambos líderes reflejó la dimensión internacional del senador. Graham fue durante años uno de los defensores más insistentes de la ayuda a Ucrania, del apoyo militar a Israel y de una política especialmente dura frente a Irán.
De enemigos a aliados
Trump y Graham no comenzaron como amigos. Durante las primarias republicanas de 2016 intercambiaron ataques públicos y el entonces candidato llegó a divulgar el número de teléfono del senador durante un mitin.
La relación cambió tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Graham se convirtió en un aliado frecuente, aunque mantuvo discrepancias puntuales, y ambos desarrollaron una cercanía personal alimentada por llamadas, reuniones y partidas de golf. Durante el funeral, Trump recuperó incluso aquella antigua disputa telefónica como una anécdota humorística.
«Murió haciendo su trabajo»
Trump definió a Graham como un político extraordinario y aseguró que «murió haciendo el trabajo para el que nació». También sostuvo que nada verdaderamente importante ocurría en Washington sin que el senador tuviera conocimiento o una opinión formada.
El homenaje evitó presentar a Graham como un subordinado y lo retrató como un operador con agenda propia, capaz de presionar al presidente incluso cuando sus posiciones no coincidían.
Ese reconocimiento resulta significativo. Graham había construido una influencia superior a la que sugería su cargo formal, especialmente en defensa, política exterior y nombramientos judiciales.
Elegido senador en 2002, Graham permaneció más de 23 años en la Cámara Alta después de haber servido ocho años en la Cámara de Representantes. Su trayectoria también incluyó décadas de vinculación con la Fuerza Aérea estadounidense como abogado militar.
Fue uno de los legisladores más intervencionistas del Partido Republicano. Defendió una respuesta contundente contra Rusia, Irán y organizaciones consideradas terroristas, además de mantener una relación estrecha con dirigentes israelíes y ucranianos. Sus críticos lo acusaban de favorecer conflictos prolongados; sus aliados destacaban su coherencia estratégica.
Trump dedica unas palabras en la despedida de Lindsey Graham:
— Jose Vizner (@Josevizner) July 28, 2026
“Era extremadamente belicista. Les aseguro que no veía ninguna guerra que no le gustara. Solo sus verdaderos amigos lo entenderían, pero la quería por el bien de nuestro país”. pic.twitter.com/urZQMDZDY7
El último proyecto contra Rusia
La muerte de Graham ocurrió un día después de anunciar un acuerdo con la Administración Trump para impulsar sanciones contra los países que compraran petróleo y gas rusos. El proyecto llevaba más de un año negociándose y contaba con respaldo bipartidista.
El Senado decidió continuar la tramitación bajo el nombre de Ley Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia de 2026. La iniciativa representa una parte central de su legado: utilizar el poder financiero estadounidense para elevar el coste económico de la guerra de Vladímir Putin.
Una sucesión disputada
La desaparición del senador también ha desencadenado una batalla inmediata por su escaño. Su hermana, Darline Graham, fue designada para completar el mandato y recibió el respaldo de Trump para competir en las elecciones especiales.
La primaria republicana está prevista para el 11 de agosto y reúne a varios aspirantes con experiencia política. El apoyo presidencial convierte a Darline en una candidata relevante, pero no garantiza que pueda heredar automáticamente la coalición construida por su hermano durante décadas.
Graham combinaba tres elementos difíciles de reemplazar: acceso directo a Trump, relaciones fluidas con demócratas y una red internacional cultivada durante años. Esa posición le permitía acercar posturas, desbloquear iniciativas y trasladar al presidente mensajes procedentes de gobiernos aliados.
Su funeral confirmó esa influencia, pero también expuso una paradoja. El senador que comenzó enfrentándose a Trump terminó convertido en uno de los símbolos de su etapa política. La amistad sobrevivió a las diferencias porque ambos comprendieron el valor del otro: Trump aportaba poder; Graham, experiencia, conexiones y capacidad legislativa.