El Ibex 35 ha decidido estrenar 2026 derribando techos

La banca y Repsol llevan al selectivo a máximos históricos mientras el mercado da por controlado el riesgo en Caracas y redobla sus apuestas a recortes de tipos de la Fed
View of the Bank of Spain headquarters (Madrid) from Plaza de Cibeles (square).
View of the Bank of Spain headquarters (Madrid) from Plaza de Cibeles (square).

En pleno puente de Reyes, con media Europa todavía a medio gas y el foco informativo en la operación militar de Estados Unidos en Venezuela, el selectivo español ha encadenado subidas hasta marcar máximos históricos por encima de los 17.650 puntos.
El movimiento no es aislado: llega tras dos sesiones alcistas, con banca y energía como grandes protagonistas y un entorno global en el que el mercado parece haber digerido sin sobresaltos la captura de Nicolás Maduro.
La percepción dominante es que no habrá guerra prolongada ni crisis de suministro, mientras los inversores descuentan al menos dos recortes de tipos de la Reserva Federal este año y miran al informe de empleo de Estados Unidos como el siguiente gran examen.
El resultado es un Ibex que, tras años a la cola, se engancha al rally global como punto de entrada a bancos, petróleo y “value” europeo. La pregunta es cuánto durará esta ventana… y qué riesgos está ignorando el mercado.

tradingview 2026-01-06 at 14.50.58
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Un récord de Reyes con el viento de cara

La sesión de este martes resume el cambio de tono. En una jornada tradicionalmente más ligera por el festivo de Reyes, el Ibex 35 avanzaba alrededor de un 0,25-0,40 % hasta los 17.659 puntos, encadenando tres subidas y renovando máximos históricos. El movimiento se produce en paralelo a un Stoxx 600 que consolida por encima de los 600 puntos y a un DAX alemán que también marca récords, pero con una diferencia importante: España ha pasado de rezagada crónica a alumna aventajada en el arranque del año.

El contexto geopolítico no es menor. El mercado ha tenido tiempo de digerir la imagen de tropas estadounidenses entrando en Caracas para capturar a Maduro, su traslado a Nueva York y la posterior declaración de inocencia del expresidente venezolano ante cargos de narcotráfico. De momento, la conclusión de los operadores es que el impacto en crecimiento y comercio global será limitado, y que el episodio abre más oportunidades que amenazas para algunas compañías europeas.

En ese clima de “riesgo controlado”, el Ibex se beneficia de su composición: peso elevado de bancos, energía y utilities, sectores que combinan sensibilidad a tipos, inflación y materias primas. Justo los ingredientes que el mercado quiere en 2026.

La banca vuelve a tirar del carro

El motor inmediato del récord del Ibex está en la banca, que recupera protagonismo tras años de descuento. En la sesión, Santander sube en torno a un 0,6 %, BBVA un 0,4 %, CaixaBank cerca de un 0,3 %, Sabadell y Bankinter alrededor del 0,7 %, con Unicaja algo más moderada. Es una subida coral, no un movimiento aislado.

La clave está en las expectativas. Los inversores descuentan al menos dos recortes de tipos de la Fed en 2026, pero no un desplome de las curvas. Es decir, un entorno todavía razonable para los márgenes de interés y menos presión sobre la mora si el aterrizaje económico es suave. En paralelo, el BCE sigue avanzando con más cautela, lo que mantiene tipos europeos en niveles que siguen siendo un lujo para las cuentas de resultados de la banca española tras una década de tipos cero.

Además, el mercado empieza a valorar la disciplina de capital y la política de retribución al accionista. Tras años en los que la narrativa fue la de “banca zombi” y balances atrapados, los grandes bancos españoles llegan a 2026 con ratios CET1 por encima del 12 %, normalización de dividendos y programas de recompras que acercan la remuneración total (dividendo + buybacks) al 10 % anual en algunos casos.

El diagnóstico es inequívoco: la banca ha dejado de ser el lastre del Ibex para convertirse en su principal palanca alcista.

BBVA: recompras masivas y capital de sobra

Dentro del sector, BBVA se ha colocado en el centro del radar tras anunciar a finales de 2025 una recompra de acciones propias por 3.960 millones de euros. El anuncio dejó tibio al mercado en un primer momento, pero el análisis detallado de los números ha cambiado la percepción: más que un gesto de agotamiento, es una demostración de fuerza de capital.

El banco ha ejecutado ya más del 9 % del primer tramo de 1.500 millones, al tiempo que completaba otra recompra previa de 1.000 millones. Y pese a ello, los analistas estiman que su colchón CET1 podría situarse en unos 350 puntos básicos por encima de los requisitos regulatorios al cierre del cuarto trimestre, incluso tras provisionar la recompra.

La explicación está en la capacidad de generación orgánica de capital. El beneficio antes de dividendos, recompras u operaciones corporativas se traduciría en más de 260 puntos básicos de capital sobre activos ponderados por riesgo en 2025-2026, la cifra más alta entre los grandes bancos españoles.

Incluso descontando el impacto de la recompra en curso, la ratio CET1 fully loaded rondaría el 12,5 %, por encima del objetivo interno del 12 %. Traducido a lenguaje de mercado: BBVA tiene margen para seguir devolviendo capital a los accionistas e, incluso, sorprender con nuevos programas si el entorno no se deteriora.

La entidad pasa así de ser percibida como agresiva tras el fallido intento de opa sobre Sabadell a símbolo de disciplina de capital y gestión activa del balance, un cambio de narrativa que el Ibex agradece.

Repsol y el dividendo del caos venezolano

El otro nombre propio del Ibex en estas jornadas es Repsol, convertida en uno de los grandes beneficiados del giro venezolano, junto con la estadounidense Chevron y la italiana Eni. Un informe de Barclays destaca que la captura de Maduro y la transición tutelada por Estados Unidos reducen sensiblemente el riesgo político y regulatorio que llevaba años lastrando las inversiones petroleras en el país.

La entidad calcula que Venezuela podría incrementar su producción entre 200.000 y 300.000 barriles diarios hasta 2026, partiendo del entorno de un millón de barriles actual. Aunque sigue lejos de su potencial, esa mejora, combinada con un marco más predecible, abre una ventana de negocio jugosa para los actores ya presentes sobre el terreno.

Repsol, con activos relevantes en gas y upstream y una larga experiencia operativa en el país, está en la primera línea. Además de su capacidad para aportar conocimiento técnico en una fase de reconstrucción, la compañía arrastra una deuda pendiente de cobro de PDVSA que los analistas sitúan en torno a los 390 millones de euros, cerca del 2 % de su capitalización. Un escenario de normalización podría facilitar el cobro y liberar valor.

Por el lado del downstream, el crudo venezolano encaja bien en las refinerías complejas del grupo, lo que podría mejorar los márgenes de refino si se reabren los flujos. No es extraño que la acción se mueva al alza en un Ibex liderado por energía y bancos: es la fórmula perfecta para un índice que vive de la “vieja economía” en un mundo de nueva inestabilidad.

El contraste con Europa: mismos récords, motores distintos

Aunque Stoxx 600, DAX e Ibex comparten la narrativa de récords, los motores del rally no son idénticos. En Europa continental, el impulso viene sobre todo de recursos básicos, defensiva industrial y grandes campeones exportadores; en el caso español, el peso de banca doméstica y energía hace que el índice sea más sensible a tipos y a materias primas.

Mientras el Stoxx 600 se mueve alrededor de los 600 puntos con subidas cercanas al 0,4 %, impulsado por el 1 % adicional del índice de recursos básicos, el Ibex 35 ha conseguido superar por fin su viejo techo gracias a una combinación de factores muy propios:

  • Recuperación de márgenes bancarios tras la década perdida de tipos cero.

  • Reformulación del negocio energético, con Repsol y las utilities jugando a la vez en el tablero fósil y en el de la transición.

  • Y un flujo de capital internacional que vuelve a mirar a España como “apuesta value” dentro de Europa, con valoraciones aún por debajo de las de otros mercados desarrollados.

El contraste con Francia es elocuente: el CAC 40 se mantiene prácticamente plano, con datos de IPC algo mejores de lo esperado pero sin euforia, mientras el Ibex rompe máximos. La percepción de que la zona euro crecerá apoyada en estímulos alemanes y en tipos algo más bajos se traduce, de momento, en un premio especial para el riesgo español.

Fed, inflación y empleo: los datos que pueden cambiar el guion

Este rally del Ibex no vive en el vacío. El apoyo de la macro y de los bancos centrales sigue siendo condición necesaria para sostener valoraciones en máximos.

En Estados Unidos, el mercado descuenta al menos dos recortes de tipos de la Fed durante 2026, pero para la reunión del 28 de enero las probabilidades de mantener tipos rondan el 84 % según los futuros. Las palabras de Neel Kashkari, presidente de la Fed de Mineápolis, insistiendo en que la inflación se modera “lentamente” pero con riesgo de repunte del desempleo, han reforzado la apuesta por una Fed prudente pero dispuesta a flexibilizar si el mercado laboral se enfría.

El gran hito de la semana será el informe de empleo estadounidense del viernes, clave para afinar esas apuestas. Un dato muy fuerte podría enfriar el entusiasmo por los recortes, presionando al alza las rentabilidades de la deuda y poniendo a prueba los índices de renta variable. Un dato flojo reforzaría el relato de “aterrizaje suave” y daría aire al Ibex y al resto de Europa.

En paralelo, las cifras de inflación alemana y los PMI europeos ayudarán a calibrar cuánto margen tiene el BCE para empezar a mover ficha en los próximos meses. Un exceso de optimismo hoy podría convertirse en fragilidad mañana si los datos no acompañan.

Los riesgos que el Ibex prefiere no mirar

Bajo la superficie del récord, no faltan riesgos que el mercado parece dispuesto a aparcar. El primero, evidente, es que el episodio venezolano se complique: una resistencia interna prolongada, una escalada en países vecinos o una respuesta de otros actores globales podrían convertir lo que hoy se percibe como oportunidad controlada en un frente de inestabilidad permanente.

El segundo es de naturaleza económica. El rally actual se apoya en la hipótesis de un “soft landing” global, con crecimiento suficiente para mantener beneficios y bancos centrales lo bastante sensibles como para recortar tipos sin desencadenar una nueva ola inflacionista. Un tropiezo en cualquiera de esas patas —una recesión más profunda, una inflación que se resista a bajar del todo— tendría un impacto directo en sectores como la banca y la energía, sobreponderados en el Ibex.

El tercero, más doméstico, es la fragilidad estructural de la economía española: elevada deuda pública, desempleo todavía por encima de la media europea y dependencia de sectores cíclicos como el turismo o la construcción. El Ibex puede correr por delante de la economía real durante un tiempo, pero no indefinidamente.

Por ahora, la bolsa ha optado por celebrar Reyes con récords y por dar el beneficio de la duda a un 2026 alcista. La cuestión es si el inversor sabrá distinguir entre los fuegos artificiales del arranque de año y la tendencia de fondo.

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