Los inversores celebran las cuentas de los gigantes industriales mientras vigilan el débil pulso del PIB británico y los últimos datos de producción y comercio

Las bolsas europeas arrancan al alza con los resultados en el foco

Los principales índices europeos amanecen este jueves con tono positivo, apoyados en una nueva tanda de resultados empresariales de gran peso y en unos datos macroeconómicos que, sin ser brillantes, alejan por ahora los peores escenarios. El DAX alemán repunta cerca de un 0,5%, el CAC 40 francés se anota algo más de un 1% y el Euro Stoxx 50 avanza en torno a un 0,6% en el arranque de la sesión, mientras el FTSE 100 británico se mueve con ganancias más moderadas. Sobre la mesa, las cuentas de Mercedes-Benz Group, Siemens y Thyssenkrupp, junto a las cifras de PIB del Reino Unido, producción industrial y balanza comercial en Europa. Lo más llamativo, sin embargo, es que este rebote bursátil convive con unas divisas prácticamente inmóviles: el euro ronda los 1,186 dólares y la libra se mueve cerca de 1,36 dólares, señal de que el apetito por el riesgo sigue siendo contenido.

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Un rebote que llega tras semanas de nervios

El avance de las bolsas europeas se produce después de varias semanas marcadas por la volatilidad, el miedo a una desaceleración más intensa de la economía y la sensación de que el viejo continente vuelve a quedarse a la zaga de Wall Street. La subida de entre el 0,5% y el 1,2% de los grandes índices no borra las caídas acumuladas, pero sí actúa como válvula de escape tras un comienzo de año irregular.

En lo que va de ejercicio, los analistas calculan que el Euro Stoxx 50 apenas suma en torno a un 4%, frente a ganancias cercanas al 9% en el principal índice estadounidense. El contraste resulta elocuente: Europa sigue muy expuesta a sectores cíclicos —banca, automóvil, industria pesada— y mucho menos a las grandes tecnológicas que han tirado de los índices al otro lado del Atlántico. El rebote de este jueves, por tanto, tiene más de reacción técnica y alivio tras resultados mejor de lo temido que de cambio estructural de narrativa.

Lo más significativo es que el movimiento llega en el premarket y en los primeros compases de la sesión, cuando el volumen todavía es reducido. Para muchos gestores, “las subidas de primera hora hay que mirarlas con lupa”, porque pueden desinflarse si los nuevos datos macro o los mensajes de los bancos centrales vuelven a sembrar dudas. La consecuencia es clara: el mercado celebra, pero no baja la guardia.

Resultados empresariales bajo la lupa

El otro gran motor de la jornada son las cuentas corporativas. Mercedes-Benz Group ha presentado unos resultados sólidos, con un incremento del beneficio neto cercano al 7% interanual y un margen operativo que se mantiene por encima del 10% gracias a la disciplina en precios y al empuje de los modelos de gama alta. Sin embargo, la compañía ha insistido en que el entorno para 2026 seguirá marcado por la transición al vehículo eléctrico y por la presión regulatoria, especialmente en Europa.

En el caso de Siemens, el mercado premia una mejora de ingresos de alrededor del 5%, impulsada por la demanda en automatización industrial y software, aunque la multinacional alemana ha recortado ligeramente su guía de beneficios para el conjunto del año ante el enfriamiento de algunos pedidos en China. Thyssenkrupp, por su parte, sigue inmersa en una reestructuración profunda: reduce deuda, avanza en la eventual segregación de activos y trata de poner orden en una cartera de negocios muy heterogénea.

En palabras de un gestor de renta variable europea, “el mensaje de fondo es que la industria del Viejo Continente sigue viva, pero las compañías están creciendo a base de optimizar costes y recortar inversiones, no de una demanda boyante”. Este hecho revela que el ciclo actual es frágil: las empresas aprietan el acelerador en eficiencia, pero dudan a la hora de comprometer capital a largo plazo en un entorno de tipos todavía elevados y elevada incertidumbre geopolítica.

El espejo británico: un PIB al borde del estancamiento

Mientras los índices continentales rebotan, Reino Unido ofrece una fotografía menos complaciente. Los últimos datos de PIB apuntan a un crecimiento trimestral en torno al 0,1%, con una tasa interanual que apenas supera el 0,3%. Es, en la práctica, una economía al borde del estancamiento, lastrada por un consumo débil, un mercado inmobiliario en fase de ajuste y un sector industrial que no termina de levantar cabeza tras el impacto de la inflación y del Brexit.

El FTSE 100 avanza apenas un 0,2%, un movimiento modesto si se compara con el tirón del CAC 40 o del Euro Stoxx 50. La explicación es doble. Por un lado, la bolsa británica está muy expuesta a compañías de materias primas, energía y finanzas, sectores que dependen tanto de factores globales como domésticos. Por otro, el mercado descuenta que el Banco de Inglaterra tendrá menos margen que el BCE para recortar tipos de forma agresiva si la inflación subyacente se resiste a bajar.

El diagnóstico es inequívoco: el Reino Unido sigue siendo el eslabón más frágil entre las grandes economías europeas, con un crecimiento crónicamente bajo y una inflación que, aunque en descenso, se mantiene por encima de los objetivos. La lectura para los inversores continentales es clara: cualquier deterioro adicional al otro lado del Canal puede contagiar la confianza en la región, especialmente en sectores como banca, aseguradoras y consumo discrecional.

Industria y comercio: señales mixtas en la eurozona

Los datos de producción industrial y balanza comercial en la eurozona añaden matices a este cuadro. La actividad fabril muestra un repunte cercano al 1% mensual tras varios meses en negativo, pero todavía se sitúa aproximadamente un 3% por debajo de los niveles previos a la pandemia. Es decir, hay recuperación, pero muy lejos de una normalización plena.

En el frente exterior, la balanza comercial vuelve a exhibir un ligero superávit, gracias al descenso de la factura energética y a unas exportaciones que resisten pese a la debilidad de algunos socios clave. No obstante, la dependencia de la demanda de China y Estados Unidos sigue siendo un talón de Aquiles. Una corrección brusca en cualquiera de esos mercados podría borrar rápidamente la mejora reciente.

El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras algunos países del norte de Europa mantienen un tejido industrial sofisticado y diversificado, economías más dependientes de sectores de bajo valor añadido siguen sin recuperar el terreno perdido. “Europa ha ganado tiempo con la caída de los precios de la energía, pero no ha resuelto sus problemas estructurales de competitividad”, resumen desde una firma de análisis. De fondo, planea la duda de si este rebote es el inicio de un nuevo ciclo o simplemente un descanso en la senda de la desaceleración.

El contraste con Wall Street y Asia

Al mismo tiempo que Europa rebota, los futuros de Wall Street se mueven con ligeras subidas y las bolsas asiáticas han cerrado la sesión con un comportamiento dispar. Japón avanza apoyado en la debilidad del yen, mientras que algunos índices chinos siguen presionados por las dudas sobre el sector inmobiliario y las tensiones comerciales con Occidente.

El contraste es evidente: los índices estadounidenses se benefician del peso abrumador de las grandes tecnológicas, que han demostrado una capacidad extraordinaria para generar caja incluso en entornos de tipos altos. Europa, en cambio, sigue anclada en sectores más intensivos en capital, más expuestos al coste de la financiación y a los ciclos de demanda global.

Este hecho revela una asimetría incómoda para el inversor europeo. Cuando el miedo se instala en los mercados, los flujos tienden a refugiarse en el dólar y en los grandes valores estadounidenses. Cuando vuelve el apetito por el riesgo, Europa rebota, sí, pero a menudo lo hace como mercado táctico, no como destino estructural de inversión. El resultado es un comportamiento más errático y, a medio plazo, una menor capacidad para atraer capital estable.

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