Dow Jones, FTSE, Stoxx 600 y DAX se disparan tras el ataque a Venezuela
La primera gran sesión bursátil de 2026 ha confirmado un patrón inquietante: los mercados han aprendido a convivir con la guerra como si fuera ruido de fondo.
El ataque militar de Estados Unidos sobre Venezuela, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y la amenaza de nuevas operaciones en la región, no hundió a las bolsas: las impulsó.
El Dow Jones marcó un nuevo máximo histórico, el Stoxx 600 europeo encadenó uno de sus mejores arranques de año y el DAX alemán se anotó subidas de más del 1 %.
Al mismo tiempo, el Brent repuntó hasta los 61,76 dólares, el oro subió con fuerza como refugio y las mineras y empresas de defensa se dispararon en Londres, Fráncfort y París.
El contraste es claro: mientras crece el riesgo geopolítico, Wall Street y Europa actúan como si la operación sobre Venezuela fuera, sobre todo, una oportunidad de negocio.
Un récord del Dow con olor a pólvora y crudo
En Nueva York, la reacción fue inmediata. El Dow Jones Industrial Average subió un 1,23 % (casi 595 puntos) hasta rozar los 49.000 puntos, firmando un nuevo máximo histórico y consolidando el rebote tras un inicio de año titubeante. El S&P 500 avanzó en torno a un 0,6-0,7 % y el Nasdaq Composite se anotó cerca de un 0,7 %.
La narrativa oficial de la Casa Blanca fue clara: Estados Unidos asume un “control temporal” sobre Venezuela y no descarta nuevos ataques si el país no coopera para abrir su industria petrolera y combatir el narcotráfico. Lejos de asustar al mercado, el mensaje fue interpretado como una señal de mando firme.
Un gestor de patrimonio resumía la frialdad con la que se lee Caracas desde los terminales de trading: “El PIB de Venezuela tiene un impacto virtualmente nulo en el PIB mundial; el mercado debe ignorarlo”.
Este hecho revela hasta qué punto la lógica de beneficios a corto plazo termina imponiéndose sobre las alertas geopolíticas: la captación de reservas de crudo y la promesa de nuevos contratos pesan más que el riesgo de escalada regional.
Energía y banca tiran de Wall Street
El movimiento en índices tuvo nombres y apellidos. El índice de energía del S&P 500 se disparó alrededor de un 2,7 %, su nivel más alto desde marzo de 2025. Chevron subió un 5,1 %, apoyada en su presencia histórica en Venezuela, mientras Exxon Mobil avanzó en torno a un 2,2 %. Las compañías de servicios petroleros, como SLB y Halliburton, llegaron a sumar cerca de un 8 %, descontando años de contratos si se confirma la apertura de la industria venezolana bajo paraguas estadounidense.
La banca también se apuntó al rally. El índice financiero del S&P 500 ganó cerca de un 2,2 %, con JPMorgan, Citigroup y Goldman Sachs entre los valores más alcistas. JPMorgan superó por primera vez la barrera de los 900.000 millones de dólares de capitalización, símbolo de un sector que entra en 2026 con expectativas de más operaciones corporativas y un entorno de tipos algo más benigno.
La consecuencia es evidente: el mercado premia a los actores que más pueden ganar de la “normalización” forzada de Venezuela, desde las petroleras hasta los bancos que financiarán el despliegue inversor.
Europa se suma al rally: Stoxx 600, DAX y FTSE 100 al alza
En el Viejo Continente, la foto no fue muy distinta. El Stoxx 600 europeo subió un 0,94 %, impulsado por las compañías de defensa, tecnología y minería. El DAX alemán avanzó un 1,34 %, el FTSE 100 británico un 0,54 % y el CAC 40 francés cerca de un 0,2 %. Solo el índice suizo SMI nadó contra corriente, con una leve caída del 0,15 %.
Los inversores europeos siguieron de cerca las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, pero mantuvieron el foco en los datos macro que llegarán esta semana: empleo y precios en EEUU, además de indicadores internos como las hipotecas en Reino Unido o las ventas minoristas en Suiza.
Mientras tanto, las bolsas emergentes también se movieron al alza, con un índice de mercados en desarrollo repuntando alrededor de un 1,5 %. La lectura general es que el impacto directo de Venezuela se percibe como acotado, mientras que las oportunidades para empresas europeas en defensa, energía y materias primas se amplían.
Mineras y defensa, los grandes ganadores europeos
Si en Nueva York mandaban las petroleras, en Europa las mineras y las compañías de defensa fueron las estrellas del día. En Londres, Antofagasta y Endeavour Mining subieron en torno a un 6-6,3 %, mientras que Fresnillo avanzó un 4,3 % y grupos como Anglo American o Glencore sumaron entre un 2,5 % y un 3,5 %.
La explicación es doble: por un lado, el repunte del oro, la plata y otros metales industriales; por otro, la expectativa de un ciclo prolongado de inversión en seguridad y energía. En el plano de defensa, nombres como BAE Systems o Rolls-Royce registraron avances de entre el 2 % y el 6 %, reflejando la percepción de que las tensiones geopolíticas no serán un episodio puntual, sino una constante de la década.
En Alemania, Rheinmetall llegó a subir cerca de un 10 %, mientras Infineon y Siemens Energy sumaban en torno a un 4-5 %. En Francia, Eurofins Scientific rebotó en torno a un 8 %, y grupos como Thales, Airbus o Safran se anotaron subidas de entre el 1,5 % y el 4,5 %. El contraste con valores de consumo y defensivos que cerraron en rojo —como Danone, Carrefour o Renault— sugiere una rotación clara hacia sectores que se benefician de un mundo más inestable.
El caso suizo: un SMI en rojo en plena euforia global
La nota discordante llegó desde Zúrich. El SMI suizo cayó un 0,15 %, en una sesión dominada por las ventas en algunos de sus gigantes defensivos. Nestlé cedió cerca de un 3 %, Logitech en torno a un 2,5 % y pesos pesados como Novartis o Roche cerraron con descensos de hasta el 1,2 %.
La paradoja es que esta corrección se produjo en medio de un dato positivo de ventas minoristas, que crecieron un 2,3 % interanual en términos reales, encadenando tres meses de avances. Sin embargo, la subida fue algo inferior a lo esperado y el mercado optó por tomar beneficios en compañías que habían actuado como refugio en 2025.
No todo fueron caídas: VAT Group se disparó más de un 12 %, mientras Julius Baer y Partners Group subían entre un 4,8 % y un 5,4 %, y ABB y UBS se anotaban repuntes superiores al 3 %. La fotografía es la de un mercado partido en dos: presión sobre los grandes valores defensivos y flujo intenso hacia industriales, tecnológicas de nicho y financieros más cíclicos.
Oro, plata y dólar: el refugio no descansa
Aunque las bolsas dibujan un relato de confianza, los activos refugio cuentan otra historia. El oro al contado alcanzó máximos de una semana y los futuros para febrero subieron en torno a un 2,8 %, hasta el entorno de los 4.451 dólares la onza. La plata avanzó cerca de un 7,9 % y el cobre, en plena fiebre por la transición energética, se anotó alrededor de un 5 %, marcando nuevos récords.
En divisas, el índice dólar cedió alrededor de un 0,24 % hasta la zona de 98,3 puntos, tras haber tocado máximos de casi un mes, y la rentabilidad del bono estadounidense a diez años cayó unos 2,4 puntos básicos, hasta el 4,16 %. Los inversores empiezan a mirar más a los datos de inflación y empleo que al ruido político, pero mantienen cobertura ante el riesgo de que la geopolítica termine contaminando el ciclo económico.
Incluso en el universo cripto se percibe un movimiento de repliegue parcial. El bitcoin subió en torno a un 3,2 %, por encima de los 94.000 dólares, pero algunos gestores hablaron de rotación desde activos digitales hacia metales físicos, ante la expectativa de que una mayor vigilancia sobre flujos ligados a Venezuela y al narcotráfico reduzca el atractivo de ciertas transacciones opacas.
Qué están descontando realmente las bolsas
El balance conjunto de la jornada deja una conclusión nítida: los mercados están asumiendo que el ataque a Venezuela no alterará de forma inmediata el crecimiento global, pero sí puede abrir una ventana de oportunidad para petroleras, bancos, defensa y mineras. Se descuenta un escenario en el que Estados Unidos controla la situación, evita una escalada regional y, a medio plazo, consigue aumentar la oferta de crudo venezolano bajo su órbita.
Lo más preocupante es lo que subyace a este diagnóstico: una normalización del uso de la fuerza como herramienta de política económica, que se refleja en subidas de índices como el Dow, el Stoxx 600 o el DAX cada vez que se consolida la idea de que la hegemonía estadounidense no encontrará un freno real.
Si ese guion se cumple, las bolsas seguirán mirando por encima del hombro a la geopolítica, siempre que los beneficios por acción se mantengan en la senda prevista y los bancos centrales no sorprendan con un giro brusco.
Pero un error de cálculo —una respuesta de otros actores, una crisis política en Caracas, un contagio a Colombia o México— podría transformar este optimismo casi mecánico en una corrección repentina, especialmente en los sectores que hoy celebran la ofensiva.
Por ahora, la señal es clara: los índices marcan máximos mientras aumenta la inestabilidad estructural. Y la historia reciente demuestra que pocas combinaciones son más peligrosas que mercados eufóricos en un mundo que se vuelve, día a día, más imprevisible.