Dow Jones y S&P 500 encadenan récords mientras la fiebre de la IA dispara a Wall Street
La primera semana completa de 2026 está dejando una imagen nítida: Wall Street ha decidido empezar el año en modo récord.
Este martes, el Dow Jones se disparó 484,9 puntos (+0,99 %) hasta los 49.462,08, mientras el S&P 500 sumó un 0,62 % hasta los 6.944,82 puntos y el Nasdaq avanzó un 0,65 % hasta los 23.547,17.
Es la segunda sesión consecutiva de máximos históricos para los dos grandes índices, en un movimiento donde la inteligencia artificial, Amazon y los chips de memoria vuelven a tirar del carro con fuerza.
Todo ello, además, en un contexto de datos macro que empiezan a perder fuelle, mensajes dispares desde la Reserva Federal y un foco geopolítico tan delicado como Venezuela, que el mercado ha preferido aparcar de momento.
La pregunta de fondo es evidente: ¿está Wall Street descontando un escenario demasiado perfecto de crecimiento, tipos más bajos y beneficios al alza… o el rally aún tiene recorrido antes de chocar con la realidad?
Otra sesión de récords para el Dow y el S&P 500
El cierre de este martes consolidó lo que ya se intuía en la media sesión: el impulso alcista no era un mero rebote técnico, sino una continuación del rally que arrancó el lunes. El Dow Jones firmó un nuevo máximo histórico en los 49.462 puntos, y el S&P 500 encadenó también otro cierre de récord, en ambos casos con los índices cerca de los máximos intradía.
La subida del Dow, cercana al 1 %, se apoyó en ganancias amplias en financieras, consumo, materiales, salud y tecnología, con títulos como Amazon, Amgen, Salesforce o IBM entre los principales impulsores. La amplitud del movimiento quedó reflejada en el dato de mercado interno: los valores alcistas superaron a los bajistas por más de tres a uno dentro del S&P 500, y el índice registró 62 máximos frente a solo 8 mínimos en la sesión.
Este comportamiento revela un patrón clave: no se trata de un rally de dos o tres nombres, sino de una apuesta transversal por el riesgo. Con el Dow ya apuntando psicológicamente a la barrera de los 50.000 puntos, el mercado parece haber dejado atrás las dudas de diciembre y haber abrazado de nuevo la narrativa de “aterrizaje suave” de la economía estadounidense.
Amazon y la nueva batalla por la IA generativa
En el corazón del repunte del Dow se sitúa Amazon, que se anotó un 3,4 % y cerró en máximos históricos. El movimiento no responde solo a expectativas de consumo o a la fortaleza del negocio en la nube, sino a un golpe directo en el tablero de la inteligencia artificial generativa: la compañía ha anunciado el despliegue de Alexa.com para clientes de Early Access de Alexa+, una apuesta leída en el mercado como un intento de competir de forma más frontal con modelos como ChatGPT o Gemini.
La señal al mercado es doble. Por un lado, Amazon vuelve a mostrarse como actor central en el despliegue de la infraestructura de IA, aprovechando el músculo de Amazon Web Services para ofrecer soluciones llave en mano a empresas que no quieren construir desde cero. Por otro, en el plano de consumo, la integración de asistentes más “inteligentes” refuerza el ecosistema de la compañía, desde el comercio electrónico hasta el hogar conectado.
Para los inversores, este anuncio llega en el momento justo: tras un 2025 marcado por el miedo a una burbuja de IA, enero se está convirtiendo en el mes del “reload” en las grandes tecnológicas. El salto de Amazon refuerza la idea de que la segunda fase del ciclo de la IA —más integrada, más vertical y con más capex— apenas está comenzando.
La fiebre de los chips de memoria: SanDisk, Western Digital y Micron se disparan
Si hay un sector que personifica la euforia del día, es el de semiconductores, y más concretamente el de memoria y almacenamiento. El índice PHLX de chips (SOX) subió otro 2,75 %, acumulando ya cerca de un 8 % de avance en solo tres sesiones de 2026.
Las cifras individuales son aún más llamativas:
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SanDisk llegó a saltar más de un 27 % en la sesión.
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Western Digital se revalorizó en torno a un 17 %.
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Seagate sumó un 14 %.
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Y Micron coronó la jornada con un alza del 10 %, con las cuatro compañías marcando máximos históricos.
El catalizador fue la intervención del CEO de Nvidia, Jensen Huang, en el Consumer Electronics Show de Las Vegas, donde detalló nuevos procesadores de IA que incorporan una capa adicional de tecnología de almacenamiento. La lectura es clara: la próxima generación de modelos de IA no solo demandará GPU, sino cantidades masivas de memoria y soluciones de almacenamiento de alta velocidad.
Este hecho revela el inicio de una segunda derivada del rally de la IA: tras el protagonismo casi exclusivo de los fabricantes de chips de cálculo, el mercado empieza a poner en precio el papel crítico de la memoria, el almacenamiento y las redes en la arquitectura de los centros de datos del futuro.
Salud, oro y los nuevos ganadores sectoriales
La sesión dejó también ganadores claros en otros frentes. El índice de salud del S&P 500 avanzó cerca de un 2 %, impulsado, sobre todo, por Moderna, que llegó a rebotar en torno a un 10-11 % tras la revisión al alza de su precio objetivo por parte de una gran firma de análisis. El renovado interés por el sector sanitario refleja la búsqueda de crecimiento defensivo en un entorno en el que la tecnología se percibe como cara pero aún imprescindible.
Los valores ligados al oro protagonizaron otra de las historias del día. Con el metal precioso encadenando subidas y situándose por encima de los 4.400 dólares la onza, el índice de productores auríferos llegó a repuntar en torno a un 4 %, beneficiándose del doble vector de refugio ante la incertidumbre y cobertura frente a posibles recortes de tipos que puedan debilitar al dólar más adelante.
En contraste, el sector energético mostró una debilidad significativa. Tras el rally de la víspera, ligado a la operación en Venezuela, Exxon y Chevron cedieron del orden del 3,4 % y el 4,5 %, respectivamente, en un contexto de ligera corrección del crudo. La rotación es evidente: parte de las ganancias obtenidas en energía se están redirigiendo hacia tecnología, salud y oro, en un intento de reposicionar carteras ante el nuevo ciclo de datos macro.
La macro se enfría mientras el mercado se calienta
El entusiasmo bursátil contrasta con una macro que empieza a dar señales de fatiga, aunque todavía en zona de expansión. El PMI compuesto de S&P Global descendió de 53,0 a 52,7 puntos en diciembre, y el de servicios cayó de 52,9 a 52,5, cifras compatibles con crecimiento, pero que dibujan una pendiente algo menos pronunciada.
En paralelo, el mercado sigue procesando las consecuencias de un shutdown federal de 43 días que ha distorsionado parte de los indicadores y ha retrasado la publicación de otros. En las próximas jornadas se conocerán datos clave, como el informe JOLTS de vacantes y, sobre todo, el informe oficial de empleo de diciembre, previsto para el viernes.
Este hecho revela la paradoja actual: Wall Street cotiza hoy un escenario de crecimiento robusto y beneficios al alza, pero se apoyará en datos que aún arrastran el ruido de un parón administrativo sin precedentes. Cualquier sorpresa negativa en empleo o salarios podría fortalecer la expectativa de recortes de tipos, pero también reabrir el temor a un frenazo más brusco de lo deseado.
La Fed, dividida entre la cautela y las prisas por recortar
Sobre este telón de fondo, la Reserva Federal sigue enviando mensajes matizados. El presidente de la Fed de Richmond, Tom Barkin, ha insistido en la necesidad de mantener una postura prudente y ha enfriado la idea de recortes agresivos inmediatos. En el extremo contrario, el gobernador Stephen Miran ha defendido en entrevistas la conveniencia de acelerar las bajadas de tipos para evitar daños mayores en el mercado laboral.
La curva de tipos recoge esta tensión. El rendimiento del Treasury a 10 años subió hasta el entorno del 4,18 %, revirtiendo parte del rebote de la sesión anterior, mientras los futuros siguen descontando al menos una bajada extra de un cuarto de punto en los próximos meses.
En este contexto, el rally actual descansa sobre un equilibrio delicado: la expectativa de que la Fed será lo bastante agresiva como para aliviar las condiciones financieras, pero no tanto como para admitir que la economía se está frenando más de la cuenta. Si los próximos datos y las actas de la reunión de enero desmienten esa narrativa, la corrección podría llegar antes de lo que sugieren los nuevos récords del Dow y del S&P 500.
Venezuela: riesgo geopolítico que el mercado decide ignorar
Mientras las pantallas marcan máximos, la geopolítica sigue latiendo en segundo plano. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses durante el fin de semana y los planes de Washington para reunirse con las grandes petroleras y negociar una apertura del sector venezolano habrían justificado, en otro momento del ciclo, un incremento de la aversión al riesgo.
Sin embargo, el mensaje de la sesión ha sido el contrario: los inversores han “normalizado” el episodio en tiempo récord, interpretándolo como una oportunidad a medio plazo para las compañías energéticas más que como el inicio de un conflicto regional de alto impacto. Prueba de ello es que, pasada la primera reacción en precios del crudo, los flujos se han desplazado hacia IA, salud y oro, relegando el factor Venezuela a una nota a pie de página.
Este hecho revela una tendencia peligrosa: el mercado tiende cada vez más a descontar que cualquier crisis puede gestionarse con intervenciones quirúrgicas y ajustes de oferta. Si el guion se complica —con escaladas en países vecinos o respuestas de potencias rivales—, el giro de percepción puede ser tan brusco como el rally actual.
Euforia de IA frente a múltiplos exigentes
El último dato que completa el cuadro es el de las valoraciones. El S&P 500 cotiza ya en torno a 22 veces beneficios esperados, por debajo del pico de 23 veces alcanzado en noviembre, pero muy por encima de la media de 5 años, cercana a 19 veces. Es decir, el mercado está pagando una prima importante por el crecimiento futuro, en un entorno de tipos aún elevados y riesgos geopolíticos no resueltos.
El volumen de negociación también refleja el apetito actual: se cruzaron cerca de 18.700 millones de acciones, frente a una media de 16.100 millones en las últimas 20 sesiones, una señal de que hay dinero nuevo entrando en Bolsa, no solo rotación interna.
La combinación de récords, valoraciones altas y narrativa de “superciclo de inversión en IA” configura un escenario tan atractivo como frágil. Si la temporada de resultados confirma que los beneficios de Big Tech y de los sectores ligados a la inteligencia artificial justifican estos múltiplos, el rally podrá encontrar nuevos argumentos. Si, por el contrario, los capex prometidos no se materializan o la macro se enfría más de la cuenta, Wall Street podría descubrir que ha adelantado demasiado las buenas noticias de 2026.