EuroStoxx 50 despega un 1,2% tras la retirada de los aranceles de Trump
Las principales bolsas europeas han arrancado la jornada con subidas claras después de que Donald Trump retirara su amenaza de imponer aranceles a los países del continente que se oponían a su intento de adquirir Groenlandia y descartara el uso de la fuerza para hacerse con el territorio. El EuroStoxx 50 ha llegado a avanzar más de un 1,1%, el DAX un 0,4% y el CAC 40 en torno al 1,2%, en un movimiento que supone recuperar de golpe decenas de miles de millones en capitalización bursátil. El alivio ha sido especialmente visible en valores industriales y financieros, los más expuestos al comercio transatlántico. Sin embargo, lo más grave no es la tensión que se ha evitado hoy, sino la vulnerabilidad que ha quedado al descubierto: basta una frase sobre Groenlandia para agitar el valor de las empresas europeas. Y a media mañana, otro factor se sumará al cóctel: las actas del BCE, que pueden devolver a los inversores a la realidad de un continente que crece poco, depende de la Reserva Federal y sigue rehén de los giros de la Casa Blanca.
Un arranque de sesión en verde
La apertura europea ha sido un pequeño respiro después de varias sesiones marcadas por la amenaza de una nueva guerra arancelaria. A las 9:02 horas CET, el DAX alemán subía un 0,43%, impulsado por un fuerte rebote de Volkswagen, que repuntaba un 5,65% al disiparse el riesgo de nuevos gravámenes a los coches europeos. El EuroStoxx 50 ganaba un 1,17%, reflejando compras generalizadas en bancos, aseguradoras y grandes industriales, mientras el CAC 40 francés avanzaba un 1,23% con Michelin sumando un 2,59%. En Londres, el FTSE 100 se anotaba un 0,74%, con St. James’s Place revalorizándose un 2,45% en la apertura.
En términos de capitalización, el movimiento implica un rebote cercano a los 70.000 millones de euros en el conjunto de los principales parqués europeos solo en la primera hora de negociación. Este hecho revela hasta qué punto el riesgo arancelario se había instalado en los precios durante los últimos días. “No ha cambiado ningún dato macro, solo una amenaza política, y aun así las valoraciones se mueven como si hubiéramos tenido un mini shock de crecimiento”, resumía un gestor de renta variable europea al arranque de la sesión. La consecuencia es clara: los mercados celebran la tregua, pero también dejan en evidencia su sensibilidad extrema a cualquier gesto procedente de Washington.
El giro de Trump con Groenlandia y los aranceles
El detonante del rebote ha sido la rectificación de Trump. Después de semanas deslizando que Estados Unidos podría imponer aranceles a los países europeos que bloqueaban su ambición de adquirir Groenlandia, el presidente ha anunciado que retira la amenaza y que descarta el uso de la fuerza para hacerse con el territorio ártico. El giro llega tras un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre un “marco” para una futura negociación que incluya la seguridad y la explotación de recursos en la región.
La secuencia no es nueva en el manual del trumpismo económico: primero se eleva la tensión al máximo, se colocan aranceles o se amenaza con hacerlo, y después se capitaliza el alivio en forma de subida de las bolsas. “Europa no puede permitir que la cotización de su industria dependa del humor del inquilino de la Casa Blanca”, lamenta un diplomático comunitario. Lo que añade esta vez un componente geopolítico aún más incómodo es que, en paralelo, Trump ha presentado en Davos su “Junta de la Paz”, un órgano que se propone como alternativa de facto a una ONU bloqueada. El contraste con la estrategia europea resulta demoledor: mientras Washington redibuja la arquitectura de seguridad y gobernanza global desde los Alpes, el Viejo Continente se ve obligado a reaccionar defensivamente, al ritmo de amenazas arancelarias y rectificaciones tácticas.
Un rebote de 70.000 millones, pero con pies de barro
Más allá del titular fácil del día —“Europa abre en verde tras la marcha atrás de Trump”—, el diagnóstico de fondo es menos complaciente. El rebote de esta mañana apenas compensa las caídas acumuladas durante las jornadas anteriores, cuando el fantasma de unos aranceles del 10% o incluso del 25% a productos europeos se convirtió en escenario central para muchos inversores. Sectores como el automóvil, la maquinaria industrial o el lujo tienen una exposición al mercado estadounidense que, en algunos casos, supera el 30% de sus ventas.
En términos macroeconómicos, un paquete arancelario amplio habría podido restar entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB de la zona euro en un horizonte de dos años, según cálculos internos de varias casas de análisis. La rectificación de hoy borra ese escenario del mapa inmediato, pero no elimina la prima de riesgo política que los inversores empiezan a exigir a los activos europeos. “La sensación es que esto puede volver en cualquier momento; no ha cambiado la lógica, solo el episodio concreto”, apunta un estratega de renta variable. Por eso, aunque los índices suben, el volumen sigue siendo moderado y muchos gestores aprovechan el rebote para reducir exposición en valores cíclicos y rotar hacia compañías defensivas.
El BCE entra en escena
Como si el guion no fuera lo bastante complejo, a lo largo del día el Banco Central Europeo publicará las actas de su última reunión de política monetaria. Los mercados leerán con lupa cualquier matiz que permita anticipar el ritmo de futuras bajadas de tipos o el tono del discurso sobre inflación y crecimiento. En un contexto en el que la Fed sigue marcando la pauta global y la economía europea apenas crece por encima del 0,5%-0,7% anual, el margen del BCE para contrarrestar shocks externos es cada vez más estrecho.
Si las actas refuerzan la idea de que Fráncfort quiere mantener todavía una política muy restrictiva para doblegar la inflación de servicios, el rebote de hoy podría quedarse en un mero paréntesis técnico. En cambio, si se percibe un cambio de tono hacia una mayor preocupación por el crecimiento y el crédito, los inversores podrían interpretar que el banco central está dispuesto a amortiguar futuras tensiones comerciales con un ciclo de recortes más intenso en 2026. Lo más grave, desde la óptica europea, es que la política monetaria se ve obligada a reaccionar no solo a datos internos, sino a la volatilidad importada desde Washington. Este hecho revela una vez más la dificultad de construir una autonomía estratégica real cuando el precio del dinero, la energía y el acceso al mayor mercado del mundo dependen de decisiones ajenas.
Divisas planas, nervios de fondo
Mientras las bolsas rebotaban, el mercado de divisas enviaba un mensaje más sobrio. El euro se mantenía prácticamente plano frente al dólar, en torno a los 1,1692 dólares, y la libra también se quedaba sin grandes cambios alrededor de los 1,3434 dólares. La aparente calma en el cruce euro/dólar no debe engañar: buena parte de los flujos que han entrado en renta variable europea en la apertura están cubiertos de forma agresiva en el mercado de derivados, lo que limita el impacto en la moneda común.
En deuda soberana, las primas de riesgo periféricas apenas se movían, señal de que los inversores leen el episodio de Groenlandia como un choque principalmente comercial, no financiero. Sin embargo, la experiencia de los últimos años demuestra que los contagios pueden ser rápidos. “Un mal tuit puede empezar hablando de aranceles al acero y terminar encareciendo el coste de financiación de Italia o España si el crecimiento europeo se resiente”, advertía esta semana un gestor de renta fija. La consecuencia es clara: incluso cuando las pantallas se tiñen de verde, el apetito por refugios como el Bund alemán o el bono estadounidense a diez años sigue siendo elevado, y muchos grandes fondos mantienen posiciones significativas en oro y liquidez.
El contraste con Estados Unidos y Asia
El contraste con otras regiones resulta demoledor. En Wall Street, las subidas ligadas a la marcha atrás de Trump se han visto amplificadas por un flujo constante de recompras de acciones propias y un mercado laboral todavía robusto. Para la economía estadounidense, el episodio de Groenlandia es poco más que una anécdota geopolítica con efecto marginal sobre el crecimiento. Para Europa, en cambio, ha supuesto varios días de volatilidad, revisiones de escenarios y llamadas urgentes entre ministerios de Economía.
En Asia, la reacción ha sido más matizada: mientras las plazas exportadoras, como Corea del Sur o Taiwán, han recogido con alivio la menor tensión comercial global, otros mercados miran con preocupación la creciente militarización del Ártico y sus posibles implicaciones en la rivalidad entre Estados Unidos, China y Rusia. Europa, atrapada entre ambos polos, ve cómo se consolida un triángulo geopolítico en el que apenas tiene voz propia y en el que su principal función es la de socio comercial y aliado militar de segundo nivel. “El Viejo Continente corre el riesgo de convertirse en el campo de juego, no en el jugador”, resume un analista de un gran banco de inversión.


