El Kospi cae un 5% y sacude Asia-Pacífico
La bolsa de Corea del Sur encendió todas las alarmas este lunes. El índice Kospi llegó a desplomarse más de un 5% durante la sesión, forzando la suspensión temporal de la negociación de futuros sobre el Kospi 200 tras un desplome súbito ligado a ventas masivas en valores tecnológicos. A primera hora de la mañana europea, Samsung Electronics caía en torno a un 5,9% y SK Hynix se dejaba más de un 8%, borrando en cuestión de horas parte del rally que ambas habían acumulado al calor de la fiebre por la inteligencia artificial. El impacto fue inmediato sobre el resto de Asia-Pacífico: el Nikkei japonés retrocedía cerca de un 1%, el Hang Seng de Hong Kong se hundía casi un 3% y los índices de la China continental marcaban descensos de entre el 1,4% y el 1,6%. Todo ello apenas días después de que el Kospi tocara máximos históricos, lo que alimenta el temor a que la «trade de la IA» haya ido demasiado lejos. La pregunta, a partir de ahora, es si se trata de una simple recogida de beneficios violenta o del inicio de una corrección más profunda con efectos en Europa y en la renta variable global.
Un desplome que borra semanas de rally
El movimiento de este lunes llega después de un arranque de año casi perfecto para el Kospi. El índice había encadenado máximos históricos hasta rozar los 5.200 puntos, con una subida cercana al 20% en lo que va de año, muy por encima de la mayoría de mercados desarrollados. La sesión de este lunes, con un retroceso superior al 5%, supone su mayor caída desde la pandemia y deja al selectivo por debajo de los 5.000 puntos, borrando de un plumazo varias semanas de ganancias.
Este brusco giro revela hasta qué punto el mercado estaba sustentado por posiciones apalancadas y expectativas casi perfectas sobre el ciclo de beneficios de las tecnológicas ligadas a la IA. La propia autoridad bursátil se vio obligada a activar el mecanismo de “sidecar” y a frenar temporalmente la negociación en los futuros del Kospi 200, una señal clásica de pánico de corto plazo. «Cuando un índice que marca récord tras récord corrige más de un 5% en una sola sesión, el mensaje es claro: los inversores estaban muy largos y muy confiados», resume un gestor asiático. La consecuencia inmediata es un ajuste violento de valoraciones, pero también un aviso de que la volatilidad ha vuelto para quedarse.
El peso excesivo de los gigantes del chip
El epicentro del terremoto está en los dos grandes fabricantes de memoria, Samsung Electronics y SK Hynix. En los últimos meses, el rally de ambas había redefinido la estructura del propio Kospi: juntas llegan a representar en torno al 40% de la capitalización del índice, de modo que cualquier corrección en sus títulos tiene un efecto amplificado sobre el mercado coreano.
Lo paradójico es que el desplome llega después de una batería de resultados históricos. Samsung acaba de anunciar un beneficio operativo trimestral superior a los 20 billones de wones, más del triple que un año antes, mientras SK Hynix firmaba un incremento de más del 130% en su resultado operativo gracias a la demanda explosiva de memoria para inteligencia artificial. «Los fundamentales siguen siendo robustos, pero las valoraciones descontaban un escenario de perfección que no existe en los mercados reales», señala otro analista.
Este hecho revela una dinámica conocida: cuanto más concentra un índice su peso en un puñado de valores estrella, más vulnerable se vuelve a movimientos bruscos cuando los inversores deciden realizar plusvalías o se producen llamadas de margen. El diagnóstico es inequívoco: el Kospi se ha convertido en una apuesta casi directa por el ciclo de semiconductores y por la narrativa de la IA, con todo lo que ello implica en términos de volatilidad.
Contagio inmediato al resto de Asia-Pacífico
El shock coreano no se quedó dentro de sus fronteras. Desde primera hora, los principales índices de la región recogieron el golpe por vía de ETFs y de ventas sistemáticas. El Nikkei, en Tokio, cedía en torno a un 1%, mientras el Hang Seng de la Bolsa de Hong Kong se dejaba cerca de un 3% y su subíndice tecnológico profundizaba aún más las caídas. En Australia, el S&P/ASX 200 retrocedía alrededor de un 1% y, en la China continental, el Shenzhen Composite y el Shanghai Composite acumulaban descensos de entre el 1,4% y el 1,6%.
La consecuencia es clara: cualquier corrección significativa en Seúl se ha convertido en un termómetro de riesgo para toda Asia. Los grandes fondos globales gestionan la región como un bloque, y cuando saltan las alarmas en un mercado tan líquido y tan expuesto a la tecnología como el coreano, la reacción suele ser vender primero y preguntar después. El contraste con la narrativa de las últimas semanas resulta demoledor: hace apenas días se hablaba de “nuevo ciclo estructural” de la renta variable asiática gracias a la IA; hoy, los mismos índices que marcaban máximos viven una sesión que recuerda a las grandes correcciones de 2018 o 2022.
La fiebre de la inteligencia artificial entra en revisión
Detrás del castigo está la percepción de que la apuesta por la inteligencia artificial puede haber corrido más rápido que los beneficios que genera. Las caídas en Asia han seguido la estela de las dudas que ya se veían en Wall Street, donde los grandes valores ligados a la IA encadenan sesiones de toma de beneficios tras unos resultados que, aunque sólidos, han mostrado también el coste brutal de las inversiones en centros de datos y hardware.
Al mismo tiempo, los propios fabricantes de chips han advertido de que la demanda de memoria para IA está tensionando la capacidad de la industria y generando un squeeze de oferta que se prolongará, previsiblemente, hasta 2027. Eso implica precios más altos —y, por tanto, mejores márgenes—, pero también el riesgo de que sectores como móviles o PC sufran por el encarecimiento de componentes. El mercado empieza a preguntarse si no se ha sobreestimado la velocidad a la que la IA se traduce en beneficios netos para todo el ecosistema tecnológico.
«La historia de la IA sigue intacta a largo plazo, pero el mercado ha pasado en meses de la incredulidad a la euforia total», resume un gestor europeo con fuerte exposición a Asia. El desplome del Kospi es, en este sentido, un aviso de que incluso las narrativas más convincentes no blindan frente a correcciones cuando el consenso está extraordinariamente cargado en la misma dirección.
