El Euro Stoxx 50 cae un 0,9% a la espera del BCE
La renta variable europea ha arrancado la semana con el pie cambiado. Las principales bolsas del continente han abierto este lunes en negativo mientras los inversores contienen el aliento ante las primeras reuniones de política monetaria de 2026 de Banco de Inglaterra y Banco Central Europeo. A la espera de nuevas pistas sobre el rumbo de los tipos de interés, el DAX alemán, el Euro Stoxx 50, el CAC 40 y el FTSE 100 registraban descensos de entre el 0,5% y el 0,9% nada más sonar la campana. El golpe se concentra en nombres concretos: Deutsche Bank, Siemens Energy, STMicroelectronics o Endeavour Mining encajan caídas de hasta dos dígitos en los primeros minutos. Lo revelador, sin embargo, es el trasfondo: un mercado que se ha acostumbrado a descontar bajadas de tipos rápidas y que ahora empieza a asumir un escenario más largo de tipos elevados. Mientras tanto, tanto el euro como la libra se mantienen prácticamente planos frente al dólar, en torno a 1,18 y 1,36 unidades, respectivamente, reflejando una calma aparente en el cruce de divisas que contrasta con la inquietud en la renta variable.
Un arranque de sesión en números rojos
La apertura ha sido inequívoca. El DAX de Fráncfort cedía alrededor de un 0,56%, arrastrado por el mal comportamiento de Siemens Energy, que se dejaba en torno a un 3% en los primeros compases de la sesión. El Euro Stoxx 50, termómetro de las grandes compañías de la zona euro, retrocedía cerca de un 0,9%, con Deutsche Bank a la cabeza de las pérdidas tras caer más de un 3,4%.
En París, el CAC 40 iniciaba la jornada con un descenso del 0,52%, penalizado por STMicroelectronics, que se dejaba más de un 3,4% en un contexto de mayor sensibilidad de las tecnológicas al coste de la financiación. La foto se completaba en Londres: el FTSE 100 arrancaba con un recorte de aproximadamente el 0,7%, mientras Endeavour Mining se desplomaba cerca de un 10%, reflejando además factores específicos del sector minero y de los precios de las materias primas.
La consecuencia inmediata es un arranque de semana en el que los índices europeos borran de un plumazo parte de las ganancias acumuladas en enero y vuelven a poner en primer plano el riesgo de que la narrativa de “aterrizaje suave” se deteriore si los bancos centrales optan por un tono más duro de lo esperado.
Bancos centrales: primeras decisiones de 2026 bajo la lupa
El foco del mercado está puesto en las reuniones de BCE y Banco de Inglaterra, las primeras de 2026 y, posiblemente, las que marquen el tono del resto del año. Tras casi dos años de endurecimiento monetario, los tipos oficiales se sitúan en niveles que en algunos países no se veían desde hace más de una década.
Los inversores manejan tres variables: nivel de tipos, duración del ciclo restrictivo y credibilidad de los bancos centrales frente a la inflación. Cualquier matiz en los comunicados —una frase sobre la persistencia de las presiones de precios, una referencia al mercado laboral o un cambio en el balance de riesgos— puede traducirse en movimientos bruscos en bonos, divisas y bolsas.
En las últimas semanas, el consenso de mercado había llegado a descontar hasta tres recortes de tipos a lo largo del año en la zona euro y otros dos en Reino Unido. Sin embargo, los últimos datos de inflación subyacente, todavía por encima del 2,5%-3% en algunos países, han rebajado esas expectativas y han devuelto la atención al mensaje de prudencia que tanto el BCE como el BoE vienen reiterando desde mediados de 2025.
Inflación contenida, pero lejos de la “victoria completa”
Lo que explica el nerviosismo actual es la sensación de estar en una zona gris. La inflación general se ha moderado claramente desde los picos de 2022-2023, cuando llegó a superar el 10% en algunas economías europeas, pero aún no puede darse por “derrotada”.
Los últimos registros sitúan la inflación de la zona euro en torno al 2,3%-2,6%, dependiendo del país, con una subyacente que se resiste a caer por debajo del objetivo del 2%. Este comportamiento alimenta el temor a un escenario de inflación pegajosa: precios que ya no suben de forma explosiva, pero que tampoco convergen con rapidez hacia el objetivo, obligando a los bancos centrales a mantener los tipos altos durante más tiempo del previsto por los mercados.
Este hecho revela una tensión de fondo: las bolsas descuentan un ciclo de recortes relativamente rápido, mientras que los bancos centrales insisten en que el coste de cometer el error de bajar tipos demasiado pronto podría ser mucho mayor que el de mantenerlos altos unas décimas más de tiempo. La consecuencia es clara: cada reunión de política monetaria se ha convertido en un examen en directo a la credibilidad de la estrategia antiinflacionaria.
Sectores más expuestos al cambio de ciclo
La reacción de valores como Siemens Energy, Deutsche Bank, STMicroelectronics o Endeavour Mining no es casual. Lo que el mercado está ajustando es el riesgo sectorial asociado al coste de la financiación, a la demanda global y al ciclo de materias primas.
Los bancos, como Deutsche Bank, se encuentran atrapados entre dos fuerzas. Por un lado, se benefician de tipos más altos, que ensanchan sus márgenes de intermediación. Por otro, un entorno prolongado de tipos restrictivos aumenta el riesgo de morosidad y reduce la demanda de crédito. Un simple cambio de frase en el comunicado del BCE puede traducirse en variaciones de entre el 3% y el 5% en la cotización de las principales entidades en cuestión de horas.
En el caso de Siemens Energy o STMicroelectronics, el factor clave es la sensibilidad de sus planes de inversión y de sus cadenas de suministro al coste del capital. Proyectos de transición energética o expansiones de capacidad en semiconductores se han diseñado con hipótesis de tipos en torno al 1%-2% que hoy parecen historia. Cada trimestre que pasa con el dinero en niveles del 3%-4% obliga a revisar retornos, aplazar inversiones o renegociar deuda.
El contraste con Estados Unidos y Asia
El comportamiento de las bolsas europeas se analiza también a la luz de lo que ocurre al otro lado del Atlántico y en Asia. El contraste con otros grandes bloques económicos resulta demoledor: mientras Wall Street ha mostrado una capacidad notable para recuperar máximos apoyado en las grandes tecnológicas y en una economía más flexible, Europa sigue atrapada en un crecimiento débil —por debajo del 1% anual— y una productividad estancada.
Asia, por su parte, ofrece una imagen mixta. Economías como India o algunas del sudeste asiático avanzan a ritmos del 5%-6%, mientras China intenta estabilizar su crecimiento por encima del 4% con estímulos selectivos, lo que tiene implicaciones directas para sectores europeos como el lujo, el automóvil o la maquinaria industrial.
En este contexto, cada sesión como la de hoy en las bolsas europeas refuerza la percepción de que el Viejo Continente es el eslabón más frágil de la cadena global: muy expuesto a shocks energéticos, con un tejido industrial intensivo en capital y con menor margen fiscal que otros bloques para amortiguar un eventual frenazo.
Divisas en calma tensa: euro y libra, casi sin cambios
Mientras las bolsas reaccionan con rapidez a cualquier titular, el mercado de divisas ofrece una imagen de calma relativa. A primera hora de la mañana, el euro y la libra cotizaban prácticamente planos frente al dólar, en torno a 1,1855 y 1,3680, respectivamente.
Esta aparente estabilidad no debe engañar. Detrás de estos niveles se esconde un delicado equilibrio de expectativas entre la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Inglaterra. Si los bancos centrales europeos se muestran más prudentes a la hora de recortar tipos que la Fed, el euro y la libra podrían recuperar terreno frente al dólar en los próximos meses. Si, por el contrario, las dudas sobre el crecimiento europeo se intensifican, no es descartable ver de nuevo al euro acercarse a la paridad o a la libra perder más de un 5% desde los niveles actuales.
