El paro cae un 1,5% en mayo y roza mínimos de 2007

La bajada de 36.323 desempleados deja el total en 2.320.721, pero el ritmo se enfría y el ajuste vuelve a depender de los servicios.

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Foto de Chris Boland en Unsplash
España Foto de Chris Boland en Unsplash

2.320.721 parados: el registro más bajo de un mayo desde 2007. En un mes, el SEPE suma 36.323 desempleados menos, un recorte del 1,5%. Sin embargo, es el descenso más moderado de la década, con la única excepción de 2020. Y el problema estructural sigue intacto: 1,36 millones superan los 45 años.

Un dato que mejora… con un ritmo que se apaga

El mercado laboral español vuelve a marcar una foto favorable al cierre de mayo: 2.320.721 personas inscritas como paradas, tras una caída mensual de 36.323. En términos interanuales, el retroceso ronda el 5,5%, lo que equivale a unas 135.000 personas menos que hace un año si se mantiene esa referencia.
Lo más grave, sin embargo, es la letra pequeña del ciclo. La bajada existe, pero llega en un contexto en el que el “motor” del empleo empieza a mostrar fatiga: el propio relato estadístico remarca que el de mayo es el descenso más débil de la última década (salvo 2020). En otras palabras: se crea empleo, sí, pero cada vez cuesta más arañar paro con la misma intensidad que en primaveras anteriores.

Servicios, la muleta recurrente del mercado laboral

La distribución sectorial explica por qué mayo funciona y, a la vez, por qué preocupa. El grueso del paro registrado se concentra en servicios: 1.688.001 personas, frente a 160.330 en construcción y 179.641 en industria; agricultura suma 70.558 y “sin empleo anterior”, 222.191.
Este hecho revela un patrón conocido: cuando arranca la temporada alta, el ajuste se hace por la vía de la hostelería, el comercio y el ecosistema turístico. No es casualidad que la Seguridad Social atribuya a este tirón buena parte del salto del mes: el 36% de los nuevos afiliados se concentra en hostelería y comercio.
La consecuencia es clara: España mejora el dato, pero mantiene una dependencia excesiva de actividades estacionales, con un impacto directo sobre la estabilidad de ingresos, la rotación y la calidad del empleo.

La brecha de género no desaparece: se disimula

El paro femenino se sitúa en 1.404.110 personas, frente a 916.611 hombres. La brecha —casi medio millón— es demasiado grande para explicarla solo por “tendencias”. La estructura productiva y la segmentación ocupacional siguen empujando a muchas mujeres hacia sectores con mayor temporalidad, más jornadas parciales y carreras laborales intermitentes.
El contraste, además, resulta demoledor cuando se observa la concentración del empleo estacional: si el grueso del ajuste se produce en servicios, el rebote puede ser rápido… pero también frágil. Y la fragilidad se traduce en entradas y salidas constantes del mercado, algo que castiga especialmente a quien encadena periodos de cuidado, baja intensidad laboral o contratos cortos.
Que el paro baje no significa que el problema se resuelva: significa que, una vez más, se gana oxígeno sin corregir el diseño de fondo.

La cicatriz generacional: 1,36 millones con más de 45 años

El termómetro más incómodo está en la edad. Los mayores de 45 años suman 1.359.427 desempleados, una cifra que, por sí sola, define el paro estructural en España. Es el colectivo con más riesgo de cronificación: más tiempo en desempleo, más dificultad para reciclarse y más probabilidades de aceptar empleos por debajo de su cualificación.
En paralelo, el paro juvenil sigue siendo una alerta temprana: 48.426 menores de 20 años y 116.529 entre 20 y 24. La paradoja es conocida: falta mano de obra en ciertos perfiles, pero sobran demandantes en otros. Y ahí el diagnóstico es inequívoco: el problema no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleo y si el sistema está transformando parados en trabajadores con habilidades útiles para la economía real.

Afiliación récord: el empleo corre más que el paro

Mayo también deja un hito en cotizantes: 231.975 afiliados más y un total de 22.337.806 inscritos en la Seguridad Social. La política celebra el récord, pero el dato merece una lectura más fría.
La afiliación a la Seguridad Social rompe un nuevo techo histórico: por primera vez superamos los 22,3 millones de afiliados.
La pregunta clave es qué hay detrás de ese volumen: cuánto es empleo estable, cuánto es rotación estacional y cuánto responde a cambios en la forma de contratación que no siempre se traducen en más horas trabajadas o en mayor productividad. Porque una economía puede sumar afiliados y, aun así, arrastrar un mercado laboral dual: trabajadores protegidos y una periferia que entra y sale con cada campaña.

El verano apunta a favor, pero el riesgo sigue en la base

Con el calendario turístico por delante, el mercado laboral tiene margen para seguir mejorando a corto plazo. Pero el foco debería estar en lo que ocurre cuando se apaga la temporada: si el paro baja sobre todo por servicios, el “rebote” puede convertirse en un efecto goma.
Además, la economía española llega a 2026 con una exigencia adicional: sostener crecimiento sin fiarlo todo al consumo interno y al turismo. La clave será si la creación de empleo se acompasa con inversión productiva, formación útil y movilidad sectorial. Si no, el país seguirá celebrando mínimos relativos mientras convive con un techo de paro persistente en mayores de 45 años y con bolsas de desempleo que se mueven poco incluso en los mejores meses. Y entonces, mayo habrá sido solo una fotografía amable antes del siguiente examen.

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