La plata se desploma un 15% y perfora los 75 dólares
La sesión ha dejado una imagen contundente: la plata se ha hundido un 14,86% hasta los 74,47 dólares por onza, apenas unas horas después de haber superado los 90 dólares con subidas intradía superiores al 6%. El movimiento ha devuelto al metal gris a terreno negativo en la jornada y ha encendido todas las alarmas en un mercado que ya venía sacudido por la mayor volatilidad en décadas. Al cierre de las 21:59 horas en la Costa Este de Estados Unidos, el ajuste no se ha limitado a la plata: el oro caía un 2,55% hasta 4.812,53 dólares por onza, mientras el paladio retrocedía un 2,18% (1.704,21 dólares) y el platino se dejaba un 3,60% (2.149,66 dólares). La consecuencia es clara: el espectacular rally que llevó a los metales a máximos históricos ha entrado en una fase de corrección violenta.
Un vuelco en cuestión de horas
La sesión comenzó en clave eufórica. La plata, que en las últimas semanas había encadenado subidas casi verticales, volvió a superar los 90 dólares por onza, consolidando un rally que, en algunos derivados, supera el 150% en apenas un año. Pero el movimiento se dio la vuelta de manera abrupta: en cuestión de horas, las compras desaparecieron, aparecieron órdenes masivas de venta y el precio se deslizó por debajo de los 75 dólares, con un desplome intradía cercano al 15%.
Este giro no se ha producido en el vacío. En sesiones previas, tanto el oro como la plata habían sufrido las mayores caídas de dos días en décadas, con retrocesos acumulados superiores al 30% en la plata y cercanos al 13% en el oro, según recogen distintos informes de mercado. La jornada de hoy encaja en ese patrón: un mercado sobrecalentado, con posiciones especulativas muy apalancadas, que reacciona de forma extrema a cualquier cambio en el flujo de órdenes.
«Es una corrección violenta, pero propia de un mercado en fase muy avanzada del ciclo alcista», resumen varios analistas consultados por bancos de inversión internacionales. El dato clave es que, incluso tras el desplome, la plata sigue muy por encima de los aproximadamente 30–35 dólares en los que cotizaba a comienzos de 2025. Es decir, la caída duele, pero llega después de una revalorización histórica.
De la euforia al miedo en los metales preciosos
El contexto de fondo ayuda a entender la violencia del movimiento. En los últimos meses, los metales preciosos han vivido uno de los rallies más intensos de su historia reciente. En 2025, las subidas superaron el 70% en el oro y el 130% en la plata, impulsadas por la expectativa de recortes de tipos, la debilidad del dólar, fuertes compras de bancos centrales y un contexto geopolítico extremadamente tenso.
Este año, el movimiento se aceleró hasta llevar a la plata a máximos históricos por encima de los 120 dólares por onza, según datos de mercados de derivados. La combinación de narrativa de “refugio” frente a la inflación, demanda industrial ligada a la transición energética y un flujo masivo de capital especulativo alimentó un clima de euforia. El resultado fue un mercado cada vez más dominado por posiciones cortoplacistas, apalancamiento y estrategias cuantitativas.
Lo más grave es que este tipo de subidas atrae, de forma sistemática, a inversores minoristas que entran tarde y con poca diversificación. Cuando se produce un giro como el de hoy, son estos perfiles los que sufren las pérdidas más abultadas. «Los toros están claramente asustados; muchos no esperaban caídas de dos dígitos en cuestión de horas», apuntan fuentes de una firma de intermediación que opera con clientes particulares.
Las claves técnicas de un movimiento extremo
Más allá del ruido del día, el desplome de la plata tiene una explicación muy técnica. Tras el rally parabólico de enero, varias cámaras de compensación y mercados de futuros han endurecido las condiciones de negociación, elevando los requisitos de margen en contratos de metales preciosos. Eso obliga a muchos inversores apalancados a aportar más garantías… o a cerrar posiciones de forma acelerada.
Ese ajuste actúa como un amplificador del movimiento. Cuando la plata empieza a caer, los niveles de margen se recalculan al instante y se desencadenan llamadas de garantías (“margin calls”) que fuerzan ventas adicionales. Al mismo tiempo, los algoritmos de alta frecuencia detectan el incremento de la volatilidad y reducen liquidez, lo que abre la puerta a caídas en escalera con huecos de cotización difíciles de gestionar para un inversor tradicional.
Según algunos proveedores de datos, el metal ha llegado a recortar más de un 30% en apenas dos sesiones en determinados contratos, con un repunte histórico de la volatilidad implícita. El diagnóstico es inequívoco: no se trata solo de un ajuste por fundamentales, sino de un episodio de desapalancamiento forzado en un mercado que venía excesivamente cargado de apuestas alcistas de corto plazo.
Los factores de fondo: tipos, inflación y dólar
La pregunta de fondo es si esta corrección invalida la tesis estructural que había impulsado el rally de los metales. Por ahora, la mayoría de casas de análisis sostiene que no. Pese al batacazo, el oro sigue cerca de máximos históricos y varias entidades mantienen previsiones de precios por encima de los 6.000 dólares por onza para los próximos meses, apoyándose en la expectativa de recortes de tipos y en la demanda de refugio ante la deuda global récord.
El mercado descuenta todavía al menos dos bajadas de tipos por parte de la autoridad monetaria estadounidense a lo largo de 2026, lo que mantendría los rendimientos reales en niveles bajos o incluso negativos. En ese escenario, los activos sin cupón, como el oro y la plata, conservan atractivo estratégico frente a bonos y depósitos. Además, los bancos centrales continúan siendo compradores netos de oro, reforzando la narrativa de diversificación de reservas.
Sin embargo, el contraste con la situación de hace apenas unas semanas resulta demoledor. Entonces se hablaba de una “subida sin techo” y ahora el foco se ha desplazado hacia la sostenibilidad del rally. «Esta corrección puede ser saludable si limpia posiciones especulativas y permite una nueva fase de subidas más ordenada», señalan algunos gestores. El riesgo es que el ajuste se transforme en cambio de tendencia si el crecimiento se debilita más de lo previsto o si el dólar recupera fuerza de forma agresiva.
El efecto contagio en oro, platino y paladio
La sesión no ha castigado solo a la plata. El oro, tradicional termómetro del miedo financiero, ha retrocedido un 2,55% hasta 4.812,53 dólares por onza, borrando buena parte de la subida intradía que le había llevado nuevamente por encima de los 4.900 dólares. La caída se produce después de que, días atrás, el metal llegara a perder cerca de un 10% en una sola sesión, el peor registro desde los años ochenta.
En el caso del platino y el paladio, la presión vendedora responde también a factores específicos. Ambos metales, muy ligados a la industria del automóvil y a la transición tecnológica, ven cómo los inversores reevalúan sus previsiones de demanda en un contexto de desaceleración global y cambios regulatorios. El platino se ha hundido un 3,60% hasta 2.149,66 dólares, mientras que el paladio ha caído un 2,18% hasta 1.704,21 dólares, confirmando que no estamos ante un episodio aislado en la plata, sino ante una corrección sincronizada de todo el complejo de metales preciosos.
Este hecho revela un elemento adicional de preocupación: el ajuste llega después de un año en el que la plata había marcado avances superiores al 180% y el oro rondaba el 70% de subida acumulada, según distintas series históricas. Un movimiento tan vertical deja siempre un terreno muy resbaladizo, en el que cualquier noticia adversa puede desencadenar ventas masivas.

