Futuros de Wall Street caen mientras la temporada de resultados se complica
La sesión de este jueves arranca con el pie cambiado en Wall Street. Los futuros de los principales índices estadounidenses registran descensos moderados tras una nueva tanda de resultados empresariales marcada por el contraste entre un “trimestre tremendo” de Alphabet y el desplome de Qualcomm, que ha encendido las alarmas sobre el ciclo tecnológico. A las 4:19 horas de Nueva York, el futuro del Dow Jones cedía en torno a un 0,22%, el del Nasdaq 100 se dejaba un 0,44% y el del S&P 500 retrocedía un 0,39%, anticipando una apertura en rojo para la renta variable estadounidense. En el frente de divisas, el euro se debilitaba ligeramente hasta los 1,1789 dólares, reflejando un renovado apetito por el billete verde en plena temporada de resultados y a las puertas de nuevos mensajes de los bancos centrales. En este contexto, Amazon, Warner Music y Reddit concentran hoy la atención de los inversores, que empiezan a preguntarse si el ciclo de beneficios será suficiente para justificar las valoraciones actuales.
Resultados en el punto de mira
La reacción de los futuros refleja una realidad incómoda: Wall Street ha entrado en una fase en la que los resultados pesan más que nunca. Tras meses de fuertes subidas, especialmente en el sector tecnológico, el margen de error para las grandes cotizadas se ha reducido a la mínima expresión. Unas pocas décimas por debajo de lo esperado en ventas, márgenes o guías futuras pueden traducirse en caídas de doble dígito en bolsa.
En este escenario, los descensos de apenas un 0,2%-0,4% en los futuros pueden parecer menores, pero envían un mensaje nítido: el mercado comienza a descontar un escenario menos complaciente. Lo que antes se premiaba con subidas automáticas —cualquier mejora frente al trimestre anterior— ahora se revisa con lupa. Los inversores quieren ver crecimiento real, visibilidad a medio plazo y disciplina en costes.
Este cambio de tono se produce, además, con la Reserva Federal todavía manteniendo el tipo oficial en niveles restrictivos y con la inflación subyacente sin regresar al objetivo del 2%. La combinación es delicada: beneficios bajo presión, tipos altos y valoraciones exigentes. El diagnóstico es inequívoco: la paciencia del mercado con las promesas de futuro se está agotando.
Alphabet presume de trimestre “tremendo”
En el lado positivo de la balanza, Alphabet volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los pilares de la bolsa estadounidense. La matriz de Google presentó un trimestre que la propia compañía definió como “tremendo”, con crecimientos de doble dígito en ingresos publicitarios, mejora en el negocio de la nube y márgenes operativos por encima de lo esperado por el consenso.
Los analistas destacan que la firma ha logrado combinar dos elementos que rara vez se dan a la vez: crecimiento robusto y disciplina en costes. Tras varios trimestres de ajustes de plantilla y racionalización de proyectos, Alphabet ha conseguido que cada dólar de ingreso adicional se traduzca en más beneficio neto. Este hecho revela que la compañía ha aprendido las lecciones de los años de expansión desordenada, cuando el gasto crecía muy por encima de las ventas.
Sin embargo, incluso este buen comportamiento tiene una lectura menos complaciente para el conjunto del mercado. Si uno de los gigantes más sólidos del sector ofrece cifras brillantes y aún así los futuros del Nasdaq caen, el mensaje es claro: el listón de expectativas está peligrosamente alto. Cualquier empresa que no se acerque a ese estándar de ejecución corre el riesgo de ser castigada sin piedad.
El castigo a Qualcomm y el miedo al ciclo
La otra cara de la sesión la representa Qualcomm, cuyo desplome tras presentar resultados ha actuado como recordatorio de que el ciclo tecnológico sigue siendo irregular. La compañía, clave en la cadena de valor de los semiconductores para móviles y dispositivos conectados, decepcionó al mercado con una combinación de previsiones más prudentes y señales de debilidad en algunos segmentos de demanda.
Los inversores han reaccionado con dureza porque Qualcomm es un termómetro adelantado de varios negocios: smartphones, electrónica de consumo y parte de la automoción conectada. Si sus pedidos se ralentizan o sus clientes empiezan a ajustar inventarios, la lectura inmediata es que el pico de demanda podría haber quedado atrás. Lo más grave, desde la óptica del mercado, es que esto ocurre en un momento en el que se había instalado una narrativa de recuperación casi lineal tras la crisis de inventarios de 2022-2023.
El contraste con Alphabet resulta demoledor. Mientras una mega tecnológica puede permitirse hablar de “trimestre tremendo”, un proveedor esencial como Qualcomm muestra grietas en la base del ciclo. El resultado es un aumento de la volatilidad sectorial y un recordatorio incómodo: la revolución de la inteligencia artificial no elimina los viejos ciclos de hardware, solo los enmascara temporalmente.
Amazon, Warner Music y Reddit se juegan la narrativa
La atención del mercado se desplaza ahora hacia Amazon, Warner Music y Reddit, tres compañías muy diferentes pero que comparten un elemento común: se han convertido en barómetros de la economía digital.
En el caso de Amazon, los inversores mirarán con especial atención a la evolución del negocio de AWS, la joya de la corona en la nube, y al comportamiento del comercio electrónico en un contexto de consumo más selectivo. Un crecimiento inferior al 10%-12% en la nube o señales de presión en márgenes podrían reavivar el debate sobre si la compañía ha dejado atrás sus mejores años de expansión.
Warner Music se enfrenta a un escrutinio distinto: el de la economía del streaming. Sus cuentas permitirán medir hasta qué punto los nuevos modelos de suscripción y los cambios en los algoritmos de reparto de ingresos están beneficiando —o no— a las grandes discográficas. Cualquier erosión en los márgenes o mayor dependencia de unos pocos artistas estrella alimentaría las dudas sobre la sostenibilidad del modelo.
Por último, Reddit, todavía con el recuerdo reciente de su salto al parqué, tendrá que demostrar que puede monetizar de forma consistente una base de usuarios intensa pero exigente. La evolución de los ingresos publicitarios y de los acuerdos de datos para entrenar modelos de inteligencia artificial será clave. Un tropiezo temprano podría reforzar la idea de que el mercado ha sido demasiado generoso con algunas valoraciones de la nueva economía.
Un Wall Street caro y dependiente de la tecnología
Detrás de los movimientos de hoy late una preocupación más profunda: el encarecimiento estructural de los índices estadounidenses. El S&P 500 cotiza en torno a un PER adelantado cercano a 20 veces beneficios, por encima de su media histórica, mientras que algunos segmentos del Nasdaq superan con holgura las 30 veces.
Este nivel de múltiplos solo se sostiene si los beneficios crecen de forma sólida y continuada. Cualquier señal de desaceleración —como la apuntada por Qualcomm— pone en cuestión ese equilibrio. Además, la concentración del peso en las llamadas “Magníficas” ha dejado al índice peligrosamente expuesto: un puñado de compañías explica más del 30%-35% de la capitalización del S&P 500.
El contraste con Europa, donde los índices cotizan con descuentos de entre 4 y 6 puntos de PER, resulta demoledor. Mientras el Viejo Continente sigue penalizado por la falta de grandes historias de crecimiento tecnológico, Estados Unidos ha llevado al extremo la apuesta por unas pocas estrellas. La consecuencia es que cualquier vacilación en esa élite tecnológica puede arrastrar al conjunto del mercado, incluso aunque los datos macro sean razonablemente buenos.
El dólar, el euro y el pulso de los bancos centrales
El movimiento del euro/dólar hasta los 1,1789 encaja en este contexto de mayor cautela. Cada vez que se produce un repunte de la incertidumbre en los mercados, el billete verde recupera terreno como activo refugio relativo, pese a sus propios desequilibrios fiscales. Esta vez no es diferente: la combinación de resultados mixtos y dudas sobre el ciclo tecnológico está reforzando la demanda de dólares.
Al mismo tiempo, los inversores descuentan que la Reserva Federal mantendrá una postura restrictiva durante más tiempo del previsto, mientras el Banco Central Europeo se enfrenta a una economía más débil y con menos margen para sorpresas al alza en tipos. El resultado es una divergencia de expectativas que presiona a la baja a la moneda única.
Este movimiento tiene implicaciones directas para las empresas europeas: un euro más débil abarata sus productos en Estados Unidos, pero también encarece las importaciones energéticas y de materias primas. Para los inversores, la ecuación es compleja: refugiarse en el dólar protege a corto plazo, pero aumenta la exposición al riesgo específico de Wall Street, cada vez más concentrado en unos pocos nombres.

