Irastorza lanza la frase que Wall Street no quería escuchar: “Trump tiene todas las de perder”
Estados Unidos conserva una capacidad militar muy superior a la de Irán, pero esa ventaja no garantiza una victoria política ni económica.
Eduardo Irastorza lanza una advertencia directa: Teherán dispone de miles de objetivos estadounidenses potenciales, desde bases regionales hasta redes energéticas, infraestructuras digitales y rutas comerciales.
La amenaza no se limita al campo de batalla. Alcanza al petróleo, la inflación y Wall Street.
El Estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el centro de una crisis cuya factura podría extenderse durante años.
Trump puede ganar cada ataque y perder la guerra.
La advertencia que incomoda a Wall Street
«Trump tiene todas las de perder». La afirmación de Irastorza resume la principal paradoja del enfrentamiento. Washington puede destruir instalaciones militares, puertos o centrales iraníes, pero no puede evitar que Teherán responda mediante drones, misiles, sabotajes, grupos aliados o ataques informáticos.
La Administración estadounidense ha llegado a amenazar con golpear puentes y plantas eléctricas por cada agresión contra buques en Ormuz. Sin embargo, tras casi dos semanas de ataques, Trump ordenó una pausa mientras Omán intentaba recuperar la vía diplomática. No existe todavía un alto el fuego consolidado.
El diagnóstico es inequívoco: la escalada resulta sencilla; controlar sus consecuencias, no.
Una superioridad militar que no garantiza control
Estados Unidos conserva una capacidad aérea, naval y tecnológica incomparable. Sin embargo, Irán ha construido durante décadas una estrategia asimétrica diseñada precisamente para sobrevivir frente a un adversario superior.
Drones de bajo coste, misiles móviles, sistemas enterrados y unidades dispersas obligan a Washington a multiplicar operaciones cada vez más caras. Además, la geografía iraní —un territorio montañoso de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados— dificulta cualquier campaña destinada a neutralizar completamente su capacidad de respuesta.
Lo más grave es que una victoria táctica no resolvería el problema político. Destruir objetivos puede debilitar a Teherán, pero también reforzar el discurso nacionalista y ampliar el apoyo a las estructuras más duras del régimen.
Ormuz, el verdadero centro de gravedad
El arma más poderosa de Irán no tiene que alcanzar Nueva York ni Washington. Basta con alterar el tráfico del Estrecho de Ormuz.
Por este corredor pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo, más de una cuarta parte del comercio marítimo de crudo y cerca del 20% del gas natural licuado global. Cualquier interrupción se traslada inmediatamente al precio de la energía, los seguros marítimos y el transporte.
Durante la última crisis, las limitaciones al tráfico obligaron a los países del Golfo a retirar temporalmente del mercado unos 7,5 millones de barriles diarios. La estimación llegó a elevarse hasta 9,1 millones.
Miles de objetivos, pero no todos militares
La referencia de Irastorza a «miles de objetivos» no debe interpretarse únicamente como la capacidad de bombardear territorio continental estadounidense. El mapa de vulnerabilidades es mucho más amplio.
Estados Unidos mantiene bases, buques, centros logísticos, empresas y aliados por todo Oriente Medio. A ello se suman refinerías, desaladoras, oleoductos, puertos y redes informáticas conectadas con intereses norteamericanos.
Las autoridades estadounidenses ya han alertado de campañas iraníes contra dispositivos industriales y redes vulnerables. Algunos ataques han causado interrupciones operativas y pérdidas económicas, lo que demuestra que la represalia puede llegar mediante un ordenador antes que mediante un misil.
El coste económico de cada represalia
El conflicto ha elevado el Brent por encima de los 93 dólares por barril y habría supuesto ya para Washington un coste próximo a 37.500 millones de dólares, según estimaciones difundidas durante la escalada.
La consecuencia es clara. Un petróleo persistentemente caro reactiva la inflación, reduce el margen de los bancos centrales para bajar tipos y deteriora las expectativas empresariales. Wall Street no teme únicamente una guerra abierta; teme una crisis intermitente que mantenga durante meses una prima geopolítica sobre la energía.
Europa sería especialmente vulnerable por su dependencia exterior, mientras China e India sufrirían alteraciones en unas rutas esenciales para su abastecimiento.
Trump se enfrenta a una guerra sin victoria rápida
La estrategia de presión máxima puede obligar a Irán a negociar, pero también puede convencer a Teherán de que necesita ampliar su capacidad nuclear, misilística y marítima para garantizar su supervivencia.
Christian Lamesa y Adrián Zelaia coinciden en que el conflicto supera el enfrentamiento bilateral. Israel, las monarquías del Golfo, Rusia y China observan cada movimiento porque el equilibrio regional condicionará inversiones, corredores comerciales y alianzas durante décadas.
El contraste resulta demoledor: Estados Unidos puede elegir cuándo empieza una campaña militar, pero no cuándo terminan sus efectos. Esa es la advertencia que Irastorza dirige a Trump y a los inversores que todavía confían en una resolución rápida.