ORELLA: "A Netanyahu le conviene la guerra y a Trump le conviene la paz: hay una gran divergencia"

José Luis Orella analiza las causas y consecuencias del conflicto militar entre EE.UU. e Irán, la divergencia entre intereses de Trump y Netanyahu, los riesgos de la “coreanización” en Ucrania y el impacto económico en Europa tras el cambió energético.
Thumbnail del vídeo en YouTube que muestra a José Luis Orella durante la entrevista en Negocios TV.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
ORELLA: "A Netanyahu le conviene la guerra y a Trump le conviene la paz: hay una gran divergencia"

En un mundo donde cada conflicto tiene múltiples aristas, la entrevista con José Luis Orella —profesor titular de historia contemporánea en la Universidad CEU San Pablo— ofrece una perspectiva valiosa para entender la compleja relación entre Estados Unidos, Israel e Irán. No es simplemente un choque militar; es una partida estratégica donde se juega el control de recursos energéticos vitales y la estabilidad política de regiones clave. A continuación, desgranamos las claves de esta situación que de alguna forma, afecta a todo el planeta.

El Golfo Pérsico no es un conflicto local. Es una bisagra del sistema económico mundial. La propia IEA advierte de que una interrupción en Ormuz tendría consecuencias “enormes” para los mercados, porque las alternativas para sortear ese paso son limitadas.

La consecuencia es clara: cada ataque, cada amenaza y cada negociación en la zona se traduce en una prima de riesgo energética. No afecta solo a Irán, Israel o Estados Unidos. Afecta a Europa, Asia y a cualquier economía que dependa de petróleo, gas natural licuado o transporte marítimo estable.

Trump busca una salida

Donald Trump necesita presentar estabilidad. La Casa Blanca ha defendido que un eventual acuerdo con Irán incluiría la reapertura de Ormuz, garantías nucleares y una reducción de hostilidades. Medios internacionales han informado este sábado de que Washington e Islamabad ven posible una firma rápida, aunque Teherán ha rebajado los plazos y mantiene cautela.

Este hecho revela una lógica política evidente. A Trump le interesa cerrar una crisis que puede encarecer la energía y erosionar su relato de control. La paz, incluso provisional, ofrece una victoria vendible: rutas abiertas, petróleo menos tensionado y una negociación presentada como fruto de la presión estadounidense.

Netanyahu ante otro cálculo

El caso israelí es distinto. Para Benjamin Netanyahu, Irán sigue siendo el enemigo estructural, no solo un actor negociador. La prensa israelí y regional ha recogido la preocupación de Tel Aviv por un acuerdo que, a ojos de sus críticos, podría aplazar el problema nuclear sin resolver por completo la amenaza de los aliados iraníes en Líbano o Siria.

Ahí encaja la tesis de Orella. Washington puede querer administrar el conflicto; Israel puede preferir degradar al adversario antes de que recupere oxígeno diplomático. Esa divergencia no rompe la alianza, pero sí introduce fricción en el momento más delicado.

Ucrania y el riesgo coreano

Orella también conecta Oriente Medio con Ucrania. La llamada “coreanización” del conflicto describe un escenario de guerra congelada: líneas estabilizadas, paz formal inexistente y tensión permanente. No sería una victoria plena para Kiev, pero tampoco una rendición explícita.

El riesgo es que Europa acepte una estabilidad incompleta por agotamiento económico y militar. Un conflicto congelado puede reducir la intensidad de los combates, pero consolida fronteras en disputa, militariza la política y obliga a sostener durante años un gasto defensivo elevado. La paz sin resolución puede convertirse en una pausa armada.

Alemania paga la factura

El ejemplo alemán muestra el coste económico de la nueva geopolítica. El Bundesbank recuerda que la crisis energética de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, golpeó los precios del gas y la producción industrial alemana; en el pico de la crisis, los futuros europeos de gas a un mes llegaron a situarse doce veces por encima de la media de 2019.

La Comisión Europea también subraya que el mercado energético comunitario ha cambiado por el giro desde el gas ruso por gasoducto hacia el GNL global y las renovables. El contraste resulta evidente: Alemania ha ganado independencia estratégica, pero ha perdido una parte del colchón competitivo que le daba la energía barata.

La lectura positiva es que Europa ya no puede permitirse ingenuidad. Ormuz, Ucrania y el gas alemán dibujan una misma conclusión: la seguridad energética es seguridad nacional. Diversificar proveedores, acelerar renovables, reforzar almacenamiento y proteger rutas marítimas ya no son políticas sectoriales, sino condiciones de soberanía.

El diagnóstico de Orella ayuda a ordenar el tablero. Trump busca paz porque necesita estabilidad. Netanyahu mantiene presión porque ve una amenaza existencial. Irán negocia porque necesita margen. Ucrania teme quedar congelada. Alemania aprende que la dependencia energética tiene coste político. En ese cruce de intereses, la oportunidad está en anticiparse: menos improvisación, más autonomía y una Europa capaz de leer el mundo sin depender siempre de otros.

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