El ‘weather tech’ de eltiempo.es ahorra millones a las empresas
La lluvia constante sobre Madrid, más propia de Londres que de la meseta, fue el telón de fondo perfecto para que Tech Talks by Skiller Academy, en Negocios Televisión, sentara en el plató a Gonzalo y Victoria, responsables de negocio y datos de eltiempo.es. Lo que antes era un simple comentario de ascensor —“¿mañana llueve?”— se ha convertido en un input estable de comité de dirección. Sobre la mesa, un dato que lo resume todo: la meteorología es ya el segundo factor más importante en la toma de decisiones empresariales, solo por detrás de la economía. Y alrededor de ese dato, una industria, el weather tech, que está permitiendo ahorrar millones de euros en personal, logística, stock o campañas publicitarias, apoyándose en 20 años de históricos, algoritmos propios y un uso intensivo de inteligencia artificial.
Del comentario de ascensor al KPI de comité de dirección
Lo que hace una década era una curiosidad hoy es un eje más en el cuadro de mando de muchas compañías. Gonzalo lo sintetiza en una idea: “hemos pasado de la previsión como ‘commodity’ a un dato de negocio que impacta en la cuenta de resultados”. Esto implica transformar la meteorología en atributos accionables: cuándo abrir o cerrar una tienda, qué mensaje publicitario activar, cuántos repartidores deben estar en la calle o qué precio tiene sentido para un seguro en una zona inundable.
La clave no es solo saber si va a llover mañana, sino traducir esa previsión en decisiones concretas: reforzar plantilla en terrazas cuando suben las temperaturas, reducir turnos cuando se anuncian lluvias torrenciales, adelantar campañas de invierno si llega una ola de frío. Sectores como el retail, la restauración, el turismo o los seguros empiezan a integrar estos datos en sus modelos internos. El diagnóstico es inequívoco: quien no incorpore el factor clima en su toma de decisiones se quedará atrás en eficiencia y márgenes frente a sus competidores.
Un usuario obsesionado con el ahora y el aquí
En paralelo, el comportamiento del usuario se ha sofisticado. Ya no basta con saber el tiempo de mañana; el estándar es “qué va a pasar en la próxima hora en mi calle”. La generalización del móvil y las notificaciones en tiempo real han disparado el consumo de información hiperlocal: radar de lluvia, previsión por horas, mapas interactivos que permiten seguir frente a frente la llegada de una nube.
Esa exigencia se traduce en cifras: eltiempo.es registra alrededor de 15 millones de usuarios únicos al mes y más de 400 millones de páginas vistas, y ha logrado el mejor enero de sus 15 años de historia, con cerca de 14 millones de usuarios en un mes tradicionalmente poco lluvioso. La consecuencia es clara: la meteorología ha dejado de ser un contenido consultivo esporádico para convertirse en un hábito diario, tan arraigado como revisar el correo o el saldo bancario. De esa regularidad nace el poder de convertir esta audiencia masiva en un laboratorio continuo de patrones de consumo y comportamiento.
Embalses, fenómenos extremos y el contexto que faltaba
La audiencia ya no pregunta solo si lloverá, sino qué consecuencias tendrá esa lluvia. Ahí entra el nuevo producto estrella: la información de embalses. Ante la creciente preocupación por la sequía y los fenómenos extremos, el equipo detectó un aumento abrupto de búsquedas sobre “nivel del embalse X”. La respuesta fue construir una herramienta que permite ver, embalse a embalse, cuánta agua está realmente almacenada en cada cuenca.
La competencia en este terreno era débil y la demanda, creciente. El resultado: millones de páginas vistas en pocas semanas tras el lanzamiento del módulo de embalses. No es solo una curiosidad: para agricultores, gestoras de agua, eléctricas o aseguradoras, entender si el sistema está tensionado o holgado condiciona precios, riesgos y planificación. Lo más grave es que este tipo de información llevaba años fragmentada, cuando tiene un impacto directo en decisiones de inversión, tarifas y políticas públicas. Eltiempo.es ocupa ese vacío con un producto que mezcla rigor técnico, visualización clara y actualización constante.
Cuando la lluvia decide el stock y las plantillas
La gran palanca económica del weather tech está en cruzar 20 años de datos meteorológicos con datos internos de las empresas: ventas, tickets por tienda, consumo por producto, incidencias logísticas o ratios de siniestralidad. Victoria lo resume como “hacer un matching perfecto entre clima y negocio”. El ejemplo es contundente: una gran cadena de restauración ha logrado ahorrar cerca de 2 millones de dólares al año en gasto de personal ajustando turnos y plantillas en función de la previsión.
La lógica es simple, pero exige datos: no es lo mismo programar repartidores o camareros con sol y 22 grados que con lluvia intensa y alerta naranja. Lo mismo ocurre con el stock: “no voy a reponer helados cuando están cayendo chuzos de punta”, explican. Al combinar la probabilidad de lluvia, la temperatura, el viento o la radiación UV con históricos de ventas, se obtienen patrones muy claros de consumo. La consecuencia es clara: menos desperdicio, menos horas ociosas, menos roturas de stock. En un contexto de márgenes ajustados, el clima se convierte en una variable de optimización tan relevante como el coste energético o el precio del transporte.
Meteo Ads: campañas que se encienden y apagan con las nubes
La otra gran línea de negocio se llama Meteo Ads, una plataforma que permite activar y desactivar campañas publicitarias según el tiempo en cada ciudad, en tiempo real. La promesa es doble: relevancia para el usuario y eficiencia para el anunciante. El funcionamiento, en la práctica, se reduce a cuatro pasos: conectar la cuenta publicitaria (por ejemplo, en DV360), importar las campañas, asignar los triggers meteorológicos (lluvia, calor, frío, polvo sahariano, polen, etc.) y guardar las reglas.
A partir de ahí, el sistema hace el resto: si una marca de paraguas quiere impactar solo cuando llueve, la plataforma activa las ubicaciones donde se cumple la condición y las apaga donde no llueve. Si una cadena de food delivery quiere evitar riesgos reputacionales, Meteo Ads puede parar automáticamente la campaña cuando hay alerta roja, de modo que nadie reciba un “pide tu hamburguesa ahora” cuando los repartidores no pueden salir por seguridad. Lo más relevante es que todo ocurre sin intervención manual, liberando a traders y equipos de marketing de una supervisión continua, y trasladando el peso de la decisión a reglas objetivas basadas en datos.
Creatividad meteorológica: de secar la ropa a vender vacaciones al sol
Alrededor de estos datos se han construido campañas que ilustran el potencial creativo del weather tech. Una de las más recientes, con una marca de electrodomésticos, consistió en crear un “índice de secabilidad”: combinando temperatura, humedad, viento y estado del cielo, el sistema indicaba si era mejor tender la ropa al aire libre o usar la secadora. Esa información se integró directamente en las tablas de previsión, transformando un dato técnico en un consejo de consumo útil y fácilmente monetizable.
Otro caso recurrente es el del turismo: impactar a usuarios en ciudades frías y lluviosas —Londres a 0 ºC o Madrid bajo lluvia persistente— con creatividades de hoteles en Canarias a 20 ºC y cielo despejado. El contraste resulta demoledor desde el punto de vista emocional y, según explican, las campañas logran incrementos de doble dígito en CTR y tasa de conversión cuando se sincroniza mensaje y meteorología. La conclusión es evidente: “no es solo el dato, es el contexto”. Si a ello se suma una buena segmentación de usuarios —quién va a esquiar, quién frecuenta playas, quién vive en zonas con alta polinización—, el resultado son impactos menos intrusivos y mucho más eficaces.
Astropedia, eclipses y la nueva fiebre por el cielo
No todo es lluvia y temperatura. Una de las sorpresas internas ha sido el éxito de Astropedia, una especie de “Wikipedia del cielo” donde se explican de forma divulgativa fenómenos astronómicos, términos técnicos y efemérides espaciales. En un año marcado por tres eclipses visibles desde España y cometas que han captado la atención mediática, el interés por el geoespacio se ha disparado. Lo más llamativo es que muchos usuarios llegan por curiosidad y terminan profundizando en contenidos más avanzados, generando audiencias de nicho muy fieles.
Este ecosistema de contenidos complementa la parte estrictamente meteorológica y revela una tendencia de fondo: el usuario ya no quiere solo un dato frío, sino comprender el porqué de lo que ocurre en el cielo. Desde la explicación de lo que es una DANA hasta las trayectorias de un cometa, eltiempo.es explota su capacidad para convertir datos complejos en relatos comprensibles. Ese esfuerzo pedagógico refuerza la marca y consolida un activo intangible clave: la confianza en un contexto donde cualquier error de previsión se amplifica en redes sociales.
Inteligencia artificial, personalización y el ‘internet del tiempo’ que viene
La inteligencia artificial atraviesa ya todo el modelo: desde el entrenamiento de modelos meteorológicos hasta la generación de insights a partir de volúmenes masivos de datos. El reto ahora no es solo acertar con la previsión, sino personalizar la experiencia a escala masiva. Gonzalo lo define como una pirámide: en la base, datos fiables y una infraestructura capaz de soportar millones de usuarios diarios; encima, una capa de experiencia de usuario para hacer la información usable; sobre ella, contexto que explique el porqué de cada fenómeno; y, en la cúspide, servicios personalizados.
El objetivo es que cada persona pueda configurar sus propias alertas inteligentes: que el sistema avise cuando la temperatura baje de 2 ºC, cuando la radiación UV supere cierto umbral o cuando el polen alcance niveles críticos. En paralelo, se abre una vía nueva: que no solo los humanos, sino agentes de inteligencia artificial, consulten estas APIs para tomar decisiones autónomas —desde reprogramar una ruta logística hasta ajustar el precio de un seguro en función de un riesgo meteorológico creciente—. La consecuencia es clara: si el clima es el segundo gran factor de decisión, quien controle su dato tendrá una ventaja competitiva decisiva en la economía de los próximos años.