La geopolítica de las últimas 24 horas vuelve a tensar el mundo: petróleo, Ucrania y el Indo-Pacífico activan el tablero de la presión “híbrida”

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El tablero geopolítico de las últimas 24 horas se mueve sobre tres ejes que se cruzan y se retroalimentan: el recrudecimiento silencioso de varios focos de conflicto (Ucrania, Oriente Medio, el Indo-Pacífico), la erosión paulatina del orden liberal internacional y un claro repunte de la instrumentalización geopolítica de la economía —energía, materias primas, tipos de interés, rutas comerciales— como herramienta de presión estratégica.  Frente a un sistema internacional crecientemente fragmentado y sometido a la lógica de los hechos consumados, las democracias liberales siguen mostrando una preocupante mezcla de fatiga estratégica, división interna y una peligrosa tendencia a la autocomplacencia moral.  Mientras tanto, los regímenes autoritarios —de Moscú a Teherán y Pekín— explotan cada grieta en el flanco occidental, apoyándose en sus “proxies” (apoderados) y en la guerra híbrida —ciberataques, desinformación, chantaje energético— para avanzar sus agendas revisionistas.[2][3][4][5][1]

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Tensión sostenida EE. UU.-Irán y precio del petróleo

Hechos[5][1][2]

- Las negociaciones indirectas entre Washington y el régimen de Teherán continúan en un clima de máxima desconfianza, con la cuestión nuclear y la represión de las protestas como telón de fondo.[2][5]

- Los mercados energéticos han reaccionado con nerviosismo: el petróleo se mantiene estable pero respaldado por el riesgo de un nuevo choque en el Golfo Pérsico, con los analistas explicando que la mera incertidumbre geopolítica está sirviendo de suelo a las cotizaciones.[1]

- En paralelo, se mantiene la presión sobre las redes de “proxies” iraníes (Hezbolá, milicias en Siria e Irak, Hutíes en Yemen), objeto de sanciones, operaciones encubiertas y presión diplomática por parte de EE. UU. e Israel y sus aliados.[4][5]

Implicaciones[4][5][1]

- El régimen teocrático de Teherán intenta jugar una doble partida: mostrar fuerza interna mediante la represión brutal de las protestas y exhibir músculo regional a través de sus satélites armados, mientras busca aliviar la presión económica negociando límites cosméticos a su programa nuclear.[5]

- Las democracias occidentales se enfrentan una vez más al falso dilema entre “estabilidad” y principios: la tentación de comprar tiempo con concesiones tácticas al régimen, a cambio de una paz negativa en el corto plazo, socava a medio plazo la credibilidad del sistema de no proliferación y el mensaje de defensa de los derechos humanos.[4][5]

- Cualquier escalada directa EE. UU.–Irán o una acción descontrolada de sus “proxies” tendría un impacto inmediato sobre el precio del crudo, la inflación global y la estabilidad de rutas críticas como el estrecho de Ormuz o el mar Rojo.[1][4]

Perspectivas y escenarios[2][5][1][4]

- Escenario 1 (continuidad tensa): se prolonga el “no acuerdo” con contactos intermitentes, sanciones graduales y un equilibrio inestable en el que Teherán sigue avanzando técnicamente hacia el umbral nuclear mientras Estados Unidos calibra la presión y evita una confrontación abierta.[5][4]

- Escenario 2 (escalada controlada): un ataque de un “proxy” iraní o un incidente naval fuerza una respuesta limitada de Estados Unidos o Israel con objetivos militares concretos, sin cruzar el umbral de una guerra regional, pero elevando drásticamente la prima de riesgo político en los mercados de energía.[1][4]

- Escenario 3 (presión estratégica reforzada): bajo liderazgo estadounidense, el eje atlántico refuerza el régimen de sanciones, la persecución financiera y el apoyo a la sociedad civil iraní, con el objetivo de limitar la capacidad del régimen para financiar terrorismo y exportar inestabilidad, sin apostar aún por un cambio de régimen abierto.[2][5]

 

2. Ucrania: de la guerra de posiciones a la guerra de desgaste política

Hechos[3][4][2]

- En el frente ucraniano, el conflicto se mantiene como una guerra de desgaste: Rusia combina ofensivas puntuales, ataques de artillería y drones, y presión en el ámbito cibernético e informativo, mientras Ucrania intenta preservar recursos, defender infraestructuras críticas y mantener viva la agenda de apoyo occidental.[3][2]

- La discusión en capitales europeas y en Washington gira ya no solo en torno a la cantidad de ayuda militar, sino al horizonte temporal y a la sostenibilidad política de ese apoyo ante la fatiga de la opinión pública.[4][2]

- El Kremlin continúa usando la energía, los ciberataques y la desinformación como palancas para fracturar la unidad euroatlántica y alimentar fuerzas radicales y populistas dentro de la UE.[3][4]

Implicaciones[3][2][4]

- La agresión rusa contra Ucrania sigue siendo la prueba de fuego del sistema internacional: si se normaliza la conquista por la fuerza de territorio soberano, se abre la puerta a que otros actores revisionistas —Irán en su vecindario, China en el mar de la China Meridional o en Taiwán— calculen que el coste de la agresión será asumible.[2][4]

- Para Europa, Ucrania ya no es un “asunto exterior” sino una cuestión de seguridad interior: la frontera entre la defensa de Kiev y la defensa de las capitales europeas es cada vez más conceptual que geográfica.[3][4]

- La narrativa rusa, apoyada por medios estatales y plataformas de propaganda, intenta presentar la guerra como un conflicto inevitable y “congelado”, mientras busca desgastar el consenso interno en democracias divididas por el ruido populista.[4][3]

Perspectivas y escenarios[2][3][4]

- Escenario 1 (guerra prolongada): el frente se estabiliza con pequeñas variaciones y la clave pasa a ser la resistencia interna de Ucrania y la resiliencia política de las democracias occidentales para sostener su ayuda durante años.[4][2]

- Escenario 2 (alto el fuego impuesto): Moscú intenta forzar una negociación desde la fuerza aprovechando una eventual fractura de la unidad occidental y aspirando a consolidar ganancias territoriales sin renunciar a una Rusia imperial.[2][4]

- Escenario 3 (refuerzo atlántico): un renovado impulso de Washington y las principales capitales europeas ofrece a Kiev garantías de largo plazo, ayuda militar cualitativamente superior y un horizonte claro de integración euroatlántica, aumentando el coste estratégico para Rusia.[3][4][2]

 

3. Indopacífico: China, presión económica y militarización del entorno

Hechos[6][1][4][2]

- La región del Indo‑Pacífico sigue en el centro de la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, con un aumento sostenido de tensiones navales y aéreas en torno a Taiwán y en el mar de la China Meridional.[6][4]

- Un reciente informe estratégico advierte de que las diferencias geopolíticas se están profundizando y alerta sobre la fragilidad del orden internacional y el desgaste de las alianzas tradicionales, especialmente en torno a la próxima conferencia de seguridad de Múnich.[6]

- Económicamente, China continúa sufriendo presiones: la deflación en los precios de producción y la desaceleración del consumo interno subrayan el desacople entre la ambición geopolítica de Pekín y las limitaciones de su modelo económico.[1]

Implicaciones[6][1][4]

- Pekín combina una política exterior asertiva —acoso a buques vecinos, presión sobre Taiwán, expansión en el Pacífico insular, inversiones estratégicas en África e Iberoamérica— con una economía que empieza a mostrar signos claros de fatiga estructural.[6][1][4]

- La militarización del mar de la China Meridional y el pulso constante sobre Taiwán son un desafío directo a la libertad de navegación, al derecho internacional y al principio de que la fuerza no otorga derecho sobre territorios ajenos.[6][4]

- La combinación de presión militar y dependencia económica crea un entorno propicio para el chantaje geopolítico: el control de rutas comerciales, puertos estratégicos y materias primas críticas se convierte en herramienta de presión sobre socios vulnerables.[1][4][6]

Perspectivas y escenarios[1][4][6]

- Escenario 1 (competencia contenida): se mantiene una rivalidad intensa pero gestionada, con incidentes controlados y un equilibrio disuasorio basado en alianzas como el Quad y AUKUS, junto al paraguas estadounidense sobre Japón y Corea.[4][6]

- Escenario 2 (incidente grave): un choque naval o aéreo mal gestionado en el estrecho de Taiwán o en el mar de la China Meridional fuerza una crisis que pone a prueba los compromisos de seguridad de Washington y la capacidad de respuesta rápida de las democracias.[6][4]

- Escenario 3 (reconfiguración económica): el desacople parcial de cadenas de suministro estratégicas —semiconductores, tierras raras, farmacéuticos— acelera, reduciendo la capacidad de China de usar el comercio como arma, pero elevando costes de transición a corto plazo.[1][4]

 

4. Europa, entre la inflación, la energía y la seguridad estratégica

Hechos[7][3][4][1]

- La UE sigue lidiando con un cóctel de inflación persistente, precios energéticos elevados y crecientes exigencias de gasto en defensa y seguridad, todo ello en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes y fragmentación interna.[7][4]

- Informes recientes subrayan que los precios de la energía y la inflación continúan tensionando las economías europeas, mientras el bloque se plantea cómo reforzar su autonomía estratégica sin caer en el proteccionismo ni romper con el capitalismo abierto.[7]

- La agenda de seguridad europea se desplaza: más enfoque en defensa, resiliencia energética, protección de infraestructuras críticas y reducción de dependencias de regímenes autoritarios.[3][4]

Implicaciones[7][4][1]

- La transición de la UE desde una “potencia normativa” a un actor geopolítico exige abandonar la ingenuidad: ya no basta con regular, hay que poder disuadir, defender y garantizar suministros estratégicos en un mundo donde la interdependencia se ha vuelto arma.[7][4]

- La cuestión energética es inseparable de la seguridad: diversificar proveedores, reforzar las interconexiones y apoyar tecnologías que reduzcan la dependencia de autocracias es una prioridad geopolítica, no solo ambiental.[7][4][1]

- El riesgo es que el espacio político sea colonizado por populismos de derecha e izquierda que exploten el malestar social, promoviendo agendas iliberales que erosionen desde dentro el proyecto europeo.[7][4]

Perspectivas y escenarios[3][4][7][1]

- Escenario 1 (reforma y refuerzo): la UE avanza hacia una defensa más integrada, mayor coordinación fiscal en gasto estratégico y una política industrial inteligente que proteja sectores críticos sin caer en la autarquía.[4][7]

- Escenario 2 (fragmentación): la combinación de crisis económicas y polarización ideológica alimenta gobiernos euroescépticos que bloquean políticas comunes y devuelven al continente a una lógica de sálvese quien pueda.[7][3][4]

- Escenario 3 (atlantismo renovado): un liderazgo firme en Washington y en las principales capitales europeas reimpulsa la relación transatlántica, coordinando la respuesta frente a Rusia, Irán y China y reforzando el papel de la OTAN.[3][4][7]

 

5. Mercados globales: señales de enfriamiento y nerviosismo geopolítico

Hechos[8][9][1]

- Los datos recientes de ventas minoristas en Estados Unidos muestran un estancamiento, lo que ha llevado a una caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro y a un repunte del oro y la plata como refugio ante la percepción de una desaceleración económica.[1]

- El yen se ha fortalecido apoyado por la confianza en una política fiscal más responsable en Japón, mientras los mercados asiáticos siguen con atención las cifras de inflación china y la futura decisión de la Reserva Federal.[1]

- Gobiernos de todo el mundo están incrementando fuertemente su endeudamiento público, impulsados por la presión de gasto social y defensa y por el shock geopolítico, lo que abre interrogantes sobre sostenibilidad fiscal y estabilidad de tipos de interés.[9][8]

Implicaciones[8][9][1]

- La combinación de deuda elevada, tensiones geopolíticas y cambios demográficos está configurando un entorno estructuralmente más volátil, donde los márgenes de maniobra de los bancos centrales se reducen y las decisiones de política monetaria tienen una carga política mayor.[8][1]

- Los mercados emergentes, especialmente aquellos con dependencia energética y fragilidad fiscal, son los más expuestos a un posible endurecimiento de las condiciones financieras globales o a un nuevo shock de precios del petróleo.[8][1]

- La geoeconomía se impone: sanciones, controles de exportación de tecnología, restricciones a la inversión y guerras arancelarias se integran ya en el arsenal de herramientas de política exterior, reconfigurando cadenas de suministro y alianzas comerciales.[9][8][1]

Perspectivas y escenarios[9][8][1]

- Escenario 1 (aterrizaje suave): las principales economías logran desacelerar sin entrar en recesión severa gracias a políticas monetarias prudentes y a un entorno geopolítico que, aunque tenso, no se descontrola.[8][1]

- Escenario 2 (estanflación geopolítica): un nuevo shock energético derivado de un conflicto en Oriente Medio o una escalada en el mar de la China Meridional dispara la inflación y obliga a mantener tipos altos en un contexto de bajo crecimiento.[8][1]

- Escenario 3 (reordenación acelerada): el refuerzo de bloques —atlántico, BRICS ampliado y actores intermedios— acelera la regionalización del comercio y de las inversiones, con implicaciones para la competitividad europea y la posición de España.[9][8][1]

 

6. Seguridad y guerra híbrida: ciberataques y control de la información

Hechos[2][4][3]

- Informes recientes sobre la situación global de riesgos geopolíticos subrayan el incremento de amenazas híbridas: ciberataques contra infraestructuras críticas, operaciones de desinformación coordinadas desde regímenes autoritarios y utilización de plataformas digitales como campo de batalla político.[2][4]

- Se registran nuevas advertencias sobre la manipulación informativa en Europa y América del Norte, con especial atención a campañas destinadas a minar la confianza en instituciones democráticas, en los procesos electorales y en los medios tradicionales.[4][3]

- Los servicios de inteligencia de varios países señalan la convergencia entre crimen organizado transnacional, cibercrimen y agendas políticas de potencias hostiles.[2][4]

Implicaciones[3][4][2]

- Las democracias deben comprender que la línea de frente ya no está solo en los campos de batalla convencionales, sino en servidores, redes sociales y terminales de pago: la guerra híbrida busca paralizar sin disparar un solo tiro.[4][2]

- La instrumentalización del resentimiento social y de las agendas identitarias es un arma de desestabilización: tanto los extremismos de izquierda como de derecha se convierten, a menudo de forma inconsciente, en vectores de la narrativa de potencias revisionistas.[3][4]

- Las estructuras de seguridad deben adaptarse al nuevo entorno, reforzando la cooperación público‑privada, la alfabetización mediática y la capacidad de respuesta rápida frente a amenazas cibernéticas y campañas de desinformación.[2][4][3]

Perspectivas y escenarios[4][2]

- Escenario 1 (endurecimiento defensivo): se consolidan marcos regulatorios y capacidades de ciberdefensa a nivel nacional y europeo, con una coordinación más estrecha entre aliados atlánticos.[2][4]

- Escenario 2 (ventaja ofensiva de autocracias): los regímenes autoritarios explotan la lentitud regulatoria y las divisiones internas de las democracias para seguir ampliando su capacidad de influencia y sabotaje.[4][2]

- Escenario 3 (nuevo consenso democrático): se alcanza una convergencia entre Estados, empresas tecnológicas y sociedad civil en defensa de la libertad de expresión, la veracidad informativa y la protección de la esfera pública.[2][4]

 

7. Oriente Medio: el tablero regional tras la presión sobre Irán y sus “proxies”

Hechos[5][1][4]

- La región vive un reequilibrio tras los últimos choques entre Israel e Irán y las operaciones contra grupos armados como Hezbolá y milicias proiraníes en Siria e Irak.[5][4]

- Los países del Golfo buscan consolidar su influencia política y económica, firmando acuerdos de seguridad y tecnología con Washington y reforzando su papel como proveedores clave de energía y capital en el sistema internacional.[4]

- La tensión en el mar Rojo y el Golfo de Adén, donde los hutíes han amenazado y atacado tráfico marítimo, mantiene en alerta a navieras, aseguradoras y marinas occidentales.[1][4]

Implicaciones[5][1][4]

- El régimen iraní se encuentra a la defensiva: su aparato represivo interno está más ocupado que nunca, mientras sus “proxies” son objeto de presión militar, financiera y diplomática; pero sigue siendo un actor peligrosamente imprevisible.[5][4]

- Los acuerdos entre Washington y socios del Golfo refuerzan el eje atlántico en una región donde China y Rusia tratan de ganar espacio aprovechando cada flanco abierto por las vacilaciones occidentales.[1][4]

- La seguridad de las rutas marítimas en el mar Rojo y el estrecho de Bab el‑Mandeb es una pieza crítica del comercio global; cualquier deterioro prolongado empujaría al alza los costes logísticos y, de nuevo, la inflación.[1][4]

Perspectivas y escenarios[5][1][4]

- Escenario 1 (contención reforzada): se consolida una estrategia coordinada de EE. UU., Europa e Israel para limitar las capacidades militares de las milicias proiraníes, sin entrar en una guerra directa con Teherán.[5][4]

- Escenario 2 (ruptura de cálculo): un error de apreciación en Teherán o un ataque masivo de alguno de sus “proxies” desencadena una respuesta contundente que puede reconfigurar el equilibrio regional.[5][4]

- Escenario 3 (normalización selectiva): algunos Estados árabes profundizan su acercamiento a Israel y a Washington, apostando por una agenda de modernización económica y de seguridad compartida frente al extremismo islamista y al expansionismo iraní.[1][4]

 

8. América Latina: deuda, tensiones políticas y la sombra del narcoautoritarismo

Hechos[9][8][3]

- Varios países latinoamericanos afrontan un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, con mayor coste de financiación y presiones sobre la deuda soberana, en un contexto de crecimiento débil y desigualdad persistente.[9][8]

- La región sigue fragmentada políticamente: conviven gobiernos de izquierda radical con otros de orientación más pragmática, mientras el crimen organizado y el narcotráfico amplían su capacidad de penetración en las instituciones.[8][3]

- La situación en regímenes autoritarios como Venezuela, Cuba y Nicaragua continúa siendo un foco de preocupación para las democracias de la región y para la UE y EE. UU., tanto por razones de derechos humanos como por su impacto regional.[8][3]

Implicaciones[9][8][3]

- El riesgo de que algunos gobiernos utilicen la presión social y el malestar económico como coartada para avanzar en la concentración de poder, el debilitamiento de la separación de poderes y el cuestionamiento de la prensa libre sigue siendo elevado.[8][3]

- El narco‑autoritarismo y la infiltración de organizaciones criminales en estructuras estatales amenazan con convertir a algunos países en plataformas de inestabilidad, migraciones masivas y tráfico ilícito hacia Norteamérica y Europa.[9][8]

- La respuesta internacional oscila entre sanciones, presión diplomática y cooperación en seguridad, pero carece todavía de una estrategia coherente y sostenida que combine incentivos económicos con firmeza democrática.[8][3]

Perspectivas y escenarios[9][8][3]

- Escenario 1 (estancamiento autoritario): regímenes como el venezolano o el cubano se mantienen mediante represión, apoyo externo y economía sumergida, prolongando la crisis humanitaria y la fuga de talento.[8][3]

- Escenario 2 (reforma gradual): algunos países logran articular consensos de centro apoyados en instituciones independientes y políticas económicas responsables, ofreciendo una alternativa de estabilidad y progreso.[9][8]

- Escenario 3 (choque social): la combinación de inflación, inseguridad y descrédito institucional provoca protestas masivas que pueden derivar tanto en reformas democratizadoras como en salidas populistas aún más radicales.[3][8]

 

9. Reconfiguración de alianzas y papel de actores intermedios

Hechos[10][7][2][4]

- Diversos análisis señalan la emergencia de actores intermedios —India, Brasil, Indonesia, Sudáfrica, Turquía— que buscan maximizar su autonomía estratégica, negociando simultáneamente con Occidente y con potencias revisionistas.[10][2][4]

- Se observa una intensificación de foros y formatos flexibles —BRICS ampliado, acuerdos regionales, cumbres ad hoc— en los que estos actores intentan ganar margen frente a las grandes potencias.[10][7][4]

- Esta dinámica se refleja en decisiones de política exterior que a menudo eluden alineamientos claros en votaciones clave sobre Ucrania, sanciones o condenas a violaciones sistemáticas de derechos humanos.[7][2][4]

Implicaciones[10][7][2][4]

- El mundo se aleja del esquema bipolar clásico y se aproxima a un sistema más fragmentado, con bloques y sub‑bloques en el que las democracias liberales corren el riesgo de perder influencia si no ofrecen propuestas de cooperación atractivas y creíbles.[7][4]

- La competencia por inversiones, acceso a materias primas y apoyo diplomático se traslada hacia estos actores intermedios, que se convierten en árbitros parciales del nuevo equilibrio.[10][7][4]

- La consistencia moral del discurso occidental se ve sometida a escrutinio: cuando se toleran autocracias “amigas” mientras se condenan las “enemigas”, se facilita la narrativa de quienes acusan a las democracias de doble rasero.[10][7][4]

Perspectivas y escenarios[10][7][2][4]

- Escenario 1 (atlantismo inclusivo): el eje euroatlántico redefine su estrategia, no como frente exclusivo, sino como núcleo de una comunidad más amplia de democracias y Estados afines que comparten interés en el orden basado en normas.[7][4]

- Escenario 2 (multipolaridad desordenada): proliferan las agendas cruzadas y las alianzas coyunturales, aumentando la imprevisibilidad y el riesgo de malentendidos estratégicos.[10][7][4]

- Escenario 3 (bloques rígidos): la presión de las crisis encadena alineamientos más claros, con una división nítida entre un bloque democrático y otro autoritario, reduciendo los márgenes de maniobra de los actores intermedios.[7][2][4]

 

10. Opinión pública, polarización y batalla cultural en las democracias

Hechos[11][3][7][4]

- Las sociedades occidentales viven una polarización creciente, alimentada por redes sociales, “burbujas” informativas y un clima político que premia la estridencia sobre la responsabilidad.[11][3][7]

- Temas como la ideología de género, el “wokismo” y las políticas identitarias se han convertido en campos de batalla centrales, a menudo desplazando el foco de cuestiones estructurales como la productividad, la educación o la demografía.[7][4]

- Este clima es aprovechado tanto por extremos políticos internos como por potencias externas interesadas en debilitar la cohesión de las democracias.[11][3][4]

Implicaciones[11][3][4][7]

- Una democracia exhausta por la guerra cultural permanente tiene menos energía para sostener una política exterior coherente, invertir en defensa o defender sus valores en el exterior.[4][7]

- La erosión del espacio moderado favorece soluciones simplistas y caudillismos, debilitando los contrapesos institucionales que distinguen a las democracias liberales de los regímenes personalistas.[11][7]

- La credibilidad del “mainstream” depende de su capacidad para ofrecer seguridad, prosperidad y libertad sin caer en el relativismo ni en el dogmatismo identitario.[11][7][4]

Perspectivas y escenarios[11][3][7][4]

- Escenario 1 (recentrado moderado): surge una reacción de sentido común que revaloriza la política de acuerdos, el reformismo y la defensa de las libertades frente a los excesos ideológicos de uno y otro extremo.[7][4]

- Escenario 2 (normalización del extremo): fuerzas radicales se consolidan como actores permanentes en gobiernos y parlamentos, condicionando políticas clave y erosionando la confianza en el sistema.[11][3][7]

- Escenario 3 (resiliencia institucional): pese al ruido, las instituciones resisten, la separación de poderes funciona y la sociedad civil se reorganiza en torno a valores compartidos de libertad, igualdad y dignidad humana.[3][4][7]

 

 III. RACK DE MEDIOS[6][11][5][8][2][3][1][4][7]

- Medios atlantistas y de referencia económica (Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, CNBC, Reuters, Bloomberg): ponen el foco en la desaceleración económica, la inflación persistente, la deuda pública y la relación entre tensiones geopolíticas (Oriente Medio, Ucrania, China) y nerviosismo en mercados energéticos y financieros.[9][8][3][1][4][7]

- Prensa generalista estadounidense y británica (NYT, Washington Post, The Times, The Guardian, The Telegraph, BBC, CNN, Fox News, Politico, The Hill): combinan la cobertura de conflictos externos (Ucrania, Irán, Indo‑Pacífico) con la batalla política interna, la polarización y las próximas contiendas electorales, subrayando la fatiga del público ante guerras largas.[11][3][4]

- Medios europeos continentales (Le Monde, Le Figaro, FAZ, Die Welt, Die Zeit, El País, Corriere, La Repubblica, etc.): insisten en la cuestión de la autonomía estratégica europea, el impacto de la crisis energética y la necesidad de reforzar la defensa común y la resiliencia frente a Rusia y China.[3][4][7]

- Agencias internacionales (AP, AFP, Reuters, DPA): priorizan los hechos desnudos —movimientos militares, decisiones de bancos centrales, cifras macroeconómicas, acuerdos diplomáticos— y ofrecen el hilo conductor de los grandes conflictos en curso.[8][9][1][3]

- Medios de referencia en análisis geopolítico (Foreign Affairs, Foreign Policy, Stratfor, Geopolitical Monitor): ponen el acento en la erosión del orden liberal, la competencia entre democracias y autocracias, el auge de los actores intermedios y el papel de la tecnología, la energía y las materias primas en la nueva geopolítica.[12][10][2][4]

- Prensa de regímenes autoritarios o alineada (China Daily, Russia Today, TASS, medios estatales iraníes): presentan una narrativa alternativa que relativiza la agresión rusa, subraya los errores de Estados Unidos y de la UE y explota las divisiones internas en las democracias occidentales.[6][3][4]

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS[6][5][8][2][1][3][4][7]

- Rojo – Riesgo geopolítico crítico inmediato  

  - Escalada en Oriente Medio vinculada a Irán y sus “proxies” (Hezbolá, milicias en Siria e Irak, Hutíes, Hamás): alto potencial de impacto sobre precios energéticos, rutas marítimas y seguridad regional.[5][1][4]

  - Guerra en Ucrania: persistencia de la agresión rusa, riesgo de fatiga occidental y de que se normalice la modificación de fronteras por la fuerza.[2][3][4]

- Ámbar (naranja) – Riesgo elevado y estructural  

  - Competencia estratégica en el Indo‑Pacífico (China–EE. UU., mar de la China Meridional, Taiwán): tensión militar y presión económica con riesgo de incidente grave.[6][1][4]

  - Guerra híbrida (ciberataques, desinformación, injerencias electorales): amenaza constante a infraestructuras críticas y a la calidad de la democracia en Europa y América del Norte.[2][3][4]

  - Inestabilidad en América Latina por crisis económica, deuda y avance del narco‑autoritarismo: riesgo de migraciones masivas, deterioro institucional y expansión de redes criminales.[9][8][3]

- Verde – Riesgo contenido pero a vigilar  

  - Dinámica de deuda y política monetaria en economías avanzadas: por ahora bajo control, pero sensible a shocks energéticos o financieros.[8][9][1]

  - Reconfiguración de alianzas y papel de actores intermedios: fuente de incertidumbre, pero también de oportunidades para una diplomacia activa de las democracias liberales.[10][4][7][2]

  - Batalla cultural y polarización en democracias consolidadas: riesgo latente que puede mitigarse si las fuerzas de centro‑derecha y centro‑izquierda se reencuentran en torno a un proyecto de modernización y defensa de libertades.[11][3][4][7]

 

V. COMENTARIO EDITORIAL[12][11][5][6][8][1][3][4][7][2]

La jornada internacional vuelve a confirmarlo: el verdadero riesgo para el mundo libre no reside solo en los tanques de Putin, en los misiles de los ayatolás o en los buques de guerra chinos, sino en la tentación de las democracias de rendirse al cansancio, al cinismo y al confort del relativismo moral.  Cuando aceptamos que el uso de la fuerza para modificar fronteras es “una realidad con la que habrá que convivir”, cuando miramos hacia otro lado ante la represión masiva en Teherán o las violaciones sistemáticas de derechos humanos en regímenes autoritarios latinoamericanos, lo que se erosiona no es solo la seguridad de terceros países, sino la columna vertebral de nuestra propia civilización liberal.[5][8][3][4][7][2]

El revisionismo ruso, el expansionismo chino y el terrorismo de Estado iraní no son fenómenos aislados, ni accidentes históricos: son la expresión contemporánea de algo mucho más antiguo, la voluntad de poder de quienes consideran que la libertad individual, la separación de poderes, la prensa independiente y las elecciones libres son un obstáculo que debe ser neutralizado.  Para esa constelación de regímenes y “proxies”, el “Occidente” que critican no es tanto un lugar geográfico como una idea política: la de que ningún líder está por encima de la ley, ni ninguna ideología por encima de la dignidad de la persona.[11][6][5][4][7][2]

Por eso no basta con denunciar a la Rusia de Putin, al Irán de los ayatolás o a los regímenes carcelarios de La Habana, Caracas o Managua; es imprescindible, además, hacerse cargo de nuestras propias incoherencias.  No se defiende la democracia liberal con discursos vacíos mientras se flirtea con el proteccionismo más torpe, se tolera el “wokismo” censor en universidades y medios, o se desprecia el legado de transiciones ejemplares como la española, que demostró que es posible pasar de la dictadura a la libertad sin saltar al abismo revolucionario.[11][5][8][3][4][7]

El atlantismo no es una nostalgia de Guerra Fría, sino la convicción de que las democracias se defienden mejor juntas, coordinando su poder económico, militar y cultural frente a quienes quieren sustituir el imperio de la ley por la ley del más fuerte.  En un tiempo en que el ruido populista pretende borrar las fronteras entre centro‑derecha y extrema derecha, entre socialdemocracia y radicalismo identitario, conviene recordar que la verdadera línea de frente pasa por otro lugar: por la defensa sin complejos de la economía de mercado, del Estado del bienestar bien gestionado, de la igualdad ante la ley y de las libertades civiles frente a cualquier proyecto —de izquierda o de derecha— que aspire a convertir al ciudadano en súbdito.[11][8][4][7][2]

Las noticias de estas 24 horas, en suma, nos devuelven a la misma pregunta de fondo: ¿queremos seguir siendo sujetos de la historia o estamos dispuestos a aceptar el papel de objetos en manos de autócratas, fanáticos y mafias políticas?  La respuesta no se dará con declaraciones solemnes, sino con presupuestos, alianzas, reformas internas y una batalla cultural que reivindique, sin complejos, lo mejor de nuestro legado liberal y occidental.[6][5][8][11][3][4][7][2]

Sources

[1] Global Market Headlines | Breaking Stock Market News | Reuters https://www.reuters.com/markets/

[2] Stratfor: The World's Leading Geopolitical Intelligence Platform https://worldview.stratfor.com

[3] World News | Latest Top Stories | Reuters https://www.reuters.com/world/

[4] Geopolitical Risk Dashboard | BlackRock Investment Institute https://www.blackrock.com/corporate/insights/blackrock-investment-institute/interactive-charts/geopolitical-risk-dashboard

[5] Iran at geopolitical crossroads as protests pressure regime https://www.dw.com/en/iran-protests-islamic-republic-sanctions-united-states-trump-china-russia-geopolitics/a-75492953

[6] Deepening geopolitical differences highlighted before ... https://global.chinadaily.com.cn/a/202602/11/WS698bd86da310d6866eb38994.html

[7] European Union's Stage: From Crisis to Strategic Renewal https://moderndiplomacy.eu/2026/02/11/european-unions-stage-from-crisis-to-strategic-renewal/

[8] Latest News & Videos, Photos about geopolitics https://economictimes.indiatimes.com/topic/geopolitics

[9] Econ World | News Reshaping The Global Economy | Reuters https://www.reuters.com/markets/econ-world/

[10] The Geopolitics: Home https://thegeopolitics.com

[11] Geopolitics News | Latest News https://www.newsnow.co.uk/h/World+News/Geopolitics

[12] Geopolitical Monitor https://www.geopoliticalmonitor.com

[13] Top News Headlines In Cambodia, Indonesia, Laos ... https://www.bernama.com/en/world/news.php?id=2522565

[14] Speech by the President: European Parliament plenary debate https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/speech_26_376

[15] International: Top News And Analysis https://www.cnbc.com/world/

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