Trump frena las prisas con Irán mientras Ormuz sigue bloqueado y el petróleo sólo respira a medias

El mundo amaneció hoy, lunes 25 de mayo de 2026, con cinco grandes focos de tensión geopolítica cuya interconexión dibuja un escenario de excepcional complejidad. Irán y Estados Unidos continúan su delicado minueto negociador en torno al Estrecho de Ormuz —esa garganta estrangulada por la que antes transitaba una quinta parte del petróleo y más del 30% gas natural licuado del planeta— mientras el precio del crudo cede terreno ante la mera perspectiva de un acuerdo que aún está muy lejos de ser una certeza. 

En Turquía, el régimen de Erdoğan da un paso más en la destrucción sistemática de toda oposición democrática, empleando a la policía antidisturbios como ariete contra la sede  de un partido de centroizquierda. 

En Ucrania, la barbarie rusa no descansa: Moscú volvió a emplear el misil hipersónico Oreshnik —el arma que hoy por hoy no tiene defensa conocida en el arsenal occidental— contra Kiev y su región, sembrando el terror entre la población civil. 

Desde Shanghai, Huawei lanza un desafío tecnológico de primer orden al declarar que, pese a las sanciones estadounidenses, espera alcanzar en 2031 densidades de transistores equivalentes a procesos de 1,4 nanómetros. Son cinco historias distintas que, en realidad, narran una sola: la intensificación de los conflictos latentes entre grandes potencias y la profundización del desorden internacional.

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Irán y Estados Unidos: “Sin prisas”, pero con el bloqueo intacto

Hechos

El presidente Donald Trump declaró el domingo 24 de mayo en Truth Social que había instruido a sus negociadores para que no precipitaran ningún acuerdo con Irán, frenando así las expectativas que él mismo había disparado apenas veinticuatro horas antes al asegurar que el memorando de entendimiento estaba «en gran medida negociado». El bloqueo naval estadounidense al tráfico de buques iraníes en el Estrecho de Ormuz, vigente desde el 13 de abril de 2026, permanecerá «en plena vigencia y efecto hasta que un acuerdo sea alcanzado, certificado y firmado», precisó Trump. Las negociaciones avanzan —según Washington— de forma «ordenada y constructiva», y Teherán habría aceptado «en principio» la reapertura del Estrecho a cambio del levantamiento del bloqueo y la eliminación de su uranio altamente enriquecido. Sin embargo, la agencia Tasnim, vinculada a los Guardianes de la Revolución (las Fuerzas de los Guardianes de la Revolución Islámica, IRGC por sus siglas en inglés), desmintió la narrativa washingtoniana y exigió la liberación de fondos iraníes congelados como condición sine qua non. Un asesor militar del líder supremo Mojtaba Jamenei añadió que Teherán conserva el «derecho legal» de gestionar el Estrecho, lo que supone el más flagrante y descarado atropello a la legalidad internacional.

Implicaciones

La guerra de señales entre Washington y Teherán tiene ya estructura propia, y no es nueva: Trump eleva las expectativas —con un ojo puesto en los mercados energéticos y el otro en su base electoral doméstica— para después aplicar el freno y recordar que «el tiempo está de nuestro lado». La oligarquía yihadista que gobierna Irán, atrapada entre la presión de su crisis económica que está provocando la implosión del país por la indescriptible incompetencia de sus dirigentes y catalizada por el bloqueo a sus puertos —que según cifras estadounidenses cuesta al régimen 500 millones de dólares diarios— y la inestabilidad interna derivada de la «paradoja del descabezamiento», no puede permitirse ni capitular ni prolongar indefinidamente el cierre del Estrecho. El hecho de que los Guardianes de la Revolución, a través de su “agencia de prensa” Tasnim, contradigan la narrativa oficial de Pezeshkian confirma que la fractura sistémica contenida en el seno del poder iraní no ha hecho sino agravarse: el triunvirato del IRGC —el general Ahmed Vahidi, el general Mohamed B. Zolghadr secretario del consejo nacional de seguridad y Rezaei asesor militar del líder de la revolución, inexplicablemente llamado “supremo”. Todos y cada uno de llos carece del peso político del eliminado Alí  Jamenei para imponer a los sectores más duros del régimen una línea unificada. Cualquier acuerdo, si llega, será frágil en su origen.

Perspectivas y escenarios

Escenario A (más probable, 35%): Las negociaciones se prolongan semanas adicionales con avances incrementales —desmilitarización gradual del Estrecho, levantamiento parcial del bloqueo— sin un acuerdo marco definitivo antes de julio. Los mercados seguirán descontando la mejora con volatilidad alta. 

Escenario B (posible, 40%): Se alcanza un acuerdo técnico en los próximos diez días sobre la reapertura del Estrecho, pero las cuestiones nucleares quedan aplazadas en un proceso diferido que reproducirá los vicios del JCPOA (Plan de Acción Integral Conjunto) de 2015, es decir, un parche costoso que no resuelve el problema de fondo. 

Escenario C (menos probable pero no descartable, 25%): Las negociaciones se rompen —por una provocación del IRGC, un incidente naval o una decisión errática de Trump— y la crisis se reanuda con mayor intensidad, con el precio del Brent regresando por encima de los 115 dólares por barril.

 

2. Petróleo: la geometría variable del alivio

Hechos

Los mercados petroleros amanecieron este lunes con notables descensos: el Brent, referencia global, cayó un 4,55% hasta los 98,83 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) cedía un 4,73% hasta los 92,03 dólares. Ambos índices marcaron sus niveles más bajos desde el 7 de mayo. Los analistas, entre ellos Saul Kavonic de MST Marquee, señalaron que los indicios de progreso en las negociaciones «proporcionan algo de luz al final del túnel». Sin embargo, la analista June Goh de SPARTA en Singapur advirtió que «no ha cambiado nada en el cuadro de fondo: diez u once millones de barriles diarios continúan bloqueados mientras el Estrecho de Ormuz permanezca cerrado». Las bolsas asiáticas repuntaron con fuerza —el índice Nikkei 225 japonés alcanzó un máximo histórico— descontando el posible alivio energético.

Implicaciones

La caída del precio del crudo es, por el momento, más psicológica que estructural. Las restricciones reales sobre el flujo de hidrocarburos no han variado ni un ápice: el Estrecho sigue cerrado a los buques iraníes, la infraestructura de la región ha sufrido daños cuya reparación requerirá meses, en algunos caso años, y las primas de riesgo del transporte marítimo y los fletes del seguro marítimo siguen disparadas. La volatilidad es la norma, y cualquier mensaje disonante de Washington o Teherán puede revertir en pocas horas las ganancias de los mercados. Para Europa —que importa una proporción significativa de su energía del Golfo Pérsico— la situación sigue siendo de alerta máxima, una realidad que los gobiernos del continente, acostumbrados a la desidia estratégica que vengo denunciando desde hace años, tardan demasiado en asimilar.

Perspectivas y escenarios

El consenso analítico apunta a que, incluso en el mejor de los casos, la normalización del flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz tardará entre cuatro y ocho semanas desde la firma de cualquier acuerdo. Los daños en infraestructura portuaria iraní y en la señalización de la navegación requerirán operaciones de desminado y reparación técnica. Las economías más expuestas —Japón, Corea del Sur, India, los países del sur de Europa— deberán continuar gestionando sus reservas estratégicas con prudencia. El nivel actual del Brent (por encima de los 98 dólares) supone todavía un incremento superior al 35% respecto a los precios previos al inicio del conflicto el 28 de febrero de 2026.

 

3. Turquía: ¿democracia o autocracia con procedimientos?

Hechos

La policía antidisturbios turca asaltó el domingo 24 de mayo la sede central del principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, Cumhuriyet Halk Partisi), en Ankara, disparando gases lacrimógenos y balas de goma contra los militantes y dirigentes que llevaban tres días parapetados en el interior del edificio. La operación, sancionada por una orden judicial, tenía por objeto desalojar al liderazgo elegido democráticamente del partido e imponer la dirección designada por los tribunales —tribunales cuya independencia respecto al ejecutivo de Recep Tayyip Erdoğan resulta, cuanto menos, cuestionable. Özgür Özel, presidente del CHP, publicó en vídeo que la sede estaba «bajo ataque» por el delito de haber convertido al CHP en el primer partido de Turquía. El alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu, principal rival electoral de Erdoğan y considerado candidato natural a la presidencia en 2028 lleva encarcelado desde marzo de 2025, acusado de corrupción en un proceso que la oposición, Amnistía Internacional y numerosos observadores occidentales califican de persecución judicial políticamente motivada.

Implicaciones

Lo que ocurre en Turquía no es una disputa jurídica interna de un partido: es la liquidación sistemática, con barniz judicial, de toda alternativa electoral creíble. Erdoğan lleva en el poder desde 2003 —primero como primer ministro, luego como presidente— y ha demostrado una capacidad extraordinaria para adaptarse y sobrevivir a todos los reveses, desde el intento de golpe de 2016 hasta la pérdida de las grandes ciudades en las elecciones municipales de 2019. La táctica es siempre la misma: utilizar el aparato judicial como arma, presentar cada medida como el resultado de procesos legales ordinarios, y negar ante Europa y la OTAN cualquier dimensión política. Lo cierto es que Turquía, miembro de la OTAN y país candidato a la adhesión a la Unión Europea desde hace décadas, exhibe hoy los síntomas de un autoritarismo  consolidado que hace imposible cualquier alternancia en el poder mediante mecanismos democráticos normales.

Perspectivas y escenarios

Las próximas elecciones presidenciales turcas no están previstas hasta 2028, aunque Erdoğan puede convocarlas anticipadamente si la correlación de fuerzas le favorece. Con İmamoğlu en prisión y el CHP sometido a una tutela judicial de facto, el escenario más probable es que Ankara continúe su deriva autocrática sin consecuencias significativas desde Bruselas o Washington —dada la importancia geoestratégica de Turquía en el flanco oriental de la OTAN y como país de tránsito de refugiados. La Unión Europea, que ya no contempla seriamente la adhesión turca, deberá decidir qué relación quiere mantener con un régimen que pisotea sistemáticamente los valores democráticos fundacionales de la Alianza Atlántica. El silencio de la clase política europea ante tan grave atropello de la democracia turca es una demostración más de la parálisis estratégica y cobardía política que caracteriza a buena parte de nuestros gobiernos.

 

4. Ucrania: el Oreshnik o la guerra que no podemos olvidar

Hechos

Rusia lanzó en la madrugada del domingo al lunes su mayor oleada de ataques aéreos contra Kiev desde el inicio de la guerra, empleando aproximadamente 600 drones de ataque y 90 misiles de distintas categorías, incluido —por tercera vez en el conflicto— el misil hipersónico balístico ORESHNIK, de alcance medio y capacidad nuclear. El Oreshnik impactó en la localidad de Bila Tserkva, en la región de Kiev. La defensa antiaérea ucraniana interceptó 549 drones y 55 misiles, pero el balance fue de al menos cuatro muertos y más de ochenta heridos, con daños en edificios residenciales, escuelas, un mercado y las inmediaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores. El Museo Nacional de Chernóbil, en el corazón de la capital, quedó gravemente dañado. La residencia del embajador albanés fue alcanzada. El presidente Volodímir Zelenski exigió desde el lugar «decisiones —de Estados Unidos, de Europa y de otros—» ante lo que calificó como una escalada injustificable.

Implicaciones

El Oreshnik es, en este momento, el arma más perturbadora del arsenal ruso convencional desplegado en Ucrania. Viaja, según datos de la Fuerza Aérea ucraniana, a 13.000 kilómetros por hora —es decir, a más de Mach 10— es maniobrable en la fase terminal de su trayectoria y puede portar ojivas tanto convencionales como nucleares. Ningún sistema de defensa antiaérea actualmente desplegado en Ucrania —ni el Patriot estadounidense, ni el SAMP/T franco-italiano, ni el IRIS-T alemán— tiene capacidad de interceptarlo con fiabilidad. Esto no es un detalle menor: es una ruptura del equilibrio operacional que Putin explota deliberadamente para transmitir un mensaje de impunidad tanto a Kiev como a los aliados occidentales. La utilización de este misil en el ataque más masivo sobre la capital desde el inicio de la guerra no es un accidente táctico: es un claro e inquietante mensaje estratégico.

Perspectivas y escenarios

El uso del Oreshnik plantea una pregunta incómoda que los cancilleres europeos prefieren eludir: si Rusia puede atacar Kiev con un misil indetectable y prácticamente imposible de interceptar, ¿qué garantías reales de seguridad tienen los países de la OTAN en el flanco oriental? La respuesta honesta es que la brecha entre la retórica de disuasión y la realidad del despliegue militar aliado sigue siendo preocupante. Europa necesita invertir urgentemente en sistemas de defensa antimisil de nueva generación, en capacidades de derribo hipersónico y en una doctrina de disuasión actualizada. El matonismo mafioso de Moscú, que este analista lleva años documentando, no retrocede ante la inacción: se retroalimenta y revigoriza con ella. Las negociaciones de paz que Washington promueve con Moscú —negociaciones de las que Kiev es informada con cuentagotas y no como protagonista— corren el serio riesgo de consolidar las conquistas territoriales rusas y de legitimar una paz injusta que sería sin duda el preludio de la siguiente agresión.

 

5. Huawei y el chip: la gran apuesta tecnológica de Pekín

Hechos

En el marco del Simposio Internacional IEEE sobre Circuitos y Sistemas (ISCAS) celebrado este lunes en Shanghái, He Tingbo, presidente de la división de semiconductores de Huawei, presentó lo que la compañía denomina la «Ley de Escala Tau» (Tau Scaling Law), un nuevo principio para mejorar el rendimiento de los chips cuando ya no es posible continuar reduciendo el tamaño de los transistores siguiendo la curva tradicional descrita por la Ley de Moore. El objetivo declarado por Huawei es diseñar, para el año 2031, chips de alta gama con una densidad de transistores equivalente a procesos de 1,4 nanómetros —umbral que se sitúa en la frontera global de la microelectrónica avanzada en ese horizonte temporal. La arquitectura denominada «LogicFolding», que acorta el recorrido interno de las señales dentro de los chips, se incorporará ya a los chips Kirin previstos para el otoño de 2026. Huawei afirmó haber diseñado y producido en masa 381 chips en los últimos seis años basándose en esta ley, aplicados a teléfonos inteligentes y computación de inteligencia artificial (IA).

Implicaciones

Este anuncio tiene una importancia estratégica que va mucho más allá de los parámetros técnicos de la microelectrónica. Las sanciones estadounidenses sobre semiconductores —la política denominada «jardín pequeño, valla alta» aplicada por Washington para restringir el acceso chino a los equipos de litografía ultravioleta extrema (EUV) de ASML y a los chips de diseño avanzado de TSMC, Nvidia e Intel— partían de la premisa de que China no podría superar autónomamente la barrera tecnológica sin acceso a esa maquinaria. Huawei no contradice esa premisa en los procesos de fabricación, donde efectivamente las sanciones siguen mordiendo con fuerza, pero propone una ruta alternativa: si no puedes fabricar transistores más pequeños, diseña arquitecturas que expriman al máximo el rendimiento de los transistores que puedes fabricar. Es la estrategia del ingeniero que no tiene el mejor material, pero sí el mejor plano. Si el anuncio se traduce en resultados verificables —algo que habrá que comprobar con datos independientes, ya que Huawei no los ha aportado aún— implicaría que las sanciones tecnológicas a China han sido un obstáculo serio, pero no definitivo. China puede tardar más, puede pagar un precio mayor en eficiencia energética, pero está decidida a alcanzar la frontera tecnológica por sus propios medios.

Perspectivas y escenarios

Este analista considera que el anuncio de Huawei debe leerse en clave geopolítica, no solo industrial. Pekín ha elevado la autonomía tecnológica a la categoría de objetivo de seguridad nacional de primer orden, y la rivalidad sistémica con Washington en el ámbito de los semiconductores —donde TAIWAN SEMICONDUCTOR MANUFACTURING COMPANY (TSMC) produce el 90% de los chips avanzados del mundo— es la trinchera más importante de la competencia chino-estadounidense del siglo XXI. Si Huawei logra sus objetivos de 2031, habrá demostrado que la estrategia de contención tecnológica de Washington tiene límites estructurales, lo que redefinirá el tablero de la rivalidad tecnológica global. La Unión Europea, entretanto, sigue sin una política industrial coherente en semiconductores que le permita no depender indefinidamente de Washington, Taiwán o de Pekín.

 

III. RACK DE MEDIOS

La cobertura internacional de las últimas 24 horas refleja las prioridades editoriales de cada gran espacio mediático, con llamativas divergencias en el énfasis y el encuadre (framing) de cada noticia.

Reuters y Associated Press (AP), como agencias de referencia global, ofrecen la cobertura más equilibrada de las negociaciones Irán-EE.UU., con especial atención a los matices de las declaraciones de Trump y a las contradicciones entre las fuentes iraníes moderadas y las vinculadas al IRGC. Al Jazeera y Al Arabiya cubren el conflicto iraní con un marcado interés en las implicaciones para los países del Golfo Pérsico —Arabia Saudí, Emiratos, Qatar—, que observan con enorme inquietud cualquier fórmula de acuerdo que consolide la posición iraní en la región.

The New York Times y The Washington Post dedican portada digital a Ucrania, con énfasis en la utilización del Oreshnik y en la exigencia de Zelenski de una respuesta occidental más contundente. The Times de Londres y The Telegraph centran su análisis en el flanco europeo de la crisis, preguntando abiertamente si las capitales del continente disponen de los medios para disuadir a Moscú. The Guardian, fiel a su línea editorial de izquierdas (otrora socialdemócrata) equilibra la condena al ataque ruso con un editorial crítico sobre el apoyo occidental condicionado a Ucrania.

Le Monde y Le Figaro, en posiciones editoriales distintas, convergen en la preocupación por Turquía: París observa el asalto a la sede del CHP como una señal de alarma para la arquitectura democrática de Europa, especialmente en un momento en que Ankara sigue siendo un interlocutor necesario en materia migratoria y de seguridad. Die Welt y la Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) abren con Ucrania en primera plana, mientras Die Zeit dedica un análisis de fondo a las implicaciones del anuncio de Huawei para la competitividad industrial europea.

El South China Morning Post, el China Daily y los medios oficiales chinos abordan el anuncio de Huawei con tono triunfalista, presentándolo como una victoria de la «autosuficiencia tecnológica» frente a las «sanciones ilegales» estadounidenses. Russia Today (RT) y TASS, previsiblemente, minimizan el ataque ruso a Kiev y lo presentan como una «respuesta proporcionada» a las ofensivas con drones ucranianos contra territorio ruso. Ukrinform y el Kyiv Independent ofrecen la crónica más detallada y dramáticamente precisa del bombardeo, con testimonios directos de los civiles.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

NIVEL

AMENAZA / RIESGO GEOPOLÍTICO

🔴 CRÍTICO

Uso del misil hipersónico Oreshnik por Rusia contra Kiev — tercera vez en el conflicto. Ataque de mayor envergadura sobre la capital ucraniana desde el inicio de la guerra. Sin defensa eficaz conocida. Riesgo de escalada con implicaciones para los estados limítrofes de la OTAN.

🔴 CRÍTICO

Strait of Hormuz / Bloqueo naval — Crisis energética global activa. Diez a once millones de barriles diarios fuera del mercado. Acuerdo Irán-EE.UU. incierto y reversible. Impacto severo sobre economías importadoras de energía.

🟠 ALTO

Turquía — Desmantelamiento judicial del principal partido de la oposición (CHP) con uso de la fuerza policial. Alcalde de Estambul encarcelado. Riesgo de degradación definitiva del Estado de derecho en un aliado de la OTAN.

🟠 ALTO

Mercados energéticos — Volatilidad extrema del precio del crudo. Reducción temporal por expectativas negociadoras, pero sin cambio estructural en el suministro. Riesgo de reversión brusca.

🟡 ELEVADO

Rivalidad tecnológica EE.UU.-China — Anuncio de Huawei sobre Ley de Escala Tau y objetivo de chips equivalentes a 1,4 nm para 2031. Señal de que las sanciones tecnológicas no son un cierre definitivo. Implicaciones para la política industrial occidental a medio plazo.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay días en que el análisis geopolítico se convierte en el ejercicio más ingrato que existe: no porque la realidad sea oscura —que lo es, ciertamente— sino porque la distancia entre lo que ocurre y lo que los gobiernos están dispuestos a reconocer resulta sencillamente insoportable para cualquier analista mínimamente observador.

Tomemos Ucrania. Rusia acaba de emplear el Oreshnik —un misil hipersónico que viaja a más de Mach 10 y para el que no existe defensa conocida en el arsenal occidental desplegado en Kiev— en el ataque más devastador sobre la capital ucraniana desde que comenzó la guerra. Y la respuesta de Occidente ha sido, esencialmente, condenar. Condenar y esperar. Zelenski lleva semanas exigiendo «decisiones», una palabra que en diplomacia sirve a menudo para señalar que las únicas potencias capaces de tomarlas no lo están haciendo. Mientras tanto, Trump negocia con Moscú sobre la cabeza de Kiev, en un proceso del que Ucrania es informada como actora secundaria en su propio destino. Que «el tiempo está de su lado» —como ha dicho sobre Irán— puede ser también la narrativa que Washington se construye para justificar una paz de conveniencia con Rusia que consolide las conquistas territoriales del agresor. Este analista lo ha advertido antes y lo repite ahora: una paz que premia la invasión es el preludio de la siguiente.

En Irán, la situación es igualmente compleja. La oligarquía yihadista de Teherán —nunca una teocracia en el sentido canónico del término, sino una estructura de poder militarizado con cobertura religiosa— está atrapada en la «paradoja del descabezamiento» que vengo describiendo desde hace semanas: el triunvirato del IRGC tiene el poder de facto pero carece de la autoridad simbólica y el peso personal de Jamenei para imponer concesiones a sus propios subordinados. El resultado es una negociación que se parece más a una sucesión de maniobras tácticas que a un proceso serio de paz. Trump, que en esto tiene razón, no debería precipitarse. Pero la arquitectura del acuerdo que emerge —con las cuestiones nucleares diferidas y la reapertura del Estrecho como moneda de cambio inmediata— recuerda demasiado a los errores de 2015.

Turquía es, desde el punto de vista de los valores, el caso más perturbador de todos los que hoy nos ocupan. Un país miembro de la OTAN —alianza que proclama basar su cohesión en la democracia liberal y el Estado de derecho— emplea a la policía antidisturbios para asaltar la sede del principal partido de la oposición, encarcela a su alcalde más popular por razones que toda la comunidad internacional considera políticamente motivadas, y opera un sistema judicial convertido en instrumento de la voluntad del ejecutivo. Europa observa. Y calla. O, en el mejor de los casos, emite declaraciones que Erdoğan ya sabe que no tendrán la menor consecuencia. La impunidad de Ankara es, también, una responsabilidad occidental.

Y luego está Huawei. El anuncio de la Ley de Escala Tau merece más atención de la que está recibiendo. La tesis de que las sanciones tecnológicas pueden contener indefinidamente el avance de China en semiconductores siempre me ha parecido más wishful thinking (pensamiento desiderativo y autoengañoso) que estrategia realista. Pekín ha identificado la autonomía tecnológica como una cuestión de supervivencia nacional, y cuando una gran potencia decide que algo es cuestión de supervivencia, los obstáculos se convierten en estímulos. No estoy diciendo que Huawei vaya a lograrlo —los detalles técnicos requieren verificación independiente— sino que la dirección del viaje es inequívoca. Europa, entretanto, carece de una política industrial coherente en semiconductores. Seguimos siendo espectadores de una rivalidad entre Washington y Pekín que definirá el orden tecnológico del siglo XXI, y en la que nuestros intereses no están plenamente representados por ninguno de los dos contendientes. EEUU porque está en una deriva de creciente tensión con sus aliados europeos y China porque se declara abiertamente en sus documentos estratégicos como enemigo de Occidente y no como rival o competidor. Es evidente que tenemos valores comunes con los EEUU y no con China, pero loas acontecimientos de las últimas dios décadas deberían haber despertado a los europeos de nuestra plácida e irresponsable siesta geoestratégica.

En suma: el mundo de hoy, lunes 25 de mayo de 2026, es un mundo en el que los principios del orden internacional liberal —la inviolabilidad de las fronteras, el Estado de derecho, la libertad de navegación los mares, la competencia tecnológica regulada— están siendo cuestionados simultáneamente por Moscú con bombas, por Pekín con su estrategia agresiva y cada vez más expansiva, por Ankara con togas judiciales manchadas por un gobierno cada vez más autoritario y por Teherán con la exportación del terrorismo, la amenaza nuclear y el estrangulamiento de Ormuz. La respuesta occidental, fragmentada, lenta y ombliguista, no está a la altura. No lo estuvo ayer. Y si no cambia de ritmo y de ambición, no lo estará nunca y los europeos estaremos condenados a ser víctimas pasivas de la miopía e irresponsabilidad de nuestros gobiernos y a convertirnos en “la Disneylandia con museos y castillos de verdad” como le dijo un alto dirigente del PCCH a mi compañero, y sin embargo gran amigo, el embajador Alejandro Alvargonzález.

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