Alan "Burbujita" Greenspan y Powell: los dos americanos que tienen el "truco" para disparar el Dow Jones
El punto de partida de TuMinutoEconomico es oportunista en el buen sentido: recuerda la burbuja del año 2000 justo cuando Powell deja la presidencia de la Fed. Su segundo mandato como chair expiró el 15 de mayo de 2026 y su relevo ya es oficial. En ese contexto, su cifra estrella —el Dow Jones +93% desde que Powell tomó posesión, según su cálculo— funciona como provocación: no habla de empresas, habla de política monetaria.
Lo más relevante no es si el porcentaje exacto baila un punto arriba o abajo. Es el argumento: los grandes ciclos de Bolsa han acabado dependiendo más de la liquidez que de la productividad. Y esa dependencia, insiste, no es accidental: es estructural desde que el dinero barato se convirtió en herramienta para apagar incendios.
“Alan Burbujita Greenspan”: la cultura de la Fed como fábrica de ciclos
TuMinutoEconomico no oculta su tesis ni su tono: el campeón de las burbujas habría sido Alan Greenspan, presidente de la Fed entre 1987 y 2006. Lo bautiza “Alan Burbujita” porque, en su lectura, la institución inauguró una cultura: sostener mercados cuando caen y, cuando toca, retirar el oxígeno.
Hay una idea que atraviesa su relato y que explica por qué el nombre de Greenspan sigue pesando: la Fed no solo fija tipos, fija expectativas. Si el mercado cree que el banco central saldrá al rescate, asume más riesgo. Esa es la semilla de la burbuja: no la tecnología, sino la convicción de que el suelo está asegurado.
Internet elevó productividad, pero la fiesta la pagó la liquidez
El analista concede un punto importante: la llegada de Internet y herramientas como Microsoft sí aumentaron productividad. El problema —dice— es confundir productividad con Bolsa. Para que el Nasdaq subiera como subió, no bastaba con innovación: hacía falta una política monetaria expansiva que empujara dinero hacia activos de riesgo.
Ese matiz es el que suele olvidarse cuando se reescribe la historia. En 2000 no “se pincharon las puntocom” porque de repente la gente se volvió racional. Se pincharon cuando el dinero dejó de ser gratis y el mercado tuvo que volver a valorar beneficios, no promesas. En ese relato, la tecnología fue el pretexto; la liquidez fue el combustible.
La lección central: “solo los banqueros centrales pinchan burbujas”
El corazón del discurso es rotundo: “Los únicos que pueden pinchar las burbujas son los banqueros centrales”. Su explicación es mecánica: cuando se inyecta liquidez, se infla el precio de los activos; cuando se retira, el castillo tiembla.
Esa idea enlaza 2000 con lo que vino después. En 2008, la respuesta a la crisis financiera amplificó el uso de estímulos y abrió la era del “rescate permanente”. En 2020, la pandemia lo llevó al extremo: liquidez masiva para evitar colapso. El resultado, según esta visión, es una Bolsa que aprendió a leer la política monetaria como si fuera el marcador del partido.
De 2008 y 2020 a hoy: el “especulador de bien” sigue el rastro del dinero
TuMinutoEconomico lo expresa con ironía: “un especulador de bien sigue la liquidez”. La frase resume un comportamiento real del mercado: no se compra solo por valor; se compra por viento de cola. Y el viento de cola, desde hace años, se llama balance del banco central, expectativas de tipos y promesas de apoyo.
La consecuencia es doble. Primero, se premia el riesgo: cuando el dinero es abundante, el precio de la prudencia cae. Segundo, se castiga la economía real: el capital se concentra en activos financieros y el ciudadano percibe que la inflación de su vida diaria no viene de su salario, sino del coste de todo lo demás.
Con Powell ya fuera del cargo, lo que queda es el dilema que TuMinutoEconomico señala sin adornos: ¿seguirá el mercado viviendo pendiente de la siguiente inyección, o se acostumbrará a un entorno donde la liquidez se trata como recurso escaso?
La respuesta no depende de un podcast: depende de si la nueva Fed quiere mantener el patrón de “apagar incendios” o si está dispuesta a asumir el precio de dejar que el mercado se purgue. Y esa decisión, como siempre, no se mide en titulares, sino en algo más tangible: volatilidad, crédito y coste de financiación. Porque cuando la liquidez se encarece, el mercado deja de ser un cuento de crecimiento y vuelve a ser una criba.