270 puntos al alza: energía y consumo levantan al Dow Jones
La sesión del jueves en Wall Street volvió a dibujar un mercado partido en dos. El Dow Jones Industrial sumó cerca de 270 puntos, un 0,55%, hasta los 49.265,67 puntos, impulsado por el tirón de energía y consumo defensivo. El S&P 500 apenas se movió, con un avance testimonial del 0,01% hasta 6.921,35 puntos, mientras que el Nasdaq Composite retrocedió un 0,44% hasta los 23.480,02 puntos y el Nasdaq 100 cedió alrededor de un 0,6%, hasta los 25.505,88 puntos.
Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono a diez años repuntó hasta el entorno del 4,18%, el petróleo subió más de un 4,5% y un índice de defensa marcó máximos históricos tras el anuncio de un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares por parte de Donald Trump.
El diagnóstico de la jornada es nítido: rotación silenciosa hacia sectores “duros” —energía, defensa, consumo básico— y toma de beneficios en tecnología, mientras el mercado contiene la respiración a la espera del dato de empleo de este viernes.
Un Wall Street en modo balancín
La crónica del día podría resumirse en una imagen: el Nasdaq y el Dow intercambiando papeles. Si el miércoles fue el tecnológico quien tiró del carro, este jueves el movimiento fue exactamente el contrario. El Dow, mucho más expuesto a energía, financieras, industriales y consumo defensivo, lideró las ganancias, mientras el universo tecnológico volvía a corregir.
El avance de 270 puntos en el Dow contrasta con un S&P 500 prácticamente congelado, atrapado entre los sectores que suben y los que corrigen. El mercado de opciones refleja esa indecisión: volatilidad moderada, volúmenes contenidos y pocas apuestas extremas a uno u otro lado.
Los operadores hablan de un “mercado de equilibrio inestable”: hay razones para seguir comprando —crecimiento aún positivo, inflación moderándose, expectativas de recorte de tipos—, pero también motivos para la cautela —valoraciones exigentes, tensiones geopolíticas y un banco central que repite que no tiene prisa por relajar su política.
Energía y defensa, los grandes ganadores del día
La combinación de tensión geopolítica en Venezuela, amenazas cruzadas y un presupuesto militar récord fue gasolina para dos de los sectores más sensibles al riesgo político: energía y defensa. El índice de petroleras y servicios de crudo del S&P 500 encabezó las subidas, con avances superiores al 3% en algunos valores, favorecido por un Brent que llegó a rebotar más de un 4,5% en la sesión hasta la zona de los 62 dólares.
En paralelo, el índice de aeroespacial y defensa marcó un nuevo máximo histórico, impulsado por las palabras de Trump defendiendo un presupuesto de 1,5 billones de dólares para el Pentágono. Los inversores parecen descontar años de flujo de caja relativamente estable para grandes contratistas, al margen del ruido político de corto plazo.
“El mensaje es claro: más tensiones, más gasto en armas y más visibilidad para las cuentas de las grandes de defensa”, resumía un gestor estadounidense. En un entorno de tipos aún altos, esa visibilidad se paga con primas que otros sectores, más cíclicos o volátiles, ya no pueden exigir.
Costco y Constellation Brands, símbolos del consumo que resiste
La fotografía del día en el lado micro la firman Costco y Constellation Brands. El gigante de la distribución se anotó alrededor de un 3,7% tras publicar ventas de diciembre por encima de lo previsto, consolidando su narrativa de ganador en un contexto en el que el consumidor busca precio, volumen y previsibilidad. Su modelo de cuotas y oferta “antiinflación” sigue funcionando como refugio para las clases medias.
Por su parte, Constellation Brands —grupo de bebidas que controla marcas como Corona o Modelo en Estados Unidos— se disparó en torno a un 5,3% después de batir expectativas de beneficios. El mercado lee en estas cifras una combinación de elasticidad de la demanda —el consumo de cerveza y alcohol premium aguanta incluso con tipos altos— y buena ejecución operativa.
No es casual que ambos valores figuren en el lado ganador el mismo día. Representan un tipo de compañía que el mercado está dispuesto a premiar en 2026: negocio defensivo, generación de caja sólida y capacidad para trasladar parte de la inflación al precio final sin destruir demanda.
Tecnología paga el precio de la fiebre por la IA
En el otro extremo de la tabla, la tecnología volvió a ser el lastre. El sector cayó en su conjunto y el índice de semiconductores encadenó una nueva jornada de corrección, con caídas de entre el 1,1% y el 3,2% en nombres como Nvidia, Broadcom o Microsoft.
Tras un año de revalorizaciones que en algunos casos superaron el 150%, cualquier señal de tensión —ya sea en tipos, en regulación o en competencia— sirve como excusa para recoger beneficios. El mercado empieza a preguntarse si la ola de inversión en inteligencia artificial justifica múltiplos que, en algunos valores, superan las 40 veces beneficios futuros.
Al fondo, aparece otro dato inquietante: el informe anual de la consultora Challenger, Gray & Christmas sitúa ya a la IA como el tercer motivo declarado de despidos en Estados Unidos, por detrás de la debilidad de la demanda y los ajustes de costes. “La narrativa de productividad está ahí, pero también la de sustitución de empleo”, apuntan fuentes del sector. Esa tensión entre promesa tecnológica y coste social añade capas de volatilidad al Nasdaq.
Vivienda: castigo político y rebote bursátil
Uno de los movimientos más llamativos del día fue el fuerte rebote del sector vivienda. El índice de promotoras y constructoras subió entre un 3,4% y un 4,3%, recuperando buena parte del terreno perdido en la jornada anterior, cuando se hundió tras el anuncio de Trump de prohibir la compra de viviendas unifamiliares por parte de inversores institucionales.
La iniciativa, presentada como un intento de contener los precios de la vivienda, generó un auténtico terremoto en fondos y REITs expuestos al alquiler residencial. Sin embargo, el mercado parece interpretar ahora que la medida tendrá más impacto en grandes propietarios que en la demanda de vivienda nueva, lo que beneficia a los constructores frente a los intermediarios financieros.
La lectura de fondo es clara: la política de vivienda entra de lleno en la agenda de riesgo para el capital institucional, y cualquier cambio regulatorio puede redistribuir valor entre agentes sin alterar necesariamente el volumen total de construcción.
El empleo y la Fed, en el centro de todas las miradas
En el plano macro, todo gira ya en torno al informe de empleo de diciembre que se publica este viernes. El consenso maneja cifras en torno a 60.000-70.000 nuevos puestos de trabajo, una ligera desaceleración respecto a los 64.000 del mes anterior, y una caída mínima de la tasa de paro del 4,6% al 4,5%.
Un mercado laboral que se enfría pero no se hunde es el escenario ideal para quienes confían en un “aterrizaje suave” de la economía estadounidense. Sin embargo, cualquier sorpresa puede inclinar la balanza: una cifra demasiado fuerte reavivaría el miedo a que la Fed mantenga los tipos altos durante más tiempo; un dato muy débil alimentaría los temores de recesión.
La subida del rendimiento del bono a diez años hasta el 4,18%, sumada a la expectativa de al menos dos recortes de tipos a lo largo de 2026, refleja esa tensión. El banco central ha insinuado que solo ve un recorte en el horizonte, pero los futuros de fondos federales siguen apostando por un calendario más agresivo. Y en medio de ese pulso, cada dato de empleo o inflación se convierte en un evento de riesgo.
Dólar fuerte, Europa débil y materias primas al alza
Fuera de Estados Unidos, el mapa fue menos benigno. El MSCI global cedió alrededor de un 0,2%, arrastrado por un STOXX 600 europeo en negativo (-0,19%), con la tecnología también como principal perdedor en el Viejo Continente. La narrativa se repite: beneficios sólidos pero múltiplos en entredicho.
El dólar se apreció en torno a un 0,2%, hasta la zona de 98,9 puntos en su índice frente a una cesta de divisas, mientras el euro encadenó su octava sesión de debilidad. Un billete verde fuerte complica todavía más las cosas para emergentes endeudados en dólares y para empresas europeas con costes energéticos elevados.
En materias primas, el crudo fue el gran protagonista, con el WTI superando los 57 dólares y el Brent acercándose a 62 dólares por barril. El oro, por su parte, se mantuvo prácticamente plano en torno a los 4.450 dólares la onza, consolidando su papel de cobertura moderada más que de refugio extremo.
