Wall Street despega: el Dow suma más de 430 puntos en una sesión
La semana ha arrancado con un golpe de optimismo en Wall Street. El Dow Jones Industrial Average llegó a subir 438 puntos, en torno a un 0,90%, impulsado por unos datos de manufacturas claramente mejores de lo previsto. El S&P Global PMI manufacturero avanzó hasta 52,4 puntos en enero frente a los 51,8 de diciembre, mientras que el índice del ISM saltó de 47,9 a 52,6 puntos, regresando a terreno de expansión. La reacción fue inmediata: el Nasdaq 100 ganaba un 0,67% y el S&P 500 progresaba un 0,44% a media sesión. En divisas, el movimiento fue el inverso: el euro caía un 0,49%, hasta los 1,1795 dólares, reflejando un dólar reforzado por la mejora del ciclo estadounidense. La cuestión ahora es si este rebote es un punto de inflexión duradero o solo otro episodio de volatilidad en un mercado que vive pendiente de la Reserva Federal.
Un arranque de semana con el foco en la industria
El dato clave de la jornada ha sido el comportamiento del sector manufacturero estadounidense en enero. La combinación de un Dow disparado más de 430 puntos y unos índices tecnológicos en verde muestra que el mercado ha interpretado las cifras como una señal de “aterrizaje suave” de la economía. La sesión se desarrolla, además, después de varias semanas marcadas por la tensión en los tipos de interés y el temor a una desaceleración más brusca.
Los inversores llegaban a este lunes con una mezcla de cansancio y prudencia. Las últimas reuniones de la Reserva Federal habían enfriado las expectativas de recortes de tipos agresivos, mientras que algunos indicadores adelantados apuntaban a pérdida de tracción. En este contexto, que la industria —habitual “termómetro” del ciclo— vuelva a marcar expansión actúa como catalizador.
En términos prácticos, un PMI por encima de 50 puntos señala crecimiento, y que ambos indicadores (S&P Global e ISM) se sitúen ya claramente sobre esa frontera lanza un mensaje potente: la economía real aguanta mejor de lo previsto, incluso con tipos elevados.
El salto del ISM: de la contracción a la expansión
El movimiento más llamativo no es tanto el del PMI de S&P Global, que ya venía en terreno expansivo, sino el del ISM manufacturero, que ha pasado de 47,9 a 52,6 puntos en un solo mes. La industria estadounidense deja así atrás una fase de contracción prolongada y se instala de nuevo en la zona que los economistas asocian con crecimiento.
Este salto tiene varias lecturas. En primer lugar, sugiere que la demanda interna y externa ha resistido mejor de lo descontado pese al endurecimiento monetario. En segundo término, implica que las empresas empiezan a ver con menos pesimismo sus carteras de pedidos, lo que puede traducirse en inversión y empleo en los próximos trimestres.
Para el mercado, este giro del ISM funciona como una validación del escenario central con el que muchos gestores trabajaban en silencio: una desaceleración controlada, sin recesión técnica, acompañada de una moderación paulatina de la inflación.
Sin embargo, el propio movimiento tan brusco de un mes a otro invita a la cautela. Este tipo de indicadores son volátiles y pueden corregir en las próximas lecturas. La industria sigue siendo el eslabón más sensible a cualquier enfriamiento global o a nuevos shocks en materias primas o comercio internacional.
El relato del ‘soft landing’ gana fuerza en Wall Street
La reacción inmediata de las bolsas refuerza la narrativa que más gusta ahora mismo a los mercados: la del “soft landing” o aterrizaje suave. Una economía que se enfría lo suficiente como para domar la inflación, pero no tanto como para entrar en recesión. Los datos de hoy encajan casi a la perfección con ese guion.
El avance del Dow en torno al 0,9%, con más de 430 puntos de subida, refleja la entrada de dinero en valores cíclicos y grandes industriales, precisamente los más sensibles al ciclo económico. A su vez, el comportamiento positivo del Nasdaq 100, con alzas del 0,67%, indica que el apetito por el riesgo se mantiene también en los segmentos de crecimiento y tecnología.
Este hecho revela otro elemento importante: los inversores empiezan a ver compatible un crecimiento razonable con la idea de que la Fed no tendrá que subir mucho más los tipos. El diagnóstico implícito es que el endurecimiento ya aplicado ha sido suficiente para enfriar los excesos, pero no para estrangular la actividad.
La consecuencia es clara: cada dato que confirme fortaleza sin tensiones inflacionistas será interpretado como combustible para prolongar el ciclo alcista de la renta variable, al menos en Estados Unidos.
Un dólar más fuerte y un euro que pierde terreno
Mientras Wall Street celebraba el buen dato de manufacturas, el euro se debilitaba un 0,49% hasta los 1,1795 dólares. El movimiento ilustra cómo el mercado de divisas reacciona de forma casi automática al diferencial de crecimiento y de expectativas entre las dos orillas del Atlántico.
Un Estados Unidos con industria en expansión y un mercado laboral todavía tenso tiende a atraer capitales globales, lo que fortalece al dólar. En paralelo, la eurozona sigue arrastrando dudas sobre su capacidad de recuperación, con Alemania como principal foco de preocupación y varios indicadores adelantados aún en niveles muy débiles.
Para las empresas europeas, un euro más débil tiene un doble efecto. Por un lado, mejora la competitividad de las exportaciones denominadas en euros. Por otro, encarece las importaciones de materias primas y energía cotizadas en dólares, lo que puede añadir presión a los costes en un momento en el que muchas compañías tratan de reconstruir márgenes.
El contraste con Estados Unidos resulta demoledor: mientras la industria norteamericana marca expansión, buena parte del tejido manufacturero europeo sigue atrapado entre la debilidad de la demanda y la factura energética.
Sectores que lideran y sectores que se quedan atrás
Aunque los índices avanzan en bloque, no todos los sectores se benefician por igual de este giro en el sentimiento. Valores industriales, compañías de materiales y algunos bancos suelen ser los primeros en reaccionar a señales de mejora del ciclo. Son los grandes beneficiados cuando el mercado interpreta que el crecimiento se alarga sin excesos inflacionistas.
También se ve respaldo para segmentos vinculados a la inversión empresarial y a la infraestructura, que dependen directamente de las decisiones de capex de las compañías. Si la industria ve más visibilidad, es más probable que desbloquee proyectos aparcados en los últimos trimestres.
Sin embargo, no todo son ganadores. Unos datos de actividad más sólidos pueden retrasar el calendario de recortes de tipos de la Fed, lo que no es necesariamente una buena noticia para sectores muy sensibles al coste de la financiación, como el inmobiliario o parte del consumo discrecional. Además, algunas grandes tecnológicas que han subido de forma casi ininterrumpida durante meses pueden ver cómo el mercado rota parcialmente hacia sectores más cíclicos.
En suma, la sesión de hoy parece marcar una rotación saludable, pero también recuerda que el mercado sigue siendo extremadamente selectivo.
Europa mira de reojo: el espejo incómodo para el BCE
Lo que ocurre en Wall Street nunca es irrelevante para Europa. Que la industria estadounidense recupere pulso mientras la manufactura europea sigue débil plantea un desafío añadido para el Banco Central Europeo. Si el diferencial de crecimiento se amplía, el BCE tendrá menos margen para mantener una política demasiado restrictiva sin ahogar aún más la actividad.
El diagnóstico es inequívoco: Estados Unidos está saliendo antes y con más fuerza del bache industrial. Esto tiene implicaciones directas para la competitividad y para la atracción de inversión. Los flujos de capital tienden a dirigirse hacia los mercados donde la combinación de crecimiento y seguridad jurídica es más favorable.
Para los inversores europeos, la tentación de aumentar exposición a activos estadounidenses se refuerza con cada dato de este tipo. Al mismo tiempo, la debilidad del euro frente al dólar convierte en más rentable, en términos relativos, cualquier subida del S&P 500 o del Dow para un inversor que piense en euros.
Sin embargo, el riesgo para Europa es claro: quedarse instalada en un crecimiento raquítico mientras otras economías aprovechan la salida del ciclo de tipos altos para modernizar su tejido productivo.
