El FTSE 100 lidera el rebote europeo con un alza del 1,16%
Las bolsas europeas han arrancado la semana en verde, con subidas de hasta el 1,2% impulsadas por un inesperado repunte del consumo en Alemania y Suiza y mejores datos de actividad industrial. El CAC 40 avanzó un 0,67%, el FTSE 100 se anotó un 1,16%, el DAX alemán subió un 1,17% y el Euro Stoxx 50 ganó un 1,02% al cierre. La mejora de los PMI manufactureros en la eurozona —hasta 49,5 puntos, máximo de dos meses— y el salto de la industria británica a su nivel más alto en 17 meses han servido de bálsamo para unos inversores muy castigados por la volatilidad reciente. Sin embargo, la fortaleza del dólar ha puesto la nota discordante: el euro cayó un 0,40% hasta el entorno de los 1,18 dólares, mientras la libra cedía un 0,21% hasta cerca de 1,37 dólares. La consecuencia es clara: el mercado celebra los datos, pero sigue mirando de reojo a los bancos centrales y a la evolución de la inflación.
Un arranque de semana en verde
La sesión de este lunes ha supuesto un respiro para las bolsas europeas tras varias jornadas marcadas por la cautela. El Euro Stoxx 50, referencia del continente, sumó un 1,02%, con el empuje de los sectores industrial, consumo discrecional y financiero, que lideraron las compras. El DAX alemán, especialmente sensible al ciclo económico, avanzó un 1,17%, mientras el CAC 40 francés ganó un 0,67% y el FTSE 100 londinense se anotó un sólido 1,16% apoyado en el tirón de las grandes compañías exportadoras.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado ha querido ver en los datos publicados una señal de que el deterioro económico podría estar tocando fondo en Europa. La subida de los índices se produce además en un contexto en el que la volatilidad implícita sobre las acciones europeas se ha moderado hasta la zona de 16-17 puntos, lejos de los máximos superiores a 25 vistos en los momentos de mayor tensión. Este hecho revela que, al menos por ahora, los inversores están dispuestos a asumir algo más de riesgo, confiando en que el ciclo de subidas de tipos de interés se acerque a su final o, como mínimo, entre en una fase de pausa prolongada.
El consumo en Alemania y Suiza da la sorpresa
El principal estímulo de la jornada ha llegado del lado del consumo. Alemania, tradicionalmente señalada como el “enfermo” europeo en los últimos trimestres, registró un incremento del 1,5% interanual en las ventas minoristas del mes de diciembre. Se trata de una mejora significativa tras varios meses de caídas o crecimientos testimoniales, y sugiere que los hogares comienzan a adaptarse a un entorno de precios aún elevados pero más contenidos que hace un año. En Suiza, las ventas minoristas avanzaron un 2,9%, apuntalando la idea de que el consumo en el centro de Europa ofrece una resistencia mayor de la prevista.
Lo más relevante no es solo el dato puntual, sino el cambio de tendencia: frente a descensos acumulados de más del 3% en algunos tramos de 2023, un rebote de esta magnitud indica que parte del ahorro embalsado durante los años de pandemia empieza a volver a la economía real. Según varias casas de inversión, la mejora del comercio minorista alemán podría sumar entre 0,2 y 0,3 puntos al crecimiento del PIB del primer trimestre si se consolida en los próximos meses. El contraste con la narrativa dominante de recesión inminente en la mayor economía europea resulta, por tanto, especialmente significativo.
La industria europea asoma la cabeza
Más allá del comercio, la atención de los inversores se ha centrado en los indicadores de actividad industrial. El PMI manufacturero de la eurozona subió hasta 49,5 puntos, máximo de dos meses y muy cerca de la barrera de 50 que separa la contracción de la expansión. Aunque la industria europea sigue técnicamente en terreno recesivo, el paso desde los niveles de 47-48 puntos registrados hace apenas unos meses supone una mejora que el mercado ha querido premiar.
En el Reino Unido, la sorpresa ha sido aún mayor: la actividad manufacturera alcanzó un máximo de 17 meses, rompiendo una racha prolongada de debilidad. Este repunte se explica en parte por la normalización de los cuellos de botella en las cadenas de suministro y por la ligera mejora de la demanda externa, con pedidos procedentes de Estados Unidos y Asia más sólidos que a mediados del año pasado. Los analistas advierten, no obstante, de que una industria que sigue al borde de la contracción difícilmente puede sostener por sí sola una recuperación robusta, especialmente con los tipos de interés oficiales aún en torno al 4% en la eurozona y por encima del 5% en Reino Unido. Aun así, el mensaje de los datos es claro: el peor momento podría haber quedado atrás.
El contraste con otros mercados resulta elocuente
Mientras Europa celebraba sus pequeñas buenas noticias, el comportamiento de otros mercados ha permitido medir cuánto crédito están otorgando los inversores a este rebote. En Estados Unidos, los futuros sobre los principales índices mostraban avances más moderados, pendientes de próximos datos de inflación y del tono de la Reserva Federal. El contraste es llamativo: Europa reacciona a un ligero giro en los datos con subidas superiores al 1%, mientras Wall Street mantiene la cautela, asumiendo que el ciclo de tipos en dólares sigue siendo el verdadero ancla del sistema financiero global.
En Asia, por su parte, la sesión estuvo marcada por la debilidad de las bolsas chinas, todavía lastradas por la crisis inmobiliaria y el menor apetito de los inversores internacionales. El resultado es un mapa global desigual, en el que Europa intenta despegar desde niveles claramente deprimidos —muchos índices aún se mueven un 10-15% por debajo de sus máximos históricos—, mientras Estados Unidos consolida y China sigue buscando suelo. Este contexto explica en buena medida por qué cualquier signo de estabilización en los datos europeos tiene un efecto multiplicador en las cotizaciones del Viejo Continente.
Divisas en retroceso pese al optimismo bursátil
La nota discordante de la jornada ha venido del mercado de divisas. Pese al buen tono de las bolsas, el euro se depreció en torno a un 0,40% frente al dólar, hasta el entorno de los 1,18 dólares, mientras la libra esterlina cedía alrededor de un 0,21% hasta la zona de 1,37 dólares. Este movimiento refleja que, para los operadores de forex, el mensaje central sigue siendo la fortaleza relativa de la economía estadounidense y la expectativa de que la Reserva Federal mantenga los tipos altos durante más tiempo que el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra.
La aparente contradicción —bolsas al alza y divisas débiles— tiene una explicación lógica. Una moneda algo más barata mejora la competitividad de las exportaciones europeas, lo que beneficia especialmente a los grandes índices dominados por multinacionales industriales y de consumo. En otras palabras, el mercado de renta variable está apostando a que una combinación de crecimiento modesto y divisa más débil puede mejorar los beneficios empresariales, incluso aunque el ciclo monetario empiece a girar hacia tipos algo más bajos en la eurozona en los próximos trimestres. No obstante, una caída excesiva del euro reavivaría el riesgo de importar inflación a través de la energía y las materias primas, un escenario que el BCE vigila de cerca.
Los riesgos que el mercado decide aparcar
A pesar del tono claramente positivo de la sesión, los riesgos de fondo no han desaparecido. La inflación subyacente en la eurozona se mantiene aún en torno al 2,5-3%, por encima del objetivo del 2% del BCE, y la deuda pública de varios países supera con holgura el 110% del PIB, lo que limita el margen para nuevos estímulos fiscales. A ello se suman las tensiones geopolíticas, desde Oriente Medio hasta Ucrania, y la incertidumbre política en varios Estados miembros, factores que pueden reavivar la volatilidad en cualquier momento.
Lo más grave es que buena parte del rebote actual descansa en la expectativa de un “aterrizaje suave” de la economía global: desaceleración, sí, pero sin recesión profunda ni repunte abrupto del paro. Si los próximos datos de empleo o inflación contradicen esta narrativa, el ajuste de las valoraciones podría ser rápido y doloroso. La consecuencia es clara: la sesión en verde de este lunes no borra meses de dudas, pero sí muestra que el mercado está dispuesto a dar una nueva oportunidad al ciclo europeo si los datos acompañan.
