Los ingresos de Biogen en el cuarto trimestre caen un 7%, hasta 2.300 millones de dólares
Biogen cierra 2025 con pérdidas trimestrales y una caída del 7% en ventas, reflejo del desgaste de su franquicia de esclerosis múltiple y del coste de reorientar el grupo hacia Alzheimer y enfermedades raras. El mercado recibe los resultados con cautela, pero valora la solidez de la caja y una guía de beneficio para 2026 que supera las previsiones pese a anticipar menos ingresos.
Biogen entra en pérdidas y acelera su giro estratégico hacia Alzheimer
Biogen Inc. ha puesto cifras a un proceso que el mercado lleva tiempo descontando. El cuarto trimestre de 2025 confirma que el modelo histórico de la compañía, apoyado durante años en los tratamientos para la esclerosis múltiple, ha entrado en una fase de agotamiento estructural. Al mismo tiempo, empieza a tomar forma una “nueva Biogen”, más expuesta a Alzheimer, ELA y enfermedades raras, pero todavía incapaz de compensar por completo el retroceso del negocio legacy.
En el trimestre, la biotecnológica estadounidense ingresó 2.300 millones de dólares, un 7% menos que un año antes, y registró unas pérdidas netas de 48,9 millones, frente al beneficio de 266,8 millones del mismo periodo de 2024. El beneficio por acción diluido pasó de 1,83 dólares a pérdidas de 0,33 dólares. En el conjunto del ejercicio, los ingresos apenas crecieron un 2%, hasta 9.900 millones, mientras que el beneficio neto cayó un 20%, hasta 1.300 millones, y el BPA se redujo un 7%, hasta 15,28 dólares.
Pese a este deterioro contable, el mercado evitó una reacción negativa inmediata. En la preapertura, las acciones subían en torno a un 1,4%, reflejando que buena parte de las malas noticias ya estaban incorporadas en el precio y que la atención de los inversores se desplazaba hacia la guía para 2026 y la evolución de los nuevos tratamientos.
Un trimestre en rojo que el mercado interpreta como transición
El cuarto trimestre no se lee como un deterioro abrupto del negocio, sino como una fotografía incómoda de un grupo en plena transición estratégica. La pérdida neta está explicada en gran medida por partidas extraordinarias, entre las que destaca un cargo de unos 222 millones de dólares en I+D en proceso adquirido, vinculado a operaciones corporativas recientes y a la reorganización de la cartera de proyectos.
Este impacto puntual llevó el margen neto a terreno negativo, pese a que Biogen sigue generando caja de forma recurrente. En términos ajustados, el beneficio por acción del trimestre se situó en torno a los 2 dólares, por encima de las previsiones del consenso, lo que suaviza la lectura más alarmista de unos resultados en pérdidas.
El mensaje que lanza la dirección es claro. Bajo el liderazgo de su consejero delegado, Christopher Viehbacher, la compañía ha optado por sacrificar rentabilidad a corto plazo para reforzar un pipeline que le permita volver a competir en áreas de alto crecimiento. El mercado entiende que el coste de esta transición es elevado, pero también que no había alternativas realistas para sostener el negocio a medio plazo.
Ingresos planos, beneficio a la baja y la caja como ancla
Más allá del trimestre, las cifras anuales dibujan un perfil mixto que explica la división de opiniones entre los inversores. Los ingresos de 2025 apenas avanzan un 2%, consolidando la percepción de estancamiento comercial. El beneficio neto, en cambio, cae un 20%, reflejo del aumento de costes en investigación, integración de adquisiciones y reestructuración interna.
La gran diferencia frente a ejercicios anteriores es la fortaleza del balance. Biogen cerró el año con un flujo de caja operativo cercano a los 2.200 millones de dólares y unas inversiones en capital muy contenidas, de apenas 154 millones. El resultado es una caja libre próxima a los 2.100 millones, suficiente para reducir deuda, sostener el esfuerzo en I+D y mantener flexibilidad estratégica.
A cierre de 2025, la compañía contaba con unos 4.200 millones de dólares en efectivo frente a 6.300 millones de deuda, lo que arroja una deuda neta cercana a los 2.000 millones. Para el mercado, este dato es clave. Lo que se discute no es la solvencia de Biogen, sino su capacidad para transformar esa solidez financiera en crecimiento real de ingresos antes de que se acelere el declive de la esclerosis múltiple.
Alzheimer y ELA ganan peso en la narrativa
El principal argumento a favor de la tesis de inversión está en la evolución de los nuevos tratamientos. Leqembi, el fármaco contra el Alzheimer desarrollado junto a Eisai, incrementó sus ventas globales alrededor de un 54% interanual, hasta unos 134 millones de dólares en el cuarto trimestre, ligeramente por encima de las previsiones del mercado.
Aunque la cifra sigue siendo modesta en relación con el tamaño del grupo, la tendencia es inequívoca. Biogen empieza a posicionarse en un mercado potencial de gran escala, con cientos de miles de pacientes y un elevado interés por parte de los sistemas sanitarios, siempre que se despejen las dudas regulatorias y de reembolso.
En paralelo, la cartera de enfermedades raras y neurodegenerativas gana peso relativo. Productos como Skyclarys, Qalsody y las terapias dirigidas a la esclerosis lateral amiotrófica crecen a tasas de doble dígito, aunque todavía representan una fracción limitada del total. Este cambio en el mix de ingresos es el eje de la estrategia defendida por Viehbacher desde su llegada.
El declive inevitable de la esclerosis múltiple
El reverso de este crecimiento es el desgaste progresivo del negocio histórico. La franquicia de esclerosis múltiple, durante años columna vertebral de la cuenta de resultados, sigue perdiendo tracción. Fármacos emblemáticos como Tecfidera o Tysabri sufren la presión combinada de genéricos y nuevas terapias más eficaces o cómodas.
En 2025, los ingresos de Tecfidera cayeron alrededor de un 14%, hasta 917 millones de dólares, mientras que otros productos de EM registraron descensos de un solo dígito alto. Aunque estos tratamientos siguen representando una parte relevante de las ventas, su peso disminuye año tras año.
El desafío para Biogen es de velocidad. No basta con que los nuevos fármacos crezcan; deben hacerlo lo suficientemente rápido como para compensar la erosión de un negocio maduro que cae de forma sostenida. El mercado ha dejado claro que no premiará la narrativa de transición indefinida: exige resultados tangibles y plazos creíbles.
Guía 2026: menos ingresos, más disciplina
La orientación para 2026 confirma que el proceso de transformación continuará siendo exigente. Biogen prevé una caída de ingresos de un dígito medio, en torno al 5% a tipos de cambio constantes, en línea con el consenso. La explicación es directa: el retroceso de la esclerosis múltiple seguirá pesando más que el crecimiento de Alzheimer y enfermedades raras durante los próximos doce meses.
La paradoja es que, pese a vender menos, la compañía espera mejorar el beneficio. La guía apunta a un BPA ajustado de entre 15,25 y 16,25 dólares, por encima de las previsiones del mercado. El grupo confía en que el plan de eficiencia presentado en 2023, con un objetivo de ahorro de 1.000 millones de dólares, y la mejora del mix de productos permitan sostener márgenes.
El mensaje al inversor es que 2026 será todavía un año de transición. El verdadero examen llegará cuando los nuevos tratamientos alcancen suficiente escala como para devolver a Biogen a una senda clara de crecimiento en ingresos.
La reacción del mercado y la valoración
La subida del 1,4% en la preapertura sugiere que el mercado ha recibido los resultados con alivio. Tras varios ejercicios de elevada volatilidad y caídas acumuladas de dos dígitos en 2024, el listón de expectativas era bajo. El hecho de que los beneficios ajustados superen previsiones y que la guía de BPA sea algo más optimista ha sido suficiente para evitar un castigo inmediato.
En términos de valoración, Biogen cotiza con un PER adelantado cercano a 12 veces, claramente por debajo de otros grandes grupos farmacéuticos con mayor visibilidad de crecimiento. Ese descuento refleja tanto el riesgo regulatorio asociado al Alzheimer como la incertidumbre sobre la velocidad del declive de la esclerosis múltiple.
Para muchos gestores, la cuestión no es si Biogen es barata, sino si el descuento compensa una volatilidad que previsiblemente seguirá siendo elevada mientras la transición no esté completada.
Un sector que no perdona retrasos
El contexto sectorial añade presión. Mientras compañías como Eli Lilly o Novo Nordisk disfrutan de crecimientos de doble dígito impulsados por los fármacos contra la obesidad, Biogen compite en áreas donde la adopción es más lenta, el escrutinio regulatorio mayor y la visibilidad comercial más limitada.
La comparación es inevitable y desfavorable a corto plazo. Sin embargo, también existe un argumento estructural a favor: si los tratamientos modificadores de la enfermedad en Alzheimer consolidan su papel, el potencial de ventas a medio plazo es comparable al de otras áreas hoy de moda. El problema es que el mercado exige pruebas, no promesas.
El veredicto para el inversor
La fotografía que dejan las cuentas de 2025 es la de una compañía en pleno cambio de piel. Los riesgos son claros: dependencia de decisiones regulatorias clave, posible desaceleración en la adopción de Leqembi y una franquicia de esclerosis múltiple que seguirá perdiendo peso. Las oportunidades también lo son: una posición de caja sólida, un pipeline reforzado y margen financiero para seguir invirtiendo.
Para el inversor, Biogen se ha convertido en una apuesta binaria. Si la transición hacia Alzheimer y enfermedades raras se consolida, el descuento actual podría ofrecer recorrido. Si no, 2026 corre el riesgo de ser otro año de espera en una historia que el mercado empieza a exigir que se resuelva.