Geopolítica | Semana 1 de 2026: la doctrina Trump en acción

Estados Unidos mueve el tablero global: tres frentes abiertos y un coste inmediato para aliados y mercados

La primera semana completa de enero de 2026 ha dejado una señal difícil de ignorar: Washington vuelve a marcar el ritmo en tres teatros a la vez —América Latina, Oriente Medio y el Ártico— con una mezcla de presión política, gestos unilaterales y mensajes que elevan el umbral de incertidumbre. El resultado es una geopolítica más “operativa” y menos diplomática, y un mercado que vuelve a poner precio al riesgo.

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EPA/AARON SCHWARTZ / POOL

América Latina: el “shock Caracas” como palanca de poder

El punto de partida de la semana fue Venezuela. La captura de Nicolás Maduro en una operación liderada por Estados Unidos ha cambiado el marco de discusión regional: ya no se debate solo la legitimidad del régimen, sino el precedente de una acción directa que reordena alianzas y abre interrogantes sobre la gobernabilidad en Caracas. En ese vacío, la investidura de Delcy Rodríguez como presidenta interina y la narrativa de “normalidad institucional” conviven con un país en estado de excepción, con duelo oficial por las bajas y con una tensión que se filtra a fronteras y rutas energéticas.

Para Washington, el objetivo no se limita a la política: la energía es el segundo carril. El discurso sobre “asegurar” crudo venezolano y la posterior arquitectura legal para gestionar ingresos petroleros en cuentas estadounidenses apuntan a un modelo de control financiero y de reactivación condicionada. El mercado lo leyó rápido: las petroleras y refinerías repuntaron ante la expectativa de mayor acceso a reservas y flujos.

Colombia y México: presión antidrogas y mensajes de disuasión

El efecto dominó se extendió a Colombia. Trump llegó a verbalizar que una operación militar “sonaba bien”, y el choque verbal escaló hasta que ambos gobiernos buscaron desescalar con contactos directos y la perspectiva de una reunión bilateral. En la práctica, la Casa Blanca empuja una agenda de seguridad más agresiva, mientras Bogotá intenta evitar quedar atrapada en un marco donde la cooperación se confunda con subordinación.

En México, la tensión se expresó en términos aún más delicados: exigencia de resultados contra los cárteles y advertencias que Ciudad de México interpreta como línea roja si derivan en acciones unilaterales. La respuesta de Claudia Sheinbaum ha sido insistir en coordinación y soberanía: más cooperación sí, intervención no. Lo relevante aquí es el precedente: después de Caracas, la retórica ya no se percibe como “ruido”, sino como aviso con capacidad de materializarse.

Cuba: “lista para caer”, pero con diagnóstico menos concluyente

La semana también elevó el foco sobre Cuba. Trump llegó a afirmar que la isla “está lista para caer” por el impacto del corte de suministros energéticos y la crisis económica. Sin embargo, evaluaciones de inteligencia y análisis de expertos ofrecen una lectura más ambigua: la economía está en una situación crítica, pero eso no garantiza por sí solo un colapso político inmediato. La consecuencia práctica es una mayor presión psicológica y diplomática, en un país ya tensionado por apagones, escasez y una emigración masiva.

Oriente Medio: Irán, apagón informativo y el riesgo de escalada

El segundo gran frente fue Irán. Las protestas se han extendido durante casi dos semanas con un elemento que cambia el terreno: un apagón de internet y comunicaciones que dificulta verificar cifras y magnitud de la represión en tiempo real. En este contexto, los recuentos de víctimas varían entre fuentes, pero el patrón es consistente: más muertos, más detenciones y una respuesta del régimen cada vez más dura.

Trump añadió combustible con mensajes de apoyo a los manifestantes y advertencias públicas. En paralelo, informes de prensa han señalado que la Casa Blanca ha recibido briefings con opciones de ataque. Aunque no hay decisión confirmada, el solo hecho de que se plantee reintroduce el “escenario de escalada” en el precio del petróleo, en el dólar y en los refugios tradicionales.

Ártico: Groenlandia como prueba de estrés para la OTAN

El tercer eje fue Groenlandia. Trump endureció su retórica (“la vía fácil o la difícil”) y se conocieron debates internos en Washington sobre posibles incentivos económicos para convencer a la población groenlandesa. La reacción en Nuuk fue inmediata: los principales partidos firmaron una declaración conjunta rechazando cualquier integración en EE. UU. y reclamando autodeterminación. Dinamarca, por su parte, elevó el tono al advertir del impacto que una presión de este tipo tendría sobre la cohesión de la OTAN.

El trasfondo es estratégico: rutas árticas, vigilancia, minerales críticos y el mensaje de que el Ártico ya no es periferia. Pero el coste político es enorme: si un aliado siente que “todo es opción”, la confianza se erosiona. Y sin confianza, la alianza se convierte en una estructura formal con fricción permanente.

La doctrina y la factura: retirada institucional y rearme

En casa, la administración Trump aceleró un giro unilateral: retirada de decenas de organismos y marcos internacionales, y apuesta por un aumento sustancial del gasto militar. Ese vector se complementa con medidas que presionan a la industria de defensa para invertir más capacidad productiva, incluso condicionando dividendos y recompras. Para el inversor, el mensaje es mixto: más presupuesto potencial, pero también más intervención política sobre la gestión corporativa.

Cuando la geopolítica manda, el mercado deja de ser “solo macro”

La primera semana completa de 2026 deja una idea central: Estados Unidos no solo está “en el centro”; está intentando redibujar el tablero con herramientas simultáneas —militares, energéticas, financieras y narrativas—. El resultado inmediato es volatilidad selectiva: energía y defensa se recalibran, los aliados se posicionan y los mercados vuelven a exigir prima de riesgo. El resto del año dependerá de una pregunta simple: ¿esto es una estrategia con límites… o una dinámica que se alimenta de su propio impulso?

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