Maduro presume de ejército, China presiona a Taiwán y Powell divide al mercado
La semana deja un fallo clave en EE. UU., nuevos choques en Ucrania y Oriente Próximo y sanciones a Venezuela en un contexto de máxima volatilidad política y financiera
En una semana marcada por la superposición de frentes políticos, militares y financieros, Washington, Kiev, Caracas, Jerusalén y Bruselas han vuelto a situarse en el centro del tablero global. Un tribunal federal en Estados Unidos ha dado oxígeno a un plan fiscal impulsado por Donald Trump con impacto sobre la financiación de clínicas como Planned Parenthood; Ucrania ha intensificado sus ataques con drones sobre territorio ruso; y Oriente Próximo afronta nuevas tensiones por la expulsión de ONG y el repliegue militar de Emiratos en Yemen.
Al mismo tiempo, Venezuela vuelve al foco de las sanciones de Washington por su industria de drones, México reclama mayor papel de la ONU y Estados Unidos anuncia nuevas operaciones contra el Estado Islámico en Siria. Todo ello discurre en paralelo a un clima de incertidumbre económica, donde la estrategia de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal mantiene en guardia a los inversores.
El resultado es un cóctel en el que decisiones judiciales, movimientos militares y disputas diplomáticas impactan, de forma cada vez más directa, en las expectativas de crecimiento, en el flujo de capitales y en la estabilidad financiera internacional.
Un fallo judicial que reabre el debate sanitario en EE. UU.
El primer movimiento relevante de la semana llegó desde Washington. Un tribunal federal de apelaciones dio luz verde a la aplicación de un controvertido plan fiscal impulsado por Donald Trump, previamente bloqueado en 22 estados. La decisión del Primer Circuito levanta el veto y permite que la medida entre en vigor mientras prosigue la batalla judicial.
En el centro del debate se sitúa la financiación vinculada a Medicaid de clínicas que, como Planned Parenthood, ofrecen servicios de aborto entre su cartera asistencial. El plan de Trump abre la puerta a que ciertos estados ajusten esos fondos, condicionándolos a la renuncia de este tipo de servicios. Organizaciones médicas y grupos de derechos civiles advierten de que el fallo podría afectar a cientos de miles de usuarias de rentas bajas, mientras sus defensores sostienen que se limita a reordenar prioridades de gasto.
La resolución no pone fin al pulso jurídico, pero sí desplaza el equilibrio a favor del expresidente en un asunto de alto voltaje político. El caso, además, llega en un momento de intensa precampaña, lo que multiplica su impacto simbólico en un país donde el gasto sanitario público representa ya en torno al 8% del PIB y donde el aborto sigue siendo uno de los ejes centrales de polarización.
Trump se reivindica y presume de apoyo
Lejos de rebajar el tono, Donald Trump ha aprovechado este giro judicial para reforzar su narrativa de liderazgo. En un mensaje en Truth Social, el exmandatario afirmó contar con un “apoyo popular del 64 %”, citando encuestas internas y destacando sus propuestas en seguridad fronteriza, economía y defensa.
El mensaje encaja en una estrategia más amplia: consolidar la imagen de Trump como referente indiscutible del bloque conservador, presentando cada victoria judicial o política como una validación de su agenda. En sus últimas intervenciones, el republicano ha reiterado que sus prioridades pasan por:
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Endurecer el control en la frontera sur.
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Impulsar rebajas fiscales selectivas para empresas e ingresos medios.
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Incrementar el gasto en capacidad militar y disuasión estratégica.
El efecto interno es doble. Por un lado, moviliza a su base en un contexto de alta polarización y competencia entre facciones republicanas. Por otro, obliga a los demócratas a responder en un terreno delicado, el sanitario, con impacto directo sobre el electorado moderado. El pulso entre tribunales, Congreso y Casa Blanca seguirá siendo una de las principales variables políticas que condicionan la confianza de los mercados de cara a 2026.
Ucrania golpea con drones y Rusia endurece el discurso
Fuera de Estados Unidos, la guerra en Ucrania continúa marcando la agenda de seguridad europea. Un ataque con drones ucranianos contra infraestructuras estratégicas en Tuapse, en la región rusa del mar Negro, ha reactivado la tensión en el frente energético y logístico. Aunque Moscú no ha comunicado víctimas mortales, sí reconoce daños sobre instalaciones relevantes.
La respuesta del Kremlin no se hizo esperar. Altos cargos rusos han advertido de que la negativa de Kiev a aceptar concesiones territoriales podría traducirse en “nuevas pérdidas de terreno”, insistiendo en que la paciencia de Moscú es limitada. Sin embargo, el tono no ha sido exclusivamente de confrontación. Rusia mantiene abiertas canales de diálogo con Washington, conscientes de que cualquier arquitectura de seguridad en Europa requerirá algún tipo de interlocución con Estados Unidos.
En paralelo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reiterado que la eventual adhesión de Ucrania a la UE constituye un “pilar de seguridad estratégica” para todo el continente. Bruselas maneja escenarios de apoyo financiero que superan los 50.000 millones de euros en varios años, vinculados a reformas políticas, reconstrucción e integración paulatina en el mercado interior.
Sanciones a Venezuela y la batalla de los drones
En Latinoamérica, la política exterior de Washington ha vuelto a centrarse en Venezuela. Estados Unidos ha anunciado nuevas sanciones contra EANSA, el fabricante estatal venezolano de drones, acusándole de cooperar con Irán en proyectos de carácter militar. Las restricciones incluyen el bloqueo de activos bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de relaciones comerciales con empresas norteamericanas, lo que complica el acceso de Caracas a componentes y financiación.
El Gobierno venezolano ha defendido que sus Fuerzas Armadas emplean estos sistemas principalmente en operaciones contra el narcotráfico y la vigilancia de fronteras. La narrativa oficial presenta las sanciones como un intento de “asfixia económica”, mientras la oposición interna las ve como una muestra de la creciente dependencia tecnológica y estratégica de Teherán y Moscú.
Por su parte, México ha aprovechado la coyuntura para reclamar un papel más activo de la ONU y rechazar intervenciones unilaterales en la región. La postura mexicana refuerza una tendencia regional: varios países latinoamericanos buscan multilateralizar la gestión de crisis, evitando alineamientos automáticos en la rivalidad entre Washington y sus adversarios.
Oriente Próximo: ONG bajo sospecha y retirada emiratí de Yemen
En Oriente Próximo, la semana deja nuevos focos de tensión. Israel ha revocado las licencias de 37 ONG, entre ellas Médicos Sin Fronteras, por supuestos vínculos con organizaciones terroristas. El movimiento ha generado preocupación en el ámbito humanitario, que advierte de que la medida podría reducir la capacidad de respuesta médica y social en zonas especialmente sensibles.
Jerusalén defiende que la decisión responde a motivos de seguridad nacional y acusa a algunas entidades de canalizar recursos hacia grupos armados. Las ONG afectadas niegan esa acusación y anuncian recursos legales y campañas de denuncia internacionales. El pulso se produce en un contexto de elevada tensión interna y externa, con el Gobierno israelí bajo intenso escrutinio por su gestión de la seguridad y de las libertades civiles.
Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos ha anunciado la retirada total de sus tropas de Yemen, un paso que reconfigura el equilibrio de fuerzas en un conflicto que suma ya más de una década de enfrentamientos. Este repliegue debilita la posición de la coalición liderada por Arabia Saudí y abre interrogantes sobre la estabilidad futura del país, donde las fracturas internas y la penetración de grupos armados siguen siendo profundas.
Operaciones de EE. UU. contra el Estado Islámico en Siria
Otro eje de la semana se sitúa en Siria, donde el Ejército estadounidense ha comunicado la neutralización o captura de un número significativo de militantes del Estado Islámico en una serie de operaciones de precisión. Según fuentes militares, se trataría de varias decenas de combatientes abatidos o detenidos, en ataques combinados por tierra y aire en el este del país.
Washington insiste en que el objetivo es evitar el rearme y reagrupamiento de células yihadistas en una fase de aparente menor visibilidad mediática, pero todavía con capacidad para desestabilizar zonas frágiles. Estas operaciones se producen mientras Estados Unidos mantiene un despliegue limitado en el país, con unos 900 efectivos sobre el terreno según estimaciones abiertas, fundamentalmente dedicados a cooperación con fuerzas locales y a inteligencia.
La continuidad de esta presencia forma parte de la discusión más amplia sobre la priorización de recursos militares en un contexto donde la Casa Blanca afronta múltiples frentes simultáneos, desde Europa del Este hasta el Indo-Pacífico, pasando por el Golfo Pérsico.
Powell, la Reserva Federal y la inquietud en los mercados
En el terreno económico, la figura de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, sigue siendo un factor clave de incertidumbre para los inversores. Su enfoque ha sido descrito por diferentes analistas como “ponderado pero difícil de leer”, en un contexto de inflación persistente y señales mixtas en el mercado laboral.
Tras varios meses de ajustes, la Fed mantiene los tipos en niveles que oscilan en torno al 4%–4,25%, con el objetivo de consolidar la desinflación sin precipitar una recesión abierta. Sin embargo, las actas de las últimas reuniones reflejan división interna:
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Un bloque reclama avanzar con nuevos recortes graduales si la inflación converge de forma sostenida hacia el 2%.
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Otro sector aboga por pausar cualquier movimiento hasta contar con datos más concluyentes sobre empleo y consumo.
Esta ambivalencia se traslada a Wall Street, donde cada declaración de Powell o de otros miembros del FOMC se traduce en ajustes en los futuros de tipos, en el dólar y en los índices bursátiles. Para los gestores, la clave de 2026 será cómo combine la Fed su mandato de estabilidad de precios con la necesidad de proteger un mercado laboral que empieza a mostrar señales de fatiga.
Un tablero internacional más fragmentado y volátil
En conjunto, los acontecimientos de la semana dibujan un tablero global crecientemente fragmentado. En un mismo ciclo informativo confluyen:
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Un fallo judicial en Estados Unidos con impacto sanitario y político.
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Una guerra en Ucrania que se prolonga y se complejiza con ataques en territorio ruso.
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Sanciones a empresas clave en la industria de drones de Venezuela, con derivadas regionales.
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Decisiones en Oriente Próximo que afectan a ONG, despliegues militares y lucha contra el terrorismo.
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Una política monetaria en EE. UU. que sigue generando dudas sobre la intensidad y el calendario de futuros recortes de tipos.
La consecuencia inmediata es un aumento de la prima de riesgo geopolítico percibida por los mercados. Los flujos de capital se mueven con rapidez entre activos refugio —como el dólar, el oro o la deuda soberana de máxima calidad— y apuestas tácticas en renta variable, al ritmo que marcan los titulares.
De cara a 2026, la gran incógnita es si se consolidará algún tipo de nuevo equilibrio, o si, por el contrario, la combinación de decisiones judiciales, choques militares y giros de política económica seguirá impulsando un ciclo de volatilidad alta y visibilidad baja para gobiernos, empresas e inversores.

