Rusia activa el Oreshnik y dispara las alarmas; Irán advierte a Trump y China eleva el pulso por Taiwán
Moscú presume de un nuevo salto cualitativo en su ofensiva contra Ucrania con el uso del sistema Oreshnik, mientras Teherán endurece el tono en plena ola de protestas internas y Pekín exige a Washington que frene la venta de armas a Taiwán. Tres frentes distintos que confluyen en un mismo factor: más riesgo político global y mayor presión sobre la estabilidad internacional.
La agenda internacional vuelve a tensarse con fuerza en un cierre de año marcado por decisiones de alto voltaje. Rusia ha elevado el listón militar en Ucrania con el uso del sistema Oreshnik, un vector de alcance medio que, por su simbolismo y por el mensaje que transmite, reactiva el debate sobre el umbral de escalada. Irán, por su parte, vive un nuevo episodio de agitación interna: las protestas por el deterioro económico han desatado una respuesta política que ya tiene derivadas exteriores, con el líder supremo Ali Jamenei señalando a Washington y respondiendo directamente al presidente Donald Trump. En paralelo, China incrementa la presión diplomática sobre Estados Unidos tras la aprobación de un paquete de ventas de armas a Taiwán valorado en torno a 11.000 millones de dólares, un movimiento que Pekín considera una violación de su “línea roja”.
Rusia eleva la apuesta militar con el sistema Oreshnik
El anuncio del uso del Oreshnik —presentado como un sistema de misiles móvil de alcance medio— se interpreta como un mensaje político y estratégico más allá del impacto estrictamente táctico. En términos de comunicación de poder, Moscú pretende dejar claro que mantiene capacidad de proyección a larga distancia y que puede alternar presión militar con presión psicológica en un momento en el que la guerra entra en una fase de desgaste. Las informaciones sobre ataques combinados con armamento de precisión, drones y vectores de largo alcance han vuelto a colocar a ciudades como Kiev o Leópolis en el centro del tablero, en un contexto donde la lectura principal es que Rusia busca disuasión por saturación: demostrar que puede sostener el ritmo y elevarlo cuando lo considere oportuno.
El factor clave para los aliados de Ucrania no es únicamente el arma utilizada, sino el mensaje de escalada controlada. Cada paso que introduce un sistema o una capacidad nueva obliga a recalibrar dos variables: el margen de respuesta de Ucrania y el margen de apoyo occidental, especialmente en un entorno de debate sobre suministros, defensas aéreas y tiempos de entrega. En un escenario así, el riesgo de error de cálculo aumenta: no porque necesariamente se busque un choque directo entre grandes potencias, sino porque la cadena de decisiones se vuelve más corta y más reactiva.
Irán, protestas internas y un cruce directo con Trump
En Oriente Medio, el foco se ha desplazado hacia Irán, donde las protestas —impulsadas por el deterioro del poder adquisitivo, la inflación y la tensión social— han provocado un endurecimiento del discurso oficial. Ali Jamenei ha instado a Trump a “centrarse en los problemas de su propio país”, en respuesta a mensajes desde Washington que advertían de consecuencias si se producía una represión letal contra manifestantes. En la práctica, esto dibuja una dinámica peligrosa: cuando un conflicto interno se internacionaliza retóricamente, se multiplica la posibilidad de que cualquier incidente sea interpretado como un movimiento geopolítico y no solo doméstico.
La ecuación iraní se complica por dos razones. La primera es que el control interno suele ir acompañado de restricciones de información —incluidos cortes de conectividad—, lo que alimenta rumores y dificulta la verificación independiente de hechos. La segunda es que el discurso externo puede servir de válvula de escape política, trasladando responsabilidades a la “injerencia extranjera”. Ese giro, recurrente en momentos de crisis interna, incrementa la tensión regional y añade prima de riesgo a la percepción internacional del área.
China presiona por Taiwán y sube el listón diplomático
En Asia, Pekín ha reaccionado con dureza ante la aprobación estadounidense de un paquete de ventas de armas a Taiwán valorado en torno a 11.000 millones de dólares. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, ha exigido a Washington que detenga “inmediatamente” lo que califica de “acto peligroso” de armar a la isla, insistiendo en que se vulnera el principio de “una sola China” y se envía una señal equivocada a las fuerzas independentistas taiwanesas. En el lenguaje diplomático chino, la repetición de conceptos como “línea roja”, “consecuencias” y “serias protestas” suele indicar un aumento de presión política, aunque sin detallar todavía medidas concretas.
La relevancia de este frente es evidente: el estrecho de Taiwán se ha convertido en uno de los principales termómetros de la rivalidad entre superpotencias. Cada paquete de armas no solo modifica capacidades defensivas, sino que refuerza narrativas internas: para China, la idea de que Occidente alimenta una “externalización” del conflicto; para Estados Unidos, el compromiso con la disuasión regional. Esa dualidad tiende a generar un bucle: más presión, más necesidad de reafirmación pública, más riesgo de incidentes.
Qué significa esto para la economía y los mercados
Con tres focos de tensión simultáneos, el efecto inmediato suele ser el mismo: aumento del “riesgo geopolítico” y búsqueda de cobertura. Esto no implica necesariamente correcciones sostenidas en bolsa, pero sí favorece episodios de volatilidad, rotaciones sectoriales (defensa, energía, materias primas) y una mayor sensibilidad a titulares. Además, la interacción entre geopolítica y política monetaria puede amplificar movimientos: en entornos de incertidumbre, los inversores tienden a penalizar escenarios con inflación importada (energía) y a premiar refugios, especialmente cuando la credibilidad de la estabilidad internacional se erosiona.
El resultado es un inicio de 2026 potencialmente más frágil: no porque el mercado esté condenado a un shock, sino porque la probabilidad de sorpresas —y de reacciones rápidas a esas sorpresas— aumenta. Y en ese terreno, el verdadero problema no es el evento aislado, sino la acumulación: Rusia elevando capacidad militar, Irán tensionando su situación interna con derivadas externas y China endureciendo el pulso por Taiwán. Tres piezas que, juntas, elevan el nivel de alerta global.
