Trump convierte las sanciones a Rusia en un arma contra Irán

El presidente reclama ampliar el proyecto impulsado por Lindsey Graham mientras Washington combina aranceles secundarios, bloqueo energético y ataques militares contra Teherán.
centcom 2 avión
centcom 2

Donald Trump quiere incorporar a Irán al gran proyecto bipartidista concebido para asfixiar los ingresos energéticos de Rusia.
La iniciativa permitiría imponer aranceles de hasta el 100% a los países que compren petróleo y gas rusos, además de sancionar bancos, altos cargos y proyectos energéticos vinculados al Kremlin.
Ahora, la Casa Blanca pretende reutilizar esa arquitectura contra Teherán.
No se trata todavía de una declaración formal de guerra, pero sí de la consolidación de un conflicto que ya combina presión financiera, bloqueo marítimo y ataques militares.

Un giro con dos objetivos

«Los republicanos deberían incluir a Irán en el proyecto de ley de sanciones contra Rusia», escribió Trump en Truth Social. El presidente aseguró que esa ampliación ya figuraba entre las prioridades del fallecido senador republicano Lindsey Graham, principal impulsor de la iniciativa junto al demócrata Richard Blumenthal.

La declaración transforma un instrumento centrado en la guerra de Ucrania en una plataforma más amplia contra los adversarios estratégicos de Washington. Rusia e Irán quedarían unidos bajo una misma lógica de coerción económica, pese a responder a conflictos diferentes.

El cambio no es meramente retórico. Permitiría coordinar sanciones financieras, energéticas y comerciales mediante una sola ley con respaldo del Congreso.

Aranceles de hasta el 100%

La propuesta original de Graham contemplaba aranceles secundarios de hasta el 500%. La versión revisada ha reducido ese máximo al 100% y limita su aplicación a los cinco mayores compradores de petróleo o gas ruso, con China e India en el centro de la estrategia.

También establece excepciones para países que obtengan de Rusia menos del 15% de su gas y estén reduciendo progresivamente esa dependencia. El presidente conservaría, además, capacidad para suspender medidas cuando considere que existe un interés nacional estadounidense.

El objetivo es inequívoco: castigar no solo al productor sancionado, sino también a sus clientes. Esa extraterritorialidad convierte el acceso al mercado estadounidense en el principal instrumento de presión.

Irán entra en el mismo cerco

El alcance concreto de la ampliación solicitada por Trump todavía no está definido. No se ha publicado una enmienda que aclare si las penalizaciones recaerían exclusivamente sobre funcionarios, bancos y exportadores iraníes o si también se impondrían aranceles a los compradores de su petróleo.

Esta segunda opción tendría consecuencias especialmente relevantes para China, principal destino del crudo iraní. Durante una breve tregua, Teherán logró exportar alrededor de 70 millones de barriles, valorados entre 5.000 y 6.000 millones de dólares, principalmente mediante rutas y transferencias marítimas destinadas al mercado chino.

El diagnóstico es claro: Washington intenta cerrar simultáneamente las vías de financiación energética de Moscú y Teherán.

Un precedente firmado por Trump

No sería la primera vez que Estados Unidos agrupa a Rusia e Irán en una misma norma. En 2017, durante el primer mandato de Trump, el Congreso aprobó la ley CAATSA, que endureció las sanciones contra ambos países y contra Corea del Norte.

Aquella legislación salió adelante por 419 votos contra tres en la Cámara de Representantes y por 98 contra dos en el Senado. Trump terminó firmándola, aunque criticó las limitaciones que imponía a las competencias de la Presidencia.

El nuevo proyecto recupera aquella filosofía, pero añade una herramienta mucho más agresiva: aranceles secundarios capaces de afectar directamente al comercio de grandes economías que no participan en las sanciones occidentales.

La vía militar ya está abierta

La petición de Trump no llega en un vacío diplomático. Estados Unidos ha lanzado nuevas oleadas de ataques contra posiciones militares iraníes, mientras Teherán ha respondido con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses y objetivos situados en países del Golfo.

Washington también ha reactivado el bloqueo de puertos iraníes y las operaciones para controlar el tráfico en el estrecho de Ormuz. El paso concentra aproximadamente una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas, por lo que cualquier interrupción prolongada puede trasladarse rápidamente a los precios internacionales.

La guerra económica ya no sustituye a la presión militar: actúa junto a ella.

China e India, bajo presión

La ampliación del proyecto coloca a Pekín en una posición especialmente delicada. China compra hidrocarburos tanto a Rusia como a Irán y ha desarrollado mecanismos de pago, navieras intermediarias y operaciones de transbordo para reducir la exposición al sistema financiero estadounidense.

India también quedaría afectada por sus importaciones rusas, aunque su relación energética con Irán es mucho más limitada. La aplicación simultánea de aranceles podría deteriorar las relaciones de Washington con dos economías que representan conjuntamente cerca de una quinta parte del PIB mundial.

Lo más grave es el posible efecto sobre la oferta. Si compradores relevantes reducen adquisiciones por miedo a las sanciones, los precios pueden subir antes de que otros productores cubran el déficit.

Una paz cada vez más distante

El proyecto no autoriza por sí mismo nuevas operaciones militares y, por tanto, no permite afirmar que Estados Unidos vaya a declarar otra guerra como consecuencia directa de su aprobación. Sin embargo, el contexto resulta mucho más preocupante: las hostilidades con Irán ya están en marcha y la Casa Blanca prepara ahora una estructura legal para prolongar la presión económica.

Más de dos docenas de senadores respaldaban la última versión del paquete, mientras sus promotores confiaban en ampliar rápidamente los apoyos.

Trump no está diseñando una sanción temporal. Está levantando un cerco duradero que vincula Ucrania, Oriente Próximo, petróleo y comercio mundial. La consecuencia inmediata no será necesariamente una guerra total, sino algo quizá más difícil de resolver: un conflicto prolongado sin una salida diplomática visible.

Comentarios