La Bolsa española se mantiene cerca de máximos históricos

El Ibex sube un 0,2% entre aranceles y miedo a la Fed

La semana arranca en el Ibex 35 con tono positivo, pero con el freno de mano echado. El selectivo español suma en torno a un 0,18%, hasta los 17.575 puntos, y se mantiene a escasa distancia de su récord de cierre en 17.695,7 puntos registrado el 14 de enero. Sin embargo, el contexto que rodea esta subida dista mucho de ser tranquilo: Washington amenaza con aranceles del 100% a Canadá y del 200% a vinos y champanes franceses, planean nuevas sanciones sobre Irán y el oro acaba de marcar un nuevo máximo histórico como refugio de último recurso. En paralelo, el mercado contiene la respiración ante la reunión de la Reserva Federal de este miércoles, con una probabilidad prácticamente nula de recorte de tipos a corto plazo y unas expectativas de bajadas a lo largo de 2026 que se han ido moderando. 

El Ibex sube un 0,2% entre aranceles y miedo a la Fed
El Ibex sube un 0,2% entre aranceles y miedo a la Fed

Un arranque alcista con freno de mano

El Ibex 35 abre la sesión del lunes con un sesgo claramente alcista, en línea con el tono de los principales índices europeos, pero sin el despegue que cabría esperar a las puertas de una semana cargada de referencias macro y empresariales. A media mañana, el índice español se mueve en torno a los 17.575 puntos, lo que supone una subida de algo menos del 0,2%, mientras que el Eurofirst 300 apenas avanza un 0,10%.

El dato relevante es el contexto: el Ibex se mueve a escasos puntos de su máximo histórico de cierre, marcado hace menos de dos semanas. Este hecho revela que, pese al ruido geopolítico y a la incertidumbre sobre los tipos de interés, la renta variable española mantiene el apoyo de los inversores internacionales. Sin embargo, también implica que el margen de error se ha reducido al mínimo.

En un entorno de valoraciones exigentes, cualquier sorpresa hawkish de la Fed o un nuevo giro en la escalada comercial de Estados Unidos puede desencadenar correcciones abruptas. Por ahora, el mercado parece optar por una estrategia de “esperar y ver”: se toma algo de riesgo, pero sin apostar de forma agresiva ni en un sentido ni en otro.

El oro en máximos: el termómetro del miedo

La otra gran señal del día llega desde el mercado de materias primas. El oro ha vuelto a marcar un nuevo máximo histórico, consolidando un repunte que se ha acelerado al calor de las tensiones geopolíticas y del nerviosismo en torno a la política económica de Washington.

Cuando el metal precioso sube de forma tan vertical en un momento en que las bolsas también se encuentran cerca de máximos, el mensaje es claro: los inversores no se creen del todo el escenario de calma que insinúan los índices bursátiles. El oro actúa como póliza de seguro frente a tres riesgos simultáneos: una eventual crisis geopolítica, un error de política monetaria de la Fed y un estallido de la guerra comercial reeditada.

Este movimiento se combina con la persistencia de tipos de interés reales en niveles todavía elevados, lo que en teoría debería penalizar al metal. Que no lo haga indica hasta qué punto las tensiones políticas y comerciales pesan hoy más que los modelos teóricos. El contraste con la tranquilidad aparente de algunos indicadores de volatilidad resulta, por tanto, demoledor: el sistema financiero está mucho más inquieto de lo que reflejan las portadas.

Aranceles a Canadá y Francia: el nuevo frente comercial

Si hace unas semanas el foco estaba en el choque entre Estados Unidos y Europa por la cuestión de Groenlandia, hoy la atención se ha desplazado a la amenaza arancelaria de Washington. La Administración estadounidense ha avisado de que impondrá un arancel del 100% a Canadá si Ottawa sigue adelante con un acuerdo comercial con China, y ha puesto sobre la mesa tributos del 200% para los vinos y champanes franceses como medida de presión sobre Emmanuel Macron.

Más allá del ruido político, la consecuencia económica es clara: el comercio internacional vuelve a convertirse en arma de negociación diplomática. Las empresas exportadoras europeas, especialmente las francesas, se enfrentan al riesgo de ver cómo se erosiona su acceso a un mercado clave. Y el mensaje al resto de socios es inequívoco: cualquier alineamiento con Pekín tendrá coste directo en las relaciones con Washington.

Para los mercados, este giro se traduce en una prima de riesgo comercial que se suma a la ya conocida prima geopolítica. Sectores como el lujo, la alimentación y las bebidas, muy presentes en los índices europeos, pueden verse especialmente afectados. La Bolsa española, más bancarizada y menos expuesta directamente a estos segmentos, resiste algo mejor, pero no es inmune al deterioro del clima inversor en el Viejo Continente.

Irán y la prima de riesgo geopolítica

A este frente comercial se añade la tensión en Oriente Medio. La posibilidad de nuevas sanciones de Estados Unidos a Irán mantiene elevada la inquietud de los mercados energéticos. Cualquier restricción adicional a las exportaciones iraníes de crudo alimentaría un nuevo repunte del precio del petróleo, con impacto inmediato sobre la inflación y, por extensión, sobre las expectativas de tipos de interés.

El diagnóstico es inequívoco: cada paso que acerque a la economía mundial a un shock de oferta energético complica la tarea de los bancos centrales, que se ven atrapados entre la necesidad de controlar los precios y el riesgo de asfixiar el crecimiento. Para países importadores de energía como España, el escenario se vuelve especialmente delicado.

En el Ibex, valores como Repsol, que este lunes avanzaba alrededor de un 0,5%, se benefician a corto plazo de un petróleo más caro. Pero el efecto dominó sobre costes empresariales, consumo y márgenes corporativos termina pasando factura al conjunto del índice. De ahí que, aunque algunos sectores encuentren apoyo en estas tensiones, el balance final para la bolsa sea de mayor fragilidad estructural.

Un yen vigilado y la batalla silenciosa de las divisas

Otro foco de atención del día es el yen japonés, que sigue bajo presión en los mercados de divisas. La posibilidad de una intervención coordinada de Estados Unidos y Japón para frenar la depreciación de la moneda nipona está sobre la mesa, lo que añade una capa más de incertidumbre a un mercado ya tensionado.

Las divisas son hoy el escenario de una batalla silenciosa entre grandes bloques económicos. Un dólar demasiado fuerte lastra a los emergentes y encarece las materias primas; un yen excesivamente débil distorsiona la competitividad industrial; un euro frágil encarece las importaciones energéticas. En este contexto, cualquier movimiento coordinado entre bancos centrales puede desencadenar ajustes bruscos de flujos de capital.

Para la Bolsa española, el tipo de cambio es un factor menos visible, pero crucial. Grandes compañías del Ibex —desde Inditex hasta Iberdrola— obtienen buena parte de sus ingresos fuera de la eurozona. Movimientos abruptos en las divisas pueden alterar sus resultados en cuestión de trimestres. Que el mercado preste tanta atención al yen es, en realidad, una forma de medir la tensión acumulada en el sistema monetario global.

La Fed, el verdadero juez de la renta variable

Más allá de los titulares geopolíticos, el verdadero test para las bolsas llegará este miércoles con la reunión de la Reserva Federal. Los analistas de una de las principales casas de valores españolas hablan de “probabilidad casi nula” de que la Fed recorte tipos en esta cita, con las miradas puestas en un mercado laboral que sigue sin mostrar una debilidad clara y en una inflación que todavía no está completamente controlada.

Hoy el mercado asigna apenas un 3% de probabilidad a un recorte inmediato, y no descuenta al cien por cien la primera bajada de 25 puntos básicos hasta bien entrado el verano. Además, el conjunto de recortes previstos para 2026 se ha reducido a unos -46 puntos básicos, lejos de los ciclos expansivos de otros años.

Este hecho revela un cambio de régimen: la era del dinero casi gratis ha quedado atrás, y la renta variable debe justificarse con beneficios sólidos, no solo con liquidez abundante. Si la Fed confirma un tono más duro de lo esperado, la corrección puede llegar primero a los índices más expuestos a la tecnología estadounidense, pero terminaría filtrándose a Europa y, por extensión, al Ibex.

Una semana cargada de datos clave

La agenda macroeconómica de los próximos días justifica por sí sola la cautela. Este lunes se publica el índice Ifo de confianza empresarial en Alemania, termómetro de la principal economía de la eurozona. El martes será el turno de la confianza del consumidor de la Conference Board en Estados Unidos, y el jueves se conocerán los sondeos de confianza en la zona euro.

El viernes llegará otro plato fuerte: los índices de precios de España y Alemania, acompañados del dato de PIB de la eurozona. Cualquier sorpresa al alza en inflación o a la baja en crecimiento reavivará el debate sobre la capacidad de los bancos centrales para pilotar un aterrizaje suave.

Para el mercado español, estos datos marcarán el tono de los próximos días tanto o más que la propia evolución de Wall Street. Un escenario de inflación algo más pegajosa combinado con un crecimiento en ralentización pero positivo sería el “mal menor” para el Ibex. Un desvío significativo en cualquiera de los dos frentes obligaría a reabrir el debate sobre valoraciones y riesgo de recesión.

La banca y los grandes valores del Ibex, a examen

En este entorno, el comportamiento sectorial del Ibex ofrece pistas relevantes. La banca se mueve este lunes con avances moderados: Santander suma en torno a un 1,2%, BBVA se anota cerca de un 0,7%, mientras CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja registran subidas más contenidas. El mensaje es claro: los inversores siguen viendo en el sector financiero un beneficiario neto de tipos elevados, pero evitan posiciones demasiado agresivas ante la incertidumbre sobre el calendario de recortes.

Entre los grandes valores no financieros, Telefónica y Iberdrola destacan en terreno positivo, con alzas cercanas al 0,6%-0,7%, mientras Inditex cede ligeramente y Cellnex o Repsol anotan subidas moderadas. La foto de conjunto muestra un Ibex sostenido por sus pesos pesados, pero sin un liderazgo claro que permita hablar de un nuevo tramo alcista estructural.

El contraste con otros momentos de euforia bursátil resulta elocuente: hoy las subidas vienen acompañadas de una larga lista de advertencias. La verdadera prueba para el mercado español no es si puede marcar nuevos máximos, sino si será capaz de mantenerlos cuando la política monetaria y la geopolítica dejen de dar tregua.

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