Asia rebota: el Kospi salta un 4,6% y el Nikkei un 3%
La sesión asiática de este martes ha arrancado con un giro brusco de guion. Tras un arranque de semana teñido de rojo, el índice surcoreano Kospi se dispara un 4,65% y el Nikkei 225 japonés sube un 3,12%, en uno de los mayores rebotes recientes de la región. A la misma hora, la bolsa australiana avanza algo más de un 1% y los índices de la China continental registran ganancias más moderadas, mientras el Hang Seng de Hong Kong apenas consigue salir de la tabla plana. El movimiento viene acompañado por un ligero retroceso del dólar hasta los 155,4 yenes, señal de que el mercado vuelve a ajustar su lectura del riesgo.
Un rebote tras un lunes en rojo
El giro de este martes llega apenas un día después de una sesión en la que las bolsas asiáticas cayeron de forma sincronizada, arrastradas por el desplome de los metales preciosos y por una nueva oleada de dudas sobre el rumbo de la Reserva Federal estadounidense. El Kospi llegó a perder en torno a un 3% el lunes, mientras el Hang Seng de Hong Kong se dejaba más de 500 puntos en una sola jornada y los inversores reducían posiciones en activos de riesgo ante la sacudida en el oro.
Este contexto convierte el rebote de hoy en algo más que un simple ajuste técnico. Que el Kospi salte ahora un 4,65% y el Nikkei supere el 3% de avance implica que buena parte de las ventas de la víspera han sido revertidas en cuestión de horas. La volatilidad sigue presente, pero el mensaje es claro: una parte del mercado interpreta la corrección previa como “oportunidad de compra” más que como inicio de un ciclo bajista estructural. Sin embargo, el contraste con la debilidad persistente en Hong Kong y la prudencia en los índices chinos sugiere que el rebote es selectivo y que la confianza sigue lejos de ser homogénea en toda la región.
Corea del Sur, el termómetro del apetito de riesgo
La reacción más llamativa se ha producido en Corea del Sur. El Kospi Composite se dispara un 4,65% a media mañana europea, liderando las ganancias en Asia-Pacífico y borrando de un plumazo la caída de la sesión anterior. El índice surcoreano es particularmente sensible a los cambios en el apetito de riesgo global por su elevada exposición a sectores cíclicos y tecnológicos, desde semiconductores a fabricantes de baterías y automóviles.
Cuando el dinero internacional busca refugio, el Kospi suele sufrir de forma desproporcionada; cuando el tono mejora, se convierte en uno de los primeros destinos de los flujos que regresan a la renta variable. Este patrón se ha repetido hoy: tras el castigo del lunes, los inversores han vuelto a entrar con fuerza en grandes nombres tecnológicos, lo que amplifica los movimientos del índice en ambos sentidos.
Este hecho revela hasta qué punto Corea del Sur se ha consolidado como barómetro adelantado del ciclo de riesgo global. Un repunte superior al 4% en una sola sesión no solo es una señal de estabilización local, sino que envía un mensaje al resto de plazas: el mercado considera que la corrección previa fue excesiva. No obstante, la experiencia de los últimos años muestra que este tipo de rallys pueden diluirse rápidamente si los datos macroeconómicos o los mensajes de la Fed vuelven a alimentar el nerviosismo.
Japón consolida su papel de gran plaza defensiva
En paralelo, el Nikkei 225 avanza un 3,12%, apoyado en el tirón de exportadoras, bancos y valores ligados a la tecnología. La bolsa japonesa llega a esta fase de volatilidad después de un 2025 excepcional, en el que los índices nipones se beneficiaron de una combinación poco frecuente: tipos aún ultrabajos, reformas de gobierno corporativo y una divisa históricamente débil que favorece los beneficios de las grandes compañías exportadoras.
La subida de hoy tiene una lectura adicional: pese a la reciente tensión sobre el dólar-yen y a las especulaciones recurrentes sobre una eventual normalización más rápida del Banco de Japón, Tokio sigue siendo percibida como una plaza relativamente defensiva dentro de Asia. En los episodios de corrección global, el Nikkei tiende a caer menos que otros índices de la región, pero cuando el riesgo se revaloriza, acompaña con fuerza el movimiento al alza.
El diagnóstico es inequívoco: Japón se ha convertido en uno de los grandes ganadores del giro de ciclo de los últimos dos años, apoyado también en flujos estructurales de inversores internacionales que buscan diversificar fuera de Estados Unidos y Europa. Ese respaldo de dinero “paciente” actúa como colchón frente a los vaivenes diarios, y ayuda a explicar por qué el rebote actual se percibe como parte de una tendencia de fondo más sólida que en otras plazas.
China y Hong Kong, el eslabón más frágil
Mientras Corea y Japón protagonizan el rally, la foto en China y Hong Kong es mucho más tibia. El Hang Seng cotiza prácticamente plano y, en la China continental, el Shanghai Composite apenas suma un 0,33%, mientras el Shenzhen Composite avanza en torno al 1,1%. Las cifras contrastan con el entusiasmo comprador al norte del mar de China Oriental y reflejan un problema de fondo: la desconfianza persistente de los inversores hacia el modelo de crecimiento chino y el peso del sector inmobiliario en la economía.
El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras el índice MSCI Asia-Pacífico ha llegado a acumular subidas cercanas al 27% en dólares en 2025, impulsado por Japón, India y Corea, los índices chinos han quedado rezagados de forma recurrente. La consecuencia es que buena parte de los grandes fondos internacionales han reducido drásticamente su exposición estructural a China, lo que resta profundidad y capacidad de rebote a sus mercados incluso en jornadas de tono positivo global.
En este contexto, un día más con un Hang Seng plano y un Shanghai subiendo menos que sus vecinos no es un simple dato técnico; es la confirmación de que el problema en China es más político y estructural que coyuntural. Sin un giro claro en la regulación interna, en el apoyo al sector privado y en la transparencia de la política económica, el capital seguirá entrando con cuentagotas.
Australia, mercados en vilo por el banco central
Otra de las claves de la sesión se juega en Australia, donde el índice S&P/ASX 200 suma en torno a un 1,06% mientras los inversores esperan la decisión de tipos del banco central. La Reserva del Banco de Australia se ha convertido en uno de los actores más vigilados del G10: su respuesta a una inflación más pegajosa de lo previsto y a un mercado laboral todavía tenso es un laboratorio adelantado de lo que pueden enfrentar otros bancos centrales en la recta final del ciclo.
En las últimas reuniones, la institución ha dejado claro que no descarta nuevas subidas si los precios vuelven a acelerarse, y parte del mercado descuenta que el tipo oficial podría escalar hacia el entorno del 3,85% si los datos lo justifican. Un movimiento en esa dirección tendría efectos inmediatos: reforzaría al dólar australiano, encarecería la financiación para el sector inmobiliario y podría enfriar el rally de la bolsa local tras encadenar varios meses de avances.
Para la región, la decisión de Canberra tiene un valor simbólico. Si Australia se ve obligada a endurecer de nuevo su política monetaria mientras otros bancos centrales empiezan a hablar de recortes, el mensaje es claro: la batalla contra la inflación aún no está completamente ganada y el margen para relajarse es limitado.
El dólar, el yen y el nuevo mapa de riesgos
El otro gran eje de la sesión es el mercado de divisas. El dólar se negocia alrededor de los 155,4 yenes, un 0,10% por debajo de los niveles de la víspera, en un movimiento modesto pero significativo. El cruce dólar-yen se ha convertido en un termómetro no solo de la diferencia de tipos entre Estados Unidos y Japón, sino también del nivel de tensión en los mercados: cuando el dólar se dispara frente a la moneda nipona, suele ser señal de que los inversores están forzando posiciones de carry trade y apalancamiento; cuando se modera, indica cierto repliegue del riesgo.
A esto se suma la reciente montaña rusa de los metales preciosos, con el oro y la plata alternando desplomes y rebotes de varios puntos porcentuales en cuestión de días, tras el impacto inicial de la nominación de Kevin Warsh como candidato a la presidencia de la Reserva Federal y el temor a una reducción más agresiva del balance. El resultado es un entorno en el que la correlación tradicional entre activos se ha debilitado: la renta variable puede subir mientras el dólar se relaja y los metales intentan estabilizarse tras fuertes liquidaciones.
Para los gestores europeos, este nuevo mapa de riesgos implica revisar sus coberturas de divisa y su exposición a mercados asiáticos que, como Japón y Corea, ofrecen potencial, pero también incrementan la sensibilidad de las carteras a los vaivenes del yen y del won.