Las bolsas asiáticas reaccionan con signo mixto y Japón confirma una inflación mayorista del 2,4%

Corea del Sur congela tipos en el 2,5% y enfría a Asia

La decisión del Banco de Corea de mantener el tipo oficial en el 2,5% por quinta reunión consecutiva ha congelado las expectativas de nuevos recortes en Asia. En los parqués, la reacción ha sido desigual: el Kospi ha terminado con alzas cercanas al 1,4%, mientras el Hang Seng y los índices de la China continental han cedido terreno. 

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI

Nikkei 225 lidera Asia con otro tramo de rally, mientras China enfría el riesgo con un giro en el margen
Corea del Sur congela tipos en el 2,5% y enfría a Asia

Una pausa que se alarga en Seúl

El Movimiento de Política Monetaria del Banco de Corea (BOK) ha decidido mantener el tipo de referencia en el 2,5% en su primera reunión de 2026, encadenando cinco reuniones consecutivas sin cambios desde julio del año pasado. La decisión estaba ampliamente descontada por el mercado, pero el matiz clave está en el mensaje: el banco central ha dejado de insinuar nuevos recortes y empieza a hablar de un final de ciclo de relajación.

El gobernador Rhee Chang-yong ha insistido en que la prioridad inmediata es la estabilidad financiera y la contención de la volatilidad del won, que en las últimas semanas ha rondado niveles no vistos en casi 16 años frente al dólar. La lectura es inequívoca: el BOK considera que los 100 puntos básicos de bajadas acumuladas desde octubre de 2024 ya son suficientes por ahora y teme que ir más lejos reabra la puerta a una nueva fuga de capitales hacia Estados Unidos.

El contraste entre la decisión —esperada— y el tono —más duro— explica por qué el movimiento ha sido recibido con una mezcla de alivio y decepción. Alivio, porque el banco central no ha tenido que subir tipos pese a la presión sobre la divisa. Decepción, porque una parte del mercado aún descontaba al menos un recorte adicional de 25 puntos básicos a comienzos de 2026. Este giro más prudente marca un punto de inflexión en el relato de la política monetaria surcoreana.

Del 3,5% al 2,5%: un ciclo de recortes incompleto

Para entender la decisión de hoy hay que mirar el recorrido de los últimos dos años. El tipo oficial surcoreano alcanzó el 3,5% a principios de 2023, tras una agresiva campaña de subidas destinada a frenar una inflación que entonces se movía muy por encima del objetivo del 2%. Esa cota se mantuvo hasta octubre de 2024, cuando el BOK abrió por fin la puerta a una normalización gradual.

Desde entonces, el banco central ha aplicado cuatro recortes de 25 puntos básicos cada uno: en octubre y noviembre de 2024, y de nuevo en febrero y mayo de 2025, hasta llevar el tipo al actual 2,5%. En total, 100 puntos básicos de alivio monetario que han permitido oxigenar a unas familias y empresas muy endeudadas, pero sin perder de vista el riesgo de reavivar los excesos en el crédito.

Durante buena parte de 2025 el mensaje oficial era que todavía quedaba margen para recortar algo más si la economía lo exigía. De hecho, en otoño se llegó a hablar abiertamente de la opción de bajar hasta el 2,25% si las tensiones comerciales con Estados Unidos y la debilidad del consumo interno se agravaban. Sin embargo, la realidad ha sido otra: la combinación de un won más frágil, precios de la vivienda al alza y una Reserva Federal que ha mantenido tipos relativamente altos ha ido cerrando ese margen.

El resultado es un ciclo de recortes incompleto: el BOK ha hecho lo suficiente para abandonar la política claramente restrictiva, pero no tanto como para situarse en un terreno abiertamente expansivo. La zona gris en la que se mueve ahora —con tipos apenas un punto por encima de la inflación— explica la prudencia y también las dudas del mercado.

Inflación contenida, won débil: el dilema del Banco de Corea

Si solo se miraran los precios, la tentación de bajar más tipos sería evidente. La inflación general en Corea del Sur se ha moderado hasta el entorno del 2,3% interanual en diciembre, prácticamente en línea con el objetivo del banco central, tras varios meses de desaceleración gracias al abaratamiento de los alimentos frescos. La inflación subyacente se mueve en niveles similares, lo que sugiere que las presiones más persistentes también empiezan a remitir.

Sin embargo, el problema ya no es la inflación sino el tipo de cambio. El won cerró 2025 en torno a 1.440 wones por dólar y en enero se ha movido en la parte alta de la franja de 1.400, acumulando una depreciación superior al 8% en la segunda mitad del año pasado. Esa caída encarece las importaciones de energía y materias primas, alimenta de nuevo la inflación y pone a prueba la confianza de los inversores extranjeros.

El diagnóstico es claro: si el BOK recorta más tipos, corre el riesgo de desencadenar otra ola de salidas de capital y presionar aún más al won. Si no lo hace, puede asfixiar a una economía que ya crece por debajo de su potencial. El banco central estima que el PIB apenas avanzará alrededor de un 1,5% en 2025, muy por debajo de las tasas cercanas al 2,7% registradas en 2024 y de la media histórica de la economía coreana.

En este contexto, el tipo real ex ante —tipo nominal menos inflación esperada— se sitúa en torno a 0,2 puntos, un nivel que no es particularmente alto pero sí suficiente para mantener cierta tracción desinflacionista. La consecuencia es una política monetaria atrapada entre dos fuegos: demasiado restrictiva para un crecimiento del 1%–1,5%, demasiado laxa para una divisa bajo presión y un mercado inmobiliario recalentado.

Las bolsas asiáticas, entre el alivio y el cansancio

La reacción de los mercados asiáticos a la decisión del BOK ha sido, como casi siempre, selectiva. En Seúl, el índice Kospi ha liderado las subidas con un avance de alrededor del 1,4%, hasta el entorno de los 4.788 puntos, apoyado en los grandes valores tecnológicos y financieros que se benefician de unos tipos estables y de un won algo más débil.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

En Hong Kong, en cambio, el Hang Seng ha cedido en torno a un 0,4%, hasta los 26.881 puntos, lastrado por la debilidad de los valores inmobiliarios y la incertidumbre sobre el ritmo de crecimiento en China. En la China continental, el Shanghai Composite ha retrocedido cerca de un 0,4% hasta los 4.108 puntos, mientras el Shenzhen Composite apenas se ha movido. En Australia, el S&P/ASX 200 ha sumado en torno a un 0,3%, y el índice baha japan avanzaba un 0,2% con los inversores todavía digiriendo los datos de precios japoneses.

Índice Korea Composite Stock Price

Este mosaico de movimientos ilustra bien el momento del mercado asiático: ya no hay un rally homogéneo, sino una búsqueda mucho más quirúrgica de ganadores y perdedores del nuevo entorno monetario. Los bancos y aseguradoras coreanos celebran que el precio del dinero no se abarate más, mientras algunos exportadores temen que un won demasiado débil les sitúe en el punto de mira de Washington.

Lo más relevante es que la decisión del BOK no ha sido capaz de imponer un tono claro a la sesión: ni euforia por más liquidez, ni pánico por un giro brusco. El resultado es un mercado que empieza a descontar que la gran era de recortes sincronizados en Asia podría estar acercándose a su final.

Índice Hang Seng

Japón mantiene la presión con un PPI del 2,4%

Mientras Corea del Sur optaba por la pausa, Japón añadía otra pieza al rompecabezas regional. El índice de precios a la producción (PPI) subió un 2,4% interanual en diciembre, exactamente en línea con lo esperado por el mercado pero solo ligeramente por debajo del 2,7% registrado el mes anterior.

La cifra confirma que las empresas japonesas siguen enfrentándose a costes de producción significativamente más altos que antes de la pandemia, especialmente en energía y productos intermedios. Para el Banco de Japón, que se mueve con extremo cuidado en su salida de décadas de política ultraexpansiva, este dato es un recordatorio de que cualquier endurecimiento demasiado rápido podría frenar un proceso de normalización de precios aún frágil.

En el mercado de divisas, el dólar se cambiaba en torno a 158,3 yenes, con un yen que se debilitaba alrededor de un 0,2% frente a la divisa estadounidense. Esa combinación —inflación mayorista robusta y moneda débil— crea un entorno incómodo también para Corea del Sur: un yen barato hace más competitivas las exportaciones japonesas frente a las surcoreanas, pero al mismo tiempo contribuye a fortalecer al dólar en toda la región, amplificando la presión sobre el won.

La consecuencia es clara: la decisión del BOK no se toma en el vacío, sino en una Asia donde la política del Banco de Japón y la estrategia de la Reserva Federal condicionan tanto como los datos domésticos. En la práctica, la foto que dejan las cifras de hoy es la de una región que sigue viviendo con tipos reales muy bajos, monedas volátiles y bancos centrales cada vez más cautos a la hora de prometer nuevas bajadas.

Riesgos latentes: vivienda cara y deuda récord

Más allá de la inflación y del tipo de cambio, el otro gran condicionante de la política monetaria surcoreana es el apalancamiento privado. La deuda de los hogares ronda ya niveles cercanos al 100% del PIB, y en 2024 habría alcanzado en torno a 1,9 billones de wones, según las últimas estimaciones y advertencias del propio banco central.

En paralelo, los precios de la vivienda en las zonas más tensionadas de Seúl han retomado las subidas tras el paréntesis de la fase más dura de las subidas de tipos. Los reguladores han endurecido las condiciones de concesión de hipotecas en algunos distritos de alto riesgo, pero el mercado sigue muy sensible a cualquier señal de que el crédito va a abaratarse de nuevo de forma significativa.

En este contexto, varios miembros del consejo han subrayado que otro recorte de tipos podría avivar una nueva ola especulativa en el ladrillo y agravar los riesgos de estabilidad financiera. “No podemos ignorar que la deuda de los hogares sigue en máximos históricos”, vienen repitiendo en sus intervenciones públicas. El mensaje es que la política monetaria ya no se decide solo en función de la inflación y el crecimiento, sino también de unos balances privados que se han estirado al límite durante la última década.

Este hecho revela una transformación silenciosa: Corea del Sur se parece cada vez más a las economías avanzadas donde los bancos centrales operan bajo la sombra permanente de la burbuja inmobiliaria y del endeudamiento crónico. Para el BOK, esto significa que el margen de maniobra en futuros ciclos bajistas será cada vez más estrecho.

El contraste con la Fed y el BCE

El movimiento de Corea del Sur también debe leerse frente al telón de fondo de la política monetaria en Estados Unidos y la eurozona. Desde septiembre de 2024, la Reserva Federal ha recortado su tipo de referencia en alrededor de 175 puntos básicos, llevándolo a una franja del 3,5%-3,75%, tras un inicio de ciclo con un recorte de 50 puntos básicos de golpe y varias bajadas adicionales en 2025.

El Banco Central Europeo, por su parte, ha aplicado recortes más graduales, pero también ha empezado a sacar el pie del freno tras llevar los tipos a máximos históricos en 2023. Frente a ellos, el BOK fue de los primeros en abrir el ciclo de bajadas en Asia, pero ahora parece dispuesto a frenar antes que sus pares occidentales. La consecuencia es un diferencial de tipos que sigue favoreciendo a los activos en dólares y, en menor medida, en euros frente a los coreanos.

Ese diferencial ayuda a explicar parte de las salidas de capital que ha sufrido Corea en los últimos trimestres, con inversores institucionales locales canalizando recursos hacia la renta variable estadounidense —especialmente tecnológicas— y fondos globales reduciendo su exposición a deuda coreana. Al mismo tiempo, el hecho de que Seúl haya sido más agresiva en el desmantelamiento de su política restrictiva que Tokio o Taipéi sitúa a Corea en una posición intermedia: más atractiva que Japón para algunos flujos de “carry trade”, pero menos que Estados Unidos para los grandes fondos globales.

El diagnóstico es inequívoco: en el nuevo ciclo monetario global, Corea del Sur ya no puede aspirar a competir solo con tipos, sino que tendrá que apoyarse cada vez más en su fortaleza estructural —industria tecnológica, infraestructuras, capital humano— para seguir captando inversión.

Qué puede pasar ahora con los tipos en Asia

A corto plazo, el consenso del mercado empieza a pivotar hacia un escenario en el que el 2,5% se convierte en el nuevo tipo “de espera” del Banco de Corea durante buena parte de 2026. Algunas casas de análisis todavía contemplan la posibilidad de un recorte adicional de 25 puntos básicos si el crecimiento sorprende a la baja o si la Fed acelera sus propias bajadas, relajando la presión sobre el won. Pero la señal lanzada hoy por Seúl es más bien la contraria: el listón para nuevas bajadas es ahora mucho más alto que hace unos meses.

Para el conjunto de Asia, el efecto dominó es evidente. Un BOK más prudente resta argumentos a otros bancos centrales de la región que se apoyaban en la relajación coreana para justificar sus propios recortes. Al mismo tiempo, la persistencia de una inflación mayorista del 2,4% en Japón y la incertidumbre en China sobre el verdadero ritmo de crecimiento limitan la capacidad de la región para embarcarse en un nuevo ciclo de dinero muy barato.

La clave estará en cómo evolucionen tres variables en los próximos trimestres: el crecimiento coreano (si se consolida por debajo del 2% el debate sobre más recortes volverá), la trayectoria del dólar (un giro claro de la Fed daría aire al won) y el comportamiento del mercado inmobiliario. Si los precios de la vivienda en Seúl se estabilizan y la deuda deja de marcar récords, el banco central recuperará parte de su margen de maniobra.

Hasta entonces, la foto es la de una Asia que deja atrás la fase más agresiva de la lucha contra la inflación, pero que todavía no puede cantar victoria. El Banco de Corea ha elegido la pausa; ahora será la economía —y no las promesas de más recortes— la que tenga que hacer el trabajo pesado.

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