Dow Jones a la espera de arrancar la semana con Takaichi acelera el divorcio económico con China ante el órdago de Trump

Washington activa una ofensiva legal para blindar la recaudación del Tesoro mientras Bruselas exige respeto a los pactos y Japón busca refugio en el eje Trump
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La Casa Blanca ha decidido responder a su mayor derrota judicial con una huida hacia adelante que sitúa al comercio mundial en un estado de excepción permanente. Apenas 48 horas después de que el Tribunal Supremo declarara ilegales los aranceles globales de Donald Trump, el mandatario no solo ha activado un gravamen temporal sustitutivo, sino que ha elevado la apuesta del 10% al 15% en menos de un día, el máximo legal permitido por la Sección 122 de la Ley de Comercio. Con un Tesoro que se enfrenta al riesgo de devolver 175.000 millones de dólares recaudados de forma ilícita, la Administración ha iniciado una reconstrucción total de su arquitectura proteccionista mediante investigaciones por «prácticas injustas», mientras aliados estratégicos como Japón aceleran su alineamiento con Washington para romper la dependencia de los minerales chinos. El diagnóstico es inequívoco: el revés del Supremo no ha frenado el proteccionismo, lo ha radicalizado bajo un nuevo y complejo laberinto legal.

El contraataque del 15%: la urgencia del Despacho Oval

La rapidez con la que el Ejecutivo ha reaccionado al fallo del Supremo revela una sensación de urgencia que ha pillado por sorpresa a los mercados internacionales. El Representante de Comercio de EE. UU. (USTR), Jamieson Greer, ha justificado la subida fulminante del arancel al 15% como una medida necesaria ante los «enormes desequilibrios comerciales» que, según la Casa Blanca, asfixian a la industria nacional. Este hecho revela que Washington ha abandonado cualquier pretensión de gradualismo para entrar en una fase de choque directo. La consecuencia es un marco arancelario que, aunque se presente como temporal para 150 días, busca forzar una renegociación masiva de los flujos de capital antes de que expire el plazo.

Greer ha insistido en que, por el momento, ninguna nación ha comunicado su intención de retirarse de los acuerdos comerciales vigentes a pesar del caos institucional. «No he oído a nadie venir a decirme que el trato se ha roto; quieren ver cómo se desarrolla esto», afirmó en una entrevista para la cadena CBS. Sin embargo, esta aparente calma es engañosa. La Administración Trump está utilizando este periodo de interinidad para reconstruir su «muro fiscal» utilizando herramientas legales que ya han resistido desafíos previos, como la Sección 301 sobre prácticas desleales y la Sección 232 de seguridad nacional. El objetivo es claro: cambiar la base legal del cobro sin renunciar a un solo dólar de los ingresos previstos.

La tregua técnica de los parqués neoyorquinos

La reacción de Wall Street ante el veredicto judicial ha sido de un optimismo contenido, marcado por un indudable trasfondo estratégico. Con un avance del 0,47% en el Dow Jones, secundado por el signo positivo en el S&P 500 y el Nasdaq 100, los analistas interpretan el cierre como un respiro procedimental de corto alcance. Este hecho revela que los inversores han recibido la sentencia como un balón de oxígeno para las multinacionales cuya rentabilidad depende de cadenas de suministro globales. El diagnóstico es nítido: el mercado ya había digerido el escenario de proteccionismo más agresivo, iniciando ahora un reequilibrio de capital hacia los sectores que habían sido castigados sistemáticamente por la volatilidad aduanera. La consecuencia es una rotación de carteras que busca exprimir este alivio legal, aunque la amenaza latente de nuevos decretos ejecutivos sugiere que este clima de bonanza podría tener una fecha de caducidad inminente.

Tradingview 2026-02-20 at 21.11.19
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Bruselas exige claridad: «Un pacto es un pacto»

La respuesta de la Unión Europea ha sido, por el contrario, de una firmeza gélida. La Comisión Europea emitió este domingo un comunicado inusualmente duro en el que exige a Washington que respete los términos del acuerdo comercial alcanzado el año pasado. Para Bruselas, la inestabilidad provocada por el fallo del Supremo y la posterior reacción de Trump no puede servir de excusa para alterar las reglas del juego. «La situación actual no es propicia para ofrecer un comercio e inversión transatlánticos 'justos, equilibrados y mutuamente beneficiosos'», sentenció el Ejecutivo comunitario, recordando que «un trato es un trato».

El pacto actual fija un arancel del 15% para la mayoría de los bienes europeos, pero la preocupación en las capitales de la UE reside en las nuevas investigaciones que Greer planea iniciar. Estas pesquisas podrían derivar en aranceles adicionales sobre sectores sensibles como el de los servicios digitales o la agricultura. Lo más grave es que Washington ha puesto en el punto de mira los impuestos a los servicios digitales que aplican varios países europeos, una línea roja que podría activar el «bazuca comercial» de Francia y Alemania. El diagnóstico de la Comisión es que la seguridad jurídica de las exportaciones europeas a EE. UU., valoradas en cientos de miles de millones de euros, pende hoy de un hilo interpretativo en el Departamento de Comercio.

El laberinto de los 175.000 millones en reembolsos

Mientras Greer gestiona el frente diplomático, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, lidia con un agujero fiscal que amenaza con desestabilizar el presupuesto de 2026. Según los cálculos de la Universidad de Pensilvania, el Gobierno federal podría verse obligado a reembolsar más de 175.000 millones de dólares a las empresas que pagaron los aranceles ahora declarados nulos. Bessent ha delegado la resolución de este conflicto en los tribunales inferiores, un movimiento táctico que busca dilatar las devoluciones durante «semanas o meses».

Este hecho revela una estrategia de resistencia fiscal. El Tesoro proyecta que los ingresos por aranceles en 2026 permanecerán virtualmente inalterados, a pesar de la sentencia del Supremo, porque confían en que las nuevas investigaciones bajo la Sección 301 generen ingresos equivalentes antes de que las devoluciones se materialicen. La consecuencia es una situación de «contabilidad creativa» al más alto nivel: el Estado intenta retener el capital cobrado ilegalmente mientras activa nuevas tasas para cubrir el posible vacío. «Seguiremos lo que decidan los tribunales, pero el proceso será largo», admitió Bessent, dejando claro que el Estado no tiene intención de abrir el grifo de los reembolsos de forma voluntaria ni inmediata.

Bessent blinda a Japón como pilar del poder de EEUU en Asia
Bessent blinda a Japón como pilar del poder de EEUU en Asia

Japón y el eje Takaichi: el refugio de la seguridad económica

En medio de este terremoto comercial, Japón ha decidido jugar una carta de pragmatismo estratégico. La primera ministra Sanae Takaichi, recién reelegida con una mayoría absoluta en la Dieta, ha situado en la cúspide de sus prioridades el fortalecimiento de la alianza con Trump para reducir la asfixiante dependencia de China. Pekín controla actualmente el 63% del suministro de tierras raras que consume la industria nipona, un porcentaje que, aunque inferior al 90% de 2010, sigue otorgando a China un poder de veto de facto sobre la fabricación de tecnología punta en Japón.

La consecuencia de este diagnóstico es un presupuesto para el ejercicio fiscal 2026 marcado por la inversión en minería fuera de la órbita china y la integración en el ecosistema productivo estadounidense. Takaichi se reunirá con Trump el 19 de marzo en la Casa Blanca con un objetivo nítido: garantizar que Japón sea eximido de la nueva oleada de aranceles del 15% a cambio de actuar como el bastión tecnológico de Occidente en Asia. Este hecho revela un cambio de paradigma; Tokio prefiere pagar el peaje de la lealtad política a Trump que seguir expuesto a los cortes de suministro selectivos de Xi Jinping, una maniobra que busca blindar la producción de imanes y semiconductores vitales para la defensa nacional.

Investigaciones 301: la nueva frontera del proteccionismo

La Administración Trump ha identificado en la Sección 301 su herramienta más eficaz para eludir el control judicial. Jamieson Greer ha confirmado que el USTR ya mantiene abiertas investigaciones contra Brasil y China, y prevé iniciar nuevas pesquisas sobre el exceso de capacidad industrial en Asia y los subsidios al arroz en diversos países. Este hecho revela que Washington está construyendo un «sistema arancelario a la carta», donde la justificación técnica de la «práctica desleal» sirve como salvoconducto para imponer tasas sin necesidad de declarar estados de emergencia económica.

Lo más grave para la estabilidad del comercio global es que estas investigaciones son altamente discrecionales y pueden incluir desde subsidios energéticos hasta la falta de protección de la propiedad intelectual. La consecuencia es una fragmentación del mercado mundial en bloques de «países amigos» y «países bajo investigación». El diagnóstico de los analistas es que EE. UU. está utilizando estas leyes para reconstruir su hegemonía manufacturera mediante la coacción legal, forzando a los socios comerciales a aceptar aranceles «voluntarios» para evitar sanciones mayores bajo la Sección 301.

El factor China y la estabilidad de la cumbre de marzo

A pesar del ruido arancelario, Washington intenta mantener una apariencia de estabilidad ante la próxima reunión entre Trump y Xi Jinping a finales de marzo. Greer ha descartado que el caos institucional por el fallo del Supremo afecte al encuentro, subrayando que el propósito de la cita es asegurar que Pekín cumpla con sus compromisos de compra de productos agrícolas y aviones Boeing. Este hecho revela la naturaleza transaccional de la diplomacia de Trump: los aranceles son el mazo para forzar compras masivas, no un fin en sí mismo.

Sin embargo, el contraste entre la retórica de estabilidad y la realidad de los hechos resulta demoledor. Mientras se prepara la cumbre, Washington investiga la sobrecapacidad china en sectores clave. La consecuencia de esta estrategia de «doble vía» —negociación en la cumbre y ataque en las aduanas— es un escenario de incertidumbre absoluta para las multinacionales que operan en ambos países. El diagnóstico es que la reunión de marzo no será un punto de encuentro, sino una mesa de inspección donde Trump exigirá resultados tangibles bajo la amenaza de activar el arancel del 15% de forma permanente sobre cada producto manufacturado en suelo chino.

La economía global ha entrado en una fase donde la ley del más fuerte se impone a la ley de los tribunales. Si el Tesoro logra dilatar los reembolsos y el USTR consolida sus nuevas investigaciones, el proteccionismo de Trump habrá mutado hacia una forma mucho más sofisticada y difícil de tumbar judicialmente. Este hecho revela la debilidad de los contrapesos institucionales frente a un Ejecutivo decidido a reescribir las normas del comercio exterior.

La consecuencia final será una inflación persistente y una contracción del intercambio comercial transatlántico y transpacífico. El diagnóstico final es que el mundo de 2026 ya no reconoce a la OMC ni al Tribunal Supremo de EE. UU. como árbitros válidos. La única realidad es la del arancel del 15% y la capacidad de cada nación para negociar un refugio bajo el paraguas de Washington o Pekín. La «Gran Rotación» de capital detectada por firmas como Bank of America es la prueba de que el mercado ya ha dictado sentencia: la era de la globalización previsible ha muerto, sustituida por un sistema de fidelidades y castigos aduaneros.

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