EE UU captura a Maduro, reclama el petróleo venezolano y el Dow Jones aguanta el pulso

La operación “Absolute Resolve” abre un choque geopolítico de primer orden mientras Wall Street cerró la semana al alza: el Dow sube un 0,66%, el S&P 500 un 0,19% y el Nasdaq apenas cede un 0,03%
Dow Jones - Nasdaq
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La madrugada en la que más de 150 aeronaves y varios miles de soldados estadounidenses irrumpieron en Venezuela no solo acabó con la captura de Nicolás Maduro camino de un tribunal en Nueva York. También inauguró un escenario inédito: una Casa Blanca que proclama que “va a dirigir el país”, amenaza con una “segunda oleada” militar y deja entrever que las grandes petroleras de EE UU podrían tomar el control de los vastos recursos de crudo del país caribeño.

Mientras tanto, los mercados intentan digerir el golpe. En el primer día de negociación de 2026, el Dow Jones Industrial Average subió un 0,66%, el S&P 500 avanzó un 0,19% y el Nasdaq Composite retrocedió un marginal 0,03%, una reacción contenida frente a un movimiento político y militar de enorme calado.

Sobre el terreno, el vacío dejado por Maduro se llenó de inmediato. La vicepresidenta Delcy Rodríguez se erigió como líder de facto, reclamó su liberación y marcó distancia con la versión de la Casa Blanca sobre su disposición a cooperar. En paralelo, el Pentágono subrayaba que la primera fase de la operación, “Absolute Resolve”, había neutralizado infraestructuras militares en buena parte del norte de Venezuela.

Las preguntas que se abren ahora son mayúsculas: cómo piensa Washington “dirigir” un país soberano, qué margen tendrá el chavismo sin Maduro, qué impacto real tendrá el control de los pozos en el mapa energético global y cuánto tiempo podrán seguir los índices como el Dow y el S&P 500 mirando al conflicto solo de reojo.

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Una operación sin precedentes y sin aval del Congreso

La operación, bautizada como Operation Absolute Resolve, llevaba meses en preparación, pero se ejecutó sin notificación formal previa al Congreso pese a implicar tropas sobre el terreno y un despliegue aéreo masivo dentro de territorio venezolano. Según las primeras filtraciones, participaron miles de efectivos y más de 150 aeronaves de distintos tipos, en una maniobra que desbordó con creces el perfil habitual de una misión especial.

El propio Donald Trump lo reivindicó abiertamente: “No tenemos miedo de poner botas sobre el terreno, no tenemos miedo de decirlo”. Con esa frase, el presidente no solo confirmó el alcance de la intervención, sino que asumió explícitamente el carácter invasivo de la operación.

Maduro aterrizó la tarde del sábado en una base militar estadounidense antes de ser puesto bajo custodia en Nueva York. No se le trata como prisionero de guerra, sino como acusado penal, frente a una acusación de 25 páginas que le imputa narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y tenencia de armas de guerra. Es un detalle clave: en la narrativa de Washington no hay conflicto entre Estados, sino un delito transnacional perseguido por la justicia norteamericana.

En el plano interno de EE UU, los demócratas han convocado una reunión de emergencia para el lunes, denunciando una violación del derecho internacional y de la Carta de la ONU. Por ahora, no se vislumbra una oposición organizada entre los republicanos, en buena medida desplazados por un Ejecutivo que concentra la iniciativa.

Delcy Rodríguez, Padrino López y el chavismo sin Maduro

Mientras el avión con Maduro tocaba suelo estadounidense, en Caracas el aparato chavista se recomponía con rapidez. La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumía el protagonismo político, reclamaba la liberación del líder detenido y se distanciaba del relato de Trump, que había llegado a calificarla de “amable” y dispuesta a cooperar tras una conversación con el secretario de Estado, Marco Rubio.

En su mensaje televisado, Rodríguez adoptó un tono muy distinto: línea dura, denuncia de la intervención y reafirmación de la soberanía venezolana. No es una figura menor: controla el sector petrolero, tiene ascendiente sobre los servicios de seguridad y su hermano Jorge Rodríguez preside la Asamblea Nacional.

En ese triángulo de poder se inscribe también el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, que muchos analistas ven como posible sucesor o figura clave en cualquier reconfiguración del régimen. El control de las fuerzas armadas —ya golpeadas por los ataques a bases y cuarteles durante “Absolute Resolve”— será decisivo para determinar si el chavismo opta por resistir, negociar o dividirse.

El mensaje de Trump es contradictorio: afirma que “va a dirigir el país” pero, al mismo tiempo, descarta entregar el poder a la líder opositora María Corina Machado, a la que descalifica por falta de apoyo interno, pese a su reconocimiento internacional y a su premio Nobel. El resultado es un limbo político donde la oposición no es la receptora directa del poder, el chavismo conserva estructuras clave y Washington se arroga un rol de supervisor que carece de definición institucional clara.

Petróleo bajo tutela estadounidense: ¿nuevo mapa energético?

El corazón económico de esta crisis está en el petróleo. La posibilidad de que EE UU mantenga un control operativo sobre los campos venezolanos redefine el tablero energético global. La propia MaceNews subraya que la capacidad potencial de una operación conjunta EE UU–Venezuela podría superar no solo a Arabia Saudí, sino al conjunto de grandes productores.

En la práctica, ese escenario exigiría:

  • Reconstruir infraestructuras deterioradas tras años de desinversión, sanciones y fuga de talento.

  • Establecer un nuevo régimen contractual bajo el cual compañías estadounidenses “comanden” los campos, algo que choca con la tradición de soberanía sobre los hidrocarburos.

  • Gestionar el impacto sobre terceros países productores, desde miembros de la OPEP+ hasta Canadá o Brasil, que verían alterada la oferta global.

Para los mercados, una mayor producción venezolana bajo paraguas estadounidense podría traducirse, a medio plazo, en presión bajista sobre el precio del crudo, menor inflación energética y cierto alivio para bancos centrales como la Fed o el BCE. Pero el corto plazo está dominado por la incertidumbre política: sin claridad sobre quién firma los contratos y quién garantiza la seguridad jurídica, el discurso de un “nuevo gigante petrolero” sigue siendo más hipótesis que realidad.

@realDonaldTrump
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Cuba, México y Colombia: aliados y vecinos bajo presión

Las ondas expansivas de la operación ya se sienten en los países más directamente vinculados a Caracas. Cuba, cuya economía depende en gran medida del suministro de crudo venezolano, se enfrenta al riesgo de ver recortado o reconfigurado ese flujo si Washington decide utilizarlo como instrumento de presión. La isla ha proporcionado durante años seguridad personal y asesoría política a Maduro, un vínculo que ahora podría convertirse en pasivo estratégico.

México ha sido señalado de forma directa por Trump, que ha llegado a afirmar que “los cárteles están dirigiendo México” y que “algo habrá que hacer”. La referencia a una posible operación “como la de Maduro” sobre territorio mexicano dispara los temores a un endurecimiento drástico de la política de seguridad y fronteriza, con repercusiones en comercio, inversión y flujos migratorios.

En Colombia, el presidente Gustavo Petro ha sido atacado verbalmente con acusaciones tan crudas como “está haciendo cocaína”. Trump remata con un “tiene que vigilar su trasero”, una frase que deja entrever que el discurso de mano dura puede ir más allá de lo declarativo. Para Bogotá, el equilibrio entre mantener su propio proyecto político y no quedar en el punto de mira de Washington se complica.

En conjunto, el mensaje es inequívoco: la operación en Venezuela se presenta como modelo exportable para manejar lo que la Casa Blanca agrupa bajo un mismo paraguas —narcotráfico, inestabilidad y alineamiento con potencias rivales—, reactivando lógicas de Doctrina Monroe en pleno siglo XXI.

La respuesta de Washington: Congreso dividido, Casa Blanca al mando

En el frente interno estadounidense, la captura de Maduro y la reivindicación de un control directo sobre Venezuela han desatado un choque institucional. Los demócratas en el Capitolio preparan una respuesta de urgencia, denunciando que la intervención vulnera la Carta de Naciones Unidas y que la ausencia de autorización legislativa sienta un precedente peligroso.

Sin embargo, las posibilidades de frenar la estrategia de la Casa Blanca son limitadas. La falta de oposición articulada entre los republicanos, que en su mayoría respaldan la narrativa de firmeza frente a regímenes considerados hostiles, deja a Trump con amplio margen de maniobra en el corto plazo.

En paralelo, la Reserva Federal y los mercados observan el impacto de la crisis sobre variables clave: precio del petróleo, expectativas inflacionistas y confianza empresarial. El episodio se suma a otras fuentes de tensión —desde tarifas comerciales hasta cambios en el liderazgo de la propia Fed— que alimentan un entorno de elevada sensibilidad al riesgo político.

Wall Street reacciona: Dow Jones y S&P 500 miran al crudo

Pese a la magnitud del movimiento militar, la primera sesión bursátil de 2026 terminó con un balance relativamente moderado. El Dow Jones Industrial Average subió 319 puntos, un 0,66%, apoyado en valores como Boeing (+4,9%) y Caterpillar (+4,5%), reflejo del buen comportamiento de industriales y utilities. El S&P 500 sumó un 0,19% y el Nasdaq cedió apenas un 0,03%, lastrado por tecnológicas como Apple y Microsoft.

La lectura es doble:

  • A muy corto plazo, el mercado interpreta la operación como controlada y acotada, sin impacto inmediato en beneficios corporativos.

  • A medio plazo, los inversores saben que el eventual control de las reservas venezolanas, la reacción de aliados y enemigos y el comportamiento del petróleo pueden alterar de forma significativa la trayectoria de inflación, tipos de interés y crecimiento.

Analistas consultados por agencias internacionales hablan de un patrón de “buy the dip, sell the rip” que sigue dominando el comportamiento de los inversores: aprovechar correcciones para entrar en los grandes índices, especialmente en el Dow Jones, que encadena ya tres años con subidas de doble dígito junto al S&P 500 y el Nasdaq.

El verdadero test llegará si el conflicto se prolonga, si la “segunda ola” sugerida por Trump se materializa o si la captura de Maduro no se traduce en una transición ordenada. En ese escenario, el actual equilibrio —Dow y S&P al alza con un conflicto abierto en el patio trasero— podría volverse insostenible.

Los interrogantes que marcarán 2026

Tras la espectacularidad de la operación y la contundencia de las declaraciones, quedan enormes preguntas abiertas:

  • ¿Cómo se concretará el anuncio de que EE UU va a “dirigir” Venezuela?

  • ¿Qué margen real tendrá el chavismo sin Maduro, con figuras como Delcy Rodríguez y Padrino López controlando resortes clave?

  • ¿Hasta dónde llegará la reconfiguración del mapa petrolero si las grandes compañías estadounidenses asumen el mando operativo en los campos venezolanos?

  • ¿Cómo responderán Cuba, México y Colombia a la nueva doctrina de fuerza aplicada desde Washington?

  • ¿Podrán índices como el Dow Jones, el S&P 500 o el propio euro/dólar seguir operando como si el shock geopolítico fuese pasajero?

2026 arranca, así, con una paradoja: mientras los gráficos de Wall Street muestran avances moderados y cifras en verde, el tablero político hemisférico se reordena a una velocidad que pocos habían previsto. La captura de Maduro y la reclamación del petróleo venezolano pueden ser, en retrospectiva, el momento en que la geopolítica volvió a situarse en el centro de la ecuación de riesgo para inversores, gobiernos y bancos centrales.

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