Fiebre de la plata: vuela un 3% y rompe los 120 dólares
La plata acaba de cruzar un umbral que hace apenas un año parecía ciencia ficción: más de 120 dólares por onza, nuevo máximo histórico absoluto. En la madrugada del jueves llegó a tocar 120,45 dólares antes de estabilizarse en torno a los 120 dólares, con una subida intradía superior al 3%. Al mismo tiempo, el oro rozó los 5.600 dólares por onza, encadenando récord tras récord y acumulando ya más de un 27% de revalorización en 2026, tras dispararse un 64% en 2025.
Un rally que rompe todos los esquemas
El movimiento de las últimas horas culmina una escalada que ya venía gestándose desde 2025. Solo en lo que va de 2026, la plata ha subido más de un 60%, después de un año anterior en el que ya se anotó revalorizaciones de tres dígitos. Hace apenas cinco días superaba por primera vez los 100 dólares por onza; hoy, los 120 ya son historia.
El oro no se queda atrás: ha rebasado los 5.590 dólares intradía y se mantiene cómodamente por encima de los 5.500 dólares, impulsado por las compras de bancos centrales, fondos y pequeños ahorradores, especialmente en Asia. Desde octubre de 2023, el metal amarillo ha subido más de un 140%, pero esta vez es la plata la que encabeza el podio de los retornos.
Lo más llamativo es el cambio en la relación entre ambos metales. El ratio oro/plata, que en 2025 llegó a rozar las 100 onzas de plata por una de oro, ha caído ahora a niveles en torno a 46, un desplome que no se veía en años y que indica una clara sobreperformance de la plata frente al oro.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado ya no está descontando solo inflación o tipos bajos; está poniendo precio a un profundo cuestionamiento del sistema monetario y de la deuda pública global.
La Fed, el dólar débil y la huida al refugio
El catalizador inmediato del último tramo del rally ha sido la decisión de la Fed de mantener los tipos sin cambios y admitir que la inflación sigue por encima del objetivo del 2%, pero sin comprometer un calendario claro de recortes. Lejos de tranquilizar, el mensaje de Jerome Powell se ha interpretado como la confirmación de que la política monetaria está atrapada: subir más tipos tensionaría aún más una economía endeudada; bajarlos demasiado pronto dispararía la desconfianza en el dólar.
A esto se suma un elemento político inédito: el mercado asiste con inquietud a los intentos de la Administración Trump de presionar a la Fed, con investigaciones abiertas sobre Powell y tensiones internas en el propio consejo de gobernadores. “Cuando se duda de la independencia del banco central, el inversor deja de confiar en el papel moneda y busca activos que no dependan de decisiones políticas”, resume un analista de renta fija consultado por Negocios TV, en línea con los mensajes que se repiten estos días en los informes de las grandes casas.
El contraste con el dólar es demoledor. La divisa estadounidense ha caído a mínimos de cuatro años frente a una cesta de monedas, erosionada por el déficit gemelo —fiscal y por cuenta corriente— y por un discurso político que, lejos de defender su fortaleza, parece cómodo con su debilidad para ganar competitividad comercial.
En este contexto, no sorprende que cada nueva rueda de prensa de la Fed se traduzca en una ola de órdenes de compra en oro y plata. El mensaje del mercado es que la confianza en el dólar ya no se da por supuesta.
Oro desbocado y nuevo equilibrio entre metales
El espectacular avance de la plata se produce en paralelo a una auténtica reconfiguración del mapa de metales preciosos. El oro ha encadenado nueve sesiones de máximos históricos, la plata ha pulverizado sus registros y platino y paladio se han sumado al rally, con el primero marcando estos días picos por encima de los 2.900 dólares por onza, aunque hoy corrige ligeramente hacia la zona de 2.770 dólares.
La consecuencia es un nuevo equilibrio de precios entre metales que obliga a revisar la construcción de carteras. Tradicionalmente, muchos gestores recomendaban un peso del 5%-10% en oro como seguro frente a shocks inflacionistas o geopolíticos. Hoy, ese debate se ha desplazado hacia la combinación oro-plata, con casas de análisis que sugieren que, dentro de la exposición a metales, hasta un 40%-50% podría estar ya en plata dada su mayor beta y su creciente importancia industrial.
Sin embargo, lo más grave desde el punto de vista de la estabilidad financiera es el carácter cada vez más parabólico de los movimientos. Cuando un activo que se supone refugio se comporta como una acción tecnológica en pleno ciclo especulativo, la frontera entre protección y burbuja se vuelve extremadamente difusa.
El oro sigue siendo el ancla psicológica del sistema; la plata, cada vez más, el termómetro de hasta qué punto los inversores están dispuestos a desafiarlo todo a cambio de escapar del dinero fiduciario.
Un refugio que también es metal industrial
A diferencia del oro, cuya demanda es predominantemente financiera y joyera, más de la mitad del consumo de plata procede de usos industriales: electrónica, paneles solares, automoción eléctrica, dispositivos médicos o centros de datos. Esa doble cara —refugio y materia prima crítica para la transición energética y digital— es la que explica que el rally actual tenga una profundidad distinta a la de ciclos anteriores.
Según datos del Silver Institute, la demanda industrial de plata alcanzó en 2024 un récord de alrededor de 680 millones de onzas, impulsada por la electrificación del transporte, la expansión de redes y el despliegue masivo de fotovoltaica. Solo el sector solar ya representa cerca de un 20%-30% de la demanda industrial, frente al 11% de hace una década.
Este hecho revela una tensión estructural: incluso si el apetito financiero por lingotes y ETF se moderase, la industria seguiría compitiendo por un metal cuya oferta crece mucho más despacio y que, en gran medida, se produce como subproducto de minas de cobre, plomo o zinc. Si los precios actuales se cronifican, el coste de la transición energética puede aumentar de forma significativa, especialmente en tecnologías intensivas en plata como algunas células solares de alta eficiencia.
En otras palabras, la plata se ha convertido a la vez en termómetro del miedo financiero y cuello de botella potencial de la economía verde.
Un mercado físico en déficit crónico
Los precios actuales no se entienden sin mirar al mercado físico. El sector acumula varios años de déficit estructural, con una demanda que supera la oferta en cientos de millones de onzas anuales, según los últimos balances publicados. En 2024, distintas estimaciones apuntan a un agujero de más de 180 millones de onzas, mientras las existencias en bóvedas de Londres y en almacenes de la COMEX han caído a mínimos plurianuales.
Reforzar la producción no es sencillo. Una parte sustancial de la plata procede de minas polimetálicas: para aumentar su extracción no basta con que suba el precio de la propia plata, también es necesario que resulten rentables el cobre, el plomo o el zinc. Y los grandes proyectos de minería primaria tardan en promedio entre 7 y 10 años en ponerse en marcha desde su aprobación.
Mientras tanto, el reciclaje —que aporta en torno a un 20% del suministro anual— está limitado por la capacidad de procesamiento y por la dificultad de recuperar la plata dispersa en millones de dispositivos electrónicos de bajo valor. El resultado es un mercado en el que cualquier shock de demanda se traduce casi inmediatamente en presión alcista sobre los precios, amplificando los movimientos especulativos.
El contraste con la narrativa oficial sobre la transición energética, basada en una disponibilidad “asequible” de metales críticos, resulta cada vez más evidente.
Señales de burbuja: lo que dicen los grandes inversores
Con la plata por encima de 120 dólares, una parte del mercado empieza a hablar abiertamente de burbuja. Grandes bancos de inversión sitúan el “valor fundamental” del metal en torno a los 60-70 dólares por onza, muy por debajo de las cotas actuales, y advierten de que el componente especulativo es ya dominante en los precios de corto plazo.
En los últimos días se ha observado una paradoja llamativa: mientras el precio marcaba nuevos máximos, algunas posiciones en ETF de plata se reducían y los inventarios en ciertos mercados de futuros aumentaban ligeramente, señales típicas de toma de beneficios por parte de institucionales. Al mismo tiempo, las primas en mercados minoristas asiáticos se han disparado, con colas en comercios de Hong Kong y Shanghái para comprar monedas y pequeños lingotes.
“El patrón es clásico: primero entra el dinero profesional, y cuando la historia salta a los titulares se suma el inversor minorista, justo cuando la curva se vuelve casi vertical”, apunta un gestor de materias primas de una firma europea. El riesgo es que una corrección violenta deje atrapados a miles de pequeños ahorradores que han llegado tarde a la fiesta.
La lección de otros episodios —desde la burbuja de la plata de los hermanos Hunt en 1980 hasta los picos de 2011— es que los metales también corrigen, y lo hacen con la misma rapidez con la que suben.

