La desdolarización avisa al Dow Jones, pero no destrona al dólar
El dólar ya no controla las finanzas mundiales con la misma autoridad que hace una década. Su participación en las reservas oficiales cayó hasta aproximadamente el 57% al cierre de 2025, frente al 64% de diez años antes.
Al mismo tiempo, Brasil extiende Pix, China amplía sus sistemas de liquidación e India exporta su infraestructura de pagos.
Europa prepara un euro digital para reducir su dependencia de las plataformas estadounidenses.
Sin embargo, hablar del ocaso definitivo del billete verde resulta prematuro.
La desdolarización avanza por los márgenes, pero el núcleo financiero mundial continúa gravitando alrededor de Estados Unidos y del Dow Jones.
Una erosión lenta, no un derrumbe
La pérdida de cuota del dólar es real, aunque no equivale a una sustitución inmediata. El euro conserva alrededor de una quinta parte de las reservas, mientras el yuan continúa muy lejos de disputar el liderazgo estadounidense.
El dato más simbólico procede del oro: al terminar 2025 representaba cerca del 27% de las reservas globales, frente al 22% de los bonos del Tesoro norteamericano. Buena parte de ese adelantamiento respondió a la fuerte revalorización del metal, pero refleja también la búsqueda de activos que no dependan de decisiones políticas extranjeras.
El mundo no está sustituyendo un dólar dominante por otra divisa dominante. Está construyendo un sistema más fragmentado.
El Dow Jones recibe dos señales
Una depreciación ordenada del dólar puede favorecer a numerosas multinacionales del Dow Jones, porque eleva el valor contable de los ingresos obtenidos en euros, yenes o monedas emergentes cuando se convierten a dólares.
El problema aparecería si los bancos centrales redujeran aceleradamente sus compras de deuda estadounidense. Washington tendría que ofrecer mayores rentabilidades para atraer capital, encareciendo las hipotecas, la financiación empresarial y el servicio de la deuda pública, menos dominio monetario podría traducirse en tipos estructuralmente más altos y valoraciones bursátiles más exigentes. El Dow Jones puede beneficiarse de un dólar moderadamente débil, pero sufriría una pérdida brusca de confianza en los activos estadounidenses.
Pix desafía a las redes, no al dólar
Brasil demuestra que la autonomía financiera puede avanzar sin crear una nueva moneda. Pix, desarrollado por su banco central, permite transferencias inmediatas y de bajo coste mediante teléfonos móviles y códigos QR.
El sistema ya es utilizado por unos 178 millones de brasileños y movió alrededor de siete billones de dólares en un año. Su éxito reduce el espacio de Visa y Mastercard, dos grandes símbolos de la infraestructura financiera estadounidense.
Sin embargo, Pix no reemplaza al dólar en las reservas internacionales ni en el comercio petrolero. Desdolarizar y prescindir de redes de pago estadounidenses son procesos relacionados, pero diferentes.
Europa busca una salida propia
El euro digital pretende ofrecer una alternativa pública para pagos electrónicos, incluidos movimientos entre particulares, compras en comercios y operaciones sin conexión.
El proyecto todavía depende de la legislación comunitaria. Las pruebas piloto están previstas desde 2027 y el Eurosistema aspira a estar preparado para una posible emisión en 2029. Su principal objetivo no es derribar al dólar, sino evitar que Europa dependa exclusivamente de compañías extranjeras para mover su propio dinero. Europa posee una moneda internacional, pero carece todavía de una infraestructura minorista plenamente soberana y común.
China amplía el uso del yuan mediante acuerdos comerciales, bancos estatales y sistemas propios de liquidación. India sigue otra vía: internacionaliza UPI, su arquitectura de pagos instantáneos, y promueve operaciones en rupias con determinados socios.
Pese a esos avances, el dólar continúa presente en aproximadamente el 40%-54% de la facturación del comercio mundial, mientras el yuan ronda únicamente el 4%. Además, las obligaciones financieras en dólares fuera de Estados Unidos se acercan a 14 billones de dólares.
Ese volumen crea una poderosa inercia. Empresas y bancos necesitan dólares porque sus proveedores, créditos y coberturas también están denominados en esa moneda.
El privilegio todavía resiste
El dólar conserva tres ventajas difíciles de replicar: un mercado de deuda gigantesco, una elevada liquidez y una arquitectura jurídica aceptada incluso por gobiernos críticos con Washington.
Ni el yuan ofrece plena libertad de capitales ni el euro dispone de un Tesoro común equivalente al estadounidense. Las redes regionales pueden reducir dependencias, pero no proporcionan todavía un activo seguro con la profundidad necesaria para absorber billones de reservas.
La hegemonía estadounidense se está desgastando, no desapareciendo. Para el Dow Jones, el riesgo no es que el dólar muera mañana, sino que Estados Unidos deba pagar cada vez más por mantener el privilegio que durante décadas dio por garantizado.