Ola de ventas en la nube hunde al Nasdaq pese al tirón de Palantir

Freno en el Nasdaq: el ‘software’ de la IA pasa factura

La racha del gran rally tecnológico en Wall Street ha encallado allí donde más dolía: en el corazón del ‘software’ y la nube, los grandes beneficiados del entusiasmo por la inteligencia artificial. El martes, el S&P 500 cedió un 0,45% y el Nasdaq cayó un 1,02%, arrastrados por una nueva oleada de ventas en las grandes compañías de software, mientras los inversores asimilaban los resultados de Palantir, el desplome de PayPal y el inminente examen de Alphabet y Amazon. La corrección se produce justo cuando los analistas elevan sus previsiones de beneficios para el cuarto trimestre por encima del 11% anual, según datos de LSEG, pero empiezan a preguntarse si el mercado no ha ido demasiado lejos al pagar múltiplos de perfección por todo lo que huela a IA. Mientras el Nasdaq volvía a teñirse de rojo, los índices de pequeña y mediana capitalización avanzaban cerca de un 1%, reforzando la sensación de que la rotación ha comenzado.

Nasdaq
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Un castigo concentrado en el corazón del rally tecnológico

El ajuste fue especialmente severo en los nombres que habían capitalizado con más fuerza la narrativa de la inteligencia artificial. Microsoft retrocedió alrededor de un 2,3%, mientras que Intuit y Atlassian llegaron a perder más de un 8% cada una. Adobe y Datadog cayeron en torno a un 6%, Oracle cedió un 2%, CrowdStrike se dejó casi un 4%, Snowflake un 8% y Salesforce más de un 5%.

Índice Nasdaq 100

El índice de software y servicios del S&P 500 se desplomó un 3,3%, encadenando cinco sesiones consecutivas de descensos. Es ahí donde se ha concentrado el reajuste de expectativas: en los títulos que habían pasado de ser considerados “beneficiarios de la IA” a convertirse en auténticos proxies del fenómeno, con valoraciones que muchos gestores empezaban a considerar insostenibles.

Índice S&P 500

Como resume John Campbell, gestor de carteras senior en Allspring Global Investments, «tenemos un mercado caro y las expectativas son muy altas; muchas áreas en torno a la IA cotizan a precio de perfección, y eso nos ha colocado en un ambiente de recelo». La frase es, en sí misma, un diagnóstico de una bolsa que ha corrido mucho en 2024 y 2025 y empieza 2026 preguntándose cuánto beneficio real hay detrás de la euforia tecnológica.

La consecuencia es clara: cualquier señal de desaceleración en ingresos o márgenes provoca ventas desproporcionadas, sobre todo en un sector donde el consenso lleva meses revisando al alza las estimaciones.

La burbuja de expectativas en torno a la inteligencia artificial

El detonante inmediato de la corrección es menos un dato concreto que un cambio de narrativa. En las últimas jornadas ha crecido la inquietud sobre la velocidad con la que nuevos modelos de IA, más potentes y baratos, pueden canibalizar los modelos de negocio de los propios campeones del software. No se trata solo de si la IA generará nuevos ingresos, sino de cuánto riesgo supone para los actuales flujos de caja.

En enero ya se vio un primer aviso: tras varios resultados de las grandes tecnológicas, el mercado castigó con dureza a las compañías que no ofrecían una hoja de ruta nítida sobre el retorno del enorme capex destinado a centros de datos, chips y modelos de IA. Ahora, el debate se desplaza del hardware al ‘software as a service’, donde muchos productos corren el riesgo de volverse rápidamente comoditizados si la IA permite replicar funcionalidades a menor coste.

El diagnóstico es inequívoco: la narrativa de la IA ya no basta por sí sola para sostener múltiplos de 30 o 40 veces beneficios. Los inversores quieren evidencias de monetización, contratos concretos, expansión de márgenes y, sobre todo, resiliencia frente a posibles disrupciones del propio sector. La historia recuerda, por momentos, a la fase final de la burbuja puntocom, cuando cualquier empresa con “.com” en el nombre obtenía financiación, hasta que el mercado empezó a exigir beneficios reales.

La rotación hacia ‘small caps’: la contranarrativa del mercado

Mientras el Nasdaq sufría, el dinero buscaba refugio en rincones menos concurridos de la renta variable. El Russell 2000, referencia de pequeñas compañías, avanzó un 0,9%, la misma subida que el S&P 400 de mediana capitalización, mientras el S&P 600 de small caps sumaba un 0,6%. El contraste con el rojo de los grandes índices tecnológicos resulta demoledor.

Para Ben Falcone, director gerente de Kayne Anderson Rudnick, la oportunidad está precisamente en esas compañías que no están en la carrera armamentística del capex y se centran en aplicar la IA de forma silenciosa, pero rentable, a procesos concretos. “Menos ruido, más beneficio por acción”, podría resumirse su tesis.

Esa rotación tiene varios mensajes de fondo. Primero, que el mercado empieza a desconfiar de los relatos en los que la escala lo es todo; segundo, que la dispersión de valoraciones entre gigantes tecnológicos y compañías más pequeñas ha alcanzado niveles históricamente elevados; y tercero, que la Fed, con unos tipos aún altos, favorece modelos de negocio con flujos de caja visibles frente a promesas a diez años vista.

Para el inversor europeo, esta dinámica abre la puerta a un escenario que ya se vio tras el pinchazo de la burbuja tecnológica en 2000: varios trimestres en los que los índices de referencia apenas avanzan, pero donde una selección cuidadosa de ‘small caps’ puede batir ampliamente al mercado.

Palantir desafía la tendencia mientras el ‘software’ clásico tropieza

En medio del castigo al sector, una excepción destacó en verde: Palantir subió en torno a un 4,4% durante la sesión estadounidense, después de presentar unos resultados trimestrales que superaron con holgura las previsiones del mercado y reforzaron la idea de que la IA puede traducirse en contratos concretos, sobre todo con administraciones públicas y grandes corporaciones.

La compañía anunció unos ingresos cercanos a 1.410 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2025, un 70% más que un año antes, con un crecimiento especialmente fuerte en ventas a empresas estadounidenses. No es solo cuestión de tamaño: el mercado premia el carácter “misión crítica” de su software y la visibilidad de sus contratos a largo plazo.

El contraste con otras firmas de software más horizontales es significativo. Mientras Palantir es percibida como un actor clave en defensa, seguridad y análisis de datos sensibles, muchas aplicaciones de productividad y gestión empresarial empiezan a verse como fácilmente replicables mediante modelos de IA de propósito general. Este hecho revela un posible cambio de paradigma: no bastará con “usar IA”; habrá que tener una posición estratégica difícil de copiar.

Si algo deja claro la sesión es que el mercado discrimina cada vez más entre ganadores estructurales de la IA y empresas que simplemente han montado la ola, sin una ventaja competitiva clara.

Walmart, Disney y la foto del consumo estadounidense

Fuera de la tecnología pura, uno de los titulares de la jornada fue el de Walmart, que se convirtió en el primer minorista del mundo en superar el billón de dólares de valoración bursátil. El grupo ha visto cómo su acción subía más de un 26% en el último año y alrededor de un 468% en la última década, frente al 264% del S&P 500, impulsada por la combinación de comercio físico, canal digital y una fuerte inversión en automatización y análisis de datos.

El diagnóstico es claro: el mercado está dispuesto a pagar múltiplos de ‘tech’ por compañías que, sin ser tecnológicas puras, han demostrado que saben usar la tecnología para ganar cuota y mejorar márgenes. Walmart se beneficia además de un fenómeno que preocupa a otros distribuidores: el trasvase de consumidores de renta media-alta hacia formatos percibidos como más eficientes, en un contexto de inflación todavía elevada en servicios.

En el polo opuesto, Walt Disney vivió una sesión negativa tras anunciar el nombramiento del responsable de parques temáticos, Josh D'Amaro, como nuevo consejero delegado, poniendo fin a meses de dudas sobre la sucesión. El mercado, sin embargo, penalizó el valor con caídas cercanas al 2%, un recordatorio de que la gobernanza y la claridad estratégica pesan tanto como los estrenos de taquilla en la cotización.

PayPal, Pfizer y el diluvio de resultados

La sesión estuvo además marcada por un auténtico “diluvio de beneficios”, con cerca de una cuarta parte de las compañías del S&P 500 presentando resultados a lo largo de la semana. Los analistas estiman un crecimiento medio de beneficios de casi el 11% para el cuarto trimestre, frente al entorno del 9% que se proyectaba a comienzos de enero, lo que refleja una economía aún más resistente de lo que se esperaba hace solo unos meses.

No todas las publicaciones, sin embargo, convencieron al mercado. PayPal se desplomó alrededor de un 18% después de proyectar un beneficio para 2026 por debajo de las expectativas del consenso, un jarro de agua fría para una fintech que ya venía de varios trimestres de dudas sobre su capacidad para volver a crecer a doble dígito.

En el sector farmacéutico, Pfizer cayó en torno a un 3,5%-4% pese a batir previsiones en el cuarto trimestre, mientras que Merck avanzó cerca de un 1,4% tras unos resultados mejor recibidos por el mercado.

Por su parte, PepsiCo repuntó alrededor de un 3% al anunciar rebajas de precios en marcas icónicas como Lay’s y Doritos, una decisión que apunta a cierta fatiga del consumidor ante las subidas de los últimos años, pero también a la confianza de la compañía en defender volúmenes y cuota.

El cuadro agregado es el de una economía que sigue generando beneficios sólidos, pero donde el mercado no perdona desviaciones respecto a unas expectativas cada vez más exigentes.

El efecto de la Fed, el oro y el bloqueo político

Más allá de los resultados empresariales, la sesión estuvo condicionada por dos factores macro. En primer lugar, la fuerte caída del oro y la plata tras el nombramiento del ex gobernador de la Fed Kevin Warsh, interpretado por muchos operadores como un movimiento de perfil duro en materia de tipos de interés. Un entorno de tipos más altos durante más tiempo resta atractivo al metal precioso y aumenta el coste de oportunidad de mantener activos sin rendimiento.

En segundo lugar, el mercado siguió muy pendiente del acuerdo de financiación que debía aprobar la Cámara de Representantes para evitar un nuevo cierre parcial de la Administración. Los sucesivos bloqueos han provocado retrasos en la publicación de datos clave, incluido el informe oficial de empleo de enero, lo que añade un nuevo nivel de incertidumbre a corto plazo.

Este vacío de información estadística llega en un momento delicado, justo cuando los inversores tratan de calibrar si la Fed tendrá margen para recortar tipos en la segunda mitad de 2026. Menos datos oficiales y más ruido político es una combinación que suele traducirse en mayor volatilidad y episodios de corrección como el vivido por el sector tecnológico.

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