Nikolaos Panigirtzoglou, “nos gusta más que el oro”

Estratega de JPMorgan se moja con Bitcoin: “Ahora nos gusta más que el oro”

El banco sitúa a la criptomoneda como activo "más atractivo" en riesgo-retorno tras la corrección y el repunte de volatilidad del metal precioso
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La batalla silenciosa entre Bitcoin y el oro como reserva de valor ha sufrido un giro relevante, y no precisamente desde el universo cripto, sino desde uno de los mayores bancos del mundo. Según un análisis cuantitativo de JPMorgan, la reciente sobrerreacción del oro frente a Bitcoin y el fuerte repunte de su volatilidad han dejado a la criptomoneda “más atractiva” que el metal precioso en horizonte de largo plazo.
El informe, firmado por el estratega cuantitativo Nikolaos Panigirtzoglou, sostiene que el último desplome de las criptos, lejos de invalidar la tesis, ha llevado al activo digital por debajo de su coste estimado de producción, en torno a los 87.000 dólares, un nivel que históricamente habría actuado como “suelo blando” para el precio. Pese a las salidas en ETF y a un sentimiento claramente negativo, JPMorgan recalcula el equilibrio entre ambos activos: con una ratio de volatilidad Bitcoin-oro en 1,5, mínimo histórico, la entidad estima que la capitalización del activo digital podría necesitar subir hasta el equivalente a 266.000 dólares por BTC para igualar la inversión privada actual en oro.
 

Del refugio clásico al activo digital competidor

Hasta ahora, el relato dominante situaba al oro como refugio indiscutible frente a inflación, shocks geopolíticos y pérdida de confianza en las divisas, mientras que Bitcoin jugaba el papel de activo alternativo de alta beta, más cercano a la renta variable tecnológica que a la protección clásica.
La contundente revalorización del oro en los últimos meses, seguida de una corrección igualmente brusca, ha alterado este equilibrio. El metal llegó a marcar máximos históricos por encima de los 5.000 dólares la onza, antes de encadenar caídas diarias de dos dígitos, en paralelo a un desplome histórico de la plata. Ese comportamiento ha elevado de forma notable la volatilidad de ambos metales, un factor clave en el análisis de JPMorgan.
Frente a ello, Bitcoin ha sufrido un ajuste severo —con descensos acumulados de más del 30-40% desde sus recientes máximos, según los datos manejados por la entidad—, pero con un patrón de liquidaciones “más ordenado” que en episodios anteriores. El resultado, en términos cuantitativos, es que la relación riesgo-retorno relativa se inclina ahora a favor de la criptomoneda.
Los analistas subrayan que no se trata de un elogio incondicional a Bitcoin, sino de una recalibración comparativa: a igualdad de riesgo asumido, el potencial teórico frente al oro habría mejorado de forma apreciable.

La tesis cuantitativa de JPMorgan: volatilidad y suelo de costes

El núcleo del argumento de JPMorgan se apoya en dos elementos: volatilidad relativa y coste de producción.
Por un lado, la entidad señala que la ratio de volatilidad Bitcoin-oro ha caído hasta 1,5, un mínimo histórico. Tradicionalmente, esa ratio se había situado muy por encima de 2, reflejando un riesgo mucho mayor en el activo digital. Al estrecharse esa brecha, el modelo de la casa concluye que el “precio justo” de Bitcoin frente al oro mejora en términos de riesgo ajustado.
Por otro, el informe estima que el coste de producción medio de un bitcoin ronda los 87.000 dólares, considerando parámetros como dificultad de minado y precio de la energía. El último tramo de corrección habría llevado el precio de mercado por debajo de ese umbral, algo que, según el banco, históricamente ha actuado como soporte blando: cuando la cotización se aleja demasiado del coste, parte de los mineros menos eficientes se retira, restringiendo oferta y estabilizando el mercado.
En este marco, Panigirtzoglou sostiene que, para igualar la inversión privada en oro sobre una base de volatilidad ajustada, la capitalización de Bitcoin debería escalar hasta niveles equivalentes a un precio teórico de unos 266.000 dólares por unidad. No se trata de una predicción explícita, sino de una referencia cuantitativa que ilustra el margen de convergencia que ve la entidad en el largo plazo.

ETF con salidas y “cripto invierno selectivo” en derivados

El informe de JPMorgan no oculta que el corto plazo es delicado. El banco destaca que los ETF de Bitcoin al contado siguen registrando salidas netas, reflejo de un sentimiento negativo que afecta tanto a inversores institucionales como minoristas. La lectura de la entidad es que, a diferencia de otros ciclos, el ajuste actual no se limita al trading apalancado, sino que se extiende también a los vehículos regulados que habían canalizado buena parte de las entradas de 2024 y 2025.
Sin embargo, los estrategas matizan que las liquidaciones de posiciones han sido “más modestas” que en el trimestre anterior. En los mercados de derivados se observa un proceso de desapalancamiento gradual en los futuros perpetuos, mientras que la actividad en los contratos de Bitcoin y Ethereum de la CME se mantiene en niveles elevados, pero sin episodios de liquidación forzosa masiva.
Este patrón lleva a JPMorgan a hablar de un “cripto invierno selectivo”, donde el ajuste se concentra en los excesos de apalancamiento y en los flujos más especulativos, mientras el “núcleo duro” de tenedores de largo plazo mantiene posiciones. Una dinámica que, según los modelos de la entidad, refuerza la tesis de un suelo de ciclo más que de un colapso estructural.

Hack de Solana, establecoins en retirada y el factor reputacional

El entorno de mercado tampoco ayuda. JPMorgan recuerda que el sentimiento inversor se ha visto golpeado por episodios como el hack de 26 millones de dólares sufrido por Step Finance en la red Solana, un recordatorio de que el riesgo tecnológico y de seguridad sigue muy presente en el ecosistema.
A esto se suma una contracción continuada en el volumen de stablecoins, que algunos observadores han interpretado como señal de salida de capital del sector. El equipo de Panigirtzoglou ofrece una lectura más matizada: considera que este ajuste obedece en buena medida a una reacción retardada a la caída de la capitalización total del mercado cripto, más que a un éxodo masivo de inversores.
No obstante, el informe admite que episodios de este tipo erosionan la narrativa de Bitcoin y del resto de activos digitales como alternativas “seguras” frente a la inestabilidad de los sistemas financieros tradicionales. El contraste con el oro —cuyo riesgo tecnológico es prácticamente inexistente— sigue siendo, a ojos de muchos inversores, una desventaja estructural que solo se compensa con expectativas de rentabilidad superior.

Bitcoin frente al oro en las carteras: qué están ajustando los gestores

La pregunta clave para el inversor institucional no es si Bitcoin es “mejor” que el oro, sino cómo debe reflejarse esta nueva relación en las carteras.
Según los flujos monitorizados por JPMorgan, algunos gestores de activos han empezado a reducir marginalmente exposición a oro tras el rally y la corrección posterior, al tiempo que mantienen o ajustan solo de forma limitada su asignación a criptomonedas, pese a la elevada volatilidad. La explicación, apuntan, está en que el oro ha dejado de parecer una apuesta asimétrica tras su escalada a máximos, mientras que Bitcoin, una vez purgado parte del exceso especulativo, vuelve a presentar un perfil de potencial más atractivo por unidad de riesgo asumido.
No se vislumbra por ahora una rotación masiva entre uno y otro activo, pero sí una revisión de los pesos relativos en las estrategias que combinan ambos como parte del bloque “alternativos” o “activos reales”. En ese grupo se integran también inmuebles cotizados, infraestructuras y materias primas, lo que sugiere que el debate Bitcoin-oro se enmarca ya en un contexto más amplio de búsqueda de coberturas frente a inflación, volatilidad y riesgo político.

Tipos, inflación y demanda de refugios

El análisis de JPMorgan se produce en un momento en el que la macroeconomía añade una capa de complejidad adicional. Por un lado, el mercado duda de que la Reserva Federal pueda seguir recortando tipos con la facilidad que descuentan algunos escenarios, especialmente tras rebrotes puntuales en indicadores de inflación y los primeros signos de deterioro visibles en el mercado laboral. Por otro, el contexto geopolítico —tensiones con Irán, fricciones comerciales y episodios de cierre parcial del Gobierno estadounidense— alimenta la demanda de activos percibidos como refugio.
En ese entorno, los analistas consideran que oro y Bitcoin compiten por un mismo espacio mental en el inversor: proteger poder adquisitivo y diversificar frente al riesgo sistémico. El mensaje de la entidad es que, con un oro que ha vivido un rally casi parabólico y un Bitcoin que cotiza por debajo de su coste estimado de producción, la balanza de oportunidad relativa se inclina, hoy, hacia el activo digital.
No obstante, recuerdan que esta relación es dinámica: un nuevo shock regulatorio sobre las criptomonedas, una desaceleración económica más acusada o un giro de la Fed podrían reordenar de nuevo las preferencias.

Escenarios de largo plazo: del “soft floor” a la convergencia con el oro

De cara al largo plazo, JPMorgan se esfuerza en separar su análisis cuantitativo de cualquier lectura como “precio objetivo”. Cuando señala que, sobre la base de la volatilidad actual, Bitcoin necesitaría alcanzar una capitalización equivalente a unos 266.000 dólares por unidad para equiparar la inversión privada en oro, lo plantea como un ejercicio de comparación de magnitudes, no como una previsión automática.
El escenario central de la entidad pasa por un mantenimiento del “suelo blando” en torno al coste de producción, con oscilaciones por encima y por debajo, en función de la liquidez global, el apetito por riesgo y la evolución regulatoria. En ese marco, el peso relativo de Bitcoin frente al oro en las carteras podría ir aumentando de forma gradual, siempre que el activo logre consolidar su papel como “oro digital” sin perder el apoyo de las infraestructuras financieras tradicionales (ETF, mercados regulados, custodios institucionales).
Los riesgos no desaparecen: regulación más dura, incidentes de seguridad, concentración en pocos actores y ciclos de burbuja siguen en la lista de advertencias de cualquier informe serio. Pero el mensaje de fondo, para parte de la gran banca, el debate ya no es si Bitcoin merece un lugar en el mismo mapa que el oro, sino qué tamaño debe tener ese lugar.

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