“Efecto Challenger”: el Dow Jones afloja tras los 108.000 empleos destruidos en enero

El mercado laboral de Estados Unidos se desploma con la pérdida récord de 108.000 empleos en enero, lo que provoca un sacudón en Wall Street y añade incertidumbre al panorama económico global. Este reportaje analiza las causas, reacciones y las posibles consecuencias para la política monetaria y los mercados internacionales.

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La destrucción de 108.000 puestos de trabajo en enero en Estados Unidos, según el informe Challenger, ha encendido todas las alarmas en los mercados internacionales. Se trata del peor registro desde la crisis financiera de 2009 y llega tras meses de endurecimiento monetario, inflación persistente y un ciclo de inversión masiva en inteligencia artificial que, según los analistas, empieza a mostrar sus primeras grietas.
A ese dato se suma una semana marcada por fuertes caídas en el sector tecnológico, ventas masivas en software y semiconductores, desplomes en bitcoin, plata y oro, y un dólar más fuerte a las puertas de nuevas decisiones de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo.
Los estrategas hablan ya de un “punto de inflexión” en el sentimiento inversor: la pregunta ya no es solo si habrá recesión, sino qué margen real tiene la Fed para seguir bajando tipos sin perder credibilidad. El diagnóstico que se imponga en las próximas semanas marcará el tono de la renta variable global en 2026.

El peor dato de empleo desde 2009 que inquieta a Wall Street

El último informe de Challenger, Gray & Christmas, uno de los barómetros más seguidos sobre recortes de empleo en Estados Unidos, cifra en 108.000 los puestos de trabajo destruidos en enero. Los analistas subrayan que es el nivel más alto desde 2009, en pleno epicentro de la Gran Recesión, y que rompe con la narrativa de un mercado laboral “inquebrantable” pese a la subida de tipos.
Según las casas de análisis, el dato apunta a que las políticas monetarias restrictivas empiezan a filtrarse al empleo, tras varios trimestres afectando sobre todo a crédito, inversión y confianza empresarial. Varios informes sectoriales señalan recortes especialmente visibles en tecnología, manufacturas y servicios financieros, precisamente los segmentos que más se beneficiaron de la liquidez abundante de la última década.
El mercado lee este movimiento como una señal de que el ciclo de endurecimiento ya está pesando sobre la economía real. La destrucción de empleo reduce el consumo, presiona a la baja la demanda interna y alimenta el temor a que Estados Unidos entre en una fase de crecimiento débil o recesión técnica en el primer semestre de 2026.

 

El informe Challenger y el mensaje que envía al mercado

El informe Challenger no es un dato oficial de empleo, pero sí una referencia temprana sobre los planes de ajuste de las grandes compañías. Históricamente, los repuntes bruscos en este indicador han precedido a enfriamientos del mercado laboral reflejados después en las cifras del Departamento de Trabajo.
En esta ocasión, los expertos destacan dos elementos. Por un lado, el volumen absoluto de recortes, que devuelve la memoria a 2009. Por otro, la concentración de anuncios de despidos en sectores de alto valor añadido, como tecnología y manufactura avanzada. Esto sugiere, según los analistas, que no se trata solo de ajustes cíclicos, sino de recalibraciones profundas de modelos de negocio tras años de crecimiento impulsado por tipos bajos y expectativas de expansión casi ilimitada.
La consecuencia inmediata es que la Reserva Federal contará con un argumento adicional cuando evalúe su hoja de ruta en las próximas reuniones. El mercado descuenta ya que cada nuevo dato laboral —desde las nóminas privadas de ADP hasta las JOLTS de ofertas de empleo— será escrutado en busca de confirmación o desmentido del escenario de frenazo.

La Fed, entre el miedo a la recesión y la amenaza inflacionaria

El giro en el empleo llega en un momento especialmente delicado para la política monetaria estadounidense. El presidente Donald Trump ha intensificado su presión para que la Fed acelere los recortes y ha dejado claro que, a su juicio, los tipos siguen “demasiado altos”.
En paralelo, la nominación de Kevin Warsh como futuro presidente de la Fed, en sustitución de Jerome Powell, añade una capa de incertidumbre. Los analistas recuerdan que Warsh fue percibido como “halcón” en su etapa anterior en el banco central, aunque en los últimos años se ha alineado con la Casa Blanca a favor de tipos más bajos. El mercado se pregunta ahora qué versión de Warsh prevalecerá.
Varios estrategas de renta fija sostienen que la Fed podría encontrarse pronto en una “trampa de credibilidad”: si el empleo se deteriora y la inflación repunta o se mantiene en torno al 3%, justificar nuevos recortes agresivos sin perder anclaje de expectativas será cada vez más complejo. En ese contexto, el dato de Challenger se añade a una semana en la que el propio ADP ha mostrado creación de empleo privado por debajo de lo previsto, reforzando la idea de enfriamiento gradual.

La tecnología deja de ser refugio automático para el inversor

Mientras el mercado digiere el mal dato laboral, la otra gran historia de la semana llega desde el sector tecnológico. Los analistas hablan de un “cambio de narrativa”: la inteligencia artificial deja de ser percibida como un catalizador únicamente positivo para los índices y pasa a verse también como un riesgo para valoraciones que incorporaban ya un crecimiento casi perfecto.
En apenas unos días, el sector software ha perdido cerca de un billón de dólares de capitalización, según estimaciones de los principales bancos de inversión. Advanced Micro Devices (AMD) se desplomó alrededor de un 17% y Palantir cedió cerca de un 12%, arrastrando a los índices de semiconductores y a los mercados asiáticos —el Kospi surcoreano llegó a caer casi un 4%—.
A ello se suma el impacto de los planes de Alphabet, matriz de Google, que ha anunciado un capex de entre 175.000 y 185.000 millones de dólares para este año, prácticamente el doble que en 2025 y más de un 50% por encima de lo que esperaba el consenso. Lejos de celebrar la apuesta por la IA, el mercado reaccionó con caídas en la acción, reflejando lo que varios analistas resumen así: “el gasto masivo solo se tolera mientras el crecimiento sorprenda al alza”.

Rotación silenciosa: del “growth” al “value” en la bolsa estadounidense

Bajo la superficie de la corrección tecnológica, los estrategas detectan un movimiento de calado: la rotación desde valores de crecimiento a compañías consideradas “value” o más cíclicas.
El S&P 500 Value encadena cinco sesiones al alza, mientras el S&P 500 Growth cae, y el S&P 500 equiponderado llegó a avanzar alrededor de un 0,8% en una jornada de fuertes ventas en las grandes tecnológicas. Para los analistas, esto indica que parte del dinero no está saliendo del mercado, sino reubicándose en sectores ligados a economía real, como industria, energía o consumo básico.
El Dow Jones ha mostrado un comportamiento relativamente más estable que el Nasdaq, y el Russell 2000 de small caps, pese a sufrir un retroceso diario en torno al 1,6% en una de las sesiones, cierra enero con una subida superior al 5%, frente al 1,7% del Dow y el 1,4% del S&P 500. La lectura que hacen las mesas de inversión es que el rally de las megacaps de IA entra en fase de digestión, mientras otros segmentos recuperan protagonismo.

Criptomonedas y metales: volatilidad extrema en los activos “alternativos”

El nerviosismo no se queda en la renta variable. Los analistas apuntan a una volatilidad extrema en los activos considerados “alternativos”, desde las criptomonedas hasta los metales preciosos.
Bitcoin llegó a aproximarse de nuevo a los 70.000 dólares, lo que implica una caída superior al 40% desde los máximos de octubre, en una semana marcada por ventas masivas tras tocar niveles récord meses atrás. Para las firmas especializadas, el movimiento refleja un giro hacia la liquidez en un contexto en el que los episodios de tensión geopolítica —incluida la escalada verbal entre Washington e Irán— se combinan con dudas sobre la sostenibilidad del rally cripto.
En metales, la imagen es aún más dramática. La plata llegó a caer hasta un 17% intradía y se mantenía todavía un 10% abajo en la sesión, tras un desplome previo del 27% que la convierte, según datos históricos, en una de las peores correcciones de dos días desde la década de 1980. El oro, que había marcado máximos históricos la semana anterior, encadena desplomes diarios cercanos al 10% y recortes adicionales próximos al 4%, configurando lo que algunos analistas describen como una “montaña rusa” típica de los finales de tramo parabólico.

Europa mira a la Fed mientras calibra sus propios riesgos

Al otro lado del Atlántico, las miradas se centran en el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, que celebran sus primeras reuniones del año en un entorno de inflación moderándose por debajo del objetivo pero con señales de debilidad en el crecimiento.
Los economistas consultados anticipan que ninguna de las dos instituciones moverá tipos esta semana, pero sí esperan mensajes de tono más acomodaticio, especialmente en el caso del BCE, presionado por la combinación de un euro más fuerte y una inflación subyacente en retroceso. Las palabras de Christine Lagarde serán escrutadas en clave de calendario: cuántos recortes se dejan entrever y bajo qué condiciones.
En Reino Unido, la atención se reparte entre el banco central y la política interna, con los mercados pendientes de la estabilidad del Gobierno de Keir Starmer en un entorno de crecimiento anémico. Para los analistas europeos, cualquier señal de descoordinación entre la Fed, el BCE y el BoE podría incrementar la volatilidad en divisas y deuda soberana, amplificando el impacto de los movimientos en Estados Unidos.

Lo que vigilan ahora los analistas

De cara a las próximas semanas, las firmas de inversión manejan varios vectores como decisivos. En primer lugar, la evolución del mercado laboral estadounidense: los datos oficiales de nóminas, las JOLTS de ofertas de empleo y las solicitudes semanales de desempleo serán clave para confirmar si el dato de Challenger es un episodio puntual o el inicio de una tendencia.
En segundo término, el mercado estará pendiente de los próximos mensajes de la Fed y de cómo Kevin Warsh defina su perfil en las comparecencias previas a su confirmación en el Senado. La duda central es si la institución puede seguir recortando tipos con una inflación en torno al 3% sin perder anclaje de expectativas.
En paralelo, los analistas seguirán de cerca la temporada de resultados de las grandes tecnológicas, con especial atención a los planes de inversión en IA de gigantes como Amazon, Alphabet y los principales fabricantes de chips. El mercado parece haber trazado una línea roja: la inversión masiva solo se premiará si viene acompañada de crecimiento tangible en ingresos y beneficios.
Por último, el comportamiento de activos como bitcoin, oro y plata será visto como un termómetro adicional del apetito por riesgo. Si la combinación de mal dato de empleo, volatilidad en tecnología y tensiones geopolíticas desemboca en ventas generalizadas, muchos estrategas temen que el escenario de “aterrizaje suave” empiece a quedar definitivamente en entredicho.

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