Montalto desmonta el oro y avisa sobre Wall Street

El analista alerta de un rally “meramente especulativo” en el metal, un bitcoin en zona crítica y una distribución silenciosa en los grandes índices

El oro alcanza un nuevo máximo histórico de 4.200 dólares - UNSPLASH / Z LATA KY.CZ​​​​​​​​​​​​​​
El oro alcanza un nuevo máximo histórico de 4.200 dólares - UNSPLASH / Z LATA KY.CZ​​​​​​​​​​​​​​

La temporada 2026 de El Cierre de Wall Street arranca sin complacencias. Gabriel Montalto, veterano del análisis de mercados, ha puesto el foco donde más duele: el oro ya no actúa como refugio clásico, el bitcoin camina sobre un soporte técnico en torno a los 90.650 dólares, y el Nasdaq 100 y el S&P 500 muestran rasgos claros de fase de distribución tras meses de subidas.
Todo ello, en un contexto en el que la captura de Nicolás Maduro, el control de Washington sobre el crudo venezolano y la última orden ejecutiva de Donald Trump contra los dividendos de la industria defensa están reconfigurando los flujos de capital globales.
Mientras el S&P 500 corrige hasta los 6.920 puntos (-0,34%) y el Nasdaq 100 apenas avanza un 0,06%, el VIX repunta por encima de 15 puntos y el oro cede hasta la zona de 4.420 dólares.

El mensaje de Montalto es inequívoco: la euforia de comienzos de año convive con señales de distribución que el pequeño inversor no debería ignorar.

Un arranque de temporada en modo alerta

Lejos de los tradicionales resúmenes complacientes, el primer programa de 2026 se centra en las grietas de un mercado que aparenta fortaleza, pero cuyo interior revela movimientos menos tranquilizadores. Montalto parte de un dato básico: los índices estadounidenses siguen en zonas de máximos, pero la estructura de precios y volumen apunta a que “los que mandan” podrían estar utilizando los repuntes para deshacer posiciones con discreción.

El analista recuerda que, mientras el S&P 500 marca máximos intradía para luego cerrar en rojo, el Nasdaq 100 se sostiene gracias a un puñado de grandes tecnológicas, en un escenario donde el VIX ha rebotado más de un 4% en pocas sesiones. La sensación de seguridad que transmite la foto fija del índice contrasta con la lectura fina de los gráficos: hay más papel saliendo que entrando.

Sobre esta base, el programa plantea una pregunta incómoda: ¿estamos ante un simple respiro en la tendencia alcista o ante el arranque de un techo de ciclo? La respuesta no se formula con titulares fáciles, pero sí con una idea de fondo: el contexto geopolítico y de tipos no justifica la despreocupación que aún se ve en el pequeño inversor.

El oro, de refugio mítico a activo especulativo

Montalto es tajante con el metal precioso: “lo del oro hoy es meramente especulativo”. Una afirmación que choca con la narrativa tradicional, según la cual cualquier episodio de caos político —como la caída de Maduro o las incautaciones de petroleros venezolanos— debería disparar la cotización del oro como refugio. La realidad, sin embargo, es menos romántica: el metal ha corregido hasta el entorno de los 4.420 dólares, encadenando sesiones de toma de beneficios pese al ruido geopolítico.

El analista subraya que los movimientos recientes responden más a patrones técnicos y flujos de grandes manos que a una huida masiva hacia la seguridad. Los bancos centrales y fondos soberanos, especialmente de países emergentes, llevan años acumulando oro de forma táctica, utilizándolo como pieza en su estrategia monetaria, no como simple seguro frente a crisis.

«El oro ya no se mueve solo por miedo, sino por cálculo», viene a decir Montalto. Eso implica que el inversor minorista que compra oro esperando una reacción automática ante cualquier conflicto puede llegar tarde o quedar atrapado en movimientos diseñados por operadores con horizontes y herramientas muy distintos. El refugio, destaca, está cada vez más gestionado desde despachos, no desde la intuición del mercado.

La partida silenciosa de los BRICS

En ese tablero, los BRICS —con China, Rusia, India y sus socios— aparecen como actores clave. Desde hace décadas, y con especial intensidad en los últimos años, estos países han incrementado sus reservas de oro y explorado vías para reducir su dependencia del dólar. Según Montalto, esta estrategia no solo tiene un componente geopolítico, sino también un efecto directo sobre la microestructura del mercado del metal.

En lugar de disparar el precio con compras desordenadas, los BRICS han optado por operaciones discretas y escalonadas, aprovechando caídas para acumular y frenando subidas excesivas para evitar llamar la atención. El resultado es un oro cuyo precio ya no refleja de forma lineal el miedo del inversor internacional, sino el compás de una partida más larga, donde el objetivo es construir alternativas al patrón dólar.

Para el inversor, esto tiene una consecuencia evidente: mirar solo los titulares de guerras, sanciones o crisis financieras ya no basta para entender el comportamiento del oro. Es imprescindible seguir también las decisiones de reserva de los grandes bancos centrales emergentes, los ajustes de tipos reales y las señales técnicas. «El refugio se ha politizado y tecnificado a la vez», resume el analista.

Bitcoin en zona crítica: soporte 90.650 dólares

Si el oro está en manos de bancos centrales, bitcoin sigue siendo termómetro de flujos más agresivos. Montalto recuerda que la criptomoneda ha llegado a superar los 94.000 dólares, alimentada por la búsqueda de activos descorrelacionados y por el relato de “activo anti-sistema” en plena reconfiguración del orden energético mundial.

Pero el foco del programa no está en el máximo, sino en el suelo técnico: una figura de hombro-cabeza-hombro que fija un soporte clave en torno a los 90.650 dólares. No es un número mágico, sino el nivel a partir del cual muchos algoritmos y estrategias cuantitativas decidirán si mantienen o liquidan posiciones.

El dato es especialmente llamativo porque el precio actual se mueve muy cerca de esa zona —en torno a los 90.300–90.400 dólares, según las últimas pantallas—, lo que convierte cada vela intradía en una batalla entre manos fuertes y manos débiles. Si el soporte aguanta, bitcoin podría consolidar la narrativa de “activo alternativo” frente al dólar y al oro. Si se rompe con fuerza, el ajuste puede ser violento, con ventas en cascada de inversores apalancados que han llegado tarde a la fiesta.

Distribución en el Nasdaq y el S&P 500

En paralelo, Montalto analiza la renta variable estadounidense con un diagnóstico poco complaciente: el Nasdaq 100 y el S&P 500 están en fase de distribución. Esto significa que, mientras el relato mediático sigue celebrando máximos, los grandes operadores venden paulatinamente a los compradores minoristas que siguen entrando atraídos por las subidas previas.

Las señales son conocidas por cualquier analista técnico: volúmenes crecientes en sesiones bajistas, incapacidad del índice para sostener cierres por encima de los máximos intradía, y presencia de “gaps” bajistas sin cerrar en los gráficos diarios. Todo ello, en un contexto en el que el S&P 500 retrocede un 0,34% y el Nasdaq 100 apenas suma un 0,06%, mientras la volatilidad repunta.

«No todos los rebotes son una invitación a entrar, algunos son puertas de salida para quien sabe lo que viene detrás», advierte Montalto. La conclusión es clara: quien compre índices hoy pensando que “siempre suben” podría estar financiando la retirada ordenada de las manos fuertes. La prudencia —gestión de riesgo, escalonamiento de entradas, control del apalancamiento— deja de ser una recomendación y se convierte en condición de supervivencia.

La orden de Trump que sacude a la industria defensa

El análisis se completa con un elemento que conecta mercados y geopolítica: la orden ejecutiva de Donald Trump que prohíbe temporalmente el pago de dividendos y recompras de acciones a las grandes empresas de defensa. El objetivo declarado es priorizar la inversión en capacidad productiva para acelerar el rearme nacional, en un contexto de guerra en Ucrania, tensión en Oriente Medio y control directo de los flujos de petróleo venezolano por parte de Washington.

Montalto interpreta la medida como mucho más que un gesto populista. Al bloquear la retribución al accionista, la Casa Blanca envía un mensaje doble: por un lado, la seguridad nacional se antepone a la lógica del mercado; por otro, se obliga a las compañías a reinvertir beneficios en fábricas, personal y tecnología, incluso a costa de su cotización en el corto plazo.

Para el inversor, el impacto es inmediato: los grandes nombres del sector han sufrido caídas abruptas tras el anuncio, y el riesgo regulatorio se suma ahora al geopolítico. Pero, a medio plazo, la industria puede salir más grande y más concentrada, con barreras de entrada casi infranqueables para nuevos competidores. El problema, una vez más, es quién paga el coste del tránsito: el accionista que compró buscando dividendos estables descubre ahora que su flujo de caja depende de decisiones presidenciales.

Un mercado menos intuitivo y más político

El hilo conductor del programa es sencillo y perturbador: el mercado de 2026 es menos intuitivo y mucho más político que el de hace una década. El oro no reacciona como antes a las crisis; bitcoin se mueve al ritmo de patrones técnicos y ruido regulatorio; los índices suben mientras, por debajo, se cuece una distribución silenciosa; y sectores estratégicos como la defensa o la energía están sometidos a órdenes directas de la Casa Blanca.

Montalto no invita al pánico, pero sí a la lucidez. «No se trata de salir corriendo del mercado, sino de entender quién mueve las fichas», subraya. Y eso implica asumir que los viejos manuales de refugio, diversificación automática y comprar en cada caída ya no bastan.

Para el pequeño inversor, la lección es incómoda pero necesaria: la seguridad no está en el activo, sino en la estrategia. En un mundo donde el oro puede ser manipulado, el bitcoin volatilísimo y los índices un espejo deformado de la realidad, la única defensa eficaz es entender el contexto, gestionar el riesgo y renunciar a la comodidad de las certezas fáciles.

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