Los misiles en el estrecho de Ormuz tensan las negociaciones nucleares con EEUU y reavivan la prima de riesgo geopolítica del petróleo

El petróleo no espera a la diplomacia: el WTI salta un 1,6% en plena negociación nuclear

La cotización del West Texas Intermediate (WTI) se disparó este martes un 1,64%, hasta los 63,92 dólares por barril, después de que Irán anunciara maniobras militares con lanzamiento de misiles en el estrecho de Ormuz, en plena segunda ronda de conversaciones nucleares con Estados Unidos. El Brent, referencia para Europa, acompañó al alza, aunque con un avance más moderado del 0,29%, hasta 68,85 dólares. La reacción del mercado ha sido inmediata: el principal cuello de botella del crudo mundial vuelve a situarse en el centro del tablero. Por el estrecho transita alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo de petróleo y cerca de una quinta parte del consumo global, lo que convierte cualquier incidente en un riesgo sistémico para los flujos energéticos.

EPA/CAROLINE BREHMAN
EPA/CAROLINE BREHMAN

Un repunte medido pero significativo

En términos absolutos, un petróleo en el entorno de los 64–69 dólares por barril está lejos de los picos superiores a 100 dólares vividos tras la invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, el movimiento intradía, con un WTI avanzando más de 1,6% en cuestión de horas, refleja un cambio brusco en la percepción de riesgo de los operadores. El mercado venía descontando un escenario de relativa calma en Oriente Medio y una demanda global de crudo más bien contenida por el enfriamiento de la economía china.

Las maniobras militares han actuado como detonante de una cobertura acelerada de posiciones cortas y de nuevas compras especulativas. Los gestores de fondos que apostaban por un crudo estabilizado en la franja de 60–65 dólares se han visto obligados a recalibrar sus modelos de riesgo, incorporando de nuevo un suplemento geopolítico al precio. “El mercado ha vuelto a poner precio al estrecho de Ormuz”, resume un operador de materias primas de una gran casa europea.

Lo más relevante no es tanto el nivel alcanzado, sino la señal: en un contexto de inventarios relativamente holgados y crecimiento moderado, un episodio puntual puede añadir 3–5 dólares por barril casi de forma automática. La consecuencia es clara: la volatilidad vuelve a ser el principal enemigo de refinadoras, aerolíneas e industrias intensivas en energía.

El estrecho de Ormuz, el cuello de botella que nadie puede ignorar

El estrecho de Ormuz, encajado entre la costa de Irán y la península de Musandam (Omán y Emiratos), concentra buena parte de la vulnerabilidad energética del planeta. Se trata de un paso de apenas unas decenas de kilómetros de ancho por el que transitan cada día alrededor de 20 millones de barriles de petróleo y condensados, lo que equivale a cerca del 20% del consumo mundial y en torno a una cuarta parte del comercio marítimo de crudo.

El diagnóstico es inequívoco: se trata del principal chokepoint energético del mundo. La mayor parte de los grandes productores del Golfo —Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Qatar o Emiratos— dependen de este corredor marítimo para sacar su crudo al mercado. Las alternativas por oleoducto solo permiten desviar una fracción de esos volúmenes y, en caso de bloqueo total, serían claramente insuficientes para compensar la pérdida.

Además, por Ormuz no solo viaja petróleo. También transita una parte crucial del gas natural licuado (GNL) procedente de Qatar, clave para la seguridad energética de Asia y, desde la crisis del gas ruso, cada vez más relevante para la Unión Europea. Cualquier alteración, aunque sea temporal, dispara las primas de seguro de los petroleros, encarece los fletes y acaba filtrándose a los precios finales de la energía. Este hecho revela hasta qué punto la geografía condiciona todavía hoy la economía global.

Misiles en plena negociación nuclear

La coincidencia temporal de las maniobras iraníes con la segunda ronda de conversaciones nucleares con Washington ha elevado el nivel de inquietud en las mesas de trading. Según medios internacionales, Teherán ha llevado a cabo ejercicios con fuego real y lanzamiento de misiles en una operación bautizada como “control inteligente del estrecho”, que ha obligado a cerrar parcialmente algunas zonas a la navegación durante varias horas.

El mensaje político es transparente: Irán recuerda a sus interlocutores que dispone de la capacidad —y está dispuesto a demostrarla— de alterar el flujo de energía mundial si las conversaciones no avanzan en la dirección que desea. Para los inversores, el problema no es tanto el ejercicio militar en sí, sino el riesgo de accidente, error de cálculo o escalada no deseada. Un misil que caiga demasiado cerca de un petrolero, un radar que interprete mal una señal o un incidente entre lanchas rápidas y buques militares puede desencadenar una cadena de acontecimientos difícil de controlar.

La experiencia de crisis anteriores en el Golfo muestra que, incluso sin llegar a un cierre formal de Ormuz, basta una sucesión de ataques o sabotajes a buques para que las navieras reduzcan su exposición y los costes de transporte se disparen. En ese punto, la disuasión pierde eficacia y la economía real empieza a pagar la factura de la diplomacia fallida.

La prima de riesgo geopolítica vuelve al barril

Durante los últimos meses, buena parte de los analistas habían dado por amortiguada la prima geopolítica en el precio del crudo, gracias al aumento de la producción de Estados Unidos, Brasil o Guyana y a la relativa calma en Oriente Medio. El movimiento de este martes desmiente esa complacencia.

La reacción del WTI y del Brent sugiere que el mercado comienza a incorporar un suplemento de entre 2 y 4 dólares por barril ligado exclusivamente al riesgo de interrupción en Ormuz. Ese recargo no responde a cambios inmediatos en la oferta o la demanda física, sino a la necesidad de compensar la mayor incertidumbre sobre el futuro de los flujos. Las coberturas de las aerolíneas, las refinerías europeas o las compañías químicas deberán asumir costes adicionales para protegerse frente a escenarios de tensión prolongada.

Lo más grave, desde el punto de vista de la estabilidad financiera, es que estos episodios tienden a alimentar movimientos especulativos de alta frecuencia. Las posiciones apalancadas en derivados de crudo amplifican los movimientos a corto plazo, generando subidas y caídas bruscas que poco tienen que ver con la realidad de los tanques de almacenamiento. El petróleo vuelve a ser, por unas horas, más un activo geopolítico que una simple materia prima.

Europa y España: vulnerabilidad importadora y coste industrial

El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras Estados Unidos ha reducido su dependencia exterior gracias al auge del shale, la Unión Europea sigue importando alrededor de un 60% de la energía que consume, según los últimos datos disponibles.

En el caso de España, la exposición es aún mayor: la dependencia energética exterior ronda el 67%, pese al avance de las renovables, y más del 99% del petróleo consumido es importado, de acuerdo con estudios recientes del Banco de España y del Real Instituto Elcano. Aunque el crudo español procede de una cartera diversificada de países, los precios de referencia siguen marcados por el Brent, profundamente influido por lo que ocurra en Ormuz.

Para la industria española, especialmente los sectores intensivos en energía —refino, química, metalurgia o transporte—, cada incremento sostenido de 5 dólares en el barril puede suponer cientos de millones de euros adicionales en costes anuales. Las empresas con menor capacidad para trasladar esa subida a precios finales ven comprimidos sus márgenes y recortan inversión. Al mismo tiempo, los hogares se enfrentan a combustible más caro y a una presión añadida sobre la inflación, justo cuando los bancos centrales intentan consolidar la senda de tipos a la baja.

Reacción de las bolsas y de las divisas

La subida del crudo ha tenido su reflejo inmediato en los mercados de renta variable. Los grandes valores energéticos han encabezado las subidas, con avances de entre 2% y 4% en las petroleras integradas y repuntes aún mayores en compañías de servicios para la industria del oil & gas. La otra cara de la moneda la han protagonizado aerolíneas y empresas ligadas al turismo, que han corregido ante la perspectiva de un aumento de costes de combustible justo a las puertas de la temporada alta.

En el mercado de divisas, episodios como éste suelen favorecer a las monedas de países exportadores de energía y al dólar como activo refugio. No obstante, la reacción ha sido de momento contenida, lo que sugiere que los inversores todavía perciben las maniobras en Ormuz como un gesto de presión política más que como el preludio de un conflicto abierto. La clave estará en si durante los próximos días se registra algún incidente adicional o si las conversaciones nucleares logran avances visibles.

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