Dow Jones y S&P cierran semana planos y la Fed prepara recortes de tipos en 2026 para salvar el empleo en EEUU

Arnaud Mounier anticipa varios recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense para evitar un colapso del empleo en 2026, en un entorno de inversión impulsada por la inteligencia artificial y una economía europea con realidades mixtas y desafíos energéticos.

Captura de pantalla del vídeo de Negocios TV en YouTube, donde Arnaud Mounier explica las previsiones económicas para 2026.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Dow Jones y S&P cierran semana planos y la Fed prepara recortes de tipos en 2026 para salvar el empleo en EEUU

El inicio de 2026 ha dejado una imagen nítida: los índices estadounidenses ya no mandan, obedecen a la política de tipos. El Dow Jones cerró la sesión con una caída del 0,17% (unos 65 puntos) tras arrancar en verde; el S&P 500 y el Nasdaq 100 terminaron prácticamente planos, incapaces de consolidar el rebote. Detrás de ese giro intradía hay mucho más que ruido de mercado: una Reserva Federal que baraja hasta cuatro recortes de tipos, un mercado laboral que empieza a mostrar grietas y un presidente dispuesto a amenazar con aranceles por Groenlandia. En paralelo, Europa navega con un crecimiento débil y un BCE que solo se ve con margen para un recorte en todo el año. El diagnóstico del experto de AllianceBernstein Arnaud Mounier, en entrevista con Negocios TV, es inequívoco: los índices han dejado de ignorar la política monetaria.

Un cierre en rojo que dice más de lo que parece

La sesión en Nueva York empezó con optimismo. Los futuros anticipaban un rebote y los tres grandes índices abrieron con subidas moderadas, apoyados en la idea de que la tensión con Irán se estaba enfriando. Pero, según avanzaron las horas, las compras iniciales se fueron agotando. Al mediodía, el mercado se estabilizó; en la última hora, llegaron ventas discretas pero constantes.

Al cierre, el Dow Jones cedía un 0,17%, mientras el S&P 500 y el Nasdaq 100 se quedaban prácticamente planos. No es una corrección dramática, pero sí contundente en términos de sentimiento: «No es pánico, es pura gestión del riesgo político», resumía un gestor. La pauta se repite en las últimas semanas: subidas en apertura, recogida de beneficios al final del día cuando los titulares de Washington amenazan con reabrir frentes arancelarios o diplomáticos.

DJI_2026-01-16_22-58-37
DJI_2026-01-16_22-58-37

EE. UU.: crecimiento del 2% y una Fed lista para actuar

Mientras los índices dudan, la macro dibuja un cuadro matizado. El PIB real de Estados Unidos avanza cerca del 2%, un ritmo que no deslumbra pero que supone un lujo frente a otras economías desarrolladas. La inflación general se mantiene algo por encima del 2%, con una subyacente pegada al 3%, y la tasa de paro ha empezado a repuntar desde mínimos históricos.

Para Arnaud Mounier, la clave está en el mercado laboral: «La desaceleración no es alarmante, pero el riesgo es que, si la Fed espera demasiado, el empleo puede romperse de golpe». De ahí que en AllianceBernstein contemplen hasta cuatro recortes de tipos en 2026, una secuencia agresiva para evitar un colapso del trabajo que arrastre al consumo. Los tipos oficiales podrían bajar en total entre 100 y 125 puntos básicos, devolviendo el precio del dinero a niveles más coherentes con un crecimiento del 2% y una deuda pública que supera ya el 120% del PIB.

La consecuencia inmediata es un cambio en la narrativa de mercado: los índices dejan de celebrar solo los buenos resultados empresariales y empiezan a leer cada dato de empleo como un referéndum sobre el calendario de recortes.

El dólar, atrapado entre los tipos y los flujos de Bolsa

En divisas, la visión de AllianceBernstein es neutral sobre el billete verde. Tras la depreciación del año pasado, el dólar se mueve en una zona de equilibrio incómoda. Por un lado, los diferenciales de tipos siguen favoreciéndolo frente al euro y a otras divisas desarrolladas. Por otro, el flujo de capital hacia la renta variable estadounidense actúa como soporte adicional: mientras Wall Street siga siendo el principal destino global de inversiones, el dólar mantiene un suelo sólido.

El resultado es un cruce euro/dólar anclado en la zona de 1,16, con oscilaciones diarias pero sin tendencia clara. Para los gestores, esta estabilidad aparente es un arma de doble filo: reduce el riesgo cambiario en el corto plazo, pero dificulta estrategias de valor relativo que dependan de movimientos bruscos. «No esperamos una caída vertical del dólar, pero tampoco un nuevo ciclo de fortaleza extrema», resumen en la firma. La volatilidad, advierten, vendrá más por la política que por la macro.

Europa, entre los buenos datos de España e Irlanda y el freno alemán

Al otro lado del Atlántico, el paisaje es más heterogéneo. España e Irlanda lideran el crecimiento de la eurozona, con tasas por encima del 2%, apoyadas en turismo, servicios y sectores tecnológicos emergentes. Sin embargo, Alemania sigue siendo el gran problema: su sector manufacturero continúa en contracción, las exportaciones sufren por la debilidad de China y los altos costes energéticos han erosionado la competitividad de buena parte de su industria.

Este contraste deja a la eurozona en una especie de crecimiento medio del 1%, insuficiente para reducir deuda y desempleo estructural, pero demasiado elevado como para justificar una política monetaria claramente expansiva. A ello se suma la incertidumbre política en varios países, con gobiernos frágiles y calendarios electorales apretados que complican las reformas pendientes.

En ese contexto, el BCE se enfrenta al dilema clásico: si recorta demasiado deprisa, arriesga reavivar la inflación; si no recorta nada, puede estrangular a las economías más débiles del bloque.

El BCE solo se reserva un disparo… por ahora

Mounier lo resume con una frase: «La Fed tiene munición para varios recortes; el BCE, como mucho, para uno». Su escenario central para 2026 contempla un único recorte de tipos en la eurozona, suficiente para enviar una señal de apoyo sin comprometer el anclaje de expectativas de precios.

Para los inversores de renta fija, la lectura es clara: los depósitos y letras a corto plazo dejarán de ser tan atractivos si Fed y BCE empiezan a recortar. AllianceBernstein recomienda aumentar la duración de las carteras hasta vencimientos de entre 7 y 10 años, especialmente en deuda soberana de alta calidad. La lógica es protegerse antes de que caigan las rentabilidades y capturar el potencial de revalorización de los bonos cuando los tipos oficiales bajen.

La eurozona, advierten, seguirá ofreciendo menos crecimiento pero también menos volatilidad que Estados Unidos, lo que la convierte en un complemento útil para carteras que no quieran depender solo del ritmo de la Fed y de los vaivenes políticos de Washington.

Groenlandia entra en los modelos de riesgo

Y es precisamente desde Washington desde donde ha llegado el último sobresalto para los índices. En una nueva vuelta de tuerca, Donald Trump deslizó que podría imponer aranceles a los países que no “vayan en la línea” de su plan para que Estados Unidos tome el control de Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa.

Lo que en otro momento habría sonado a extravagancia geopolítica se ha convertido en un riesgo que los modelos ya no pueden ignorar. Los algoritmos que gestionan buena parte de la liquidez bursátil no distinguen entre un conflicto arancelario clásico con China y una amenaza ligada al Ártico: ambos entran en la misma casilla de mayor prima de riesgo para sectores dependientes del comercio global.

El temor de fondo es evidente: que un nuevo ciclo de aranceles cruzados se extienda a aliados europeos, en un momento en el que la inversión empresarial estadounidense sigue frágil y el PIB crece solo al 2%. El cierre del Dow en negativo, tras una apertura positiva, es la traducción en puntos de esa inquietud.

Irán: tregua frágil y sin premio para la Bolsa

En paralelo, la jornada dejó un mensaje ambiguo respecto a Irán. Trump agradeció públicamente a Teherán la decisión de detener “más de 800” ejecuciones de manifestantes, gesto que una parte del mercado interpretó como una señal de distensión tras semanas de máxima tensión. En otro contexto, ese tipo de declaraciones habría impulsado a los activos de riesgo.

Esta vez no ocurrió. El mercado ha aprendido que las treguas con Irán son frágiles y reversibles, y que basta un incidente en el Estrecho de Ormuz o un ataque a un buque para que la escalada vuelva a primer plano. Por eso, los gestores han optado por mantener coberturas parciales en energía, transporte marítimo y defensa, sin premiar en exceso el corto respiro diplomático. La consecuencia es un escenario de tensión contenida: menos probabilidad de choque inmediato, pero un ruido de fondo constante.

Salesforce castiga al Dow y los metales corrigen

En la micro, el nombre propio de la sesión fue Salesforce, que se dejó en torno a un 2,75% y se convirtió en el peor valor del Dow Jones. El castigo refleja la tolerancia cero del mercado con cualquier sospecha de frenazo en el software empresarial, uno de los motores del ciclo alcista de los últimos años. En un índice tan concentrado como el Dow, movimientos de este calibre tienen impacto directo en el resultado final, a diferencia del S&P 500 o el Nasdaq, donde otros gigantes tecnológicos lograron compensar la debilidad.

Mientras tanto, los metales preciosos acusaron la recogida de beneficios tras su rally reciente: la plata cayó en torno al 3% y el oro retrocedió alrededor del 1%. La corrección no invalida su papel como seguro de largo plazo, pero sí recuerda que la protección nunca es gratis: cuando la narrativa geopolítica pasa de la guerra abierta a los aranceles y las amenazas verbales, una parte del dinero defensivo vuelve a buscar oportunidades en otros activos.

En definitiva, 2026 no será el año de los héroes, sino el de los equilibristas: quienes mejor gestionen la relación entre índices y tipos de interés, entre crecimiento modesto y riesgos políticos crecientes, serán los que salgan indemnes de un mercado que ya ha dejado de creerse que los bancos centrales puedan arreglarlo todo sin coste.

Comentarios