Davos se rinde al cripto-dólar: Wall Street entra "en cadena"

La élite financiera pasa de ridiculizar el bitcoin a comprar a toda prisa la infraestructura cripto mientras la Bolsa de Nueva York prepara un mercado 24/7 en blockchain y Trump convierte la batalla monetaria en cuestión de seguridad nacional, XRP cotiza ahora por debajo de los 2 dólares

Davos, tradicionalmente el lugar donde el establishment se felicita a sí mismo, ha cambiado de tono. Este año, los grandes banqueros no miraban al escenario, miraban por encima del hombro. Lo que durante una década se despachó como “burbuja” o “estafa” ha pasado a tratarse como infraestructura crítica de defensa. Mientras tanto, el New York Stock Exchange ha anunciado el desarrollo de una plataforma de valores tokenizados con liquidación on-chain y operación 24/7, y bancos como UBS se preparan para ofrecer negociación directa en bitcoin y ethereum. En paralelo, Donald Trump ha elevado el debate a la liga geopolítica: Estados Unidos, afirma, debe evitar que China se adueñe del corazón del nuevo sistema financiero.
El dinero se está “recableando” y Davos ha certificado que o se está dentro del nuevo estándar o se corre el riesgo de quedarse fuera del juego.

Del escepticismo al pánico comprador

Hasta hace muy poco, los grandes bancos de inversión podían burlarse del bitcoin en los paneles de Davos y seguir controlando el sistema de pagos global sin sobresaltos. Eso se ha acabado. Este año, el cambio de tono ha sido evidente: lo que antes era “cripto” ahora se denomina “infraestructura digital crítica”.

El mensaje que se escuchó en los pasillos es simple y contundente: si la banca tradicional no migra al nuevo estándar, no solo perderá cuota de mercado, será desplazada de la propia arquitectura financiera. El fantasma ya no es un “invierno cripto”, sino un futuro en el que los ahorradores, las empresas y hasta los Estados operen sobre rails que no controlan los bancos de siempre.

Por eso, las entidades que durante años lideraron la ofensiva verbal contra los activos digitales han pasado a panic-buying de infraestructura: participaciones en custodios, acuerdos con proveedores de blockchain, fichajes de talento cripto y proyectos acelerados de tokenización. El diagnóstico es inequívoco: la batalla ya no es si el nuevo sistema se impondrá, sino quién lo controlará.

XRP por debajo de los 2 dólares

XRP cotiza ahora por debajo de los 2 dólares tras la caída general del mercado del 19 de enero, pero varios analistas siguen viendo margen de rebote al detectar un patrón alcista muy similar al de 2017, justo antes de una de sus mayores subidas históricas. Los datos de Binance apuntan en la misma dirección: alrededor del 75% de los traders mantienen posiciones largas sobre el token, mientras que las llamadas whales han intensificado sus compras y acumulación de XRP en las últimas sesiones, lo que refuerza la narrativa de que la corrección podría ser más bien una pausa técnica dentro de una estructura de mercado todavía alcista que el inicio de un cambio de tendencia de fondo.

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La nueva física del dinero: del papel a la cadena

Una frase de Jeremy Allaire, CEO de Circle, ha condensado el cambio de paradigma: “Podemos mover datos infinitos a la velocidad de internet y a coste cero… la física del dinero pasa a ser la física de internet”. La idea es sencilla pero explosiva para el sistema heredado.

Si el dinero se convierte en información programable, que viaja a la velocidad de un correo electrónico y puede liquidarse de forma instantánea, el negocio de quienes viven de las fricciones —comisiones, plazos de compensación, horarios de oficina— queda en cuestión. El “spread” de tiempo y coste sobre el que se ha construido buena parte de la banca minorista simplemente desaparece.

En este marco, blockchain deja de ser un juguete especulativo para convertirse en infraestructura base, del mismo modo que lo fueron en su día el protocolo TCP/IP o la propia web. Los bloques no solo registran transacciones; pueden incorporar reglas de gobierno corporativo, reparto automático de dividendos o garantías en tiempo real. Se abre la puerta a un mercado donde el 5%-10% de los activos financieros mundiales podrían estar tokenizados a finales de la década, según estimaciones del propio sector, con una liquidez y trazabilidad inéditas.

EPA/JOHN TAGGART
EPA/JOHN TAGGART

Wall Street se tokeniza: el giro histórico del NYSE

La señal más potente no llegó de un fondo cripto, sino del corazón del establishment: el New York Stock Exchange (NYSE). Su anuncio de una plataforma de negociación y liquidación on-chain de valores tokenizados, operativa 24/7, marca un antes y un después.

El diseño combina el motor de casación Pillar —la joya tecnológica del NYSE— con sistemas de post-contratación basados en blockchain. La promesa:

  • Operación continua 24 horas al día, 7 días a la semana.

  • Liquidación casi instantánea, frente a los actuales ciclos T+2.

  • Órdenes denominadas directamente en dólares, pero con financiación en stablecoins.

  • Capacidad para liquidar en múltiples cadenas y custodiar tanto valores tradicionales como tokens nativos.

La clave está en la fungibilidad: las acciones tokenizadas serían equivalentes a las emitidas de forma convencional, con los mismos derechos de voto y de dividendo. Es decir, no se trata de un “mercado paralelo cripto”, sino de un nuevo “rail” para el mismo valor, mucho más rápido y eficiente.

Además, el movimiento encaja en la estrategia de ICE —matriz del NYSE— de adaptar sus seis cámaras de compensación a un mundo de colateral tokenizado y depósitos on-chain, en cooperación con bancos como BNY y Citi. El mensaje a la competencia es brutal: Wall Street no piensa ceder el liderazgo del nuevo sistema de capitales a plataformas nativas cripto sin luchar.

UBS, de enemigo a apóstol del blockchain

Si la Bolsa de Nueva York simboliza el giro de las infraestructuras de mercado, UBS lo hace en la banca. Su CEO, Sergio Ermotti, no se anduvo con rodeos en Davos: declaró la blockchain “el futuro de la banca tradicional” mientras la entidad anunciaba el lanzamiento de servicios de negociación en bitcoin y ethereum para determinados clientes.

No se trata solo de ofrecer acceso a dos criptoactivos emblemáticos; es el reconocimiento de que los clientes de alto patrimonio y las institucionales ya se han movido y no van a volver atrás. La propia UBS calcula que, en algunos perfiles, entre el 3% y el 5% de la cartera líquida podría destinarse a activos digitales en los próximos años, no como apuesta marginal, sino como parte estructural de la asignación.

La banca suiza, que construyó su prestigio sobre el secreto y la opacidad, se ve ahora obligada a abrazar un sistema donde todo movimiento queda registrado en una cadena pública o semipública. La paradoja es evidente: la tecnología nacida para desintermediar a los bancos está siendo adoptada por ellos para sobrevivir a la desintermediación.

Trump arma la narrativa: cripto como interés nacional

El giro tecnológico ha venido acompañado de un giro político. En Davos, Donald Trump reforzó su mensaje:

“Estoy trabajando para asegurar que Estados Unidos siga siendo la capital cripto del mundo… China también quería ese mercado… Tenemos que lograr que China no se adueñe de él.”

Con esta declaración, el presidente estadounidense convierte la batalla por la infraestructura cripto en un asunto de seguridad nacional. El mensaje hacia la élite financiera es tan simple como incómodo: “luchar contra el futuro ya no es solo mal negocio, es antiamericano”.

La Casa Blanca asume así que el control de las redes donde se moverá el dinero del futuro —desde stablecoins dolarizadas hasta sistemas de liquidación tokenizada— será tan estratégico como el control del sistema SWIFT o de las rutas marítimas. En este relato, apoyar la innovación cripto no es una concesión a Silicon Valley, sino un movimiento defensivo frente a un eventual liderazgo chino en estándares, wallets y redes públicas o híbridas.

EP_TRUMP_DAVOS
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Bermudas, FanDuel y los laboratorios del nuevo sistema

Mientras los grandes se reposicionan, los laboratorios de la nueva finanza se encuentran en lugares menos evidentes. Bermudas se ha autoproclamado la primera “nación on-chain”, con un marco regulatorio que permite registrar empresas, activos y parte de la operativa fiscal directamente en blockchain. Es un experimento a escala reducida, pero simbólico: un Estado que decide colocar su back office administrativo sobre la misma tecnología que muchos reguladores miran aún con recelo.

En otro frente, la entrada de FanDuel en los mercados de predicción acelera la convergencia entre gaming, derivados y finanzas descentralizadas. Si millones de usuarios ya apuestan en tiempo real a resultados deportivos, ¿por qué no a tipos de interés, inflación o elecciones, con liquidación automática en tokens y sin pasar por el circuito tradicional?

La combinación de tokenización de valores, apuestas sobre eventos futuros y ciudadanías o servicios públicos on-chain dibuja un escenario en el que las fronteras entre bolsa, casino, urna y registro mercantil se difuminan. Lo que hoy son experimentos marginales puede convertirse, en menos de una década, en infraestructura cotidiana para millones de usuarios.

Europa, España y el riesgo de llegar tarde otra vez

En este nuevo mapa, la gran ausente de Davos fue Europa. El continente presume, con razón, de haber aprobado un marco regulatorio pionero como MiCA, pero corre el riesgo de repetir el patrón visto en la economía digital: mucha norma, poca infraestructura propia.

Mientras el NYSE se prepara para operar mercados tokenizados y bancos globales diseñan cuentas en dólares on-chain operativas 24/7, buena parte del sector financiero europeo sigue atrapado en horarios de oficina, cierres de fin de semana y arquitecturas tecnológicas de hace dos décadas. La consecuencia es clara: los ahorradores e inversores europeos acabarán usando, de facto, rails estadounidenses o asiáticos si no se desarrollan alternativas locales.

Para España, la oportunidad y el riesgo se multiplican. Un país con una banca minorista potente y un ecosistema fintech emergente, pero sin grandes infraestructuras de mercado propias, debe decidir si quiere ser mero usuario del estándar ajeno o participar en la construcción de plataformas de tokenización, custodia y liquidación. No se trata solo de atraer startups cripto, sino de definir si los activos españoles —de deuda pública a hipotecas— se negociarán en mercados del siglo XX o en redes del siglo XXI.

La lección de Davos es inequívoca: el dinero está siendo reescrito en código. Los que hoy siguen discutiendo si el bitcoin es o no una burbuja quizá estén debatiendo la pregunta equivocada. El verdadero dilema es quién escribirá las líneas de código por las que circulará el ahorro del mundo y bajo qué bandera operarán esas redes.

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